Separar los poderes

…es algo constitutivo de cualquier Estado liberal democrático, pero no es a eso a lo que nos invitan los partidos en las próximas elecciones parlamentarias, sino a optar por una de sus múltiples listas al Congreso (cerradas) o al Senado (semi abiertas), incluso aquellos partidos que celebran primarias, si es que todavía queda alguno en España.

En consecuencia, lo que elegiremos los españoles en las próximas Generales será la renovación de las cámaras, pero además un nuevo Gobierno no directamente “salido de las urnas”, sino de la mayoría suficiente de escaños que reúna el candidato que, a propuesta del Rey, presente su investidura a los miembros o diputados del Congreso.

Conviene recordarlo porque, más allá de mostrarse a las claras que no hay separación ninguna entre Ejecutivo y Legislativo, como probó Rajoy con la moción de censura, nos vemos abocados a la situación de interinidad de cualquier próximo Gobierno aun con mayoría absoluta de escaños, dado que estos pertenecerán como mínimo a dos (y puede que sea más realista decir que a tres) partidos.

Al margen, si cupiera dejarlo al margen, del actual trasfondo político nacional con la grave crisis institucional abierta por el separatismo catalán con su golpe de Estado, los ciudadanos nos encontramos con que un modelo político pensado para fomentar la pluralidad, pero sostenido por dos grandes partidos de ámbito nacional, se expone a ser pasto de las banderías y facciones.

Rotos por el PSOE desde Zapatero los consensos básicos para la gobernabilidad de la Nación, ni PP ni PSOE, ni siquiera en alianza constitucional con Ciudadanos, podrán revertir la situación de deterioro institucional y descomposición territorial de España con este sistema de poderes y su correspondiente sistema electoral. Si el Parlamento gobierna, la Nación resulta ahora ingobernable.

Por eso, hace ya algunos años, un partido llamado UPyD lanzaba abiertamente la propuesta de un proceso constituyente para tratar, a partir de lo salvable del régimen del 78 y su Constitución, de abordar todos estos aspectos para fomentar la igualdad política de los españoles, la independencia judicial, un sistema electoral más representativo, más transparencia en las decisiones políticas, etc.

Ni PP ni PSOE quisieron, nada se hizo, UPyD fue marginado y se mantuvo la división entre los dos grandes partidos, aumentada por la emergencia de Podemos y Ciudadanos, que pronto se olvidaron también de las exigencias de la “nueva política”, por lo que el decrecimiento de aquellos no ha cambiado un panorama electoral y unas prácticas parlamentarias que tienen a la Nación en vilo.

Ahora vendrán las elecciones del 28 de abril a reasignar los escaños, pero reitero que no parece claro que una mayoría absoluta en el Congreso sirva para las grandes reformas que ya no pueden demorarse más, como las relativas a educación, pensiones y mercado laboral. Sólo un fuerte liderazgo del Ejecutivo podría rentabilizar la nueva legislatura, pero, para ello, ¿será tripartito?

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