Una estrategia para la Derecha (y IV). Los obstáculos

…principales para consolidar una estrategia de la Derecha son los habituales en el recorrido político hacia la consecución de un nuevo liderazgo: los personalismos, los tiempos, los lastres de la herencia recibida (de programa o de relaciones personales)… y la falta de convicción.

LOS PERSONALISMOS

Más allá de las legítimas aspiraciones de Pablo Casado, Santiago Abascal e Inés Arrimadas (antes, de Albert Rivera) al liderazgo del Centro-Derecha, son las personalidades del entorno y en los primeros puestos del escalafón de cada partido las que a menudo dificultan cualquier entente que pueda suponer una merma en su respectiva preponderancia interna.

Ahora que parece que Cs va a cerrar filas en torno a Arrimadas y su modelo de “un discurso igual en toda España” -cantinela escuchada antes en las filas de PP, UPyD, ahora Vox…-, convendría que la nueva dirección entendiera que sus planteamientos difusos sobre cuestiones morales sólo pueden perjudicarles a ellos y a su acción concertada con PP y Vox como alternativa al Frente de la Izquierda.

Asimismo, deberían dejar de entretenerse con la autodefinición política, puesto que nadie es del todo “socialdemócrata” o del todo “liberal” en Cs (como tampoco en el PP o en Vox). Son los fulanismos alimentados a la sombra de Rivera o en su contra los que han propiciado ciertas polémicas internas, de escaso interés para propios y ajenos entre las bases sociales de la Derecha o de la Izquierda no extremista. Los Maura, Prendes y otros profesionales del arribismo mejor estarían en su casa.

De modo parecido, una vez superada la primera gran crisis en la formación con la salida de Alejo Vidal-Quadras -que aún era miembro del PP cuando se presentó en las europeas de 2014, y pasó a pedir el voto a Cs al quedarse sin escaño-, Vox ha resaltado su perfil más duro y reaccionario aunque la clave de su éxito provenga de mantener la defensa de la legalidad constitucional frente al separatismo catalanista. O lo que es lo mismo: se vota a Vox pese y no gracias a Espinosa de los Monteros.

Por último, el primero en antigüedad y en importancia de los tres partidos del Centro-Derecha, el Partido Popular, renovó su liderazgo con la elección por primarias de Pablo Casado, lo cual debiera haber legitimado a éste para cambiar de personas de arriba abajo y sin perder la sonrisa amable: porque Casado pudo llegar precisamente por la expectativa de cambio radical con respecto a su antecesor Mariano Rajoy -en un momento de grave crisis nacional, además- y no como el encargado de pilotar una especie de transición interna entre un liderazgo avejentado y otro más moderno.

Debería cuanto antes, sin esperar siquiera a las elecciones autonómicas en Cataluña, Galicia y País Vasco, prometerle un Ministerio a Feijóo y cualquier cosa alejada de la vida política a los Alonso y demás reata de fracasados electorales. Que se acaben las “fuentes populares” -anónimos para la maledicencia- que desde antes del congreso de Valencia sirvieron a Rajoy para cargarse a sus adversarios políticos y proteger a los suyos. Ahora las “fuentes populares” cargan contra Casado en la figura de algunas de sus apuestas personales, pero Casado es el que manda: ¿a qué espera para silenciarlas?

LOS TIEMPOS

Nunca es buen momento para los cambios radicales y las decisiones drásticas: si siempre se corre el peligro de no ser entendido, o de no acertar, resulta que cuando corren los buenos tiempos y prima la estabilidad se deja todo para otro “mejor momento” mientras que cuando la crisis acucia se recurre al “mejor no hacer mudanza”, lo que puede devenir en una parálisis recalcitrante. El mejor ejemplo de esto último sería Rajoy, que a duras penas decidió ascender a los Levy, Maíllo, Maroto y Casado para contrarrestar la emergencia de los nuevos y juveniles liderazgos de Rivera y Pablo Iglesias.

En rigor, el cambio continuo debería ser en los partidos la norma, cambio sobre todo de personal (caras) pero también de programas y estrategias adaptados a cada tiempo político. Pero resulta que en estos días de persistente bullicio electoral y reiterada llamada a las urnas el cambio debería producirse casi espontáneamente -según los resultados de cada cual, precisamente- y sin embargo los partidos son los primeros diques de contención contra la voluntad ciudadana expresada en votos, premiando a los adictos frente a los eficaces y exitosos.

Ahora la premura, cuando Casado no parece haber afianzado su liderazgo en el PP y Arrimadas lucha por evitar la irrelevancia de Cs, debiera instar a la toma de decisiones sobre los personajes responsables de defender la estrategia y sobre la misma posibilidad de una entente de ambos partidos como “España Suma” u otra denominación. Vox, a su vez, se encuentra inmerso en un proceso de acelerada “profesionalización” de sus miembros internos y cargos públicos, probablemente acertado y en el momento adecuado.

Pero el tiempo corre contra todos ellos, pues en cualquier momento podría convocarles Sánchez a unas nuevas elecciones como ya hiciera después de la manifestación del “trifachito” en Colón -que le sirvieron a aquél para demostrar la desunión de los tres, paradójicamente (o no tanto) al querer meterles en el mismo saco-.

Ahora las cosas deberían estar más claras para PP, Vox y Cs: o suman mayoría absoluta entre las tres marcas, o entre dos de ellas si hay alguna fusión, o la alternativa conjunta se disipará y además con la posible desaparición de una (e incluso de dos) de las tres formaciones en el corto plazo -lo que a priori no tiene por qué suponer el fortalecimiento de un solo partido del Centro-Derecha con la recuperación íntegra y unificada de toda su fuerza electoral-.

Urge que Cs explote frente al PSOE sus señas de identidad más reconocibles, como la defensa de España y de la igualdad entre españoles, al par que destapa sus distintas hipocresías en las cuestiones “progresistas” de que hace bandera esta Izquierda, pero que frente al PP no exalte sus diferencias en estas mismas cuestiones si sobre todo esperan dar cabida a una marca electoral entre ambos. Más aún es preciso que el PP se decante definitivamente por lo “conservador” o lo “liberal” en lo moral, a fin de determinar de una vez por todas con qué pareja de baile quiere concurrir a la próxima cita, Cs o Vox.

LA HERENCIA RECIBIDA

¿Pueden refundarse los partidos (del único modo en que pueden hacerlo) programáticamente, implique ello o no (que debiera implicar) el recambio de personas en toda la jerarquía? Así lo demostró exitosamente Aznar en el ejemplo español más claro, como antes Tony Blair con el Partido Laborista o Margaret Thatcher con el Partido Conservador en Gran Bretaña.

Pero también a Zapatero, aunque por la puerta de atrás, se le podría atribuir una reconversión del PSOE no menos drástica que la de Felipe González en Suresnes, que constituyó un éxito entonces aunque su ambigüedad haya escamoteado una clara percepción de lo que el PSOE ha venido siendo hasta nuestros días, sobre todo en las dos últimas décadas: una maquinaria de propaganda y agitación electoral para asaltar el Poder a cualquier precio y de la mano de cualesquiera aliados, con exclusión del PP.

En el caso de este partido, Mariano Rajoy (elegido a dedo por Aznar) decidió zafarse de la herencia anterior con la coartada de que le impedía ganar las elecciones a Zapatero, presidente nefasto en lo político y sectario de largo recorrido al que fue incapaz de ganar en 2004 tanto como en 2008, pudiendo sólo heredarle debido a su dimisión provocada por actores internacionales como EEUU, China y la UE. Es por tanto la herencia de Rajoy la que le compete a Casado liquidar -y ya tarda-, independientemente de que quiera o pueda refundar programáticamente el PP.

En la Izquierda, Sánchez continúa con el proyecto ideológico de Zapatero porque parece blindarle el flanco que le ataca Podemos, si bien no es descartable que en su carrera de despropósitos decida prescindir de su pesada herencia ahora que -ya se verá- el destino de su antecesor queda inextricablemente vinculado al de los dirigentes de Podemos por sus turbias relaciones con el narcorrégimen de Venezuela y sus socios bolivarianos. Pronto se podría ver obligado a soltar lastre para emprender de nuevo su vuelo de halcón, y ni los escrúpulos o lealtades partidistas ni su pensamiento político (del que carece por completo) parecen obstáculos en esta dirección.

Para Inés Arrimadas, por su parte, dado que es el único cartel presentable por Cs con una entidad similar (o superior incluso) a la del demediado Albert Rivera, todo parece consistir en reivindicar la herencia del anterior pero con un nuevo membrete, su propio liderazgo. Queda por ver si a diferencia de Rivera ella no hace del personalismo un dique de contención contra cualquier posibilidad de entendimiento con el PP de Pablo Casado.

En Vox no parece cundir ninguna preocupación a este respecto porque son un partido de reciente aparición, pero su apuesta por dar la “guerra cultural” comienza a llenar de rigideces un discurso que debiera ser más ambicioso en los asuntos primordiales que afectan a la Nación, de la reforma educativa y la regeneración institucional a la política exterior y el fomento empresarial. Esto es, que antes de encallar en la solidez de unos presuntos principios éticos sobre cuestiones que apenas atañen a los políticos -de ahí la preocupante degradación del discurso de la Izquierda realmente existente en España (PSOE y Podemos)- se hace perentorio el acabado de un discurso integral para la Nación digno de tal nombre, y del que ahora mismo (aunque tanto presuman) carecen.

CUARTA CONCLUSIÓN

Pese a lo que venden los medios, a instancias probablemente de los propios partidos aludidos (PP, Vox y Cs), el problema de estas fuerzas del Centro-Derecha no tiene que ver con sus fuertes convicciones sino con la falta de convicción y de confianza en sus posibilidades de revertir la situación política actual en la que la Izquierda es hegemónica. Vox parece distinto en esto a PP y Cs, pero sólo en apariencia, aunque al menos planta cara contra los designios apodados de “memoria histórica” o “de igualdad” de esta Izquierda demente.

Sólo si los tres interiorizan el diagnóstico acertado, si se convencen de una vez del desafío que plantea el Frente de la Izquierda apoyado por los separatistas, podrán defender una u otra estrategia con convicción de cara a desalojar a Pedro Sánchez y sus socios del Poder. Hasta ahora, dicen haber entendido la gravedad de la situación, pero no actúan en consecuencia.

Así, todavía se plantea desde las filas del PP el “alcanzar grandes acuerdos” o “pactos de Estado” con un PSOE que viene a desmantelar el actual Estado (ya muy deteriorado en sus funciones), como en Cs no se cierra la puerta a una futura negociación de Gobierno con los socialistas, o en Vox hacen como que les preocupa el momento, pero no paran de celebrarlo.

Por lo tanto, sin la convicción de que es urgente y necesario un cambio radical en la trayectoria de la democracia española, que pasa decisivamente por la marginación del PSOE y sus socios del Frente, la alternativa de la Derecha será insustancial y la derrota de sus partidos consecuencia directa de su idiocia política.

Una estrategia para la Derecha (III). Las cuestiones básicas

…que deben constituir la alternativa al Frente de la Izquierda (PSOE-Podemos) apoyado por los separatistas pueden ser reducidas a dos: el fortalecimiento de las instituciones y la reforma del sistema educativo. Entiéndase que no son asuntos para tratar en una serie de eslóganes electorales, sino para trabajar en el día a día en aras de preservar y desarrollar los que son ambos fundamentos de la prosperidad y bienestar de las sociedades en el siglo XXI.

FORTALECIMIENTO DE LAS INSTITUCIONES

PP, Vox y Cs han incluido en sus programas numerosas propuestas para despolitizar la Administración de Justicia y la elección del CGPJ, y no fue poco grave que el partido de Casado se viera salpicado por uno de los últimos tejemanejes con el PSOE a la hora de repartirse los togados en el órgano de gobierno de los jueces. Por el bien de todos los ciudadanos, los tres partidos deben insistir en la vuelta al sistema originario preconizado por la Constitución de 1978.

Más relevante si cabe es la superación del actual “Gobierno parlamentario”, por escasamente representativo y porque genera taras como el “mandato imperativo” o “cierre de filas” de los diputados con su jefe de partido, sea este presidente del Gobierno o “jefe de la Oposición”, degradando la política parlamentaria a un mero intercambio de ataques entre facciones.

Separar el Legislativo del Ejecutivo es requisito básico para consolidar un sistema representativo y erradicar tanto la corrupción partidista como la dependencia del Gobierno de grupos minoritarios. Para ello es preciso reformar la Ley Electoral, y aún antes la misma Constitución. Por supuesto, ello implicaría que la suma de PP, Vox y Cs superara los tres quintos del Congreso, pero es que si no alcanzan dicha mayoría en el medio plazo la democracia podría degenerar en caudillismo.

La alternativa al Frente de la Izquierda debe ser de fondo, con una estrategia a largo, que no se limite a la reducción parcial del daño provocado por el populismo, sino que lo extirpe de todas y cada una de las instituciones: de la judicatura a los partidos, de los medios de comunicación a los sindicatos, de las universidades a los ayuntamientos. Prestigiar las instituciones frente a quienes las atacan pasa tanto por respetar su independencia como por mejorar la cualificación de sus miembros.

REFORMA DEL SISTEMA EDUCATIVO

En el mismo sentido, PP, Vox y Cs deben presentar un proyecto compartido de reforma integral de la Enseñanza, que tenga como base la instrucción pública universal y como meta la excelencia, que reconozca el mérito pero también el esfuerzo, que prepare mentalmente a los alumnos para decidir su carrera en la universidad, en la formación profesional o en otro tipo de estudios demandados por el mercado.

No siempre la Universidad procura trabajo; pero una vez cumplidos los 18 años todo joven debiera estudiar o trabajar, o ambas cosas a la vez, para paliar el declive de la población activa que se acentúa cada año en una sociedad envejecida como la española, mientras aumenta al par el número de jubilados dependientes de la Seguridad Social.

Elevar el grado de exigencia en la Escuela, en el acceso a la Universidad, en el mismo acceso a la Función Pública para docentes (y no sólo para ellos), junto con la superación de las doctrinas pedagógicas que han convertido los centros educativos (también superiores) en guarderías de adolescentes crónicos (incluidos los profesores) es el gran reto del sistema educativo español, cuestión en la que parecen coincidir PP, Vox y Cs.

Terminar con la endogamia en la Universidad y prestigiar y extender la Formación Profesional redundará en beneficios tangibles para la sociedad, las empresas y el Estado: potenciará la investigación, la cualificación y la innovación; reducirá el despilfarro y la corrupción en las facultades, fomentará la competencia entre centros y acabará por disminuir considerablemente el paro (sobre todo el que se ha cronificado en ciertos sectores de edad).

POR UNA ALTERNATIVA MODERNA A LA DECRÉPITA ESPAÑA DEL SOCIALISMO

No se trata de enumerar ante la opinión pública un discurso lleno de buenas intenciones, sino de apostar por el que saben (PP, Vox y Cs) único modelo de éxito para una sociedad del siglo XXI: el que se basa en la libertad y en la igualdad de oportunidades (acceso universal a la Educación y a la FP), en el esfuerzo y en la exigencia tanto como en la selección de los mejores, así como en el requisito del mérito para la promoción del funcionariado y en el reconocimiento de la función social de las empresas.

Básicamente, se trata de defender todo aquello que odian los representantes actuales de la Izquierda en España (PSOE y Podemos), que sólo pueden aspirar a controlar todos los mecanismos sociales e institucionales para tratar de imponer a todos la hegemonía de una ideología atávica que desconfía de la libertad personal, que execra el mérito tanto como el lucro legítimo y que se muestra incapaz de gobernar la complejidad de una sociedad que les viene tremendamente grande.

Con el fortalecimiento de las instituciones y la reforma del sistema educativo vendrán los cambios en ámbitos como el económico, pero también de mentalidad de los ciudadanos: España se ha convertido en escenario de una permanente protesta airada, de una queja continua e irritante, de una inmadura insubordinación contra los elementos básicos del capitalismo y de la misma democracia. Por ello PP, Vox y Cs deben abandonar todo populismo para dotar de autoridad a su discurso.

Cambiará así además, paulatinamente, la visión de los españoles hacia la Nación y el papel internacional que debe interpretar España, lo que demanda de una política exterior digna de tal nombre, coherente y sostenida en el tiempo por parte de PP, Vox y Cs, que enfrente su modelo al “bolivariano” actual de PSOE y Podemos, entre Cuba e Irán con parada en Gaza y visita a Moscú.

TERCERA CONCLUSIÓN

En vez de entretenerse subrayando los matices que diferencian sus propuestas, PP, Vox y Cs debieran cerrar filas en torno a las cuestiones básicas, incluso con la firma de pactos -a la manera de «pactos de Estado» pero no con un Gobierno anticonstitucional, sino entre las fuerzas que defienden la Nación y la democracia-.

Así lograrían ofrecer una verdadera imagen de unidad ante la base electoral de la Derecha sin renunciar de primeras a las siglas, y al par sentarían las bases para la futura unidad de acción (electoral o postelectoral) que aquélla les demanda para enfrentar al Gobierno del Frente de la Izquierda como una alternativa sólida y creíble -algo que puede comenzar a hacerse a partir de los acuerdos alcanzados ya en las autonomías que gobierna el Centro-Derecha-.

Ello implica de partida resaltar la absoluta coincidencia de fines de los tres partidos en materias como las citadas del fortalecimiento de las instituciones (incluida la política exterior de España) y de la reforma educativa, o lo que es igual: rebajar las expectativas y pretensiones propias con el fin de evitar los roces y desavenencias entre los tres partidos «amigos», a quienes de todas las formas va a tratar de dividir el Frente de la Izquierda como prácticamente la única estrategia viable para aferrarse al Poder.

[CONTINUARÉ]

Una estrategia para la Derecha (II). Cs y Vox

…son los dos nuevos partidos que se disputan con el PP la hegemonía del Centro-Derecha, si bien el origen de cada uno parece contrapuesto al del otro: Ciudadanos nació para relevar a un PSC entregado al separatismo catalán y sus políticas de discriminación antiespañola, mientras que Vox nació para sostener aquellas batallas políticas que el PP diera ya por perdidas o estimara contraproducentes para alcanzar y mantener el Gobierno en los tiempos del rajoyismo.

A día de hoy, Cs se define como un partido de “centro progresista liberal” dentro de un proceso de refundación con Inés Arrimadas a la cabeza -después de la espantá de su líder Albert Rivera- que parece pretender escorar algo a la Izquierda a los naranjas, toda una vez que (frustrado el intento de sustituir al PP en el Centro-Derecha) su espacio natural se ha achicado hasta volverlos irrelevantes, puesto que entre el Centro-Derecha y la postura actual del PSOE dista un abismo insondable: no puede haber ya trasvase de esa Izquierda Extrema a un Centro-Izquierda al que se considera “fascista”.

Por su parte, Vox carece todavía de una entidad política marcada pese a que sus múltiples performances -por lo general, reacciones airadas a los distintos planteamientos ideológicos del llamado “marxismo cultural”- hayan diferenciado a los de Santiago Abascal de las otras formaciones en su espacio, Cs y PP, que en cuestiones de índole moral han buscado y buscan desde hace años mimetizarse con el paisaje político de fondo, esto es: con el marco mental del buenismo zapaterista.

No obstante, Cs y Vox son indistinguibles del PP en la práctica totalidad de las materias relevantes en Interior, Defensa y Exteriores, Educación, Economía y Hacienda… teniendo unos y otros que escenificar con grandes aspavientos que es más lo que los separa que lo que los une, en una fatídica estrategia de consunción de sus posibilidades de alternativa al programa de desvaríos impulsado por la Izquierda (PSOE y Podemos).

¿QUÉ ENTENDERÁ CS POR NACIONALISMO?

Una fricción detectable entre las tres fuerzas citadas se encuentra en sus planteamientos respecto a la integración de España en la UE, dado que Cs parece anhelar la disolución de la Soberanía Nacional española en un ente supranacional que sería “Europa”, postura compartida en alto grado por el PP y rechazada por Vox, favorable más bien a una reconsideración del papel español en la UE y a la misma salida de la Nación del sistema de unión monetaria del Euro.

En este aspecto, Vox es un partido “nacionalista” frente al “europeísmo” o “no nacionalismo” de PP y Cs, si bien los tres coinciden en su “antinacionalismo” cuando rechazan las pretensiones separatistas de abertzales y catalanistas. En rigor, PP y Cs buscan exhibir una especie de coherencia con el recurso al manido eslogan “el Nacionalismo es la Guerra” que funcionaría tanto contra los separatistas como contra Vox, cuando la realidad es exactamente la contraria y su postura, por tanto, radicalmente incoherente.

Básicamente, porque “nacionalistas” fueron tanto las revoluciones de EEUU y Francia que dejaron atrás el Absolutismo, como lo fueron anteriormente las que procuraron la independencia de las antiguas posesiones españolas en América, como nacionalista fue el levantamiento del 2 de Mayo en Madrid o la proclamación de la primera constitución liberal española en 1812. Es decir, que el nacionalismo tiene más que ver con la defensa de la Soberanía Nacional y de los derechos de ciudadanía que con el racismo inherente al tribalismo perseguido por los separatistas o al del imperialismo.

Pero en este como en otros ámbitos, Cs y PP se han dejado conducir de la mano por aquellos autodefinidos como “progresistas” que ven en el Estado-Nación el peligro en vez de la salvaguarda de los derechos individuales, lo que les anima por un lado a querer dotar a la UE de mayores potestades en contra de la autonomía nacional y del poder decisorio de los ciudadanos, y por el otro a asumir gran parte del florido discurso a favor del respeto a esos “hechos diferenciales” (rasgos tribales, antiigualitarios por antinacionales) que esgrimen los separatistas como coartada principal de sus políticas discriminatorias.

¿QUÉ ENTENDERÁ VOX POR LIBERALISMO?

Para las elecciones del 28-A los programas económicos presentados por PP, Cs y Vox apenas diferían entre sí, podían ser intercambiables o complementarios -como se ha demostrado en los pactos de gobierno alcanzados en varias comunidades autónomas por los tres partidos-, lo que implicaría la extensión de la etiqueta “liberal” a los tres… si el Liberalismo pudiera ser reductible a una doctrina económica para conciliar la libertad de comercio con la redistribución social de los beneficios.

Lo que tenemos, por el contrario, es que el líder del PP Pablo Casado funge de “liberal en lo económico y conservador en lo moral”, lo que haría levantar el entrecejo a Adam Smith tanto como a Hayek; mientras que Cs da la impresión de querer ser algo más “socialdemócrata” en lo económico pero “liberal” en lo moral, y Vox se presenta sin ambages como “conservador” e incluso reaccionario en lo moral, pero “liberal” en lo económico, a imitación del PP.

En rigor, el término “Liberalismo” surge en España para significar la oposición a la restauración del Absolutismo en la figura del rey Fernando VII después de la Guerra de la Independencia, y tiene más que ver con la consecución de derechos políticos y sociales de las nuevas clases enfrentadas al orden estamental que con la asunción de un determinado programa económico, aunque no sea irrelevante la cuestión de la supresión de los privilegios de origen feudal para favorecer la libertad de comercio y la defensa de la propiedad privada.

Pero tanto Smith como John Locke, como antes de ambos los pensadores de la Escuela de Salamanca, no deslindaron su doctrina económica de la inspiración netamente moral y religiosa, puesto que fue ésta la que les condujo a sostener las bondades del libre comercio o de la persecución del propio interés, la defensa de la propiedad privada o sus teorías sobre el “justiprecio”, los debidos límites al poder del Soberano o al “derecho de conquista”, etc.

¿QUÉ ENTENDERÁ El PP POR CONSERVADURISMO?

Será Hayek el que establezca la distinción radical entre “liberales” y “conservadores”, tanto con su apelación “a los socialistas de todos los partidos” (incluidos los de la Derecha) como al detectar en los conservadores un miedo al cambio y al futuro que los volvería al cabo rígidos en lo político y en lo moral a la hora de afrontar los retos y desafíos del presente. Una perspectiva cuando menos polémica, que todavía suscita encendidas controversias académicas aunque en la praxis política de las democracias occidentales apenas incida de manera concluyente.

Pero si el economista austríaco tenía bien claro que es la persona la que debe ser protegida legalmente -por el Estado, pero a la vez protegida frente al mismo Estado-, otros pronunciamientos pretendidamente “liberales”, so capa de querer expandir los “derechos sociales”, ponen al individuo “diferente” por sus rasgos característicos (de índole religiosa, sexual, económica) en el centro de su acción política, precisamente en contra del postulado básico del Liberalismo de tratar igualmente a los desiguales.

Así, al buscar tratar con desigualdad (“discriminación positiva”) a los que en un Estado democrático son considerados legalmente iguales, estas doctrinas presuntamente liberales se dedican en cambio a fragmentar el cuerpo político en distintos grupos con intereses distintos e incluso opuestos, en vez de sostener políticas generales (democráticas) para una sociedad de individuos indiferenciados, con los mismos derechos y deberes; doctrinas de las que la Izquierda, contra toda su tradición marxista y no marxista, hace en la actualidad bandera acompañada de manera gregaria por cierta Derecha.

En nuestro país, desde Zapatero, es lo que ha originado la crisis decisiva del PP, pero también la del PSOE: han sido precisamente los partidos de la “nueva política” Podemos y Cs los que han buscado ganancias en el río revuelto de la multiplicación de (presuntos) derechos que se dicen “sociales”, cuando por el contrario son asociados a identidades particulares y de hecho excluyentes.

¿UNO EN TRES O TRES EN UNO?

Como es obvio para cualquiera en España, desde la aprobación de la Constitución de 1978 a nadie se le exige ser católico o su contrario, ser ateo o haber apostatado, para engrosar las filas de unos u otros partidos. El Estado español es liberal, no confesional como el del anterior régimen, ni ateo como en los regímenes comunistas, pues la Constitución protege expresamente la libertad de conciencia y expresión de todos y cada uno de los españoles.

Vox no acaba de ser un partido católico, como PP y Cs no resultan más “liberales” que aquél por abrazar los nuevos consensos identitarios del “marxismo cultural”. La única razón por la que Cs se encuentra aún más cerca del PP y Vox que del PSOE es que éste -como indiqué en el artículo anterior- se ha entregado a la política de “amigos” y “enemigos” (“la Guerra”) siguiendo a Podemos, a quien tanto ha rentado esta estrategia de división alumbrada en España -nunca se insistirá bastante en ello- por Zapatero.

Por tanto, las diferencias entre “los tres partidos del Centro-Derecha” son nimias de atenernos a sus planteamientos presentes, y reconocerlo conduciría a una entente y puede que al final reagrupamiento de la Derecha, a no ser que PP y Cs insistan en alcanzar consensos con el PSOE y Podemos en vez de con Vox, en cuyo caso podría suceder que sólo pudiera quedar éste en la Derecha mientras PSOE, PP y Cs se disputan el espacio del Centro-Izquierda.

Si liberales son los tres, debieran entender que el actual Estado liberal (ya muy deteriorado por las barrabasadas del PSOE) corre el riesgo de convertirse en una cleptocracia socialista más, como tantas que abundan a las puertas de Occidente. Y si presumen de ser fuerzas “nacionales” no debieran despreciar el “nacionalismo” entendido como defensa de la Soberanía Nacional y de la misma unidad nacional de España.

SEGUNDA CONCLUSIÓN

Como se vio, no es exacto que Cs sea una escisión del PP sino del PSOE, si bien acabó recogiendo el descontento de muchos ex votantes del PP por culpa de las políticas travestidas de Mariano Rajoy. Pero al pretender sustituir al PP de Casado en el liderazgo del Centro-Derecha dejó huérfano a su electorado tradicional sin ofrecer tampoco mayor distinción con su propuesta a los radicalmente desencantados, que apoyaron a Vox.

Ahora tiene la oportunidad, aunque tal vez resulte ya muy tarde, para volver a cosechar en terrenos del Centro-Izquierda, lo que podría aliviar la presión sobre el PP tanto como sobre Vox, que podrían converger en una sola plataforma (aun siquiera electoralmente) o repartirse el amplio espacio político del Centro-Derecha sin recurrir a la confrontación, sino a la diversificación.

Para esto último, y aunque se empecinen en hacer de ciertas cuestiones morales la línea divisoria entre PP y Vox, los programas económicos deberían ser distintos y su visión de la organización del Estado prácticamente inconciliable, lo que no es el caso cuando ambos coinciden -como con Cs y antes con UPyD- en que la Administración central reasuma las competencias básicas de Interior, Justicia, Sanidad y Educación.

Si las tres dirigencias partidistas persisten en el confusionismo actual y en la vaga (aunque magnificada) distinción entre sí, no conformarán alternativa en años al Gobierno de Pedro Sánchez y sus heterogéneos socios. A partir de ciertos consensos básicos ya apuntados, deben diferenciarse (sobre todo Cs de PP y Vox), o sumarse (Cs y PP o PP y Vox) y pactar con el “diferente” (Vox o Cs, respectivamente) que es “amigo”.

[CONTINUARÉ]

Una estrategia para la Derecha

…pasa por realizar el preciso diagnóstico de la situación, que fue alterada radicalmente desde el mismo instante en que José Luis Rodríguez Zapatero llegó al Gobierno con el PSOE utilizando los muertos de la masacre terrorista del 11-M contra el PP -el otro partido pilar del sistema nacido con la aprobación de la Constitución de 1978-, una vez producida ya la ruptura de PNV (Pacto de Estella, Plan Ibarretxe) y CiU (Declaración de Barcelona, Pacto del Tinell) con el marco legal vigente consensuado en los albores de la democracia.

EL RÉGIMEN DEL 11-M (O DEL 15-M)

Rotos todos los consensos por Zapatero en política interior como en la exterior, y desde el momento además en que el PSOE relegitimó a todos los perdedores de la Guerra Civil como “demócratas” en contra del “franquismo/fascismo” del PP con el fin apenas declarado de refundar el régimen a partir de una legitimidad de nuevo cuño -la que brinda (y pretende blindar legalmente) la “memoria histórica”-, la Derecha debiera haber reaccionado de un modo muy distinto al que por entonces hizo siguiendo el presunto liderazgo de Mariano Rajoy.

Para empezar con la cuestión del separatismo catalán, jamás debió permanecer el PP en las bancadas del Congreso -sede depositaria de la Soberanía Nacional, recuérdese- una vez aprobado por la vía torticera de la “reforma” un nuevo estatuto de autonomía manifiestamente anticonstitucional desde su mismo preámbulo, donde se expresaba que “Cataluña es una Nación” sin mayor ambage, constituyéndose de facto en sujeto político soberano ajeno y contrario al Pueblo Español -esto es: amputando la Soberanía Nacional con el visto bueno de una mayoría simple de diputados (incluidos los del “medio centenar” de Alfonso Guerra)-.

Respecto al consenso en materia antiterrorista, desde antes de alcanzar el Poder lo había traicionado ya Zapatero con la “vía Eguiguren”, tratando de sumar a ETA al nuevo consenso que esperaba fundar con la exclusión del PP del nuevo régimen. Para eso el PP debía ser “heredero del Franquismo” y los etarras emparentar con una antigua marca legitimada únicamente por su existencia en tiempos de la II República, caso de ANV, a la que se permitió concurrir electoralmente en flagrante violación de la Ley de Partidos, como después sucedió (y sucede) con Bildu y Sortu.

La denominación “proceso de paz” para el negociado político con los terroristas no era, desde luego, inocente: había que sellar “la Paz” con los propios antes de continuar la guerra contra los “enemigos” de la Derecha. Y Rajoy, que acusó inicialmente a Zapatero de “traicionar a los vivos y a los muertos” y reclamó las actas de los pactos contraídos por PNV y PSOE con ETA en Loyola, realizó otro de sus repentinos giros de veleta para acabar ofreciéndole su apoyo después del asesinato en 2008 de Isaías Carrasco -muerto que un tal Patxi López le arrojó en la misma capilla ardiente, cuando se trataba de otro de la docena de asesinatos imputables al PSOE por su “proceso” de colaboración estrecha con los etarras durante más de un lustro, en otra jugarreta pensada para rentabilizar electoralmente los cadáveres del terrorismo-.

EL PSOE, ALIADO DE TIRANOS

Con la sentada de Zapatero ante el paso de la bandera de EEUU durante el Día de las Fuerzas Armadas, después de la ignominiosa retirada de las tropas españolas de Irak, el PSOE se entregó a “la Paz” no sólo con ETA sino con sus ocasionales patrocinadores, la Cuba castrista y la Venezuela de Hugo Chávez, luego de Maduro, así como con la Bolivia de Evo Morales, todos ellos regímenes dedicados al narcotráfico al por mayor para financiar, junto a los petrosobornos de Odebrecht, “el Socialismo del Siglo XXI” del que acabaría naciendo Podemos (Poder Democrático Social).

También se prestó a relajar la postura de la UE respecto a la “Guerra contra el Terrorismo” desatada por el presidente Bush Jr., como hizo con Cuba, pergeñando esa insólita “Alianza de Civilizaciones” con Turquía para mantenerse equidistante entre EEUU y el yihadismo –“a la francesa” en tiempos de Chirac como de De Gaulle respecto a la influencia soviética-, Irán o las organizaciones terroristas que operaban (y operan) en Gaza, Líbano, Siria, Irak…

Tradicional amigo de tiranos, el PSOE actual de Pedro Sánchez ha superado de la mano de Podemos ese estadio de equidistancia que todavía resultaba presentable en la UE por una alianza sin parangón -vía Zapatero- con los narcorregímenes americanos, aunque no parezca por de pronto interesado en sustituir Arabia Saudí por Irán como socio preferente en Oriente Medio.

Pero la Derecha calla, después de haber protestado enérgicamente durante una temporada contra el Madurato (gobernaba el PP con apoyo de Cs), pues dejó de hablar de ello como de tantos otros temas según la agenda de Podemos -que ha marcado la agenda de la inmensa mayoría de los medios, consciente o inconscientemente, desde su irrupción en 2014 en la Eurocámara (al menos)- iba cambiando de día, semana o mes… con la finalidad básica de erosionar lo suficiente todas las instituciones, incluidos los partidos políticos, ante sus “contradicciones” y en aras de preparar el asalto final al Poder.

DEFENSA DE LA MEMORIA, DEFENSA DE LA HISTORIA, DEFENSA DE LA VERDAD

Como ha callado la Derecha durante cuatro décadas o más en lo relativo a la legitimidad del régimen del 78, que deviene inexorablemente del anterior a través de la reforma y no de la ruptura, por no asumir la realidad de que si la democracia fue posible en España a la muerte de Franco de manera no excesivamente traumática se debió a que la trajeron los vencedores de la Guerra Civil, de común acuerdo con los vencidos (PCE), y no debe nada a los antifranquistas sobrevenidos -muchos de ellos (prácticamente todos), hijos a su vez del régimen del 18 de Julio- que poblaron desde el principio las filas de PSOE, CiU, PNV y demás.

ETA fue la que decidió autoexcluirse del consenso democrático, hasta que Zapatero la llamó de nuevo al protagonismo político invistiendo a terroristas como Arnaldo Otegui como “hombres de paz”. Por eso era importante soslayar el papel político de las víctimas del terrorismo abertzale y ocultarlas en la confusión de “víctimas de cualquier violencia”, fuera “de género” o “parapolicial” o propia del “austericidio” (palabro contradictorio con el significado que se le quiere dar), etc.

En el fondo, lo que el actual vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias daba a entender a los proetarras en una herriko taberna con aquello de que ellos habían leído bien la situación durante la Transición era que todas sus víctimas de entonces eran el “enemigo”, “franquistas” a los que había que liquidar en venganza por “todos esos muertos” de la Guerra Civil al parecer compartidos por ETA, Podemos, PSOE, PNV, CiU, ERC, BNG… de manera exclusiva. Porque los muertos, “esos muertos”, no podían ser del PP, que por eso “patrimonializaba” las víctimas del terrorismo etarra como autodefensa.

Y los del PP a no meterse en problemas, claro. Para que no les llamaran “franquistas” aquellos que nunca han dejado de ensalzar a los varios criminales de guerra que pulularon en las filas del Frente Popular durante la Guerra Civil, comenzando por Santiago Carrillo, o directamente por Stalin. Por no hablar de los chequistas del PSOE, del PNV, de los follamonjas asesinos de la CNT de Durruti o de los innumerables criminales de ERC. De hecho, resulta inconcebible que puedan existir en democracia siglas como aquellas declaradamente guerracivilistas como PSOE o ERC, o la declaradamente racista del PNV.

PRIMERA CONCLUSIÓN

En síntesis: “la Guerra” le ha sido declarada hace tiempo a la Derecha (por parte de esta Izquierda impostada) y sin embargo hace como que no se entera. El diagnóstico es que el régimen constitucional del 78 murió el 11 de marzo (o entre el 11 y el 14-M) de 2004 y se convirtió por voluntad exclusiva y excluyente del PSOE y sus aliados en otra cosa, en la que ahora andamos enfangados, sin que el PP (“la Derecha española” hasta la irrupción de Vox en el Congreso) haya dejado de hacer el Tancredo desde 2008 a nuestros días.

[CONTINUARÉ]

Los hombres deshumanizados

Érase otra vez en que los hombres habían perdido el respeto a los hombres y, habiéndoles parecido por completo ridículas las varias pretensiones que el ser humano en sí -y por sí- poseía, decidieron acabar con tan leve esencia para erigir en su lugar un continente que se identificara plenamente con su contenido.

A tal fin, durante sucesivas y arduas jornadas se empezó a desmembrar a hombres y mujeres -concretamente a hombres y mujeres de los grandes núcleos urbanos, ya que, como todo el mundo sabe, el motor que hace avanzar la humana Historia no es otro que el compuesto por urbanitas de clase media-media-; las particiones, elipsis y yuxtaposiciones se llevaron a cabo con el rigor estipulado por la Junta Permanente de Ideólogos Progresistas, y pronto no hubo quien, en varios kilómetros a la redonda, más acá del perímetro de basura amontonada en el extrarradio de los grandes núcleos urbanos, conservara algo de su anterior apariencia.

La televisión siguió todo el proceso, como era de suponer: aquí el encabalgamiento de un gemido, allí una calavera incrustada a modo de bombilla en una farola; más allá una vasija con forma de mujer, más acá un tropo inverosímil haciendo referencia a nada. Todo el mundo se maravillaba, aunque un tanto fastidiado, ante este nuevo adelanto técnico-metafísico. La verdad es que la gente no abandonó su desdén hacia todo nuevo rumbo de las innovaciones en materia existencial, porque todo estaba dicho ya y, tal vez, decirlo todo de nuevo, aunque de manera distinta, fuera un trabajo tan cansino como a todas luces inútil.

Mientras tanto, la Junta Permanente de Ideólogos Progresistas había pergeñado un nuevo proyecto para intentar aliviar la desgana de la gente hacia todo lo no humano. Consistía la idea, teóricamente, en tratar de anular los distintos interrogantes sin respuesta que la gente común de las ciudades se proponía de continuo a sí misma -ya que, como todo el mundo sabe, esta clase de interrogantes son los preferidos por la gente común de las ciudades-. La Planificación De Los Argumentos Explicitativos Para El Puntual Ensamblaje Del Discurso Comfortstable En Vías De La Distribución Operativa Del Mismo corría a cargo de la Comisión Intelectual Publicitaria de la Junta Permanente, y pronto su feliz elaboración estuvo a punto y contó con el visto bueno de las autoridades competentes -autoridades que, por cierto, sería la última vez que se arrogaban semejante adjetivo-.

Aún permanece viva en mi mente la imagen concreta de lo sucedido: las pantallas digitales copaban las diversas paredes de los hogares urbanos; un despliegue sin parangón de micromicrófonos auscultaba el seguimiento masivo del Discurso Comfortstable; cada entelequia, cada singular pronombre, cada introspectiva interrogación se preparaba para recibir en sí el nuevo imperativo del progreso técnico-metafísico que habría de reparar los desarreglos existenciales de cada uno a posteriori y de por vida.

Se produjo un chispazo casi inaudible, que fue agigantando su luz poco a poco en un principio y vertiginosa y brillantemente después, hasta provocar la ceguera momentánea en todos los que atendían al programa. Tras el estallido lumínico, llegaron las distintas ráfagas anuladoras del rechazo -que, en la jerga de la Junta Permanente y sus consortes, recibían el nombre de Zoom Retroabstractivo-, las cuales tenían como misión aniquilar todo rastro de sentimiento autonocivo. Momentos después se proyectaba una retahíla de imágenes acompañadas de oraciones simples, inconexas entre sí, con el propósito de mostrar al público que nadie debía subordinarse a nadie y nada era tan complejo como para inquietar a los nuevos entes porque, de hecho, lo inteligible había sido expulsado definitivamente de la faz de la Tierra.

El experimento duró varias semanas; al cabo de este tiempo, los habitantes de los grandes y medianos y tal vez pequeños núcleos urbanos salieron a la calle para reconocer el nuevo mundo que les había sido deparado. En los arcenes, la impresión no podía ser más patética: jirones de figuras y trazos de diversos colores vagaban sin saber qué hacer ni a dónde dirigirse; no se podía reconocer nada, nada se admiraba y nada significaba ni podía ni deseaba significar; herméticos versos se hacían opacos a cualquier comprensión ajena mientras mínimas pinceladas caían desvaídas por doquier, desapareciendo ambos ante la indiferencia máxima de los que aún conservaban algún interrogante que los vertebraba, manteniéndolos en pie a duras penas.

La multitud informe, desparramada por las calles como una mancha asquerosa, presentaba un rancio y homogéneo color de podredumbre. La Junta Permanente no tardó en quedar sepultada por sus propias excrecencias, y asimismo todos los comités y comisiones, y aparatos propagandísticos y técnicos al servicio de la deshumanización del hombre. Desde las innumerables esquinas de las ciudades, las exclamaciones profirieron agónicos aullidos y las metáforas se resquebrajaron dejando al descubierto cientos de sensaciones; los hierros entrelazados se fundieron para permitir a los árboles respirar y allí donde la bombilla parpadeaba irritantemente se volvió a ver al tartamudo vendedor de periódicos.

Los hombres volvieron a imaginarse hombres, pero eso será otra vez, supongo, en algún que otro núcleo urbano –porque todo el mundo sabe, o cree saber, que este tipo de cosas sólo acontece en los núcleos urbanos-.

23 de febrero de 1999

Un Gobierno transformista

…el del PSOE con Podemos: se presentan como progresistas los veterocomunistas con sus tontos útiles recurrentes -hoy como en tiempos de la Guerra Civil-, los socialistas de Pedro Sánchez, que se cree como se lo cree su rasputín Iván Redondo que es mucho más inteligente que los demás, y, si además hiciera falta (que hará falta), mucho más pérfido.

Quieren presumir de ser un Gobierno contra la corrupción el partido más corrupto de Europa y sus socios bolivarianos, financiados a espuertas por los narco regímenes patrocinados desde la Cuba castrista -el país dirigido por “el medio millón de vagos del Partido Comunista cubano”-, y todavía fingen que les importan los escándalos financieros.

Tanta bondad derrochan ya desde sus primeras declaraciones los profesionales del odio, del escrache y de la pintada amenazante -sean de las brigadas ugetistas, separatistas, etarras o ágrafocomunistas-, que mucha gente se está pensando si no estaría de más poseer una segunda vivienda en Portugal.

Veinte ministerios y cuatro vicepresidencias, y supongo que no menos de cuatrocientas secretarías de estado y como miles de direcciones generales van a traer la prosperidad, el empleo y la cultura a “este país” -como se llame o sea su forma de Estado la que fuere, que “eso no tiene importancia, chiqui”, como nos recordará de continuo la nueva portavoza del omnímodo Poder Ejecutivo del Dr.Sánchez-.

Y, no obstante, como todas las caretas cayeron hace tiempo, queda por apuntar la citación de la Fiscalía de Bolivia a unos tales Iglesias, Monedero, Errejón, Zapatero y Garzón: la banda del 11-M y del “proceso de paz”, la del 15-M, la de la moción de censura contra Rajoy… los amigos de los Castro, Chávez y Kirchner… Nuestros genuinos fascistas españoles al asalto del Poder no menos que de las comisiones.

España: ¡saluda a tus redentores!

Memoria o caos

…es la disyuntiva planteada en términos conservadores, ocasionalmente reaccionarios, por el escritor mallorquín Valentí Puig -novelista, poeta, hace no tanto director de la delegación del ABC en Barcelona-, en su reconocible estilo entre la ironía grave y el sarcasmo velado por los refinamientos de una prosa culterana, de aparente superfluidad como el objeto tratado: la sociedad contemporánea.

“Detesto las formas y las costumbres del nuevo siglo. No me gustan el absolutismo del tuteo, los camareros con camisa negra, la España tatuada, que andemos por la calle como zombis con un iPhone. Me incomodan el emocionalismo, sentirse víctimas de todo y contra todo, el sincorbatismo, exigir nuevos derechos y ridiculizar los deberes. No quiero andar por la calle con un botellín de agua mineral ni dejar de dar las gracias. No acepto equiparar a Beethoven con el rap, creerse inocentes en un mundo hobbesiano, destruir los recetarios de nuestra abuela. Me parece catastrófico el desprestigio de la lectura, de la vida intelectual, el narcisismo del selfi y los mayores que quieren ser muy jóvenes. Prefiero la belleza de la arruga a la patética carnosidad del bótox. Querer ser siempre jóvenes degrada. Que el honor y la integridad sean considerados como una vieja serie filatélica da grima. La familia se fragmenta como las porciones de una pizza a domicilio. El lenguaje se desarticula, se oxida el clásico utillaje del pensamiento. La civilización se ha convertido en un clínex de usar y tirar.”

En este fragmento que abre el libro se compendian todos los síntomas que Puig va a analizar con el mismo estilo plástico que le sirve para representar todo un cuadro de costumbres de la sociedad actual, a la que por momentos dirige su crítica feroz antes de replegarse en la reflexión para tratar de comprender y adivinar si pudiera quedar algo a salvo de la destrucción amoral que avanza a velocidad vertiginosa a lomos del consumismo, la hiperconectividad y la homologación seriada de seres humanos como nuevos productos para satisfacer la voraz demanda de la época.

Y contra la desintegración de todo principio, tradición o costumbre, Puig reivindica la vigencia de las formas, que se asientan como todo legado en la memoria de lo que antaño fue prescrito como bueno por quienes nos precedieron:

“Invocar el tiempo de civilización de la memoria no es nostalgia de un viejo orden. Es que la desmemoria banaliza y corrompe, como un despojo residual, lo que la memoria todavía preserva de la extinción. Sin conocimiento y respeto por el pasado, ¿para qué debiéramos asegurarnos el latido de la excelencia, de la superación, de la ambición por el dominio de la palabra, la exaltación de la belleza, la trascendencia o la integridad de la virtud pública? Los peones de la nueva barbarie han entrado en casa y a martillazos destruyen el disco duro de la memoria individual -moral, estética- y colectiva, como comunidad y continuidad.”

FRESCO DE COSTUMBRES AMORFAS

Como en artículos y obras anteriores, el autor no deja escapar aspecto de la vida cotidiana que pueda distinguir para bien o para mal un tiempo, un lugar, una sociedad concreta -tan concreta y específica- como la española, por lo que no es de extrañar su pincelada acerba de las nuevas costumbres (servidumbres) gastronómicas del país:

“La sucesión de gasificaciones, fusiones, casualidades y engaños transforman la cocina y la mesa en una dicotomía: renovarse o aburrirse. En los restaurantes de toda la vida, el maître deviene un fósil y aparecen jóvenes un poco mandonas que nos imponen la combinación del primero con el segundo, secundadas por un sumiller sin afeitar que sugiere, paternalista, los caldos del país. Hacer país con el vino. Renovarse es imaginativo, divierte, nos da algo de que hablar, a diferencia de otras épocas en las que comer equivalía a conversar. Y también a conservar un pedazo de civilización que no se había sometido a ninguna invasión o diluvio. Atomizada la coherencia entre pasado y presente, el festín no se sostiene ya por sí mismo, sino por su decorado y manierismos.”

Como tantos otros de su generación, Puig apunta asimismo al 68′ como origen de buena parte de las incongruencias que afligen a la sociedad actual, incidiendo en cómo la voladura de las formas dio paso a todo lo demás:

“Sin diferenciar entre el uso del tú y el usted, regresas a la idea del buen salvaje que se enfrenta a la perversión institucional. En realidad, suele ocurrir al revés: las instituciones son el resultado evolutivo de una acción humana predispuesta a una noción del bien común que someta los peores instintos del hombre a formas consensuadas de convivencia y de avance social. A partir de Mayo del 68, las instituciones se hicieron sospechosas. El usted comenzó a ser mal visto, especialmente en las aulas. Ya recelábamos de instituciones como el Ejército o la Iglesia -toda forma de autoridad, por legítima que sea- y, sobre todo, la familia. Sin darnos cuenta, rompimos con convenciones de la vida familiar que habíamos obedecido automáticamente por nuestro propio bien.”

El desprecio por el pasado como coartada para la ignorancia, que se jacta de partir de cero, se plasma en la tremenda ingratitud de las generaciones presentes para con las precedentes, si bien reconoce Puig que “siempre hubo y habrá ingratitud porque es un componente de la naturaleza humana”. Sin embargo, “la cultura del olvido fluye hacia la ingratitud” porque “la pérdida del sentido de continuidad histórica de las naciones y las sociedades no deja margen para la gratitud. ¿Gratitud con qué y con quién?”

“Por eso proliferan una estética de la ingratitud y la destrucción ingrata del sistema educativo como transmisión. Con la universalización del Estado de bienestar, la ciudadanía ha traspasado el penúltimo estadio de la ingratitud. Del nirvana utópico a la desilusión democrática hay solo un paso. Todo cansa. Todavía más: al doblar finalmente el recodo del siglo XX el auge impune de la ingratitud fue enteramente metabolizado por la conducta humana, adquirió cotidianidad y relajó radicalmente las formas clásicas de la gratitud que sobrevivían fosilizadas, en un mundo sin convenciones ni arraigos. Como penúltimo factor está el narcisismo, pero de mucho antes provienen las cosechas de la moral del resentimiento, entre otras cosas por haber convertido el conflicto y la desigualdad en lucha de clases.”

Se remonta aquí a la gran crisis moral que alumbró el fenómeno de los totalitarismos a principios del siglo XX, lo que constituye a día de hoy tanto un necesario recordatorio como una llamada de atención ante los cantos de sirena propagados por los titanes y adanistas de la conocida como “nueva política”, que básicamente edulcora o disfraza el propósito último -avanzado por los Lenin y Hitler- de la creación del “hombre nuevo”:

“Es inútil seguir pensando qué gratitud le debíamos al molde humano que durante siglos había aceptado la sumisión. De la soberbia hundida del hombre nuevo a la gratitud low cost, la reivindicación masiva y universal suplanta los deberes ciudadanos. La virtud pública es una hipocresía insufrible debelada a golpes de reality show. Ya se da por imparable el derecho a la salud, estadio máximo del derecho a la sanidad pública. Lo que viene a ser como el derecho a no morir. ¿Somos más ingratos que nunca porque alguien nos hizo creer que era posible un hombre nuevo, debidamente ubicado en el buen sentido de la Historia y capaz de superar toda finitud, todo vínculo represor, como la familia, la propiedad o la religión? Hoy sabemos que ese hombre nuevo solamente podía ser prohijado por el terror, pero nos queda la presencia política del superhombre antisistema.”

Y, de nuevo en pos de la defensa de la memoria, inextricablemente unida a la palabra escrita en el tiempo, el autor ilumina uno de los que considera males principales de la época, parcialmente oculto durante las últimas décadas:

“Por descontado, en la gran era de la ingratitud no reconocer lo que le debemos a la lectura ha propiciado arrinconar los libros en el desván, con otros elementos tan anacrónicos como la figura del padre, las botas katiuskas, los riñones al jerez, los evangelios apócrifos, el elogio de la virtud o la falda tubo. La ingratitud tiene una lógica impecable. Cierran las librerías y los quioscos venden más chucherías que buenos periódicos. Le hemos perdido el respeto a la lectura. Incluso se extinguió la lectura como esnobismo. Lo que leer y releer representan para la curiosidad del ser humano y para la vitalidad intelectual no tiene, hoy por hoy, sustitutos. Placer, saber, conocimiento, incluso vicio, salen perdiendo con la decadencia de la lectura y el desprestigio del acto de leer, porque el rechazo a la lectura es una de las supersticiones más acusadas de nuestro tiempo.”

TODOS VÍCTIMAS DE LA SOCIEDAD DE NINGUNO

De la ingratitud al victimismo media un paso, y el mercado global ofrece un sinfín de causas reconvertidas en cruzadas por los nuevos resentidos, que ora justifican los peores crímenes culpando al entorno social o a la condición psicológica, ora se erigen en despiadados inquisidores de las nuevas costumbres amorfas que imponen a las masas.

“Hay una política del victimismo. Llegados a este caso, todos somos víctimas de alguien o de algo: la familia, el país vecino, el calentamiento global, la dieta carnívora, los cambios de clima. El victimismo fecunda el odio. Aparentemente legitimado por una larga memoria, el victimista se nutre de una memoria inventada. En ese bucle, se autoconsume y a la vez se retroalimenta. En los altares del victimismo, la verdad es lo menos sagrado.”

Como fenómeno social, aniquila la confianza en las relaciones sociales y nos expone al permanente conflicto civil de todos contra todos, o de unos cuantos grupos contra la mayoría no organizada, siendo el principal factor de discordia en el seno de las democracias modernas y el punto de fricción indispensable para hacerlas sucumbir.

“Lo políticamente correcto alcanza el rango de perversión colectiva. Exculpa a los responsables de una falta o delito y culpa a los otros para legitimar a la supuesta víctima y trasladar las causas de su comportamiento a la discriminación sexual, a una familia disfuncional o a un prejuicio de raza. Interviene la psicoterapia para aliviar el impacto de tales circunstancias en el culpable de la falta. Aumenta el número de grupos sociales -étnicos, sexuales, económicos-, grupos muy diversos, con supuesto derecho, por reivindicación, a ser considerados víctimas de una civilización opresora y fecundadora de desigualdades.

Cuando la culpa siempre es del otro, la vida es más llevadera y políticamente rentable. Mientras tanto, los conflictos de una sociedad van dejando poso y se enquistan hasta que la aparición de anticuerpos implanta la confrontación allí donde hacía falta pactar. Un cierto infantilismo victimista aligera mucho el deber de contribuir a la sociedad con ideas y soluciones. En pocas palabras: el victimismo es un impedimento para la consolidación de las sociedades abiertas. Siendo el conocimiento falible, el pluralismo no es una conveniencia, sino una necesidad. En sentido opuesto, el victimismo va erosionando las formas políticas que debieran evolucionar hacia la transparencia y el contraste de alternativas para el buen gobierno. Puesto que los culpables siempre son los demás -familia, las condiciones sociales-, uno no tiene la culpa de nada. La culpa deja de existir. Quedan el victimismo o la sociedad terapéutica. En tono menor, los éxitos ajenos son fruto de la suerte o de una conspiración.”

APÓLOGOS PARA ESTE MOMENTO

Sin duda, este nuevo ejercicio literario de Valentí Puig se puede leer como divertido alegato reaccionario contra los males del día, en la mejor tradición satírica que el propio autor ensayó hace décadas con ese libelo-panfleto titulado Progres, otra breve y preciosista mirada a la España de su tiempo que tenía por entonces a la “beatiful people” del Felipismo como objetivo.

Pero constituye en todo caso un acertado llamado a no obviar lo crucial: la crisis existencial de lo que hasta hace no mucho considerábamos el modelo ideal de sociedad:

“Si Occidente sigue perdiendo confianza y relegando la memoria de su civilización, si eso ocurre, como ocurre con el constitucionalismo o el gran arte, eso va a ser un logro inmenso de la ingratitud y el olvido. Sin creer en la propia historia y desvinculados de la tradición, ¿podemos creernos más libres?”

En este comienzo de año que parece abrirse con el triunfo (casi) decisivo de lo peor al frente del Gobierno de la Nación, no está de más sopesar los beneficios del cultivo de la memoria y la lectura contra el turbio torrente de mentiras y odio a que nos vamos a ver expuestos los españoles a lo largo de los próximos meses y puede que años, porque “sin pasado en común, no hay presente compartido”.

“Es una época que, aunque tan solo fuera por el imperio banal de la correción política, obliga a una resistencia fundamentada en la recuperación del carácter, el apego a la verdad y la voluntad de transmisión civilizadora frente a la desmemoria. No podemos renunciar al paradigma de la vida adulta como si fuera un virus.”

Porque “sin memoria no hay Historia, ni para aprender sus lecciones ni para repetir sus errores”, concluye: “Sin memoria, no hay destino.”