Sobre los «derechos históricos» vascos

…y otras zarandajas remití un informe provisional a un partido de Centro-Izquierda el 1 de octubre del año pasado -al entender que cabía concretar algo las objeciones de fondo y forma contra el sistema de Concierto económico vasco-.

DERECHOS HISTÓRICOS (Fueros, Concierto, Estado vasco, Raza, Euskera)

Existe una esquizofrenia básica en el actuar del PNV del 78 a nuestros días: por un lado, hablan de “agravio histórico” por la falta de traspaso de algunas competencias del Estatuto de Guernica, pero hay que recordar que sus diputados salieron de la Cámara al pasillo cuando se votaba el proyecto de la Constitución de la que emana dicho Estatuto para no tener que asumir su “constitucionalidad” y poder así rechazar la culminación del proceso autonómico, que siempre han pretendido y pretenderán mantener abierto, como tal “proceso”, entre otras cosas porque, por otro lado, mientras reclaman más transferencias estatutarias tienen la vista puesta en la superación del marco constitucional, ya que sería posterior a unos presuntos y ancestrales “derechos históricos” (¿?) de los vascos reconocidos por un “pacto con la Corona” que ni siquiera sería lo del Estatuto de Guernica, sino lo de los célebres (aunque de oculto contenido) fueros vascos.

Así, juegan a la moderación y a la práctica institucional mientras promueven todo tipo de conceptos-trampa y falacias jurídico-políticas a cuenta (y a costa) de la Historia, en detrimento del bien común de los españoles y en pos de un objetivo manifiestamente antidemocrático e ilegal de tintes totalitarios. Su deslealtad al Estado y a la Constitución han sido permanentes desde el principio del régimen democrático, por lo que tal vez la esquizofrenia pueda explicar también la actitud de los sucesivos gobiernos de UCD, PSOE y PP que todo les consintieron antes de comenzar a lamentar todas sus concesiones (hasta el mismo día de hoy con Rajoy, primero, y Pedro Sánchez, pronto).

Concierto económico. Fueros medievales y raciales
Lo que sí fue hasta cierto punto un pacto o transacción con la Corona, previo a la plena Restauración borbónica con Cánovas al fin de la Tercera Guerra Carlista, fue el Concierto económico que vino a sustituir los últimos residuos del Antiguo Régimen por una ley moderna aprobada en Cortes. Por ejemplo, hasta la aprobación del Concierto los vascos estaban exentos de ir a filas por el sistema de Quintas, aunque normalmente las Diputaciones mandaban y costeaban contingentes de población local. Algo por el estilo se puede decir de Navarra antes de ello (“paz paccionada”), por lo cual dejó de ser considerada “Reino”. En rigor, todo esto debió quedar arrumbado ya después de la Primera Guerra Carlista, pero los generales Maroto y Espartero se dieron el Abrazo de Vergara y así seguimos desde entonces con esa anomalía jurídico-político-histórica de fueros y viejos reinos y merindades y leyes de hidalguía.

Cuentos para no dormir: los fueros (esos “derechos históricos” que se invocan) son leyes de sangre, de “limpieza de sangre”, por la confusión conceptual introducida después de las guerras civiles de la Edad Media en las provincias vascas (“Guerras de las Banderías”) a las que puso fin el Rey de Castilla. Cuando entonces el monarca (eliminado del actual escudo de Guipúzcoa por los abertzales) decide suprimir los privilegios feudales a favor de los villanos, nace aquello de la “nobleza universal” de los vascos (un mito interesado, por supuesto), según la cual todos serían como señores (y no, qué casualidad, todos como villanos). Pero de la misma forma que igualaba (teóricamente) a los vascos, les diferenciaba del resto de los españoles cuyo origen no estaba tan claro (mezclados con moros y judíos, etc). Respecto a alguien debían ser los “vizcaínos” señores, al fin y al cabo: y en eso pretenden seguir algunos con lo del “nuevo Estatus” y la “Nación foral”.

Por tanto, los fueros son privilegios de origen medieval, y entonces privilegios raciales no tan distintos a los que pervivieron contemporáneamente en la Suráfrica del Apartheid (el Estado era oficialmente “racista” porque desde los Boers la sociedad la habían compuesto estamentos raciales, ni siquiera sociales): por ejemplo nadie que no conociera el euskera podía acceder a cargo público en Juntas Generales (las asambleas que dieron origen a las Diputaciones), pero tampoco los locales que no conocieran el castellano (la mayoría de la población rural del momento).

Estado vasco, “Euskadi” e Ikurriña
En la actualidad, la mera existencia de las haciendas forales hace de las tres provincias vascas y Navarra una especie de estados confederados con España, mientras que la “federalización” vendría dada por el ente “Euskadi” o CAV, a cuyo gobierno y administración (¡el centralismo era esto!) financian de facto las Diputaciones Forales: un sistema absolutamente disparatado y sin referencia histórica a tradición política o institucional alguna (y todavía seguimos sin Ley de Municipios).

Además, como he dicho arriba, la sola existencia de este peculiar régimen fiscal ayuda retóricamente a los abertzales cuando reivindican la “especificidad vasca” según una indemostrada “verdad histórica” acerca de un “pacto con la Corona (el Estado)” de territorios previa y formalmente independientes. Lo cual es falso: los vascos nunca tuvieron un Estado propio, nunca fueron independientes ni soberanos (y los “vascones”, en Navarra, tampoco: la población navarra medieval la componían francos, judíos, hispanogodos arabizados, vascos, gascones, moros musulmanes, eslavos… y dinastías de casas francesas, inglesas, castellanas, aragonesas… No hubo “Estado vascónico”, y encima el Reino de Navarra es el padre del Reino de Aragón).

Al respecto, y ya que sobre todo me inspira de Robles y Trancón su asunción de la relevancia máxima del lenguaje y de los términos que se utilizan (o se censuran) en política, cabría comenzar a insistir en que “Euskadi” es la patria ideológica de los abertzales, exclusivamente, y la ikurriña la bandera de esta patria abertzale, de PNV y ETA, de esta facción ideológica que no representa ni ha representado jamás a la mayoría de los vascos, y que en su delirante proyecto de “construcción de Euskal Herria (o Euzkadi, Euskeria o Euskadi)” ha erradicado prácticamente en su totalidad la verdadera tradición cultural, moral y política de los vascos.

Euskera y raza vasca
Desde luego, no existe raza vasca y todo lo antedicho sobre la “limpieza de sangre” no tenía mayor sentido tampoco entonces (aunque los “vizcaínos” lo utilizaran para trepar en la Administración imperial después de la expulsión de los judíos y las persecuciones a los judeoconversos “judaizantes” por parte de la Inquisición).

Como pueblo o conjunto de pueblos los vascos históricamente han sido conocidos como “cántabros”, “vascones” o “wascones”, “gascones”, “vizcaínos”, “vascongados”… hasta el actual, reciente y afrancesado “vascos”. Los habitantes de las provincias vascas, antes de la romanización, eran probablemente celtas en su mayoría. Por eso después de las (cuando menos confusas) invasiones o incursiones vasconas se denominó “vascongadas” a aquellas poblaciones de la franja litoral cantábrica.

Asimismo, cabe recalcar que el euskera o vascuence no es la lengua de todos los vascos, sino de una minoría de ellos y de una minoría más minoritaria aún de navarros y franceses del Sureste. Por el contrario, es el español o castellano la lengua de la totalidad de todos los vascos y navarros, incluidos los abertzales y por supuesto los terroristas abertzales.

Por cierto, que me gustaría indicar que los etarras no son exactamente “terroristas vascos”, como se ha repetido hasta la saciedad para gusto y contento de los propios terroristas, sino terroristas (o asesinos, o criminales) españoles antiespañoles, mayoritariamente vascos pero tampoco todos (gallegos, leoneses, extremeños, andaluces), y hasta los ha habido franceses, italianos… Creo que debiéramos insistir también sobre esto en toda España, porque por una parte me parece que ha sido relativamente cómodo para nuestros compatriotas liberarse “racialmente” de culpa por el terrorismo mal llamado “vasco”, cuando era “abertzale” o “separatista” o “nacionalista vasco” (luego afín al PNV), y a la vez tolerar los pactos del Gobierno de PSOE y PP con el PNV; así como, por otra parte, ha resultado ideológicamente fácil para muchos periodistas e intelectuales progresistas obviar que los etarras se autodenominaban “de Izquierda” y “socialistas”, e incluso “nacional socialistas” (KAS), si bien su ideología actual es esencialmente nazicomunista con matices respecto a la esencialidad de la “raza vasca” (que ellos llaman “identidad vasca” para que no se note demasiado el racismo).

Así, para la ideología abertzale más integrista (Federico Krutwig sería su Profeta), en la actualidad (superando el racismo biológico y el apellidismo del pope Sabino Arana) los dos requisitos para SER vasco son: saber o querer aprender el Euskera (o dar muestras de que importa mucho “salvar el Euskera”) y querer ser (tener la voluntad de ser, totalmente) vasco.

La razón de ser de la política lingüística
El mito del Euskera o “Lengua propia y primigenia de los vascos” y el de la Raza se retroalimentan: los vascos existen, dicen, porque lo prueba la existencia de una lengua antiquísima que ellos siempre han hablado, del mismo modo que el euskera existe porque los vascos existen desde siempre y lo han preservado. Por ello, si desaparece el euskera se extinguen los vascos, así que si hablan de “salvar el euskera” de lo que están hablando es de la Lucha por la Supervivencia de la Raza Vasca (tan cara a todos estos nazis y aprendices de brujo abertzales); lo que exige, entre otras cosas, un proceso de depuración-exclusión-expulsión permanente de los no afectos a la Causa de la Raza: ancha es Castilla y no sé si existen cálculos sobre los que abandonaron la CAV (y Navarra) desde que ETA comenzó a asesinar, más los descendientes que nacieron fuera.

La política lingüística constituye un fondo de reptiles, además de una herramienta esencial en la “construcción nacional” de “Euskadi” o “la Patria vasca (abertzale)”. De igual modo la EiTB es un medio de financiación amigo de las empresas culturales (libros, música, prensa, educación) abertzales, aparte de servir para la promoción ideológica de “Euskadi” y el adoctrinamiento y la propaganda permanentes.

Por supuesto, también sirve para señalar a los que no saben euskera o discrepan de los beatíficos objetivos de la tal política lingüística, así como para descartar, nivelar, vetar, excluir a todos los que no se sometan a los requisitos lingüísticos de la Administración y, por ende, de toda esa amplia red de entidades, empresas y asociaciones que dependen de los fondos (insisto, de reptiles) que distribuyen generosamente para su causa las instituciones vascas que hace décadas se apropiaron los abertzales.

CONCLUSIÓN

Sólo votaré a un partido que se atreva a denunciar la gravedad política e histórica de la actuación del movimiento abertzale (de PNV a ETA) durante al menos las cuatro últimas décadas.

Para defender fueros y conciertos ya tenemos a PP, PSE, Ciudadanos, PNV y a la misma ETA -si no estuviera por la confrontación directa contra el Estado, que le hace de cuando en cuando desdeñar las instituciones forales si no es para gozar y hozar al frente de las mismas, como ya hicieron en la Diputación de Guipúzcoa la pasada legislatura-.

 

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