Cómo hablar con un conservador

…responde al decidido afán de Gloria Álvarez (Guatemala, 1985) por deslindar las ideas liberales de las conservadoras -si no de separarlas radicalmente-, aunque la joven autora presenta también de manera precisa las concomitancias entre ambos pensamientos; coincidencias que a veces derivan de una visión similar del mundo y otras, paradójicamente, de una visión radicalmente opuesta.

Funciona entonces a guisa de manual para “detectar al lobo conservador disfrazado de oveja liberal”, puesto que la oposición conjunta de ambos a las ideas socialistas o “marxismo cultural” con frecuencia no permite encontrar las raíces características de cada ideario, y de hecho permanecen confundidos deliberadamente por distintos interesados a Izquierda y a Derecha.

No es de extrañar con este planteamiento inicial de Álvarez que pronto cite a Friedrich Hayek, autor de referencia para genuinos liberales con obras como Camino de servidumbre y Los fundamentos de la libertad, en cuyo epílogo “Por qué no soy conservador” el Nobel de Economía vienés dejaba sentada ya la radical distinción entre liberales y conservadores:

“Otro aspecto crítico del conservadurismo es su concepción sobre cuál es la fuente última de los valores que inspiran el orden social. Para los conservadores, ésta es trascendente, independiente, y ajena a los deseos y preferencias individuales. Léase la revelación divina, la tradición, la comunidad, la ley natural, una pluralidad de autoridades sociales, etc.”

De ahí que sea un rasgo del conservador el inmovilismo ante un cambio drástico de situación, su incapacidad para reaccionar con la adecuación de sus ideas a la nueva realidad, que le disgusta y le conduce al estéril ejercicio del encastillamiento nostálgico en los valores y remembranzas del pasado. Por el contrario, el liberal asume el cambio como tal y trata de aprender en la nueva tesitura, apoyado sólo en su convicción del derecho natural a la vida, a la libertad y a la propiedad.

LA DESINTEGRACIÓN DEL ANTIGUO RÉGIMEN

La obra traza al respecto un recorrido histórico por la conformación y desarrollo del Liberalismo “o filosofía de la libertad” en países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia o España, confrontado a las ideas del Conservadurismo cuyo padre intelectual, según estipulan algunos autores, sería Edmund Burke con sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia.

Álvarez cita profusamente a Burke para presentar el grueso de sus ideas conservadoras (incluso reaccionarias), que contrapone a pensadores del siglo XIX como Frédéric Bastiat, John Stuart Mill o Wilhelm Von Humboldt, si bien no olvida el papel fundamental para la libertad económica y la protección de los derechos de propiedad desempeñado por los pensadores de la Escuela de Salamanca ya desde el siglo XVI.

Para el Conservadurismo, en síntesis, la visión de la sociedad como un todo orgánico que fluye a lo largo del tiempo impediría moralmente su radical transformación a manos de una generación concreta como sucedió en Francia a partir de 1789, dado que, en palabras de Burke,

“la sociedad se hace no sólo entre aquellos que están vivos, sino con aquellos que están muertos y también con aquellos que están por nacer.”

Como recuerda Álvarez al respecto, “antes que el socialismo, el enemigo del liberalismo fue el conservadurismo”, lo que en su día refería al derecho a la propiedad privada y a la promoción pública inherente a la sociedad clasista frente a la estamental, de linajes y privilegios heredados, consagrados muchas veces por las autoridades oficiales civiles o religiosas.

En la actualidad, con las nuevas conquistas liberales y democráticas, el foco de la cuestión se ha puesto en las materias de las que la Izquierda pretende hacer bandera, cuando el mérito de haberlas situado en la agenda política y social corresponde a la lucha de los liberales en ámbitos como la igualdad legal de hombres y mujeres, la no criminalización del aborto o de la homosexualidad, etc.

LIBERALISMO FRENTE A MARXISMO CULTURAL

En consecuencia, Álvarez llega a proponer en las páginas del libro un decálogo para que los lectores puedan identificarse como conservadores o liberales -admitido a duras penas que pueda haber algo de liberalismo en algunos conservadores y cierto conservadurismo en conspicuos liberales-, pero advierte asimismo de la necesaria distinción entre el Liberalismo y las nuevas ideologías falsamente progresistas, ya que

“el problema actual de utilizar la palabra liberal tiene dos raíces: la primera es que los socialistas del Partido Demócrata estadounidense se apropiaron del término para diferenciarse del conservadurismo de los republicanos. La segunda es que los socialistas latinoamericanos se han adueñado de ciertas banderas de las libertades civiles, como la libertad para abortar, prostituirse, consumir y vender drogas, asociarse en uniones civiles o matrimonios con personas del mismo sexo, vender tus propios órganos, finalizar tu propia vida mediante la eutanasia o disponer de tu propio cuerpo como convengas. Obviamente, la izquierda marxista latinoamericana, al apropiarse de estas banderas, busca utilizar al Estado -es decir, el dinero de los impuestos que todos pagamos- para subsidiar proyectos con los cuales ganan simpatizantes en lo que se conoce como marxismo cultural.”

Por ello, contra cualquier tipo de confusión, Álvarez cita la acabada definición del intelectual chileno Axel Kaiser:

“Liberal es aquel que defiende el respeto irrestricto de los proyectos de vida ajenos porque cree con total convicción en la igual dignidad de los seres humanos sin excepciones, dignidad de la que sólo tiene sentido hablar cuando a todos se nos reconoce la libertad y responsabilidad de perseguir nuestros fines y sueños sin dañar a otros y trabajando con los medios de los cuales disponemos. El liberalismo es así la filosofía humanista por excelencia, porque promueve un respeto inquebrantable por la vida, la libertad y la propiedad de las personas a quienes ve como fines en sí mismas y nunca como medios para ser utilizados coactivamente para satisfacer fines o necesidades de otros.”

Una definición de inspiración ilustrada, netamente kantiana y no meramente economicista como las consabidas interpretaciones del “liberal en lo económico, conservador en lo moral” a la que tan acostumbrados estamos en la relativista e indolente sociedad española, pero que en países oprimidos por socialistas y/o conservadores autoritarios muestra toda su hipocresía y hace reaccionar a los libertarios, aun sin agotar nunca el debate que esta contraposición radical entre liberales y conservadores implica.

SOBRE EL OSCURANTISMO RELIGIOSO

Otros muy distintos pensadores convergen en la obra, de la categoría de Aynd Rand o Carl Sagan, para exponer tanto la complejidad evolutiva de la historia del ser humano como la debida defensa de su innegociable libertad de conciencia y acción en pos de su propia felicidad.

Pero ninguno tan de veras relevante para la autora como Manuel Ayau Cordón, fundador de la guatemalteca Universidad Francisco Marroquín como laboratorio de ideas y escuela abierta de formación de élites liberales; centro del que la propia Gloria Álvarez es un acabado y exitoso producto moral e intelectual.

Presentadora de un programa de radio, activista liberal en redes sociales y medios de comunicación, participante en la mejora de la administración local del Gobierno de su país en materias como la educación sexual y alimentaria de las niñas, Álvarez incide en el éxito de las fórmulas liberales frente a los intervencionismos conservadores y socialistas, tal vez con un excesivo optimismo.

Aunque no está de más, vista la ardua tarea a desarrollar en las repúblicas americanas al sur del Río Grande, casi sin excepción. Un atraso oscurantista en algunas cuestiones que, con algo de candidez por su parte, Álvarez achaca parcialmente a la influencia católica de cinco siglos de dominio español, si bien no todos los países hispanoamericanos se hundieron igual después de su emancipación.

Además, España lleva siendo católica 2.000 años, como prácticamente el resto de las grandes naciones europeas (Francia, Italia, parcialmente Alemania y la “anglicana” Inglaterra), por lo que supone un error lanzar tesis unifactoriales para respaldar verdades obvias, como que la educación sirve para prevenir enfermedades y abortos o que los remedios milagrosos rara vez funcionan.

Aparte de que no todo en la Iglesia es terror y oscurantismo, como tampoco en los Evangelios, y han sido bastantes más que las admitidas las diversas posiciones morales de los cristianos a lo largo del tiempo. Por ejemplo, respecto a la afrenta de la esclavitud, la Iglesia pasó de admitirla a su posterior postura abolicionista; una evolución histórica que no se ha dado fehacientemente en el Islam, como tampoco en cuestiones como la tolerancia religiosa o la educación de las mujeres.

CONCLUSIÓN

Nuevo hito en su labor difusora, la presente obra sucede a El engaño populista y Cómo hablar con un progre, trabajos de síntesis del mejor pensamiento liberal enfrentado a las deletéreas doctrinas socialistas, con los que Álvarez buscaba dar la batalla de las ideas que, a su entender, los conservadores están incapacitados para librar por su falta de argumentos racionales.

Ahora, con este libro, marca distancia con aquellos presuntos aliados que se revisten de las galas discursivas del Liberalismo para quedarse, una vez llegados al Poder -y como de costumbre-, únicamente con el autoritarismo mercantilista a modo de simulacro de libertad de comercio, mientras tratan de suplir su carencia de soluciones adecuadas a los nuevos problemas con vestigios de razonamientos y usos tradicionales dignos de entierro en los siglos remotos del pasado.

Prologado por otro amigo de la libertad como el disidente cubano Carlos Alberto Montaner, este ensayo polemista revela tanto las fuertes convicciones de su autora como su voluntad de poner toda la carne en el asador, incluyendo extractos de intervenciones en redes sociales y entrevistas, declaraciones de principios y otras confesiones íntimas que jalonan los distintos apartados temáticos de la obra.

Una obra tan personal como de divulgación general, que parece querer mostrar antes de nada cómo el Liberalismo es una filosofía de vida y, como tal, cambia la vida y no sólo una serie de ideas políticas y económicas.

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