El panorama electoral de Guipúzcoa después del 28-A

…ha quedado nuevamente despejado, después de la sorpresiva victoria de Podemos en 2016, con la victoria clara de un PNV refugio de la mayoría del voto de Centro y de Derecha (sube 5 puntos y medio en porcentaje), seguido por Bildu (+4 puntos), PSE (+4 puntos y medio) y Podemos (-11 puntos y medio). El PP no sólo no recupera el escaño sino que pierde más de cuatro puntos y medio.

En las otras dos provincias vascas, las subidas son similares para PNV, que se convierte en primera fuerza en Álava, y Bildu, si bien la presencia de estos últimos sigue destacando en Guipúzcoa (23,42%) diez puntos por encima de Álava (13,96%) y Vizcaya (13,38%). El PSE sube especialmente en Álava (+6 puntos y medio), más que en Vizcaya (+6 puntos) o Guipúzcoa.

Al respecto, las subidas de PNV y PSE en Álava parecen guardar relación con la fuerte caída del PP en la provincia (-6 puntos y medio), antaño primer partido en las elecciones municipales, forales, autonómicas y generales; mientras que en Vizcaya pierde su otro escaño con menos 5 puntos y medio. Así, el jefe de campaña Javier Maroto se convierte en el más triste perdedor de la noche.

Podemos, en caída libre, conserva todavía el escaño en Guipúzcoa y dos de los tres escaños de 2016 en Vizcaya, con menos 11 puntos y medio en ambas provincias, y el de Álava, pese a caer casi 13 puntos y medio. Una caída de la que Bildu y PSE aprovecharon prácticamente la totalidad, sin descartar que el mismo PNV haya recogido parte del voto perdido gracias a la Ley D’Hont.

Ciudadanos consigue apenas unas decenas más de votos en Guipúzcoa y casi un millar más en Vizcaya, aunque con una imperceptible pérdida porcentual; en Álava, no obstante, pierde más de un punto y más de un millar de votantes. Vox aparece con 1,63% en Guipúzcoa a más de un punto de Cs (2,86%), mientras en Vizcaya (2,31%) y en Álava (3,16%) la diferencia no supera el punto.

El PNV consigue en Guipúzcoa su mejor resultado desde 2004 (29,09% de los votos, con 119.106 ), aunque por debajo del 31,42% de entonces; Bildu logra batir sus recientes marcas de 2015 y 2016 (20,87% y 19,25%) aunque lejos del resultado bajo las siglas Amaiur de 2011, cuando obtuvo casi 130.055 votos (35,18%), casi 35.000 votos más que en las presentes elecciones generales.

El PSE, por su parte, obtiene el segundo mejor resultado desde 2008, cuando Rodríguez Zapatero logró revalidar su mayoría suficiente; si en 2008 alcanzó el 39,31% de los sufragios emitidos contando 127.840 votos, en 2011 sumó 78.462 votos frente a los 77.128 del 28-A, aunque con un porcentaje de casi dos puntos y medio más (2011: 21,22%; 2019: 18,84%).

El PP, finalmente, ha perdido desde 2004 dos de cada tres votantes y no se adivina su suelo porcentual, porque la trayectoria parece descendente hacia la desaparición total de la formación. Así, el último año con un porcentaje superior a los dos dígitos fue en 2011, cuando obtuvo 51.362 votos con el 13,89%. En 2015 y 2016 (8,70% y 9,73%) ya habían perdido prácticamente la mitad.

EL EFECTO Y EL DEFECTO DE CASADO EN EL PAÍS VASCO

En ninguna de las tres provincias vascas lo tenía fácil Pablo Casado en su estreno como líder del PP, pero apenas vale en la CAV la apelación al “voto útil” o a “la unidad del voto del Centro-Derecha” cuando la suma de populares, Cs y Vox se queda lejos de lo que al menos hasta 2011 cosechaba el PP vasco en solitario. Lo que se perdió en “voto útil” fue a parar al PNV gracias a Mariano Rajoy.

Así, desde la defenestración de María San Gil y la sustitución de su política de oposición radical al PNV de Ibarretxe y al PSE del “proceso de paz” con ETA por la del acercamiento a los primeros para facilitar “la gobernabilidad” (en la práctica, asimismo de la mano de los socialistas vascos) del País Vasco, los Basagoiti, Quiroga, Alonso, Oyarzábal, Maroto, Sémper no logran levantar cabeza.

El propio Casado, con su puerta abierta a pactos con el PNV, su defensa a ultranza del Concierto Económico (privilegio vasco) y su confianza en Maroto (uno de los responsables del hostigamiento interno a San Gil) como jefe de campaña, ha sembrado de dudas su proyecto nacional, ¿pues no había señalado que en su partido la antigua líder del PP vasco sería lo que ella quisiera?

Alejada de la política, San Gil rehusó cualquier oferta; pero ello no obligaba a Casado a entregarse, siquiera parcialmente, a los que precisamente la alejaron de la política de malas maneras. Si su apuesta era por la defensa de las víctimas de ETA y de las libertades en la CAV, jamás debiera haber confiado en los que recaban el voto para entregárselo dócilmente al PNV de los estatutos racistas.

Por contra, relegar a Sémper o Iturgaiz en favor de Arcauz en Guipúzcoa y Fanjul en Vizcaya, con una especie de chasquido de dedos con propiedades mágicas, no ha surtido efecto alguno (a no ser el de ahondar las diferencias en el seno del PP vasco), mientras la creciente presencia de Cs y Vox en las provincias vascas seguirá restando apoyos a una formación que se ha quedado obsoleta.

En todo caso, la lección que ya debieran tener bien aprendida las tres formaciones del Centro-Derecha sobre la política vasca, a menos de cara a las elecciones generales, es que no resulta tan significativo el voto a sus siglas en las tres provincias como en el resto de España. Esto es: que antes el PP vasco hacía ganar votos al PP en toda la Nación, y desde hace tiempo se los hace perder.

[Este artículo se lo quiero dedicar a Carlos Sancho, único miembro de la lista al Congreso del PP por Guipúzcoa agredido por elementos etasunos durante la campaña electoral… cuando iba a recoger a un amigo a la salida del mitin de Vox en San Sebastián.]

El Tercer Asalto Socialista al Poder fracasará

…porque en los tiempos que corren no da la impresión de que el español medio siga subyugado por los medios tradicionales de la opinión pública progresista (Ser, El País, TVE) aunque La Sexta, único canal con una apuesta clara por la propaganda ideológica (aparte de los consabidos TV3, ETB), coseche índices de audiencia relativamente altos.

Se ha visto claramente en las elecciones en Andalucía, donde pese a contar con todos los medios audiovisuales a favor (TVE, Canal Sur y sus decenas de radios) tanto PSOE como Podemos han perdido cientos de miles de votos, y ello viniendo de un gobierno socialista “moderado” por su acuerdo con Ciudadanos.

Se vio también en las dos elecciones generales sucesivas en que Pedro Sánchez se mostró no sólo incapaz de superar a un Rajoy en modo automático, sino también de dejar de perder escaños. Alcanzado el poder mediante su espuria moción de censura, Sánchez volvió a fracasar en su nueva cita con las urnas ¡en el bastión del PSOE!

Entre medias, la irrupción de Vox da para que algunos interesados a izquierda y derecha agiten el espantajo del Franquismo, pero este “voto del miedo” que pretenden movilizar de cara al 28-A no se manifestó en Andalucía, ni parece ir a premiar a Podemos por su liderazgo en la “alerta antifascista” ni tampoco al PSOE apoyado por Bildu, ERC…

También a Rajoy se le había acabado ya este recurso al “miedo a Podemos”, razón por la cual no alcanzó la mayoría absoluta ni con los escaños de Ciudadanos. Ahora parte del PP agita de tanto en tanto el miedo a Vox o a que por culpa de Vox la Derecha pierda la mayoría en el Senado que jamás utilizó, como tampoco la del Congreso.

A CADA GOBIERNO DEL PSOE SUCEDE LA QUIEBRA

Lo cierto es que a estas alturas todo el país entiende que Sánchez es un oportunista sin escrúpulos que sólo pretende mantener el poder “contra la Derecha”, esto es: contra más de media España y su Constitución; pero contra su propósito parece contar más la experiencia de las dos quiebras anteriores protagonizadas por González y Zapatero.

Así, al Primer Asalto Socialista al Poder (1982-1996), que vino precedido del 23-F y terminó con la victoria del PP de José María Aznar, corresponde la mayor época de corrupción política y económica de los dos últimos siglos españoles, hasta el punto de que el nuevo Gobierno hubo de pedir un crédito para siquiera poder pagar las pensiones.

Al Segundo Asalto Socialista al Poder (2004-2011), que vino precedido del 11-M (el mayor atentado de la historia de Europa, todavía por esclarecer), correspondió de nuevo la quiebra política y económica de la Nación, de la que sigue recuperándose un país que es el único de la UE aún vigilado (Protocolo de Déficit Excesivo) en sus cuentas.

Al Tercer Asalto Socialista al Poder, cuyo primer acto fue el de la moción de censura y que ahora pretende consolidar Sánchez contra el más elemental sentido común, contra toda directriz europea, contra toda recomendación de las principales instituciones económicas nacionales y extranjeras, sólo podría corresponderle, por tanto, la quiebra.

MÁS ACÁ DEL MIEDO

En esta tesitura, que se pretenda que el miedo al “Gobierno trifachito” va a hacer mella en un electorado al que sólo le preocupa su bolsillo y, si acaso, “el restablecimiento de la legalidad constitucional en Cataluña”, como pidió el rey Felipe VI en su discurso televisado a la Nación después del 1-O, parece propio de ilusos o trileros del marketing.

De hecho, más que de miedo se trata de hartazgo y más que de “involución democrática” de madurez política: demasiado tiempo se ha gobernado España con patrañas y acusaciones de “franquismo” contra la Derecha (como si los cuadros de PSOE, CiU y PNV no vinieran del anterior régimen, salvo meritorias excepciones).

Cierto es también que la división en tres partidos restará algún escaño al “bloque de derechas”, pero ¿acaso esto no se va a dar en la fragmentada composición del “bloque de izquierdas” de PSOE, Podemos y sus escisiones, ERC, Bildu, BNG…? ¿Acaso no ganó Ciudadanos en Cataluña con todo en contra… y todavía sin Vox pero con Rajoy?

Precisamente, se ha reiterado que la inhibición de Rajoy ante el separatismo catalán es la causa del desplome del PP, que apenas ha logrado frenar Casado; pero, entonces, ¿qué le espera al PSOE de Sánchez que pretende indultar a los golpistas? ¿Y al partido de Iglesias, que negoció los presupuestos de aquél en la cárcel con los condenados?

El Estado de facciones

…que padecemos desde el fin del régimen de Franco estaba larvado en el mismo, pero sus efectos deletéreos han aumentado con el diseño “autonómico” de la Administración, precisamente porque nunca se trató de una descentralización administrativa sino de dotar de nacioncillas (“nacionalidades”) a las oligarquías de País Vasco, Cataluña y Galicia, herederas del Franquismo.

A imitación de lo que se pretendía para aquellas, surgieron otras tantas con la dotación pertinente de cargos públicos y “rasgos diferenciales”, con el fin primero de colocar a las clientelas locales de los partidos políticos… y con el fin último (único, al fin) de perpetuarse en el poder indefinidamente. Por eso aparecieron Andalucía como “realidad nacional” y la “cláusula Camps” en Valencia.

Así se explica además que el golpe de Estado protagonizado por la que ha sido la facción hegemónica en Cataluña durante cuatro décadas tenga más que ver con la crisis vital de los dirigentes de la facción que con las verdaderas urgencias del movimiento separatista catalanista, todavía en grado de maduración moral por lo que se va viendo del juicio en el Tribunal Supremo.

Y es que el llamado “procés” de Cataluña tiene como origen reciente el procesamiento por corrupción de los miembros del clan Pujol, según cayó la impunidad “del Rey abajo” para ciertas figuras señeras del “Régimen del 78” después de la abdicación forzosa y forzada del rey Juan Carlos I. Una abdicación que dejó ver al fin la ruina de la arquitectura del sistema de partidos.

Unos partidos devenidos facciones prácticamente desde su constitución como tales, cuando fue el Estado “en transición” hacia la democracia el que hubo de articular (financiar a espuertas) formaciones como el PSOE o el PNV, que no mostraron entonces, durante los debates para la Constitución, ni la debida lealtad a las otras fuerzas parlamentarias ni a la misma Nación soberana.

Pero es a partir de la pérdida del Gobierno en 1996 cuando el PSOE comienza de nuevo a manifestar su espíritu de facción, y si bien condena el Pacto de Estella entre el PNV y ETA (que gozaba del apoyo de CiU y BNG con la “Declaración de Barcelona”), no tardará muchos años en sumarse al Tinell contra un PP al que no esperaba superar democráticamente en las urnas.

Dado el ejemplo de Zapatero y su “cordón sanitario” contra el PP (entonces único partido del Centro a la Derecha, recuérdese), el resto de facciones presenta desde entonces y con reiteración una serie de objetivos maximalistas insoportables para cualquier Constitución, y el PSOE del siglo XXI, ante la emergencia de Podemos y en vez de hacerles frente, se ha unido a ellos.

CASADO TENDRÁ SU OPORTUNIDAD

Por eso el único discurso posible de Pablo Casado es el de la alternativa radical a este estado de cosas, habida cuenta de que los consensos básicos que soportaban el régimen nacido de la Transición han sido desdeñados si no soslayados por el PSOE, el otro partido que podría garantizarlos en alianza con el PP, y no parece posible la rectificación en el líder del “No es no”.

Podrá hincarle los dientes al candidato Sánchez en un debate a cuatro por televisión, cosa que no le debiera ser difícil en cuanto que el presidente plagiario y Dr.Fraude “de Economía” apenas se ha prodigado ni en debates ni en declaraciones públicas ni en las más elementales ruedas de prensa durante sus múltiples viajes al exterior, así como tampoco ha gustado de comparecer en las Cortes.

El artefacto político diseñado por Iván Redondo (artífice asimismo de ese PP “Pop” hundido hasta el cuello en el cenagal político vasco) no requiere más que de una serie de automatismos inculcados -no precisamente reflejos, como en el caso de la criatura del Dr.Frankenstein o del Golem de los judíos- para echar a andar llevándoselo todo por delante en pos de su objetivo último: el poder.

Siguiendo esta pauta, el presidente falaz de la moción de censura contra el “Gobierno de la corrupción” del PP se apresta a sustituirlo en afectos (ora con guiños a lo que fuera CiU y también a PNV, ora a Ciudadanos) como en odios: nada tiene cabida a la Derecha del PP de Aznar y Rajoy, dos presidentes que precisamente desecharon su oportunidad de cambiar las reglas del juego.

Tampoco dudará en proclamar (como hacen desde hace décadas los socialistas) el “encuentro entre diferentes” con Bildu y ERC, si es a manera de “Frente Antifascista”, porque de hecho es lo que en el imaginario perturbado de Zapatero daba realidad a la recuperación de esa improbable idílica II República en la que el PSOE mandaba sin oposición… una vez comenzada la guerra civil.

De fondo y como horizonte político, Casado deberá despejar más que cualquier incógnita sobre su propio liderazgo la única duda de si el PP está de hecho con el PSOE en “blindar” (verbo que parece prevenir contra el bombardeo de su objeto directo) el Estado de las Autonomías… asimétrico. De lo contrario, Feijóo o su ya esbozado afán de acuerdo con el PNV le restarán más votos que Vox.

Si los niños han de conocer la historia de España

…deben contar con la correspondiente asignatura en todos los cursos de su edad escolar, al menos una hora cada día de la semana, con el mismo programa básico en todo el país y una prueba nacional de evaluación cada tres o cuatro cursos. El objetivo sólo puede ser la adquisición de conocimientos para la comprensión crítica del decurso histórico que conduce a nuestro presente.

Otra cosa es el relato oficial y nacional entendido como Historia de España, presentado como discurso más que como decurso, o las mismas historias subjetivas (memorias, poemas épicos, epistolarios) que jalonan la larga singladura de los españoles a través de los siglos, conformando los rasgos generales del carácter nacional a nuestros ojos tanto como al de los extranjeros.

En el primer caso, se trata de instrucción: se procura inculcar conocimientos al alumno, bien sea estudiante extranjero o nacional (de origen inmigrante o no), y la utilidad derivada del aprendizaje es la propia satisfacción intelectual por la adquisición científica de saberes históricos. Si se pregunta a un universitario polaco para qué estudia historia de España, responderá que porque le atrae.

En el segundo caso, se trata de educación, bien nacionalista o meramente historicista, con el indispensable elemento emocional o afectivo para lograr la identificación nacional del sujeto con la Historia oficial de la Nación: se trata de ofrecer un relato histórico lineal y verosímil sobre los avatares a que se debieron de enfrentar nuestros antepasados para legarnos la España actual.

Parece obvio que cualquiera puede interesarse por la historia de un país ajeno o de una cultura remota tiempo ha desaparecida, sin que ello le mueva a identificarse con el objeto de su estudio más allá de lo estrictamente intelectual. La curiosidad del estudiante polaco por el Islam español le llevará a visitar Andalucía, no a pedir su secesión de España como emirato árabe independiente.

Por el contrario, el relato nacional de la Historia tendrá que reunir el ingenio suficiente para integrar en el mismo discurso las heroicidades y añagazas de nuestros antepasados, sus conquistas y masacres, las obras de creación e industria que brindaron al mundo y todos los demás errores y crímenes cometidos desde el origen de los tiempos por quienes nos han precedido.

EL MODELO FRANCÉS DE ESCUELA NACIONAL

Será con Napoleón, un corso autoelevado al poder en la Francia más poderosa de la Historia, cuando se diseñe el modelo de escuela nacional con el fin de “fabricar franceses” (o ciudadanos de la República, entonces Imperio) a través precisamente de la enseñanza de una historia a modo de relato épico de los siglos pasados, homogénea en todos los rincones de sus dominios.

Comienza a producirse así un tipo de manuales de Historia en lo que lo relevante es establecer la continuidad lineal de la Nación pese a todos los pesares y frente a toda clase de enemigos; unas historias donde se destaca a los héroes individuales pero sin dejar de ensalzar al Pueblo como genuino “motor histórico” de la historia nacional, en el presente tanto como lo fue en el pasado.

Una historia de Francia que tenía como propósito tanto legitimar la Revolución que liquidó el Antiguo Régimen (cuyos exegetas podían remontarse más de un milenio en la Historia para justificar la Monarquía) como enlazar el futuro imperial de la República con ese pasado que no se dejaba de considerar glorioso, al menos por parte de los estamentos militares e intelectuales.

Por supuesto, para cualquier francés de hoy día (como en los tiempos de Napoleón) Carlomagno es el padre de la nación llamada “Francia”, aunque no fuese este el proyecto del primer titular del Sacro Imperio Romano Germánico (que abarcaba de Pamplona y Barcelona hasta Hungría, de Italia al Báltico). Por descontado, se le celebra con pompa oficial en la República; como a Napoleón.

EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO COMO RIESGO PARA LA NACIÓN

Porque sólo un relato oficial lineal, con las gestas y hazañas protagonizadas por los grandes nombres y sus huestes, podía cohesionar y dar legitimidad a esa entelequia política conocida como “Pueblo”, del que surgen los héroes, cierto; pero del que sobre todo emana la nueva Soberanía sobre el territorio nacional a partir de las sucesivas revoluciones en Inglaterra, Estados Unidos y Francia.

En su célebre conferencia en la Sorbona (París, 11 de marzo de 1882) “¿Qué es una Nación?”, Ernest Renan considera todas las cuestiones relativas a esta presentación “nacional” de la historia (de las historias de los antepasados de los franceses a los que se dirigía) con el certero bisturí del científico que domina su campo y la clarividencia del buen conocedor de la condición humana:

“El olvido y, yo diría incluso, el error histórico son un factor esencial de la creación de una nación, y es así como el progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad. La investigación histórica, en efecto, vuelve a poner bajo la luz los hechos de violencia que han pasado en el origen de todas las formaciones políticas, hasta de aquellas cuyas consecuencias han sido más benéficas.”

Mas Renan asumía que “la esencia de una nación consiste en que todos los individuos tengan muchas cosas en común, y también en que todos hayan olvidado muchas cosas. Ningún ciudadano francés sabe si es burgundio, alano, taífalo, visigodo; todo ciudadano francés debe haber olvidado la noche de San Bartolomé, las matanzas del Mediodía en el siglo XIII”, y tantas otras guerras civiles.

LAS HISTORIAS RACISTAS

Este nacionalismo de Renan, que no es chauvinista, habla de la Nación como “gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios” realizados “y de aquellos que todavía se está dispuesto a hacer”, y aunque presupone “un pasado” compartido, “se resume en el presente por un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida común”.

Frente a su visión, el historicismo racista de pensadores como el también francés Gobineau alumbrará el panfleto con fines ideológico-políticos que se servirá de la Historia (elevada a categoría científica, al par que bastardeada por su habitual orientación predeterminista) para introducir el factor racial en la legitimación de la Nación como sujeto histórico.

Así lo hace en su obra Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, convirtiéndose en precursor del racismo científico por una especie de nihilismo decadentista que pretendía que sólo la preservación de la pureza de la auténtica raza francesa (la de origen franco, luego germánico) podría salvar la Nación de su extinción a manos de la chusma francesa de origen céltico o semítico.

Para Gobineau la elección de este formato narrativo era sencilla, porque él mismo pertenecía a la clase aristócratica, a “la raza de los señores” de sus posteriores discípulos nazis; mientras que para Renan, “la raza, como la entendemos nosotros los historiadores, es (…) algo que se hace y se deshace” y por lo tanto “no tiene aplicación en política”.

EL NACIONALISMO REPUBLICANO, ¿ASIGNATURA PENDIENTE DE LOS ESPAÑOLES?

Ahora que el líder de Ciudadanos Albert Rivera pretende imponer una asignatura sobre la Constitución Española de 1978 (verdadero centón de derechos fundamentales, derechos que no son tales y una serie de buenas intenciones dignas de cualquier otro paradero), conviene insistir en que la enseñanza debe ser neutral, bastando recordar cada tanto cuáles son los derechos de todos.

Ahora bien, podría resultar instructivo y aleccionador conocer las leyes que rigen nuestro sistema político, así como las instituciones más relevantes del mismo, su origen y tradición, para lo que no cabe prescindir de la Historia como archivo de nuestras experiencias; pero tampoco del relato histórico que ha de dotar de sentido a esa tradición legal y moral que consideramos como propia.

De continuo se habla del fracaso “nacionalizador” del Estado español, como si los alumnos hubieran estado despistados por el vuelo de una mosca cuando se tocaba en clase el capítulo de Leovigildo o el de los reyes asturianos; o no sintieran mayor interés por las andanzas del Cid, las gestas del Descubrimiento o la Conquista de América, o por el levantamiento del 2 de mayo.

Ciertamente, el estudio desapasionado de la historia de España ofrece gratificaciones suficientes a cualquiera con algo de curiosidad, pero el ritmo frenético de nuestros días parece ofrecer poco margen en la escuela y fuera de ella para esta aproximación intelectiva a nuestro pasado. El cine y los cómics, la novela histórica y los artículos de revistas cubren o debieran cubrir el gap, pero esta ya es otra historia.

Los sondeos electorales producen opinión

…más allá de reflejar tendencias o mostrar la opinión del público, por la sencilla razón de que las preguntas siempre condicionan la respuesta y como es obvio que las agencias preguntan según el interés del pagador (generalmente un medio de comunicación que tiene su respectivo público con su propia opinión o sesgo sobre las cuestiones), de nuevo se prueba que “el medio es el mensaje”.

Ahora bien, el otro yerro atribuible al método del encuestador es la ausencia de previa comprobación de los conocimientos del encuestado sobre las cuestiones a que debe responder, lo que produce habitualmente el efecto indeseado de que este se ve forzado a contestar cualquier cosa. La opinión recabada es entonces débil, inventada… o se adhiere a lo que estima opinión mayoritaria.

Esto produce además un efecto rebote, que se relaciona de modo positivo con la formación de la opinión mayoritaria y de modo negativo a través de “la espiral del silencio” que de consuno silencia a las opciones sin representación, si bien es cierto que en los últimos tiempos las encuestas tienden a considerar esos “estados difusos” de la opinión a la hora de valorar a las nuevas fuerzas emergentes.

Es evidente que el grupo de comunicación que paga y publica el sondeo espera una respuesta condicionada de su público, tanto para motivarlo como para reforzar el estado de sintonía con el mismo. Pero más allá de su decreciente prestigio como “espejo público”, lo que persiguen las encuestas es la hegemonía en el “gobierno de la opinión” en que se sustentan las democracias.

OTROS HECHOS Y FACTORES INDICATIVOS

Pese a la artera manipulación (probada por los resultados reales de las últimas elecciones en Andalucía) de las encuestas del CIS dirigido por un socialista adicto a esa pura imagen de poder que es Pedro Sánchez, lo cierto es que cabe dudar de las buenas expectativas de un candidato que se mostró incapaz por dos elecciones consecutivas de ganar a un PP que perdió uno de cada tres votos.

Así fue en 2015 y 2016, ¿ha cambiado algo desde cuando el PP de Rajoy le sacaba 50 escaños al PSOE del Sánchez del “No es no”? Sí: que Rajoy ya no está, sino Casado (dispuesto a enmendar prácticamente todo lo de su antecesor); y que ya hemos tenido casi un año para ver deambular a quien ha incumplido todas sus promesas hasta que, tarde, ha convocado por fin elecciones.

De hecho, hablamos de un presidente del Gobierno que se encaramó al poder con la mentira (el PP no fue condenado judicialmente) y se perpetuó por la mentira al no convocar de inmediato elecciones, pero el resultado de su estrategia ha sido la pérdida de credibilidad y caída de audiencia de todos sus apoyos: del CIS a la SER, de los informativos de RTVE a El País, etc.

Por medio, la grave crisis suscitada por el golpe de Estado en Cataluña, que ha generado una reacción nacional como no se conocía desde los tiempos del asesinato de Miguel Ángel Blanco por ETA, ha rematado la legislatura que pretendía agotar Sánchez al revelarse sus pactos secretos con un dirigente abiertamente separatista como Torra y ser denunciados en la manifestación de Colón.

DEMOSTRACIONES PÚBLICAS REALES Y VIRTUALES

Por todo ello es sintomático que Vox supere en público en sus mítines a las demás fuerzas políticas, porque aparte de exhibir cierta querencia por las formas tradicionales del encuentro y comunión del líder con sus fieles constata la atracción que ejerce un valor al alza. Simultáneamente, se ha hecho fuerte en las redes sociales, donde encuentra su par opositor fundamentalmente en Podemos.

Un Podemos que ya no ilusiona con un líder demediado que no mueve ni a los propios, aunque siga contando con el apoyo fundamental de las televisiones y buena parte de los periodistas en los grandes diarios de papel, pero por ejemplo La Sexta hace ya bastante tiempo que hace bandera de la entente “antifascista” liderada por Sánchez en la que Iglesias sólo tiene (tendría) un papel auxiliar.

En la derecha, tanto como la emergencia de Vox parece incuestionable el “efecto Casado”, que a buen seguro preservará las señas de identidad aún reconocibles en el PP, como las relativas a su programa económico, aunque se haya lanzado a reivindicar los valores cardinales de la formación en materias como la unidad de España, la familia, el sistema educativo o la inmigración.

El hiperactivismo de Casado, que a diferencia de Ciudadanos y sobre todo Vox cuenta con un sinfín de lugares con militantes del PP (bien desencantados o incluso indignados con la política de Rajoy) a los que acudir, revela precisamente su profunda comprensión del momento crítico por el que atraviesa el todavía “partido más grande de España”, así como su confianza en revertir la debacle.

HIPÓTESIS DEL TRASVASE DE VOTOS DE IZQUIERDA A DERECHA

Hundidas las expectativas de Podemos por la mediocridad y el egoísmo pueril de sus dirigentes, con escisiones en todas las regiones en que cunden los movimientos separatistas, más la propia división entre los izquierdistas tradicionales de IU y la nomenklatura del Lenin de Galapagar, gran parte de sus votos podría ir a la abstención o a este PSOE izquierdista radical que se ha montado Sánchez.

Razón por la que a Ciudadanos y al mismo PP podría abocar buena parte de los últimos votantes de un PSOE que ya definitivamente no es el que sirviera en el último cuarto de siglo a la gobernabilidad de la Nación: si el “cordón sanitario” es a Ciudadanos, PP y Vox en vez de a Bildu, ERC y Podemos, Sánchez logró culminar la transformación del PSOE en otra cosa distinta.

Así que al margen de las etiquetas de “centro-derecha” o “centro-izquierda”, la postura socialdemócrata caracterizada como «liberal-progresismo» de los dirigentes de Ciudadanos hace factible el trasvase “a la derecha” de votantes moderados del PSOE, así como la renovación del apoyo de los más “centristas” de los que en su momento abandonaron el PP de Rajoy.

La irrupción de Vox, a su vez, mermará el potencial respaldo electoral a Casado, pero sobre todo movilizará a ese importante segmento del electorado de la Derecha que hace tiempo que abandonó toda esperanza en el supuesto programa de regeneración democrática del PP sin haber acudido tampoco a los cantos de sirena de una formación como Ciudadanos, permanentemente ambigua.

LAS VERDADERAS ELECCIONES, A PARTIR DEL 28-A

A este respecto, Ciudadanos es la formación más expuesta a los sondeos de opinión, razón de casi todos sus bandazos y errores de percepción de la realidad española (de las preocupaciones reales de los españoles), mientras que Podemos y Vox parecen hacer caso omiso de las encuestas. Pero no es improbable que el partido de Rivera pueda pescar aún con provecho entre votantes de PP y PSOE.

Una pretendida centralidad que, ante la connivencia de Sánchez con el separatismo, condujo a regañadientes a la plana mayor de Ciudadanos a manifestarse en Madrid junto a PP y Vox, y posteriormente al anuncio de que no pactaría con el PSOE, puesto que la desconfianza ante esta opción entre su potencial electorado era manifiesta y creciente.

Así las cosas, de los resultados del 28-A habrá que derivar las posibles componendas para la conformación no ya del Gobierno de la Nación, sino del poder regional y municipal que se disputará apenas un mes después, condicionando los pactos postelectorales incluso al margen del conteo estricto de los escaños: por ejemplo, con la creación de nuevas alianzas y coaliciones.

A su vez, Sánchez y Casado (por no hablar de la plausible víctima propiciatoria de la jornada: Pablo Iglesias) tendrán que dirimir entre sus propios apoyos internos según el éxito o fracaso de sus apuestas, ambas marcadas por el personalismo (vulgo dedazo) de sus respectivos liderazgos. En este aspecto, PP y PSOE tienen décadas de experiencia en disculparse hasta las más claras derrotas.

La influencia de la TV en la conformación de la opinión pública

…parece ser el objeto último del célebre ensayo Homo Videns (1997) de Giovanni Sartori (1924-2017), que a partir del estudio del tipo de hombre que da título al libro procura analizar las repercusiones que para el sistema político democrático conlleva la emergencia de este “vídeo-niño” incapaz de abstracción de ideas y conceptos complejos tanto como de reflexión sobre los mismos.

“Lamentamos el hecho de que la televisión estimule la violencia, y también de que informe poco y mal, o bien de que sea culturalmente regresiva (como ha escrito Habermas). (…) Pero es aún más cierto y aún más importante entender que el acto de telever está cambiando la naturaleza del hombre” en la de un sujeto “educado en el tele-ver incluso antes de saber leer y escribir”.

“Así, mientras nos preocupamos de quién controla los medios de comunicación, no nos percatamos de que es el instrumento en sí mismo y por sí mismo lo que se nos ha escapado de las manos”, señala desde el prefacio, aunque admite que “la televisión beneficia y perjudica, ayuda y hace daño”, queriendo rechazar con ello las acusaciones de “apocalíptico” (según los términos de Eco).

El autor traza de hecho una distinción entre el entretenimiento y la información, aunque su premisa radical sea que “todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis (de conceptos y de concepciones mentales) que no es en modo alguno el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos”, que es básicamente el que nos puede mostrar la televisión.

O más directamente: “Casi todo nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato en cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes”, mientras que “la televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender”.

LA AUTORIDAD INMERECIDA DE LA IMAGEN

Sartori remarca que “la imagen no da, por sí misma, casi ninguna inteligibilidad. La imagen debe ser explicada; y la explicación que se da de ella en la televisión es insuficiente”; pese a lo cual, “las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras”, porque gozan de “la autoridad de la imagen” ante un público formado en el “tele-ver” (sea TV o tubes).

Con la televisión (más aún que con el cine o la fotografía), “la autoridad es la visión en sí misma, es la autoridad de la imagen. No importa que la imagen pueda engañar aún más que las palabras (…). Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve; y, por tanto, la autoridad cognitiva en la que más se cree es lo que se ve. Lo que se ve parece “real”, lo que implica que parece verdadero”.

Al par que la imagen ejerce esta autoridad falaz (puro autoritarismo, en rigor, por la propia esencia pasiva del acto de recibir imágenes), la televisión “atribuye un peso desconocido y devastador a los falsos testimonios”, entendiendo por estos las declaraciones de personajes populares para nada expertos en las cuestiones sobre las que se permiten opinar, pero que influyen masivamente.

Como “el vídeo-dependiente tiene menos sentido crítico que quien es aún un animal simbólico adiestrado en la utilización de los símbolos abstractos”, Sartori alerta contra su falta de “capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso”, porque suele ser irrelevante a la hora en que la TV demanda su presencia opinando de cualquier cosa o cuando el encuestador le sondea políticamente.

LA VÍDEOCRACIA COMO AMENAZA A LA DEMOCRACIA

Como indica el propio autor, los progresos asociados al mundo de las comunicaciones nunca han suscitado reacciones hostiles, a diferencia de la introducción de máquinas en el proceso productivo: así con el periódico o el teléfono, la radio, la TV y en nuestros tiempos Internet, recibidos por la inmensa mayoría como “favorables para la difusión de información, ideas y cultura”.

Pero la TV en concreto “es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver. Hasta hoy día, el mundo, los acontecimientos del mundo, se nos relataban (por escrito); actualmente se nos muestran, y el relato (su explicación) está prácticamente sólo en función de las imágenes que aparecen en pantalla”, ocultando la información no visible: casi toda.

De esta nueva conformación mental inducida por la cultura audiovisual deriva Sartori algunas perniciosas consecuencias para el sistema democrático, como la “aldeanización” de la política o su “personalización” cada vez mayor, porque “el mundo visto en imágenes es necesariamente un mundo de primeros planos: algunas caras, un grupo, una calle, una casa”, no de conceptos e ideas.

Por su necesidad de imágenes, la TV impone a los políticos un discurso particularista dirigido al sentimiento de los telespectadores, al tiempo que “cada vez tienen menos relación con acontecimientos genuinos y cada vez se relacionan más con “acontecimientos mediáticos” (…) seleccionados por la vídeo-visibilidad y después agrandados o distorsionados por la cámara”.

GOBIERNO DE OPINIÓN MEDIATIZADO

Sartori asume que “la democracia representativa no se caracteriza como un gobierno del saber sino como un gobierno de la opinión”, por lo que se cuestiona hasta qué punto la TV ha adulterado el proceso de conformación de la opinión pública que debe hacerse responsable de la elección de los gobernantes y de controlar sus decisiones, cada vez más mediatizados unos y otras: teledirigidos.

Al empobrecimiento del discurso político con su sentimentalización y localismo se une el hecho cierto de que la TV influye no sólo en el qué y el cómo del mismo, sino en la misma elección del quién. En la actualidad, a la telegenia de los candidatos se le suma además la imposición de su agenda política, puesto que se da prioridad absoluta a las cuestiones tratadas por las cadenas de TV.

Para Sartori es claro asimismo que en las últimas décadas “el pueblo soberano” opina “sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar. Y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea”, por lo que cada vez con más frecuencia los políticos toman sus decisiones en función del último telediario.

“La videocracia está fabricando una opinión sólidamente hetero-dirigida que aparentemente refuerza, pero que en sustancia vacía, la democracia como gobierno de opinión. Porque la televisión se exhibe como portavoz de una opinión pública que en realidad es el eco de regreso de la propia voz”, ya que lejos de informar “refleja los cambios que promueve e inspira a largo plazo.”

OBJECIONES A INTERNET

Frente a la pasividad del telespectador, Sartori logró ver hace ya más de dos décadas las potencialidades de la Red, por entender que la experiencia activa del usuario puede abrirle el más vasto territorio de oportunidades para la formación y la información, así como para el mero entretenimiento, de que haya gozado jamás cualquier generación anterior de seres humanos.

No obstante, condiciona de nuevo las bondades del medio a la crianza del niño en el tele-ver, ya que “las posibilidades de internet son infinitas para bien y para mal” y “son y serán positivas cuando el usuario utilice el instrumento para adquirir información y conocimientos (…), por el deseo de saber y entender. Pero la mayoría de los usuarios de internet no es, y preveo que no será, de esta clase”.

Para Sartori, la formación del vídeo-niño “hará pasar a internet a analfabetos culturales que rápidamente olvidarán lo poco que aprendieron en la escuela y, por tanto, analfabetos culturales que matarán su tiempo libre en internet, en compañía de “almas gemelas” deportivas, eróticas, o de pequeños hobbies. Para este tipo de usuario, internet es sobre todo un terrific way to waste time”.

La negativa (por resultar también falaz, como la “vídeo-política”) influencia de los sondeos y encuestas de opinión no meramente electorales en el sistema democrático, la reivindicación de la “cultura del libro” y de la exigencia en la educación son otras cuestiones relacionadas en esta defensa a ultranza del “demo-saber” para conservar el “demo-poder” en una obra ya clásica.