Un segundo análisis de las elecciones del 28-A

…no puede soslayar el decantamiento hacia la Izquierda, sobre todo hacia el PSOE, de la mayoría de los medios de comunicación (y de los creadores de opinión, en general), así como el control que sobre el CIS y la TVE ha ejercido durante su exiguo mandato Pedro Sánchez, que en esto como en la misma convocatoria de las elecciones generales jugaba con ventaja y ha sabido aprovecharla.

Así, le ha birlado la hegemonía del discurso izquierdista a Podemos en medios como La Sexta, obviamente porque ya como presidente del Gobierno podía Sánchez reivindicarse el líder del momento, el hombre necesario y oportuno, capaz de ser alternativa real al que parecía bien asentado Mariano Rajoy tanto como de ofrecer esa imagen de salvador de la situación en Cataluña.

De eso ha ido en definitiva su larga campaña electoral desde La Moncloa, pero si ha podido salirle bien al PSOE ha sido en gran medida por demérito de sus contrincantes PP, Cs, Vox; de hecho, no le ha ido tan bien en comunidades como la vasca o la catalana, donde la presencia de fuerzas como PNV, Bildu, ERC y JxCat ha mermado considerablemente las expectativas socialistas de voto.

Aun y todo, Sánchez se ha impuesto con claridad a los otro cuatro líderes de partidos nacionales; ha doblegado a la otra formación del Bipartidismo, el PP, hasta poner en tela de juicio su preeminencia en el campo del Centro-Derecha (o sea en la alternativa a este PSOE izquierdista); y ha consolidado a quienes le apoyaron en la moción de censura, salvo a Iglesias, cuyo sorpasso aleja decisivamente.

LA TV MANDA

Pero sin duda uno de los principales factores influyentes en el voto de los españoles ha sido la TV, que ha podido modificar con cierta amplitud el panorama electoral sobre todo en el campo del Centro-Derecha, donde Albert Rivera parece estar más suelto y mejor asesorado que Casado o Abascal, si bien este último pudo convencer a muchos de que está en sus cabales en lo de Bertín.

La exclusión de Vox de los dos debates consecutivos en TV la última semana de elecciones piensan algunos que perjudicó a Sánchez o que favoreció a Rivera y a Casado, pero lógicamente el más perjudicado fue Abascal. A su vez, un debate de Sánchez únicamente contra Casado sólo hubiera favorecido a este, pero a la vista está que el de nuevo presidente dejó de creer en el Bipartidismo.

E hizo bien, porque su antecesor Rajoy ya decidió apostar por su liquidación cuando dio entrada en el juego a Podemos “por la mañana, por la tarde y por la noche”, por lo que sigue resultando algo extraño que Pablo Casado, solo o en compañía de otras fuerzas políticas, se ofrezca siquiera para consensuar “pactos de Estado” mano a mano con el PSOE. La situación ya cambió: hace años.

En todo caso, lo que no cambia es la hegemonía de la TV y de los modelos que produce y ofrece frente a otro tipo de medios o las mismas redes sociales, que básicamente sirven para desprestigiar y a los que más pueden afectar es a PP y Podemos, pero más pronto que tarde también a Vox. PSOE y Cs parecen por contra más preocupados por su exposición pública en cualquier programa de TV.

CASADO: DE LIDERAR LA MANIFESTACIÓN DE COLÓN A…

Por eso Rivera se vino arriba en los debates, de nuevo fungiendo como candidato a presidenciable sin importarle mucho ni las etiquetas ni los escaños contantes y sonantes, y ofreció claramente una impresión de firmeza opositora que Casado, distraído en esta ocasión por sus propuestas programáticas, no parecía querer ofrecer, como si todavía fuera un portavoz secundario de un Gobierno del PP.

Tal vez porque no llegó a creerse su misma elevación a la presidencia del partido, Pablo Casado ha perdido el tiempo tratando de dar solución a problemas imaginarios (sobre el “liderazgo de la Derecha”, por ejemplo) mientras se ha mostrado incapaz de ver la evolución del propio PP en las dos últimas décadas, convertido a la postre en una esclerotizada organización de conseguidores.

Su campaña ha tratado de conjugar erróneamente, con la óptica del Bipartidismo, la relevancia del papel jugado por el PP en el pasado (con la reivindicación y presencia de Aznar y Rajoy en plenas elecciones) con la necesidad de plantarle cara al frentismo del PSOE y sus aliados de Podemos y separatistas, confiándose de nuevo a la presunción del liderazgo “tradicional” del PP en la Derecha.

Después de manifestarse en Colón con Vox y Cs a su vera con el reticente Valls entre los asistentes, e incluso UPyD (ya en la órbita de Cs), erró Casado al no entender que para liderar el bloque del Centro-Derecha hacía falta un impulso convergente (e incluso pactado) entre tres, en vez de ofrecerse de primeras como “voto útil” al votante de derechas como única y excluyente alternativa.

LA IRRUPCIÓN DE VOX

Un votante de derechas que en rigor hace tiempo que juró no votar más PP, mientras Cs seguirá atrayendo voto de los que no llegaron ni llegarán a votar nunca al partido de Casado, por lo que este jamás debió ponerse a dar lecciones de democracia y prosperidad ni a quienes se sienten estafados por tantos años de traiciones (Vox) ni a aquellos que no se sienten representados por el PP (Cs).

El 28-A ha servido en este sentido para certificar la candidatura de Vox a primera fuerza de la Derecha, ya que su discurso escasamente populista no le va a permitir cosechar en el campo en que aún se mantiene Podemos, si bien puede atraer en lo sucesivo todavía a buena parte del electorado de PP y de Cs. A Vox le ha perjudicado tanto su parcial ausencia como su caricatura en los medios.

No obstante, no parece que su votante vaya a mudar de posición en próximos encuentros electorales, aunque tanto a Vox como a Cs les resultará difícil repetir sus relativamente buenos resultados el próximo 26-M, dado que carecen de una organización con garantías a nivel municipal y provincial que goce del conocimiento suficiente y del aprecio de los electores.

Esta será la última oportunidad de Casado para mantenerse al frente del PP, lo que sólo podrá propiciar un triunfo claro en votos y concejales de las candidaturas del Centro-Derecha; pero siempre y cuando se produzca la debida reciprocidad en los pactos a dos o a tres que inexorablemente necesitarán para hacerse con la mayoría de las CCAA y los grandes ayuntamientos españoles.

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