Las urnas no dieron el poder a Hitler

…pese a que reiteradamente se aduce que fueron unas elecciones democráticas las que permitieron al Führer crear el III Reich. En rigor, el sistema de composición de gobierno consagrado por la Constitución de la República de Weimar había sido alterado por su presidente, el veterano héroe militar mariscal Paul von Hindenburg, para que el canciller respondiera ante él frente al Reichstag.

La causa de esta decisión fue la inestabilidad gubernamental una vez rota la coalición entre socialdemócratas (SPD) y centristas católicos (Zentrum), dado que en un sistema de partidos parecido al actual español, con una fragmentación que no propiciaba mayorías claras, Hindenburg optó por gabinetes presidencialistas en los que se reservaba para un militar la cartera del Ejército.

Precisamente miembros del Ejército y del SPD imploraron a Hindenburg que repitiera como presidente de la República enfrentándose al propio Adolf Hitler, que ensayaba su primer asalto al poder después de casi una década de conspiraciones. Las elecciones presidenciales de abril de 1932 permitieron revalidar el mandato al “viejo reaccionario” (según Hitler), de 84 años de edad.

Pese a ello, la pujanza electoral del NSDAP (Partido Nacional Socialista Obrero Alemán) y la del KPD (Partido Comunista) condujo después de las elecciones de julio de 1932 al bloqueo de la cámara por nazis y comunistas, una alianza que ya se había reflejado con anterioridad en la promoción de huelgas ilegales y otros disturbios, y que ahora impedía formar nuevo gobierno.

Por el contrario, nuevas elecciones en noviembre del mismo año depararon una pérdida de 34 escaños para el NSDAP, por lo que su estrella pareció declinar. Hitler acudió entonces ante Hindenburg a pedir su nombramiento como canciller y la asunción de plenos poderes, a lo que este se negó, volviendo a encargar el gobierno a un oscuro personaje llamado Franz von Papen.

LA CONJURA DE PAPEN

La idea de Papen pasaba por un gobierno de mayoría en el que participasen representantes de los nazis, que en todo caso quedarían en minoría frente a los miembros de los partidos centristas y católicos. Pero fueron los nazis los que decidieron abandonar el gabinete, lo que llevó a Papen a pedir a Hindenburg la prórroga de su mandato sin Reichstag operativo y poderes especiales.

El hombre fuerte del Ejército en el gobierno, Kurt von Schleicher, determinó que el plan de Papen conducía a la dictadura militar y Hindenburg lo destituyó, nombrando a Schleicher al frente de otro gabinete que sucumbiría apenas dos meses después, cuando fuese el propio Schleicher el que pidiera poderes especiales a Hindenburg sin obtenerlos tampoco él en esta ocasión(1).

Entre tanto, Papen había maniobrado políticamente con Hitler para que este pudiera acceder al cargo de canciller mediante la fórmula del “Duunvirato” (dos “tribunos” de igual rango) que tendría en Papen al vicecanciller, con más poder que aquél en cuanto que su cercanía a Hindenburg era conocida (aunque para algunos inexplicable); o al menos eso era lo que pensaba Papen.

El 28 de enero de 1933 dimitía el gabinete Schleicher y el 30 era proclamado nuevo canciller del Reich el “cabo bohemio” (como lo llamaba despectivamente Hindenburg) Adolf Hitler. Este procedió a la disolución del Reichstag para convocar nuevas elecciones y se dedicó durante dos meses a gobernar por decreto, sobre todo a partir del incendio provocado del Reichstag.

LA FAKE-NEW DEL SIGLO

El 27 de febrero de 1933 quedará para la Historia como la fecha del incendio del Reichstag alemán que sirvió a los nazis para abolir de facto la Constitución de Weimar y suprimir los derechos fundamentales de los alemanes. Imputado el atentado a militantes comunistas, utilizaron como cabeza de turco a un pretendido anarquista, cuando fueron miembros de las SA los ejecutores.

Entonces las noticias no circulaban a la velocidad que lo hacen en nuestros días, por lo que alguno de los periodistas que se acercaron a cubrir el fuego apenas 20 minutos después de la alarma se sorprendió tanto de que ya se hubiera detenido al incendiario como de que Hitler, que se presentó al mismo tiempo en la zona, declarara culpables del atentado a los comunistas.

La versión era tan dudosa que el propio Goering hubo de justificar “la posibilidad de que elementos comunistas vistiendo el uniforme de las SA hayan penetrado en el edificio del Reichstag por ese paso subterráneo con el criminal propósito de prender fuego al edificio”(2), una declaración que la Prensa del momento, local e internacional, se tomó como una gigantesca tomadura de pelo.

Así y todo, un hecho que a día de hoy puede parecernos insignificante motivó la asunción de medidas por el gobierno -con la aquiescencia de un Hindenburg aquejado de cáncer de pulmón y otros achaques seniles- tales como la denominada “Ley de protección del pueblo y del Estado” (una serie de decretos de carácter excepcional) que dejó en suspenso los artículos básicos de la Constitución.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE WEIMAR

Las elecciones de 5 de marzo de 1933 depararon unos resultados muy favorables a Hitler, si bien necesitaba todavía de los escaños de los partidos centristas y católicos para gobernar con esa “mayoría del 51%” que necesitaba para garantizarse el desarrollo de su legislación (o más bien de la destrucción de toda legalidad, suplantada a todas luces por “la voluntad del Führer”).

A fines de marzo, el NSDAP y sus socios hacían aprobar en el Reichstag con mayoría de más de dos tercios la “Ley para suprimir la postración del pueblo y del Reich”, o lo que es lo mismo, una ley de plenos poderes para el canciller Adolf Hitler, que ya no tendría que someterse más ni al control de la cámara parlamentaria ni a ningún otro proceso electoral.

La ley de febrero arrumbó la legalidad constitucional y permitió desatar la persecución contra comunistas y socialistas, cuyas filas las SA llevaban cribando desde hace años, suspendiendo su prensa e impidiéndoles el acceso al Reichstag. La de marzo consagró a Hitler como todopoderoso canciller y para el verano ya habían sido ilegalizados hasta los partidos que estaban en el gobierno.

Hindenburg, quien trató de contener la violencia desatada por el nuevo canciller, fue tranquilizado por Hitler con la disolución de las SA y la ejecución de sus jefes en la conocida como “Noche de los cuchillos largos”. Y, a la muerte del presidente de la República en 1934, el jefe del NSDAP retiró este cargo (como exclusivo de Hindenburg) y se proclamó Führer y Reichkanzler(3).

CONCLUSIONES

La inestabilidad del sistema de partidos alemán durante la República de Weimar propició la aparición de fuerzas extremistas como el NSDAP y el KPD, que gozaron de mayoría absoluta en el Reichstag a partir de 1932 como para bloquear la formación de gabinetes democráticos con la participación de la media docena de partidos moderados, de los socialdemócratas a los católicos.

El recurso “estabilizador” de los gabinetes presidenciales propiciados por Hindenburg topó con las limitaciones de una visión conservadora, que decidió prescindir del SPD después de la crisis económica de 1929 y dejó en manos del NSDAP, hasta cierto punto y pese a sus fuertes reticencias hacia Hitler, la conformación de los gobiernos de centro derecha de ahí en adelante.

Hindenburg, que como presidente de la República era a partir de 1933 el único que podía destituir al canciller Hitler, tampoco quiso apoyarse en el Ejército para liquidar el gobierno nazi, pretextando la posibilidad de una guerra civil y su fuerte convicción de que “el Ejército es la base sólida sobre la que descansa el Reich alemán en estos tiempos inquietos, y no debe inmiscuirse en la política”.

Otros personajes y fuerzas políticas tuvieron su propia responsabilidad en el ascenso al poder de Hitler, más el contexto de la humillante posguerra y la grave crisis financiera de 1929, con devastadoras consecuencias de paro masivo y crecimiento de los populismos socialistas que conformarían la base social de nazis y comunistas. Pero las urnas no fueron el factor decisivo.

NOTAS

  1. Schleicher, inicialmente reticente a la solución militar, acabó por pedir plenos poderes a Hindenburg para tratar de salvar el Estado del asalto nazi: «Para salvar a la Patria de la tiranía y la corrupción existe solamente el camino de la legítima defensa, tomando medidas extraordinarias y empleando la fuerza si es necesario. Las SA, las SS y el Partido Comunista deben ser declarados fuera de la ley; los más peligrosos cabecillas de los partidos radicales, especialmente el doctor Goebbels, deben ser detenidos. Si los nacionalsocialistas se atreven a levantarse en armas, el Ejército alemán deberá ser utilizado para aplastar la sublevación. Si usted no sigue mis consejos, señor Presidente, no veo otra solución que poner mi cargo a su disposición.»
  2. Esta y el resto de citas extraídas de El Tercer Reich, de HS Segner.
  3. En la práctica, Hitler fusionó en uno los cargos de presidente de la República y de canciller.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s