Maduro para la caída

…y el próximo ha de ser Daniel Ortega, siniestro caudillo nicaragüense que ha desatado una represión brutal contra los que protestaban por un nuevo saqueo de las pensiones, con cientos de asesinados hasta la fecha, civiles desarmados muchos de ellos adolescentes. Pero, ¿llegará la reacción prodemocrática hasta el régimen de Cuba?

Desde que los Castro conquistaran el poder en La Habana hace seis décadas, disfrazados de “luchadores por la libertad” contra la dictadura de Batista como los autodenominados “sandinistas” (poco que ver con Sandino) se disfrazaron contra Somoza, el influjo de los comunistas se expandió por todo el hemisferio, de Colombia a Chile.

Una serie de crudelísimas guerras “no convencionales” se desataron en países como El Salvador, como en Colombia emergieron las FARC y el ELN para continuar con el guevarismo, o se formó “La Contra” para combatir la dictadura procastrista de Ortega. Por supuesto, para la biempensancia occidental la culpa de todo siempre la tuvo la CIA.

Pero “La Contra” apenas llegó a contar con antiguos somocistas, ya que se trató en gran medida de una respuesta político-militar de antiguos compañeros revolucionarios de Ortega como Edén Pastora, favorables a la democracia parlamentaria frente al modelo implantado en Cuba que ya para entonces contaba 20 años de totalitarismo.

Y si el caso cubano es paradigmático, se debe a que en poco más de un año los Castro (Fidel y Raúl) habían desatado una represión brutal sobre los acusados como “enemigos de la Revolución” que incluyó torturas, deportaciones, asesinatos extrajudiciales y fusilamientos constantes, hasta alcanzar los 20.000 ya a principios de los años 80’.

Desde entonces, y pese al aislamiento internacional y la implosión de la URSS, la Cuba castrista ha sobrevivido gracias a su fatuo prestigio entre la intelectualidad occidental, pese a haber caído de la tercera posición en renta per cápita de los países hispanoamericanos a la última, sólo por delante de Haití.

Relanzada su implantación en países como Colombia, Nicaragua y, sobre todo, Venezuela a partir del Foro de Porto Alegre (constituido como “alternativa socialista” al Foro capitalista de Davos), la influencia cubana en los asuntos americanos no ha cesado de crecer en lo que llevamos de siglo XXI hasta alcanzar su paroxismo con el Madurato.

Hora es ya de que las democracias que se consideran orgullosamente tales se dignen a salir de su apatía respecto a lo que sucede en Hispanoamérica, en vez de continuar riendo las disparatadas gracietas “antiimperialistas” de los “robolucionarios” Castro, Ortega, Maduro… después de más de medio siglo de totalitarismo caribeño.

El problema se llama «Euskadi»

…y los que se autodenominan “constitucionalistas” o incluso “no nacionalistas” nunca lo han acabado de comprender, porque de entrada (y de salida) “Euskadi” no es sino la patria imaginaria o ideológica de los abertzales, la fantasmagoría de la mente enfermiza del integrista (antes de inventarse su religión política, era carlista) Sabino Arana.

Un Arana al que los propios abertzales parecen no haber leído jamás, o quizás es que sí lo han leído a fondo y prefieren ocultárselo al público (ese “Pueblo vasco” que tampoco existió jamás) para evitar una vergüenza mayor a la que de por sí ya debiera sentir una sociedad tan cobarde como ignorante después de medio siglo de coyunda con la ETA.

Resulta que ahora Carlos Urquijo, ex parlamentario del PP y ex delegado del Gobierno en la CAV, funda junto a otros “constitucionalistas” una plataforma para reivindicar que “se puede ser vasco y español” porque “no es incompatible”, y uno se pregunta si es que no son capaces de distinguir entre la condición ciudadana y la identidad de cada cual.

En España los ciudadanos son españoles, se sientan como se quieran sentir, incluidos los terroristas de ETA. Y “ser vasco” en rigor no viene a ser nada, o no mucho más que “ser riojano” o “ser murciano” (¿a quién rayos le importa?). Pero ser español implica una serie de derechos y libertades reconocidos por una Constitución y un Estado.

Por su parte, lo que ideológicamente pretende el abertzalismo es la “construcción de Euskal Herria”… sobre las ruinas de “lo vasco” real y existente, básicamente vinculado al tradicionalismo católico y al carlismo (no en vano, los vasconavarros vencieron en la última guerra civil, y por ello fueron favorecidos durante todo el Franquismo).

De ahí también que, en el proyecto para el “nuevo estatus” perseguido por Urkullu, PNV y ETA vayan de la mano al distinguir entre “nacionales” y “ciudadanos”, base de las leyes raciales nazis, puesto que para la comunidad abertzale sólo existe una comunidad política en “Euskadi”, y esa es la abertzale, que excluye a la mayoría.

Ni siquiera hace falta incidir en las estadísticas que demuestran que apenas la mitad de los vascos tiene orígenes vascos, porque ya se ha comentado que lo que define al “vasco” para el abertzale es la “voluntad de ser” y no su origen, condición o tradición. De ahí que ETA haya asesinado a tantos “vascos de pura cepa” que no eran abertzales.

En conclusión, hacen mal los que no practican la religión araniana en postularse como algo más que ciudadanos o españoles a secas, puesto que ante el delirio ideológico sólo cabe atenerse al principio de realidad y a las leyes que rigen la convivencia, todo lo contrario de los designios racistas del abertzalismo y su guerra eterna contra España.

Cabe añadir que decirse “constitucionalista”, tanto respecto de ETA como (sobre todo) del PNV, no ha lugar e induce a confusión, puesto que implicaría que el PNV es “anticonstitucionalista” cuando no ha habido partido más favorecido por la Constitución en sus pretensiones que el PNV, con su “Euskadi” y sus insólitos “derechos históricos”.

Podemos es un fascismo sin Patria

…y por tanto tenía (y tiene) difícil asaltar el poder a través de un proceso electoral ordinario, a no ser de la mano de un PSOE más amante de las emociones fuertes a cada día que pasa. Bien es cierto que la operación para superar el marcado carácter antinacional de la formación de Pablo Iglesias se ha puesto en marcha, pero fracasará.

Ni Carmena ni Iñigo Errejón han presentado en el último lustro nada más que su condición de extremistas de Izquierda, haciendo (des)honor a la tradición antiespañola inherente a la secta comunista de nuestro país. Pero es que hasta la IU de Julio Anguita podía presumir de un proyecto político nacional, cosa que desde Zapatero es imposible.

En la Transición los socialistas del Felipismo fungían de patriotas españoles, ya que a fin de cuentas pensaban gobernar España y creían verdaderamente en que con ellos en el poder “el cambio” hacia un país más moderno y democrático era posible. Entonces hasta Carrillo pareció considerarlo, pero en sus últimos años retornó al estalinismo.

Que Podemos, que bebe de las fuentes preclaras del fascismo hispanoamericano, haya sido incapaz de comprender que el éxito en el asalto al poder y su conservación por los “robolucionarios” Perón, Castro y Chávez tenía que ver con su imagen de espadones de la Patria dice mucho de la pretendida inteligencia de esta casta universitaria.

El ultranacionalismo, que parece ser hegemónico ideológicamente en países como Argentina, Cuba y Venezuela, es inseparable del caudillismo como del socialismo (nacionalizaciones, expropiaciones, corrupción y saqueo), del antisemitismo como del anticapitalismo o del sentimiento antiUSA, explotado al por mayor.

¿Y cuál es el único ingrediente de este mejunje ideológico, que podemos definir estrictamente como “fascismo”, que le falta a la marca Podemos? Pues “la Patria”, efectivamente, porque debe de ser que ni entienden España ni la aman, esto es: carecen del más mínimo patriotismo como para tratar siquiera de simular cierto patrioterismo.

UNA BANDERA PARA ENVOLVER AL NIÑO ERREJÓN

En esto, desde luego, no son competencia para Vox, pero tampoco para Ciudadanos, PSOE o PP. Por si fuera poco, Podemos ha abrazado e incorporado con entusiasmo a todas y cada una de las múltiples escisiones en el seno de los distintos movimientos separatistas de España, de Galicia a Andalucía, agrupados en corrientes y mareas.

En el marco del golpe de Estado permanente protagonizado por los separatistas catalanes, y teniendo en cuenta su continuado esfuerzo de equidistancia entre ETA (y el movimiento abertzale en general) y sus víctimas (o su víctima: España o la sociedad española en cuanto tal), a Podemos le queda poco espacio para un discurso españolista.

Pero en política, en escenarios democráticos, todo es susceptible de cambiar drásticamente (de suscitar la apariencia “de cambio”, más bien) según se aproximan unas elecciones, así que no es descartable de entrada que los fascistas morados logren dar con la tecla para armonizar la melodía antielitista con el debido ritmo patriótico.

Ahora habrá que disponerse a medir, en unos meses, el tamaño de la bandera en la que ya parece anunciar que va a envolverse Errejón, por si esta supera en metros cuadrados a aquella que desplegó en su día el candidato Sánchez, nuestro actual presidente apátrida gracias a los votos de casi todos los enemigos de España y su Constitución.

El PP ha vuelto

…al escenario del crimen, como se asegura en la novela negra que vuelve siempre el culpable; de nuevo la serie de lugares comunes presentados como “valores” y “principios” sin correspondencia con su política institucional, mediática o “en la calle”; la ocultación de los asuntos polémicos que dividen al partido; la nula autocrítica.

En 2004, aupado al poder por la grosera manipulación de la masacre terrorista del 11-M, después de una larga campaña de agitación callejera, Zapatero decidió aplicar la estrategia del “cordón sanitario” contra el PP, para lo que se valió de una serie de leyes susceptibles de dividir internamente a su rival (ya convertido en enemigo a batir).

Leyes de carácter ideológico como las referidas al “derecho al aborto”, el “matrimonio homosexual” o “la Igualdad” (entendida como discriminación positiva de la mujer), más la pretendida sustitución de la asignatura de Religión por la de “Educación para la Ciudadanía” perjudicaron más la oposición del PP de lo que favorecieron al Gobierno.

De hecho, en la primera legislatura como jefe de la oposición a Zapatero, el PP de Rajoy se mostró radical pero torpemente contrario a todo este combo ideológico-jurídico, que al PSOE servía para mostrar el “efecto multiplicador de derechos sociales” del nuevo presidente, pero más aún las contradicciones internas de la “Derecha extrema”.

En paralelo, se sucedían las políticas y medidas de carácter más político, como el fomento de los “estatutos de autonomía de segunda generación” (comenzando con el de Cataluña) o la “Alianza de Civilizaciones”, la negociación con los terroristas de ETA (y a tres bandas con el mismo PNV) y el “papeles para todos” de Caldera en inmigración.

Cuestiones todas acerbamente criticadas por el PP, salvo en lo referido a los nuevos estatutos, pues si Rajoy y su equipo decidieron presentar recurso de inconstitucionalidad contra el texto rematado por Mas y Zapatero (“Cataluña es una nación”, sostenía su Preámbulo), surgieron la “cláusula Camps” y Andalucía como “realidad nacional”.

SI NO PUEDES CON TU ENEMIGO

La segunda derrota de Rajoy ante Zapatero en 2008, de nuevo mediante el recurso socialista a la manipulación de un atentado terrorista (el asesinato de Isaías Carrasco por ETA), llevó al primero a lo que de inicio pareció un gesto de desistimiento, traducido al poco en una maniobra de liquidación de todo lo que le hacía sombra en su entorno.

Con las personas, se decidió liquidar también los principios, porque estorbaban para incorporar al PP al “nuevo consenso” sobre los temas antedichos (del “derecho al aborto” al de Cataluña a un nuevo estatuto privilegiado, pasando por la “solución dialogada” para los terroristas y la misma “Alianza de Civilizaciones”).

Una vez en el poder con mayoría absoluta, Rajoy y su nuevo equipo se dedicaron a gestionar el desastre económico de Zapatero con las fórmulas más rancias de la socialdemocracia: brutal incremento fiscal y mínimos ajustes presupuestarios, gracias a la “barra libre” del BCE y a cuenta de la ya de por sí inmensa deuda pública heredada.

Incumplieron con su política económica todas las promesas electorales y los puntos básicos de su programa tradicional, pero incluso así el PP habría podido excusarse explicando bien lo de “la herencia recibida” o pretextando las obligaciones impuestas por la UE en el marco de las exigencias del guión global de respuesta a la crisis.

El Gobierno abusó de ambos argumentos durante toda la legislatura, hasta vaciarlos de sentido, y resultó que lo que a “la gente” le preocupaba más entonces ya no era la célebre “prima de riesgo”, sino el “derecho a decidir” en Cataluña, la corrupción de los partidos y del Rey, la “violencia contra las mujeres”, etc.

SI NO GUSTAN TUS PRINCIPIOS

En realidad, el PP no llegó nunca a defender con convicción contra Zapatero una serie de principios de oposición a lo que, en todo caso, cabe reiterar que no era más que otro de esos simpáticos “elefantes de Lakoff”. Pero tampoco acabó de abrazar con algo de ilusión la defensa de las leyes “de Género”, “LGTBI”, “de Memoria Histórica”…

Excepciones toleradas fueron las del grupo de Alfonso Alonso (que tenía a su gente en la candidatura de Soraya, en la de Casado y en las otras también), con los Maroto, Oyarzábal, Sémper… que supusieron durante el mandato de Rajoy una especie de espita por la que, al menos, salía un hilillo de discurso. Porque el resto del PP, en esto, chitón.

No es de extrañar, así, que por la parte más “liberal” o relativista en lo moral le saliera al PP el partido Ciudadanos, con todos aquellos votantes traicionados sobre todo en lo económico y hartos de tanta hipocresía, mientras que por la parte “conservadora” o “sin complejos” en defensa de sus principios éticos y religiosos le haya salido Vox.

Ahora habrá que ver cómo suelta Casado el lastre de la sumisión al “nuevo consenso” de Zapatero que representan, a juzgar por sus discursos a día de hoy, muchos de los cuadros del actual PP, porque de lo contrario no le bastará su renovado discurso y podría dar la impresión de que piensa, con Rajoy, que “la economía lo es todo”.

En rigor, si la economía fuera lo único importante Zapatero jamás habría alcanzado el poder, en el contexto de bonanza económica en que lo hizo; y probablemente Rajoy tampoco hubiera caído por una moción de censura, como tampoco el PP hubiera perdido un tercio de votos y escaños de una legislatura a otra, como le sucedió a él.

SI NO CONOCES LO QUE PASÓ ANTES DE QUE NACIERAS

Tampoco, si todo proyecto tuviera su base decisiva en lo económico, los dirigentes de los otrora partidos mayoritarios de la Cataluña más próspera que vieron los siglos se hubieran lanzado por la senda de (auto)destrucción de las normas legales de convivencia, de sus propias instituciones, sus relaciones políticas, sociales y afectivas.

Al respecto, no hubiera sobrado que el presidente Aznar le enseñara al que ya se presenta como su “vástago político” una lección política sobre la crisis en Cataluña: “Pensé que la solución pasaba por bellos gestos y concesiones económicas. Me equivoqué.” Pero para ello Aznar debería ser capaz primero de reconocer un error.

La “crisis de principios y valores” viene de lejos, porque ya aquel PP de Aznar con mayoría absoluta renunció a dar la “batalla de las ideas” ante la patológica desorientación de la Izquierda, lo que preconizaba un Gobierno del PP para 20 años, una vez ocupado todo el espacio “del Centro izquierda a la Derecha”.

Y llegó el 11-M, precedido de Perpiñán y del Tinell, como antes del Pacto de Estella. Y a veces parece (todavía) que en el PP no se acabaron de enterar jamás de que lo que estaba y está en juego (en 1978 como ahora) es la libertad y la igualdad de todos los españoles, por mor de la Soberanía Nacional, que obliga a todos los poderes públicos.

Vox es la Derecha reaccionaria

…porque reacciona o supone una reacción contra una serie de políticas y leyes impuestas (con el marchamo progresista) a todos los españoles en contra de su Constitución, fundamentalmente en la primera legislatura de Zapatero. Una contestación actual que fue ensayada por el PP de Rajoy, Acebes y Zaplana por lo menos hasta 2008.

Fue desde la segunda derrota ante el PSOE cuando el entonces presidente del PP decidió liquidar a la que presentó como “vieja guardia”, con la coartada de querer hacer su propio equipo y con el fin prácticamente declarado de sumarse al nuevo consenso de la “Segunda Transición” que auspiciaba Zapatero.

Así, frente a leyes anticonstitucionales como las denominadas “de Género” o “de Memoria Histórica”, o el mismo nuevo Estatuto de Cataluña, que fueron aprobadas como leyes ordinarias por mayorías simples en vez de por el debido proceso de reforma constitucional, Rajoy se doblegó ante la Izquierda e impuso el trágala en sus filas.

La consecuencia más grave fue la defenestración de la presidenta del PP vasco, María San Gil, en sintonía con la renuncia del “nuevo PP” a dar la batalla contra el “proceso de paz” con ETA emprendido por Zapatero para sumar a este peculiar “agente político” al nuevo consenso fraguado en el Tinell, esto es: el “cordón sanitario” contra el PP.

Más aún, la invitación de Rajoy a sus críticos a abandonar el PP en pos de los inexistentes partidos Liberal y Conservador dio por finiquitada la oposición radical o reaccionaria al Gobierno más radical ideológicamente que hemos padecido en democracia hasta la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa.

UNIDAD DE DESTINO EN LO INSUSTANCIAL

“El PP es centro, futuro, diálogo y mujeres” fue la consigna establecida entonces por el que habría de ser el nuevo presidente del Gobierno al caer, de manera estrepitosa, el ejecutivo de un Zapatero que se presentó a la reelección con la proclama “Por el pleno empleo” y su ministro de Economía negando en debate en TV la existencia de la crisis.

La renuncia a su mismo programa económico con la tremenda subida fiscal perpetrada por el ministro Cristóbal Montoro, otrora un liberal convencido en los gobiernos de Aznar, puso la puntilla a un proyecto que presumía aún de ostentar la hegemonía en el inmenso espacio “desde el Centro izquierda a la Derecha”, que ahora evoca Feijóo.

Precisamente por no saber reaccionar a tiempo contra la deriva radical de un Rajoy que asumió como propias todas las leyes de ruptura del consenso constitucional propuestas por Zapatero, los que anteponían a cualquier principio la unidad del PP han acabado asistiendo a la emergencia no ya de uno sino de dos partidos en su mismo espacio.

Queda por ver ahora si la sustitución de Rajoy por Pablo Casado, la irrupción de Vox en la politica parlamentaria y los devaneos permanentes de Ciudadanos con la Izquierda acaban de redefinir el campo electoral de la Derecha y su posibilidad de obtener una nueva mayoría absoluta, o bien se enquista su división en tres partidos irreconciliables.

La Derecha es la Derecha

…aunque le disguste a la Izquierda (y a la inversa). Esto es lo normal y puede que hasta lo deseable en un sistema democrático, precisamente para impulsar la alternancia en el Gobierno; pero la plausible confrontación política debe siempre respetar el marco legal de convivencia, esto es: quedar sujeta a un consenso básico o “constitucional”.

¿Acaso la base misma de la democracia, la Soberanía Nacional, no implica la asunción de representatividad política por sufragio universal de los ciudadanos, la separación de poderes y la capacidad para elegir y remover gobiernos de los gobernados? ¿Acaso las izquierdas o derechas que se digan democráticas no acatan este consenso básico?

Por tanto, ¿de qué hablamos en una democracia cuando decimos Izquierda o Derecha? Las diferencias entre ambas no son decisivas, no tanto como sus coincidencias si ambas defienden la propiedad privada, la igualdad ante la Ley y la extensión de los beneficios comunitarios a través de servicios públicos como Educación, Pensiones y Sanidad.

La crisis de las ideas (o, más bien, de las ideologías) en la década de los 90’ hizo aflorar un concepto de alta volatilidad como “Centro”, que suele equipararse a “liberal” entre “conservadores” y “socialistas” cuando en rigor supondría una superación de esa tradicional división una vez acontecido “el fin de la Historia” a la caída del Muro.

Desde entonces, Derecha e Izquierda buscan el “Centro” como si alcanzarlo se tradujese de inmediato en una mayoría electoral democrática, como si rechazarlo implicase automáticamente rechazar el sistema y los modos democráticos, o como si no cupiera otra hegemonía política que la centrista, convertida así en “pensamiento único”.

EL FIN DEL CONSENSO BÁSICO

Pero en esta búsqueda guiada por el pragmatismo, Izquierda y Derecha se han dejado por el camino la mayoría de sus rasgos distintivos al desdibujar sus señas de identidad para encajar en “la nueva mayoría”, acudiendo a otra serie de reclamos que hasta entonces quedaban fuera de la liza política y que no atañen al consenso democrático.

Por eso asistimos a batallas ideológicas en asuntos en los que el consenso social dependía de la moral común de los ciudadanos en sus respectivas sociedades, no de pactos entre los partidos políticos. Batallas que han tenido como consecuencia principal expulsar a los partidos de todo consenso, incluido el básico o constitucional.

Derecha e Izquierda no sólo no han logrado perfilar mejor sus programas, sino que han dividido artificialmente a la sociedad en grupos de muy diversos intereses. Esto es lo que causa sorpresa en la hora actual en Europa y en los Estados Unidos: la quiebra del modelo centrista o “socialdemócrata”, de la misma hegemonía del “pensamiento único”.

Así, no sólo “el fin de la Historia” está lejos de suceder (si es que pudiere suceder), sino que la emergencia de potencias económicas y militares como China y Rusia, la radicalización yihadista en el seno del Islam y las masivas migraciones internacionales representan un nuevo punto de fricción entre Izquierda y Derecha.

De cómo se han reposicionado ambas en nuestras democracias frente a estos asuntos y a las propias bases del consenso democrático básico (constitucional) tratará otro artículo.

Sí hay un partido nazi en España

…y se autodenomina con distintas marcas según convenga, con el propósito básico de eludir las leyes democráticas para su prohibición: ahora puede que se llame Bildu, pero siempre hemos conocido al “brazo político de ETA” como Herri Batasuna o Batasuna a secas, instrumento de la “alternativa KAS” (KAS: Coordinadora Nacional Socialista).

El “Tierra y Libertad” es lo proclamado por las siglas ETA, equivalente al “Tierra y Sangre” germano del que abusaron hasta el absurdo del horror ilimitado los nazis. Y los proetarras hasta se presentaron no hace mucho como Sozialistak Abertzaleak (de nuevo, Nacional Socialistas). Así que no cabe mucho más que añadir.

¿No cabe? Agresiones, extorsión, secuestro, asesinatos tanto selectivos como indiscriminados, pocos de ellos o casi ninguno “reactivos” o como “autodefensa”. Y todo ello con el objeto político declarado de “construir Euskal Herria” (patria imaginaria de los abertzales) a fuerza de liquidar toda disidencia y todo elemento vasco “español”.

O sea, nuestros nazis etasunos de toda la vida: segunda fuerza parlamentaria vasca con 18 escaños, tercera fuerza navarra con 8, más 2 diputados en el Congreso y cientos de concejales en el País Vasco y Navarra. Su programa se reduce a crear al “hombre nuevo” euskaldun y abertzale en una “Euskal Herria Socialista e Independiente”.

De estos “compañeros de viaje” abertzales dice el presidente del PNV, Andoni Ortúzar, que forman “parte del sistema”, como no hace tanto sostenían Javier Maroto o Borja Sémper, dirigentes del PP vasco presidido por Alfonso Alonso, que “el futuro en Euskadi se tiene que construir con Bildu”. Del PSE, mejor que hable Eguiguren.