Cambiemos el mundo

…es el título de un libro con los discursos (en puridad: las admoniciones) de la activista contra el “cambio climático” Greta Thunberg, quien hizo irrupción en la actualidad pública mundial el año pasado por estas fechas con una sentada ante el parlamento sueco para anunciar/denunciar un “escenario de pesadilla” en 2050 a consecuencia del “calentamiento global”, ya prácticamente irreversible desde el 2020, según advierte.

Inauguraba así un nuevo tiempo de “emergencia climática” con una tesis del género apocalíptico -como gusta a “la Gente” en esta siniestra hora de zombis y dragones- que no sólo no se ha demostrado, sino que probablemente resulte indemostrable. Es uno de esos recursos para evitar la lógica argumental que tan eficazmente sirven para introducir en la opinión pública las falsas palabras de la escatología.

En este sentido, nada sostiene Thunberg que tenga algo de base científica, aunque se remita constantemente a apreciaciones de climatólogos o científicos -de manera muy genérica, además- para sostener su muy personal convicción de que nos enfrentamos a una especie de fin del mundo en apenas décadas de no mantener por debajo de los 2ºC el “calentamiento global”, aunque tampoco explica por qué este es el límite, qué pasa a partir del mismo, o de dónde se ha sacado la cifra exacta.

Nunca pretende Greta hacerse pasar por científica desde luego, sólo por activista, pero en rigor declaraciones como “el climatólogo Johan Rockström y varios colegas escribieron que tenemos tres años como mucho para revertir el aumento de las emisiones de gas de efecto invernadero si queremos alcanzar los objetivos establecidos en el Acuerdo de París” no implican nuestra extinción de no ser logrados. De hecho, ¿qué fue de los objetivos establecidos en Kioto con anterioridad? ¿Alguno de los países firmantes los cumplió?

UNA PROFETA ADOLESCENTE CON VARIAS CAPAS DE BLINDAJE

Y todo en sus discursos remite a lo mismo… aunque a Greta se le van añadiendo blindajes, armaduras y demás pertrechos para que esta adolescente de 16 años, diagnosticada desde los 11 con síndrome de Asperger (una especie de autismo), Trastorno Obsesivo Compulsivo y “mutismo selectivo” resulte inatacable. Por poner un ejemplo, ¿qué significa eso de “mutismo selectivo”? “Que solo hablo cuando lo creo necesario”, anticipa ella.

Eso está muy bien: sobre todo en una menor de edad con enfermedades mentales tan graves, porque evita de entrada tener que responder a preguntas incómodas, como por qué insiste tanto en todos sus discursos en que, debido a sus patologías, para los que son como ella “casi todo es blanco o negro. No se nos da muy bien mentir y no solemos sentir mucho interés por participar en el juego social que tanto parece agradar a todos los demás”.

Algo lógico, tratándose de un Asperger, pero Greta insiste: “Creo que, en muchos sentidos, los autistas somos los normales y el resto de la gente es bastante extraña”, convirtiendo así un rasgo que ella asume como patológico (su intransigente “No hay grises cuando se trata de sobrevivir”), y por el cual por tanto no debiera ser atacada, en una norma de conducta moral que estima en todo momento superior a la “normal” (la escala de grises) o hipócrita de la sociedad establecida.

Por supuesto, alude Greta al IPPC (Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático) como fuente de autoridad última sobre la que ahora es ya “emergencia climática”, pero no se trata más que de otro de esos organismos dependientes de la ONU o que buscan amparo en la financiación internacional de cualquier otro ente multinacional esclerotizado como la UE, ambos cada vez menos influyentes, más cuestionados y menos controlados en sus presupuestos y funciones.

ECOLOGISMO COMO ARTEFACTO IDEOLÓGICO

Pero cuando Thunberg va al hueso ideológico es con denuncias de la clase política, de los medios de comunicación y de un estamento indefinido que califica como “los ricos”, sin concretar excesivamente -viejo marxismo reciclado, qué duda cabe-, y así el cuadro queda completo: Greta es una adolescente a la que le han robado su futuro las anteriores generaciones, pero sobre todo los políticos y los ricos (el Poder, el Capital), con el indispensable apoyo de la Prensa.

En sus palabras:

“La primera vez que oí hablar de algo llamado “cambio climático” o “calentamiento global” tendría unos ocho años. Era algo que, por lo visto, habíamos provocado los seres humanos con nuestro estilo de vida. Me dijeron que apagara las luces para ahorrar energía y que reciclara el papel para ahorrar recursos.

Recuerdo que pensé que era muy extraño que los seres humanos, siendo solo una especie animal más, fuésemos capaces de cambiar el clima de la Tierra. Porque si fuera así y realmente estuviera sucediendo eso, no se hablaría de otra cosa. Al encender el televisor todo giraría en torno a ello: titulares, emisoras de radio, periódicos. No leeríamos ni oiríamos hablar de otro tema. Como si hubiera una guerra mundial.

Pero nunca se hablaba de esto.

Si quemar combustibles fósiles era tan malo que amenazaba nuestra misma existencia, ¿por qué seguíamos como antes? ¿Por qué no había restricciones? ¿Por qué no los prohibían?

Para mí no tenía sentido. Era demasiado increíble.”

Se trata del fragmento con el que comienza el librito, de uno de sus discursos de hace meses, donde ya se ataca la hipocresía y las contradicciones de Mayores y Prensa; pero, más aún, a la misma Sociedad, al mismo Ser Humano que con su “estilo de vida” (“siendo solo una especie animal más”, a su entender) ha provocado el “calentamiento global”. Para Greta, en ocasiones, el planeta Tierra parece gozar de consistencia anímica y no solo física.

Al respecto, asevera que “estamos inmersos en la sexta extinción masiva y que hasta doscientas especies se extinguen a diario”, y denuncia que no se habla de ello “ni de que a día de hoy el índice de extinción natural es entre mil y diez mil veces más alto de lo que se considera normal”… pero nada dice acerca de Quién es o debe ser quien considere Qué es o pueda ser lo “normal”. Sólo pronuncia con rotunda convicción de Asperger una serie de lugares comunes de ecologista al uso.

Por no hablar de la arbitrariedad del empleo del vocablo “extinción” (¿cuántas especies de insectos desaparecen y reaparecen con apenas modificaciones, prácticamente a diario?), omitiendo por supuesto los grandes avances humanos en la reintroducción de todo tipo de especies en sus hábitats naturales (de mamíferos a peces y aves); o su conservación en parques naturales, su cría en piscifactorías, etc.

CONTRA EL CAPITALISMO

Cabría hablar de otras muchas mejoras técnicas y científicas, en las propias mediciones climáticas, por ejemplo, que nos permiten comprender mejor el funcionamiento meteorológico y prevenir sus peores consecuencias inmediatas; pero aún resulta que la “climatología” es una ciencia en pañales por la dificultad de establecer métricas a más de 100 años.

Lo cual no supone un obstáculo para los profetas del Apocalipsis, sino todo lo contrario: en esta ignorancia encuentran abundante campo para el beneficio a corto y a medio plazo -razón de ser de casi todos los organismos onusinos o “no gubernamentales”- los que hacen de la defensa de una causa ideológica todo una carrera profesional y vital; generalmente mediante la mentira, ocasionalmente a través del terror.

De fondo, late el tercermundismo soterrado según el cual “los países ricos” debieran de tomar drásticas medidas contra la emisión de CO2 (reducirlas “a cero en un plazo de seis a doce años”) “para que las personas que viven en los países más pobres puedan mejorar su nivel de vida construyendo algunas de las infraestructuras de las que nosotros ya disponemos, como carreteras, hospitales, instalaciones eléctricas, escuelas y agua potable” sin rebasar la cuota internacional de “calentamiento global”.

Sería la “justicia climática” siguiendo el “principio de equidad” dispuesto en el ya citado Acuerdo de París, “algo absolutamente necesario para que este funcione a escala mundial”, cuando en rigor esta línea de razonamiento equivale a aleccionar a un niño con el consabido: “Cómetelo todo, que hay gente que no tiene para comer”; o peor, en justo paralelismo con el argumento de Greta: “Hoy no cenas, que así otros podrán cenar”.

De hecho, en solapada clave ideológica, recurriendo al recurso fundamental del chantaje moral, con la convicción “en blanco y negro” de que hace gala, Greta viene a sostener que si cenamos esta noche morirán millones de niños en el Tercer Mundo, y quien diga lo contrario es un “negacionista”.

Un constructo intelectual obviamente absurdo, pero que opera con eficiencia sobre incautos -a través de la machacona reiteración del mismo, básicamente- y, más aún, en aquellas sociedades totalitarias cerradas al exterior donde se ha impuesto el pensamiento único.

Y GRETA HIZO SU AGOSTO

Por ello, lo más llamativo de los discursos contenidos en este libro es su reiterativo ataque a la inactividad de los políticos, de los poderosos o “los ricos” (de Davos y alrededores, parece)… que no han cesado en el último año de invitarla a todo tipo de eventos y foros internacionales para que aporte su particular visión del “cambio climático”… ante todos los focos, micrófonos y plumillas de los medios de comunicación de ese mundo occidental que tanto deplora.

Porque lo cierto es que, como cuenta la propia Greta de manera despreocupada, aunque los medios por lo visto no hacen demasiado caso a lo del “calentamiento global”, resulta que “si unos pocos niños y niñas podemos llegar a las portadas de los periódicos de todo el mundo solo por faltar al colegio unas pocas semanas, imagínense lo que podríamos conseguir todos juntos si quisiéramos”.

Lo que revela a las claras la gran labor de propaganda e intoxicación que tiene detrás, al lado y por delante la Thunberg, quien se añade un último blindaje al descartar que sea la popularidad o el dinero lo que la mueve al activismo: “Hago lo que hago de forma totalmente gratuita. No he recibido ningún tipo de promesa de futuros pagos. Ni lo ha hecho nadie vinculado a mí o a mi familia”.

Ciertamente, la editorial Lumen que ha publicado en España esta obra es una filial de la multinacional del libro Penguin Random House Editorial, que ya prácticamente copa el mercado editorial español junto a Planeta. En la solapa del libro se anuncia para noviembre del presente 2019 la publicación de Nuestra casa está ardiendo. Historia de una familia y de un planeta en crisis, firmado por Greta, su hermana menor Beata (que también padece Asperger) y los padres de ambas.

Así que puede que Greta sólo se represente a sí misma, pero está haciendo ganar muchísimo dinero a los habituales del negociado de las Causas Políticamente Correctas, así como a los obreros de la industria editorial (traductores, fotógrafos, prologuistas) y de la periodística (reseñas de este mismo libro en The Times, Le Soir, El País, La Vanguardia… y noticias de sus discursos y actividades “en las portadas de los periódicos de todo el mundo”).

El copyright (derecho intelectual) de la presente obra es, desde luego, de Greta, y el libro está hecho de “papel certificado por el Forest Stewardship Council”, un papel “mixto” y “procedente de fuentes responsables”… Pero, teniendo en cuenta las millonarias tiradas de sus futuros panfletos, en verdad que si es “blanco o negro” cabría calificar a Greta en lo sucesivo de insensible arboricida… ¡de genocida vegetal! Pues a todo esto también debemos dejar de comer carne, otro crimen para el adolescente pensamiento vegetariano presente en nuestra sociedad por todas partes, cada vez más.

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