El problema se llama «Euskadi»

…y los que se autodenominan “constitucionalistas” o incluso “no nacionalistas” nunca lo han acabado de comprender, porque de entrada (y de salida) “Euskadi” no es sino la patria imaginaria o ideológica de los abertzales, la fantasmagoría de la mente enfermiza del integrista (antes de inventarse su religión política, era carlista) Sabino Arana.

Un Arana al que los propios abertzales parecen no haber leído jamás, o quizás es que sí lo han leído a fondo y prefieren ocultárselo al público (ese “Pueblo vasco” que tampoco existió jamás) para evitar una vergüenza mayor a la que de por sí ya debiera sentir una sociedad tan cobarde como ignorante después de medio siglo de coyunda con la ETA.

Resulta que ahora Carlos Urquijo, ex parlamentario del PP y ex delegado del Gobierno en la CAV, funda junto a otros “constitucionalistas” una plataforma para reivindicar que “se puede ser vasco y español” porque “no es incompatible”, y uno se pregunta si es que no son capaces de distinguir entre la condición ciudadana y la identidad de cada cual.

En España los ciudadanos son españoles, se sientan como se quieran sentir, incluidos los terroristas de ETA. Y “ser vasco” en rigor no viene a ser nada, o no mucho más que “ser riojano” o “ser murciano” (¿a quién rayos le importa?). Pero ser español implica una serie de derechos y libertades reconocidos por una Constitución y un Estado.

Por su parte, lo que ideológicamente pretende el abertzalismo es la “construcción de Euskal Herria”… sobre las ruinas de “lo vasco” real y existente, básicamente vinculado al tradicionalismo católico y al carlismo (no en vano, los vasconavarros vencieron en la última guerra civil, y por ello fueron favorecidos durante todo el Franquismo).

De ahí también que, en el proyecto para el “nuevo estatus” perseguido por Urkullu, PNV y ETA vayan de la mano al distinguir entre “nacionales” y “ciudadanos”, base de las leyes raciales nazis, puesto que para la comunidad abertzale sólo existe una comunidad política en “Euskadi”, y esa es la abertzale, que excluye a la mayoría.

Ni siquiera hace falta incidir en las estadísticas que demuestran que apenas la mitad de los vascos tiene orígenes vascos, porque ya se ha comentado que lo que define al “vasco” para el abertzale es la “voluntad de ser” y no su origen, condición o tradición. De ahí que ETA haya asesinado a tantos “vascos de pura cepa” que no eran abertzales.

En conclusión, hacen mal los que no practican la religión araniana en postularse como algo más que ciudadanos o españoles a secas, puesto que ante el delirio ideológico sólo cabe atenerse al principio de realidad y a las leyes que rigen la convivencia, todo lo contrario de los designios racistas del abertzalismo y su guerra eterna contra España.

Cabe añadir que decirse “constitucionalista”, tanto respecto de ETA como (sobre todo) del PNV, no ha lugar e induce a confusión, puesto que implicaría que el PNV es “anticonstitucionalista” cuando no ha habido partido más favorecido por la Constitución en sus pretensiones que el PNV, con su “Euskadi” y sus insólitos “derechos históricos”.

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