El año que vivimos sin Gobierno

…certifica la bondad del modelo presidencial (circunscripción única nacional, a dos vueltas) no solamente para designar presidente del Gobierno, sino fundamentalmente para separar Ejecutivo de Legislativo y dotar de independencia a cada poder respecto del otro, de modo que los parlamentarios negocien hasta el paroxismo para aprobar leyes, pero el Gobierno pueda gobernar.

Lo que se gana así en representatividad del Gobierno (el candidato que vence en la segunda vuelta forzosamente lo hace con más del 50%, pues solo computan las dos opciones en liza, sin votos blancos o nulos) tampoco se pierde en pluralismo político, en cuanto que los representantes en el Legislativo serían como ahora un reflejo proporcional aproximado de las opciones de los electores.

La ventaja de la eficacia se enfrenta a la desventaja del riesgo de cesarismo o caudillismo, cosa que en países como Francia o Estados Unidos se pone de relieve con cada nuevo presidente que resulta elegido; pero ello no obsta para que los debidos contrapesos, de la misma Justicia a la oposición en Parlamento y Prensa -hoy día, sobre todo en USA, la TV-, acoten el campo y el tiempo de esos excesos.

Antes de ello, el factor clave de la periodicidad de las elecciones (con el objeto de renovar o desechar al jefe del Ejecutivo) establece los límites pertinentes a la acción política de cualquier gobernante, mucho más que en el actual sistema de partidos en que la penalización en las urnas no ha contado apenas para remover a las dirigencias corruptas del nivel local tanto como del nacional.

Así que se podría incluso preservar el sistema electoral proporcional (con las circunscripciones ajustadas al censo actual de cada provincia), que ya no se daría el bloqueo para la elección de presidente, aun si una fragmentación como la actual hiciera complicado a cualquier grupo sacar adelante sus proyectos legislativos… sin negociación con el resto de los parlamentarios.

Por supuesto, el Ejecutivo podría emitir decretos como ahora, a expensas del reconocimiento de su constitucionalidad por parte de los tribunales, como adoptar las medidas económicas pertinentes sin gozar siquiera de un proyecto de ley de Presupuestos aprobado; pues de nada serviría a los ciudadanos elegir a un presidente por mayoría maniatado al par por la falta de mayoría en las Cortes.

Este reforzamiento del Ejecutivo, como garantía básica de su independencia y de su posibilidad de funcionamiento, no eliminaría tampoco el mecanismo de la moción de censura constructiva de ser aprobada por una mayoría cualificada que sí cabe revisar, y que podría adecuarse a lo ya estipulado para la promulgación o derogación de las Leyes Orgánicas (las de más alta jerarquía en la Constitución).

Tal vez así podría ser compatible el prurito del máximo pluralismo político con el de máxima representatividad de las instituciones, el de mayor libertad política con el de más eficacia en la toma de decisiones; sobre todo dado el panorama actual de partidos convertidos en ligas de facciones enfrentadas en su mismo seno, que además ocasionalmente responden a intereses de terceros.

Pero parece evidente que esta propuesta, que a buen seguro podría constituir (por lo visto en apenas tres meses) el sueño húmedo de Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias o Abascal, no interesa a las organizaciones políticas que financian muy distintos sectores de la vida pública y privada española, que perderían con el modelo presidencial gran parte de su influencia, menos difusa a cada día que pasa.

El hombre que tenía una manzana por nariz

Existió un hombre, creo, en algún sitio, que tenía una manzana por nariz (aunque pueda sonar un tanto extraño). Cuando su madre aún vivía, había acudido a muchos de los mejores especialistas en narices de todo el mundo, pero ninguno había sido capaz de dar con la solución a su problema, porque ninguno, siquiera, había logrado encontrar el origen de esa extraña anomalía nasal.

El caso es que el hombre había pasado una infancia muy dura, siempre yendo de un lado para otro del brazo de su madre en busca de un remedio para su malformación. La buena señora lo había intentado todo con su hijo, pero nadie, nadie, ni nada, nada, le había servido para conseguir volver a su hijo normal.

El niño había crecido, sin embargo, con no demasiadas preocupaciones en su cabeza. Había asistido a un colegio normal, con el resto de los niños y las niñas de su edad, normales, e incluso se había llegado a hacer un grupo de amigos, normales y sanos, y gozaba del aprecio de todos sus profesores, también muy normales. Lo que no consiguiera acudiendo a los múltiples especialistas, su madre lo había conseguido mediante el empeño y la buena voluntad que poseía: había integrado al niño en la sociedad, como una persona normal.

Sin embargo, la mujer había muerto de una embolia cerebral cuando aún no contaba los 50, y el niño se había quedado solo en este extraño mundo normal. A partir de este momento, todo empezó a quebrarse y retorcerse en la vida del hombre que tenía, que seguía teniendo, una manzana por nariz. A punto de salir de la adolescencia, la gente empezó a considerarle como anormal y extraño a ellos.

Nada hubiera pasado, probablemente, si esta extrañeza hubiera apartado al hombre que tenía una manzana por nariz de la sociedad normal en la que vivía, pero el problema surgió debido a que esta sociedad normal no quería dejar al hombre en paz. No le bastaba marginarlo, apartarlo de sí, porque el problema seguiría allí y podría crear precedente (qué molesto tener que buscar un lugar solitario y apartado del mundo normal para todos y cada uno de los hombres o mujeres que no fueran normales, como los demás). No, aquello no tenía ni pies ni cabeza (¡tenía una manzana por nariz!), y era necesario encontrarle una solución. Otro gran problema que tenía aquel hombre, el anormal, es que ya se había instalado demasiado profundamente en la estructura de la sociedad normal, gracias al esfuerzo y los contactos de su madre, y, en aquellas circunstancias, era del todo incorrecto, e incluso inmoral, desarraigarlo de cuajo de su normal ubicación. Hacía falta presionarlo desde dentro, para que él mismo decidiese aceptar su anomalía y terminar con ella.

Pasaron varios años. El hombre con una manzana por nariz siguió viviendo su vida, intentándolo, vaya, intentando vivir el tipo de vida que le dejaban las personas normales que lo rodeaban (rodeándolo, estrechándole el cerco).

El ambiente en que se movía se había vuelto, sin embargo, insano e irrespirable. Tenía un trabajo, pero ninguno de sus compañeros lo trataba. Vivía en una urbanización, pero ninguno de sus vecinos lo saludaba y normalmente bajaban la vista cuando él pasaba a su lado. Iba a jugar al golf, como las personas normales, pero todos los que jugaban a su alrededor cambiaban de hoyo cuando él llegaba, y se escapaban discreta pero velozmente en sus carricoches. Todos sus antiguos amigos lo habían dejado de lado, más por la presión de la sociedad que por cualquier otra razón normal. Las chicas huían ante esa presencia vegetal. Tenía grandes problemas con los perros callejeros que pululaban hambrientos por las calles (pues la manzana siempre se había conservado lozana e intacta en su madurez, y encima era de un tamaño considerable). Los niños se reían de él cuando lo veían caminar por la calle delante de ellos. Lloraba todas las noches.

Intentó incluso arrancarse la nariz, bueno, la manzana, utilizando un cuchillo de cocina muy afilado (algo anormal en muchas de las cocinas que yo conozco), pero hasta esto fracasó, pues la nariz se regeneraba una y otra vez y siempre aparecía de nuevo, esplendorosa en toda su escarlata dimensión.

Paralelamente a estos sucesos, del todo normales si tenemos en cuenta que la gente… bueno en fin, paralelamente a estos sucesos, un joven periodista, liberal e intrépido como él solo, un poco fuera de lo normal, quizá, se interesó por el caso de este marginado y decidió empezar a investigar y a escribir sobre el caso.

Como en el fondo el chaval era bastante normal, y además era buen escritor, impulsivo y arrogante, guapo, gentil, idealista y honesto, la gente empezó a leer lo que él escribía y, en cierta medida, a comprender sus razonadas y claras argumentaciones sobre el tema, lo cual llevó a la sociedad normal a aflojar el nudo ahorcaperros que llevaba años tensando en torno al cuello del hombre con una manzana por nariz, y entonces, todo ello, todo este proceso de influencia sobre la gente normal, cristalizó en la final aceptación del hombre anormal, o sea, el que tenía una manzana por nariz, por la sociedad normal, aunque alguno había todavía, sin embargo, con algunas reticencias (como es de uso en cualquier sociedad normal y, aún más, si ésta es democrática y plural).

No obstante, esta historia no acaba aquí, como sería de suponer, porque a veces las cosas no son tan normales como parecen, o tan normales como deberían ser. Ni siquiera son tan normales como podrían serlo si la gente normal no…pero bueno, qué más da.

El caso es que el gran éxito alcanzado por el periodista, debido a su campaña a favor de la integración del hombre que tenía una manzana por nariz, propició que ascendiera en su periódico y que se hiciera con una gran parte de las acciones del mismo. Asimismo promovió un cambio de gobierno, pues la gente achacó al anterior la libertad con que se había maltratado y vilipendiado al hombre anormal, y el nuevo gobierno, mucho más progresista, lanzó nuevas leyes para evitar que esto pudiese ocurrir otra vez (es decir, que un hombre que tuviera una manzana por nariz fuese vejado o marginado por la sociedad).

Pasaron un par de años más, y resultó que un pequeño empresario, de esos que con buena vista y un par de lances afortunados (a ser posible no muy limpios ni muy correctos) se acaban comiendo el mundo en un periquete, decidió proponer a su amigo el vicepresidente del gobierno un negocio redondo. El tema en cuestión era promulgar una ley mediante la cual, apelando al sentido moral (también llamado de culpabilidad) de los ciudadanos, se obligase a todos y cada uno de los integrantes normales de la sociedad a lucir una lozana reineta en la nariz. Aprovechando el tirón comercial de aquel hombre, ya casi olvidado por todos, que tenía una manzana por nariz, llamando a la solidaridad para con él desde el gobierno e institucionalizándolo en una ley compulsiva, nada podría fallar, y el empresario, que poseía tres pequeñas empresas, que por casualidad eran la una de reinetas, la otra de cordones elásticos y la última de esos enseres tan útiles para agujerear las patatas, tampoco podía fallar ni dejar de regocijarse al comprobar que, efectivamente, todo el mundo empezó a lucir hermosas manzanas por napia, anudadas cuidadosamente con cordones elásticos y ajustadas a las prominentes narices gracias a la cavidad realizada en uno de los lados de la acorazonada fruta.

Realmente fue estúpido todo aquello.

El hombre con una manzana por nariz se hizo multimillonario vendiendo su imagen a las casas publicitarias, que empezaron a usarle para todo tipo de ofertas.

Aquel pequeño empresario, tan vivaz y emprendedor, unificó sus tres pequeñas empresas en una sola, grande y libre de intervención estatal, gozando de un monopolio brillante y productor de inimaginables beneficios.

El periodista aquel que había salvado de la marginación social al hombre antiguamente anormal fue incluido en todos los libros de literatura de las sociedades normales y manzanonasales (como símbolo de la libertad, por supuesto). [Extrañamente, se suicidó al conocer la noticia de la nueva ley, pero a nadie le importó ni le extrañó demasiado, pues ya había pasado a la historia de los grandes mitos sociales, y a la de los grandes paladines de la libertad, y a la de otras tantas cosas normales y buenas y progresistas].

Por último, el gobierno (que sacaba un tanto por ciento de pingües beneficios con la «Ley de impropiación progresiva de manzanas sobre la prominencia nasal humana normal») decidió, ante la reticencia de ciertas minorías insolidarias a adoptar una manzana por nariz, castigar duramente a todo aquel que no mostrase su nueva condición nasofrutal en público, y puedo dar fe de que nunca antes se vivió en aquella sociedad tan normal unas represiones policiales tan duras y extremosas como las de entonces. La sociedad estaba de acuerdo.

[No me extraña, puede que esto fuese hasta normal.]

9 de abril de 1997

 

Los principios del gobierno representativo

…es el título de un libro de Bernard Manin (Marsella, 1951), clásico contemporáneo del pensamiento político, que estudia desde sus orígenes en la Antigüedad Clásica los fundamentos de los regímenes que hoy día tomamos por “democráticos” o “representativos”, lo que en puridad no viene a ser lo mismo y en esta distinción crucial se mantiene la tesis de la obra.

Desde Atenas a nuestros días muchos aspectos de lo que consideramos “gobierno democrático” han sido sustancialmente modificados, pero sin duda ningún elemento como el del sorteo de los cargos públicos ha sido tan radicalmente rechazado por las sociedades modernas de entre los distintos factores e ingredientes básicos de lo que acostumbramos a conocer como Democracia.

Porque por democracia o gobierno del pueblo los griegos antiguos entendían el acceso de cualquiera de los ciudadanos a los cargos públicos, razón por la cual los periodos establecidos para la representación eran tan cortos como para hacer factible la expectativa de que, al menos una vez en la vida, cada ciudadano pudiera ejercer la representación popular en la Asamblea o en los tribunales.

Ahora bien, dicho sorteo como método electivo sólo incluía a quienes quisieran someterse a tal designio, no era obligatorio para todos los ciudadanos (excluidos además las mujeres, los esclavos y los extranjeros) y por supuesto su ejercicio estaba sometido a vigilancia e impugnación, por lo que el mal uso o la corrupción del cargo podían acarrear penas de cárcel, ostracismo o muerte.

Empero, no todos los cargos públicos en la Atenas clásica eran distribuidos por sorteo, sometiéndose a elección algunos de los más relevantes -incluso podríamos afirmar que todos los cargos vitales, como el de los generales en tiempos de guerra-, pero la noción básica de participación de todos en el gobierno prevaleció, aun si sus consecuencias fueron funestas.

EL SISTEMA CORPORATIVO ROMANO

Nunca más gozó el sorteo de buena reputación después del declive griego, y los romanos asimilaron lo que entendieron plausible de los modelos helenos pero sometiendo siempre las decisiones populares a unos sistemas preestablecidos de elección para la representación que, en la práctica, aseguraban la dirección oligárquica de los asuntos públicos como sucede en nuestros días.

Probablemente se trate históricamente de la primera cesura clara entre los conceptos de Democracia como “Gobierno del Pueblo” y República como “Gobierno de lo Público”, dejando este último en manos de una serie de instituciones representativas como el Senado, los tribunos y el gobierno electo de los cónsules, ya antes del Imperio de los Césares y la prevalencia medieval de los Reyes por la Gracia de Dios.

Así el conflicto entre la posibilidad de una “democracia directa” o “autogobierno popular” enfrentado al “gobierno de los elegidos” o “mejores” (optimates) quedó servido por los siglos de los siglos, si bien ocultos sus mecanismos diferenciadores fundamentales: el sorteo (elemento democrático) frente a la elección o voto, el sufragio censitario o no (elemento aristocrático).

Hasta tal punto que en nuestros días la mayoría de los ciudadanos de las democracias occidentales considera que el ingrediente esencial del sistema es el derecho al voto, cuando en rigor el único elemento igualitario de los regímenes representativos de la actualidad es la fijación en la Ley de la condición jurídica de iguales de todas las personas sujetas a dicha Ley: los ciudadanos o nacionales.

EVOLUCIÓN DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

Después de un necesario y hondo inciso en las peripecias republicanas del Renacimiento y en aquellas que dieron a luz a los Estados Unidos de América, Manin pasa a establecer sus propias categorías para analizar la evolución de los sistemas representativos desde los primeros partidos de masas hasta las plataformas electorales de la actualidad, básicamente apoyadas en el marketing y la televisión.

A su juicio, de los partidos de notables con fortuna propia y sin mandato imperativo de los electores, el parlamentarismo transitó hacia la división entre los grandes partidos de masas, cuyos diputados o cargos electos se dirigen en realidad más por las directrices de los jefes de sus respectivas formaciones que por las promesas dadas a los votantes de sus circunscripciones.

El elemento de la representación muta, en consecuencia, del representante que conoce y trata a sus representados en el activista o burócrata de partido, y así cuando aquel podía zafarse de la misma voluntad de sus electores para debatir en el Parlamento, este se revela como auténtico esbirro del Partido entendido como expresión máxima de la opinión pública de una parte de la sociedad.

Pero aún señala Manin un tercer modelo, propio de la actualidad, en consonancia con las teorías de Sartori y otros críticos de la mediatizada sociedad posmoderna: la “democracia de audiencia”, en la que ya ni siquiera son los electos los protagonistas, sino el caudillaje impostado de los que se ponen en manos de los gurús del marketing, de los sondeos de opinión y de las prácticas telegénicas.

FACTORES DE LA REPRESENTATIVIDAD

Para el autor, más allá del citado elemento aristocrático del voto en la elección de los representantes, el sistema del gobierno representativo se fundamenta en factores tales como la periodicidad de la elección, la libre discusión sobre los asuntos públicos -garantizada por la existencia de instituciones como la Prensa o el Parlamento- o el principio de distinción.

Precisamente este último elemento es el que pasa más desapercibido a la hora de retratar el carácter poco democrático de la elección, cuando en rigor la experiencia de varios siglos demuestra que el elector se muestra inclinado a votar por aquellos que considera mejores, no iguales a él sino distintos en razón de una cualidad o de una serie de rasgos cualitativos que les diferencian de él.

En algunos sistemas se apuesta o se apostó por el rico, por el terrateniente, por el burgués con posibles, por el aristócrata reconvertido en líder popular (El Gatopardo)… como en los distintos movimientos populistas los elegidos incluso por votación (no sólo por aclamación) representaban la distinción del lumpen, del aventurero, del hampa, de la clase obrera o de la bohemia cultural…

A día de hoy, la TV manda sobre los cánones de imagen, los códigos morales e intelectuales de los factibles líderes de la representación, mientras aumenta la distancia entre las expectativas populares y los programas reales de los partidos o facciones en lucha por el Poder, que parecen seguir la única agenda de unas élites mediáticas autoconvencidas de su bondad tanto como de su talento.

El precedente del entreguismo del PP vasco

…data de hace una década larga, después de la dimisión de María San Gil como presidente del partido, pues pese a la aparente firmeza de su sucesor Antonio Basagoiti la organización ya se encontraba en manos de Alfonso Alonso, que es tanto como decir de la nefasta Soraya Sáenz de Santamaría y de su jefe, Mariano Rajoy.

Fue Rajoy el que determinó que el PP se pasaba con bagajes y equipajes al taimado consenso sobre el «proceso de paz» con ETA, cuyas derivadas aún persisten y quedan groseramente a la vista ocasionalmente, como la reciente entrevista en TVE al terrorista sin arrepentir Arnaldo Otegi o el último escándalo en el parlamento foral guipuzcoano.

Al respecto, la designación de otro proetarra para dirigir una comisión de Derechos Humanos en las Juntas Generales, como en su día correspondió al sanguinario «Josu Ternera» presidir otra similar en el parlamento autonómico, obtuvo el respaldo del único representante del PP, Juan Carlos Cano, aunque luego se haya disfrazado de «error».

No hay tal, como bien debe saber Borja Sémper, presidente de la formación en Guipúzcoa, desde el momento en que sólo se trata de un paso más en la misma dirección emprendida por el PP para hacerse perdonar su «revanchismo» para con los asesinos de decenas de sus cargos y simpatizantes, expulsados por decenas de miles de la CAV.

Así, en los estertores de la última legislatura de Zapatero, con Rajoy apurando los meses para hacerse con la mayoría absoluta más rotunda de que haya gozado gobernante alguno en nuestro país, el PP elegía el mismo escenario de las Juntas Generales de Guipúzcoa para hacer visible su voluntad de integración en el «nuevo tiempo».

De aquel pleno escribí entonces en el blog Notas desde una ciudad con mar un artículo que reproduzco íntegro a continuación:

La sospechosa unanimidad proetarra

Todos los representantes de los guipuzcoanos en el Parlamento Foral (Juntas Generales) del territorio votaron ayer a favor de incluir en el mismo saco a las víctimas de ETA y a muchos de sus verdugos, a su vez asesinados a manos de grupos parapoliciales o paramilitares. ¿Todos los junteros? No: hubo una única excepción, la de Regina Otaola desmarcándose de lo que votó su propio grupo, actitud que si no sirve para salvar el honor de los guipuzcoanos ni el de los populares vascos, al menos permite concebir la esperanza de que no todos los miembros de la clase política vasca padecen de ese agudo síndrome de Estocolmo que les lleva a la conmiseración con los asesinos terroristas.

Porque ayer la Cámara guipuzcoana decidió dar pábulo una vez más a la versión heroica de ETA como «movimiento de liberación nacional», con sus Argalas y demás fanáticos presentados como mártires a la sociedad vasca (y a los propios escolares, como pretende el mismo PSE) en pie de igualdad con, pongamos por caso, un Gregorio Ordóñez o un Jiménez-Becerril. Nada a lo que no estuviéramos acostumbrados, sólo que ahora con el apoyo del PP, o PSP, o PPOE o vete tú a saber qué. Lo que es como reconocer que durante las tres últimas décadas el PP estaba equivocado al no admitir la existencia de un «conflicto político» que había que resolver a través de un «proceso de paz».

Ya lo decía Eguíbar antesdeayer: «El PP ha pasado de no existir a existir». Y, siendo el pope Eguíbar uno de los expendedores oficiales de la nacionalidad vasca, junto a Arzalluz, IbarretxETA («el lehendakari amigo de la ETA») y los etasunos, esto viene a querer decir ni más ni menos que «el PP ha decidido unirse al consenso acerca de la solución dialogada para el fin de ETA», ¡y Basagoiti sin enterarse!

Son tiempos tristes para los que seguimos pensando que asesinar por la espalda a concejales es un crimen de lesa Democracia, porque ahora resulta que los mismos amenazados del PP (por no hablar de los del PSE) han renunciado a que se haga Justicia -como en el caso de la masacre terrorista del 11-M- a cambio de las sonrisas de hiena de los junteros de Aralar, Alternatiba, Ezker Batua, Hamaikabat, PNV… ninguno de los cuales ha estado amenazado jamás ni por ETA ni por ninguno de esos grupos parapoliciales o paramilitares.

Parece claro que las víctimas de ETA, desde que la AVT de José Alcaraz fue descabezada desde el Ministerio del Interior, ya sólo están a las compensaciones económicas por sus familiares asesinados. Parece meridianamente claro que el PSE sólo busca «la centralidad», como el propio PNV, lo que aquí en «Euskadi» supone estar entre el PP y ETA. Parece además patente que el PSE ha logrado su objetivo al hacer pasar al PP por el aro del PNV y Aralar -como con aquellas infames «mociones éticas» que Eguiguren y Ares se sacaron de la manga para no echar a ANV de los ayuntamientos y sólo después de que el mismo Joseba Eguíbar rechazara presentar mociones de censura-. A cambio, el nuevo Plan Foral incluirá también a los amenazados del presente (es decir, cargos del PSE y del PP más empresarios y algunos periodistas e intelectuales), y no debería extrañarnos que a los escoltas y coches oficiales de los cargos políticos les fueran añadidas pensiones vitalicias por su labor en pos de «la Paz».

Al final, para unos se trata de seguir sacando tajada del «conflicto», mientras que para otros se trata de verse por fin recibidos en el seno de la Gran Famiglia Institucional del país. Y aquí no ha pasado nada. Vamos, que sólo han pasado 40 años de Crimen con cerca de un millar de asesinados, miles de víctimas y decenas de miles de expulsados por la acción conjunta del Nacionalismo Institucional y del Terrorismo Nacionalista, así que aquí paz y después gloria.

El día de ayer (3-F) debiera pasar a la Historia como un nuevo día de Infamia para la sociedad vasca y para la guipuzcoana en particular. Menos mal que por lo menos Regina nos recuerda con su actitud en qué consiste la Dignidad. Y nos recuerda, sobre todo, en qué se ha convertido el PP.

Más explícito no puedo ser, o sí: ¡¡con mi voto no!!

Jueves, 4 de febrero de 2010

Ya entonces presidía el PP guipuzcoano Borja Sémper, quien tantas veces desde entonces alardeó (como un Maroto cualquiera) de su actitud tolerante hacia el entorno de ETA, puesto que «el futuro se tiene que construir también con Bildu» (1). Aquella fue la primera piedra en el camino del «PP de Euskadi», que venía de reunirse con el PNV en la sede de éstos.

Los cinco junteros del PP que dejaron sola a Otaola para votar a favor de la propuesta eguibariana (presidía entonces la Diputación, como ahora, uno de los favoritos del pope, Markel Olano, «cerebro» por parte jeltzale del Pacto de Estella con los terroristas) fueron: Juan Carlos Cano, Manuel Michelena, Iñigo Manrique, Asunción Guerra e Iñigo Arcauz.

NOTAS

  1. Entrevista con Borja Sémper en Jot Down, enero de 2013.

La violencia como recurso político legítimo

…se ha convertido en los sistemas democráticos en uno de los principales rasgos diferenciadores entre Derecha e Izquierda, siendo ésta la que mantiene la tesis recurrente de que contra “la violencia estructural del Estado” (o “del Mercado”, o “del Heteropatriarcado”, o de…) todo vale, aunque cuando alcanza el Poder no pare en barras al ejercer “la violencia del Estado” contra sus opositores.

Así, en España, al terrorismo de FRAP, GRAPO y ETA (amenazas y acoso, extorsión, secuestros y asesinatos) se le sumó desde el fin del franquismo el chantaje violento permanente de sindicatos paraestatales como UGT, o del mismo sindicato etarra LAB, para culminar en nuestros días con la articulación de grupos y plataformas de Izquierda que recurren habitualmente a la violencia.

En todos los casos el factor legitimador a ojos de la Izquierda es “la lucha contra la Derecha”, considerada como una presencia anómala y ominosa en el sistema democrático, del mismo modo en que para la Extrema Derecha no existe Izquierda tolerable aun si se aleja de los modelos totalitarios del Socialismo (Comunismo, Fascismo, Nazismo) o tal vez por esto: su enemigo es común.

Y es que, en un régimen de gobierno representativo, la calidad democrática de las distintas opciones políticas deviene del ejercicio de sus funciones con arreglo a la Ley, no del número de votos que recaban en las elecciones o de la bondad de sus propuestas (si éstas encima han de soslayar la legalidad para materializarse). Una premisa que buena parte de la Izquierda no acepta del todo.

Al respecto, se puede hacer remontar el origen de esa presunta legitimidad de la violencia izquierdista a los tiempos de los primeros “pobristas”, como los denomina Antonio Escohotado en su estudio Los enemigos del comercio, cuando “el odio al Rico” va a servir de motivación a todos los mesianismos anticipándose en milenios a la Revolución Francesa y al totalitarismo bolchevique.

De entonces a nuestros días, la Ideología es el primer elemento susceptible de mover a la acción violenta, en cuanto que constituye una visión cerrada, completa en sus postulados supuestamente lógicos, que no admite fisuras o huecos en su discurso ni, mucho menos, contradicciones propias de cualquier pensamiento político (que, por definición, se ha de considerar falible y sujeto a cambios).

Por ello, se puede descubrir en cualquier “ismo” o “ideología fuerte” una propensión natural (admitido lo artificial de cualquier discurso político) a la anulación voluntaria o involuntaria del oponente, a su deslegitimación como agente político válido, a la distorsión de la realidad para la transformación de las reglas de juego, a la misma destrucción del espacio público compartido.

Precisamente, cuando se habla de la “ausencia de ideología” en la Derecha cabe atribuir dicho comentario a la Izquierda, que lo explicita como crítica, cuando en rigor hay más ideas, más ricas y variadas (incluso enfrentadas entre sí) en este campo que en el de la Izquierda, donde la renuncia a “la lucha de clases” en pos del régimen representativo la ha vaciado, en gran medida, de contenidos.

Ahora que asistimos a la exaltación de todo populismo también en las democracias, convendría no olvidar que su recurso fundamental para alcanzar cotas de poder es la apoyatura en la violencia cuando la política se ve limitada por el ordenamiento jurídico -sin el cual no puede haber siquiera política-. Algo que en lo que hoy día se conoce por Derecha resulta sencillamente inconcebible.

Antes se pilla a un mentiroso…

[Este fue el Asunto del mail que le escribí a Horacio Vázquez-Rial (1947-2012), fundador de Ciutadans-Ciudadanos, el 22 de abril de 2009 (hace una década), a cuenta de un artículo suyo sobre la última salida del presidente del partido Albert Rivera (1) cuando decidió pactar una candidatura a las elecciones al parlamento europeo con la plataforma antiUE Libertas.]

Estimado Horacio: lamento la suerte que ha corrido la formación Ciudadanos a la que Vd. contribuyó como «abajofirmante», aunque al menos le puede quedar la satisfacción de haber alojado a tres diputados en el Parlamento autonómico catalán que, de no degradarse mucho (más) las cosas, al menos seguirán dando la cara por el castellano -la libertad de elección lingüística-; por lo menos lo hará Robles, por lo menos durante lo que queda de legislatura.

Pero de lo que yo quería hablarle es de su anotación en el artículo de LD sobre los inicios y formación de Ciudadanos, porque celebro que un grupo de intelectuales sean capaces de sentarse a comer juntos y salir del restaurante horas después con un nuevo partido bajo el brazo. Pienso que, efectivamente, es tarea del intelectual ensuciarse la manos y no sólo los pensamientos -lo de la torre de marfil lo respeto para poetas y novelistas, que no necesariamente tienen por qué ejercer de «intelectuales», y tampoco lo respeto siempre, porque si creo que cualquiera, ¡¡cualquiera!!, tiene la obligación moral de condenar ciertos males del mundo en que vivimos (la tiranía castrista, el terrorismo nacionalista, el fanatismo islámico y un largo etcétera), ¿por qué no habría de hacer extensible esta obligación moral a cineastas, poetas, artistas, periodistas?

Ahora bien, Vd. mismo reconoce que «como ninguno de nosotros era político profesional ni pensaba convertirse en ese tipo de figura, consideramos que lo natural, si nuestra propuesta cobraba cuerpo, era acompañar la gestación del dichoso partido hasta su primer congreso, que fue lo que se hizo, aunque algunos nos retiramos antes. Yo, porque así como estaba harto del nacionalismo, también lo estaba de la socialdemocracia, y me pareció que había demasiado de eso en muchos queridos compañeros: me fui porque esperaba un poco de liberalismo, porque creía, y creo, que cuanto menos Estado, menos espacio para mejunjes carodrovirianos o maragallescos o piqueros, y menos, muchísima menos ingeniería social».

He aquí la madre del cordero, porque lo que se ha demostrado finalmente de nuestro sistema es que tenemos dos grandes partidos como PSOE y PP que ni son liberales ni excesivamente democráticos (desde luego, NADA democráticos en su funcionamiento interno). Y luego tenemos acompañándoles en las diversas cámaras representativas de la Nación a decenas de partidas (que no partidos) y facciones separatistas, izquierdistas, antisistema, caciquiles… Y ahora resulta que también tenemos a Ciudadanos y a UPyD, que desde luego tampoco aparentan ser mínimamente liberales en cuanto que sus propuestas son reforzar el Estado a la jacobina manera (Rosa y Fernando siempre han defendido algo parecido, y no sólo por antinacionalismo sino por convicciones de Izquierda muy arraigadas).

Por eso resulta más que difícil elegir entre tanto partido antiliberal, porque lo que hoy necesita España (y la UE, y EEUU, y… el resto del mundo) es menos poder político, menos Estado, más libertad personal y mayor intercambio libre comercial entre países (los países no comercian entre ellos, lo hacen los particulares), menos regulaciones arbitrarias, menos injerencia estatal en la creación cultural… vamos, que lo que necesitamos es menos Estado y más libertad, como Vd. bien apunta y como defienden todos los liberales DE VERDAD, que son muy pocos en realidad y una minoría absoluta en España.

Si he querido transmitirle estas reflexiones es debido a que cada vez estoy más convencido de que el actual sistema se desmorona porque, en palabras de Habermas, «el Estado del Bienestar saltará por los aires cuando no pueda seguir manteniendo las contradicciones del sistema», lo que, veniendo de un revisionista del Marxismo, se convierte paradójicamente -sin que el propio autor parezca haberlo advertido- en una auténtica crítica liberal al actual «Estado social de Derecho» que padecemos los españoles y los europeos en general.

En este aspecto, no es menos significativo que España como Nación y Estado de Derecho se haya convertido en el objetivo a batir por todos los partidos antes citados (con excepción de UPyD, Ciudadanos y algunos que aún militan en el PP). Es la propia corrosión de la unidad nacional lo que necesitan todos los grupos y facciones antes citados para consolidar su poder e influencia, para controlar todos los medios públicos y privados, los tribunales y las policías… y en ese proceso es tan necesario vaciar de competencias al Estado central por abajo (hacia las CCAA) como por arriba (hacia la UE), siempre en beneficio de los burócratas y en perjuicio de los ciudadanos y de su Soberanía Nacional, único sujeto democrático legítimo que, no obstante, es el auténtico desahuciado de la hora actual frente a «la construcción europea» tanto como frente al «Pueblo vasco» (o cualquier otro).

Llegados a este punto, sólo me queda por añadir que en España ahora existen ciertamente varias comunidades, como la «abertzale», la que constituyen de facto los moros musulmanes, la «catalana», etc. Pero no existe, porque ha interesado a los partidos nacionales su erradicación absoluta, una auténtica COMUNIDAD ESPAÑOLA, que es la que entiendo que hace falta que exista si queremos afianzar el Estado de Derecho liberal y la Nación Española frente a los embates totalitarios de las izquierdas, los antisistema y los separatistas. Y esta Comunidad Española debiera ser, por definición, liberal y democrática, porque vendría únicamente a restituir la Soberanía Nacional -amputada al Pueblo español en el mismo momento, infamante, en que las Cortes dieron visto bueno al nuevo Estatuto catalán.

Sin embargo, es difícil esperar hoy de nadie la creación de una estructura política así, sobre todo porque, tal como yo lo veo, ni siquiera se trataría de un nuevo partido para estar presente en las cámaras de representación. Se trataría más bien de una Comunidad al estilo de internet, donde independientemente de las afiliaciones políticas a partidos concretos se daría cabida a todos los españoles que quisieran integrar la Comunidad Española, así como a todos aquellos extranjeros que también lo desearan. Una especie de movimiento reivindicativo de masas que sirviera de manera organizada para controlar el Poder político, más que para conchavarse con él. Una Comunidad de millones de personas que, en lugares como la Comunidad Autónoma Vasca o Cataluña, serviría para dar abrigo a todos aquellos amenazados por la existencia de comunidades nacionalistas hostiles. Serviría para afianzar el Estado de Derecho como ha demostrado, por ejemplo, la plataforma Galicia Bilingüe.

Le comento todo esto porque sé que es más bien difícil aunar en un partido político a todos los españoles de bien que aceptan la democracia y se sienten españoles, porque considero que son la mayoría y, sin embargo, ¡¡¡sería tan peregrino pretender encuadrarlos a todos en un partido político!!! Hasta cierto punto, ése era el éxito del PP antaño, y se demostró incluso en las últimas elecciones generales donde, si el PSOE recibió el voto de todos los extremistas del país (antisistema, separatistas, etc.), el PP logró aglutinar a liberales, conservadores, democratacristianos, socialistas moderados, nacionalistas españoles… Pero decididamente las cuestiones «morales» y «sociales» que ha esgrimido el PSOE para intentar dividir al PP le han dado sus frutos, y ahora tenemos al gran partido de la Derecha haciendo aguas por los cuatro costados (cuestión que también se refleja en la guerra desatada entre los medios de comunicación «de la Derecha»).

Por todo ello creo que sólo podemos aspirar, de momento, a la creación de redes interpersonales que vayan cobrando dimensión a medida que se acelera el proceso de descomposición del Estado. Más que un partido liberal, necesitamos encontrar a los liberales españoles y hacer que contribuyan por todos los medios a su alcance a la difusión de un mensaje político unívoco: España es de los españoles; la Soberanía Nacional es la base democrática del Estado nacional de Derecho; la separación de poderes y el Estado mínimo son las únicas garantías de un sistema democrático, junto a una Prensa libre que ahora está absolutamente cooptada por los intereses políticos y económicos de las diferentes castas públicas y privadas del país (del Gobierno a los bancos y cajas, pasando por otras empresas semiprivatizadas); la mejor representación de dicha Soberanía Nacional la ofrecen los españoles con su voto, que debiera computar exactamente igual en todas partes de España -en la actualidad, el pretendido pluralismo que persigue la Ley Electoral es artificial y antidemocrático, y genera precisamente la aparición de clanes locales y autónomicos porque sale más rentable electoralmente…

En definitivas cuentas, hoy se trata de crear una comunidad liberal en España tanto como de crear una comunidad española para el Liberalismo. Ambos objetivos me parecen convergentes, y si me he explayado a gusto con Vd. (tres folios le mando en este correo) es debido a que creo que mucha buena gente muy bien preparada está errando el tiro con sus propuestas políticas (de Savater a Espada, de Robles a Abascal). Menciono a Santiago hijo porque me ilusionó su proyecto DENAES, pero no creo en el mismo como mera Fundación (aun contando con Moa, Maestre y Juaristi) porque de esas ya tenemos muchas y estoy más que harto de los papelitos de FAES, Basta Ya, AVT o similares… Son instructivos, han colaborado y colaboran en la difusión de unas ideas y de unas denuncias muy necesarias en la España de hoy… pero pierden de vista la necesidad real de articular una plataforma política que, como ya he mencionado, al margen de las elecciones o de la presencia en las diversas cámaras representativas (de los ayuntamientos a la Eurocámara) debe ser capaz de expandirse por el espacio libre de la Red para sumar adeptos a iniciativas como la del Manifiesto por la Libertad Lingüística o, ya puestos, el recurso del Estatut ante el TC o el mismo Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Una plataforma a la que se podrían sumar personas con convicciones religiosas o sin ellas, con el mínimo denominador común de fijar las competencias y la acción del Estado de Derecho y hacer prevalecer en todo momento la Soberanía Nacional sobre los intereses particularistas de las minorías disgregadoras. Y, pese a todo, una plataforma que se proponga de manera prioritaria reducir el Estado y toda su regulación al mínimo, para favorecer la liberación de las energías productivas y creativas (es lo mismo, lo sé) de los individuos y de lo mejor que hay en España en estos momentos, que es la sociedad española (aun profundamente dividida y desorganizada). Una Comunidad Española que fuerce a los partidos establecidos en el ámbito nacional (PSOE y PP) a perseguir un único interés: DEVOLVER EL PODER (su Soberanía) AL PUEBLO ESPAÑOL.

Sirva toda esta parrafada como desahogo o incitación (o ambas), y discúlpeme por haberle robado tanto tiempo.

Reciba un cordial y atento saludo,

Jorge Mendiola Muñoa
NOTA: hay proyectos interesantes viciados desde el principio; llamar Ciutadans a una plataforma que venía a reivindicar la libertad lingüística en Cataluña, donde evidentemente es el castellano el idioma perseguido y el catalán el idioma que se trata de imponer de manera totalitaria («inmersión» lo llaman, pero podrían haberlo calificado de «ahogamiento» o «asfixia»), me parece tan poco acertado como incluir las banderas autonómicas en el árbol que sirve de logo a DENAES. Si la Fundación de Abascal hijo es para la Defensa de la Nación Española, ¿cómo pueden meter una ikurriña en el tronco? Y me temo, por las enmiendas presentadas por Vidal-Quadras y el propio Santi Abascal a la ponencia política del PP aprobada en el Congreso de Valencia, que lo que buscan es centralizar competencias en el Estado (como UPyD) y reforzar algunas otras cuestiones en el ámbito estatal, cuando por lo que se debiera abogar es por hacer cumplir la Constitución de 1978 en extremos como la descentralización de competencias administrativas a municipios y provincias (suficiencia financiera) y/o la liberalización de todo el suelo nacional, como en su día pretendió Aznar, y por supuesto en lo que atañe a la separación de poderes.

En fin, que el asunto es complicado…

NOTAS
1. El pelotazo y Ciutadans (21/4/2009, Libertad Digital)