No apto para fanáticos

…es el testamento del recorrido político de Gorka Maneiro (San Sebastián, 1974), quien fuera parlamentario vasco de UPyD en dos legislaturas seguidas (2009-2016) y miembro del Consejo de Dirección de la formación: desde sus primeras manifestaciones con Gesto por la Paz hasta su actual posición de líder de la Plataforma Ahora que pretende agrupar a toda la Izquierda “no nacionalista”.

“Me interesó la política desde niño, consecuencia de la educación familiar recibida y de los valores que mis padres me transmitieron (a mí y a mis tres hermanos). Lo que ocurre en la sociedad nos afecta a todos y a todos, por tanto, nos corresponde tomar partido, es decir, involucrarnos en los asuntos públicos del modo que cada cual considere, pero involucrarnos y tomar partido, al fin y al cabo. Todos somos políticos y quien no ejerce su ciudadanía o mira para otro lado por evitarse problemas o ahorrarse molestias es un idiota en el sentido griego del término (idiotés). Si uno no se interesa por la acción política y mira para otro lado, otros gobernarán en su lugar y en su nombre. Vivir de espaldas a la sociedad y a sus principales problemas es poco ético y, además, muy poco recomendable.”

Partiendo de este autorretrato no es difícil comprender su posterior compromiso político, más aún de atender a que no sólo el contexto del terrorismo obligaba a la acción, sino un cierto carácter polemista de apasionado de la política:

“Nunca evité ningún debate y ninguna discusión. Me mezclaba con todo tipo de votantes y, siendo muy joven, conversaba largo y tendido incluso con simpatizantes de la banda terrorista. Y es que nunca quise dejar de decir lo que pensaba ni que el silencio pudiera confundirse con el miedo o, peor aún, con la insensibilidad o con la comprensión para con las actividades terroristas.”

Sería en 2000 cuando, meramente por haber participado en concentraciones de repulsa del terrorismo y otras actividades de plataformas pacifistas, el domicilio de sus padres fue atacado con varios cócteles molotov, si bien entonces su militancia política se limitaba a “oponerme al terrorismo que ejerce ETA”. Pronto conocería Basta Ya! y, desde sus inicios, UPyD.

Como miembro de la ejecutiva del partido magenta fundado por Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán y Fernando Savater, Maneiro se convierte en estas páginas en un testigo privilegiado y singularmente objetivo de lo que fue el desarrollo y (aparente) consolidación de UPyD en la vida política española, así como de su declive hasta la reciente incorporación a Cs.

Desfilan por las mismas nombres como los citados y otros que todavía siguen en el candelero, como el de Irene Lozano (ahora adicta al Dr.Sánchez) o los de Prendes, Herzog, Sosa Wagner, Pagazaurtundua, Maura, Brown, Robles, Ortega… con sus distintas atribuciones en una historia de éxito y fracaso que condujo al partido a su práctica desaparición.

Un vacío que no parece haber sido ocupado ni por Podemos ni por Ciudadanos, como tampoco por la Plataforma Ahora de Maneiro, si bien en este último caso la tradicional marginación de cualquier alternativa de Izquierda al PSOE en los medios -sobre todo en los de Izquierda-, junto al grave cariz de la actual crisis política nacional lo explican más que otras consideraciones.

QUÉ FUE DE UPYD

Maneiro escribe este libro casi como necesidad de explicarse y explicar a otros por qué fracasó UPyD, pero sin cargar las tintas sobre la responsabilidad de éstos o de aquéllos -más allá de que sea evidente que Díez y Gorriarán eran los amos del partido y como tal se comportaron de principio a fin (sobran los testigos al respecto)-.

Más bien parece un templado ejercicio de autocrítica desde la perspectiva que da el paso del tiempo y el desarrollo de los concretos acontecimientos políticos, pues admite que UPyD cometió muchos errores pero no deja de exponer todos sus méritos, aciertos y victorias -que también las hubo, aunque algunas fueran evanescentes-.

El mismo tono utiliza para recordar su papel y el de sus compañeros en el País Vasco, donde fue la única cabeza visible del partido durante la práctica totalidad de la vida de UPyD, y en rigor el único (de 75 parlamentarios en la cámara vasca) que insistió siempre en asuntos como la disolución de los ayuntamientos gobernados por ANV/Bildu frente al desistimiento de PSE y PP.

Cronológicamente, UPyD fue fundado a principios de 2007 por Díez, Gorriarán, Fernando Savater, Juan Luis Fabo y Arantza Aranzábal, y a lo largo de 2019 ha quedado prácticamente absorbido por Cs después de acordar ir juntos a las elecciones del 20-A y del 10-N. Este libro sirve a Maneiro para relatar en primera persona su propia andadura como líder de la formación a partir de 2017, porque establece exactamente cuándo se produjo la fricción entre él y sus referentes Díez y Gorriarán

Cabe recordar que hasta el 15-M (15 de mayo de 2011) -fecha de origen más reciente del actual confusionismo político- “el partido de Rosa Díez” protagonizó en el Congreso una dura diatriba contra el Gobierno de Zapatero (2008-11), con la susodicha como única diputada y portavoz de UPyD, y contra el de Rajoy (2011-15), ya acompañada de otros compañeros que tantas cuestiones que hoy agitan el debate público pusieron entonces sobre la mesa.

Cabe recordarlo porque UPyD aparecía entonces tanto como una alternativa de centro al PSOE como un partido bisagra que podría contribuir a la gobernabilidad con PP o PSOE para evitar la dependencia de las formaciones separatistas; y además como azote de las corruptelas de los dos grandes partidos y del mismo sistema nacido en la Transición, muy deteriorado después de tres décadas de uso y del paso del atila Zapatero. Pero UPyD no impugnaba el sistema, como el 15-M.

“Reivindicamos la regeneración democrática, la lucha contra la corrupción, los derechos de ciudadanía, la unidad de España, los principios del republicanismo cívico, la igualdad y las reformas políticas, institucionales y constitucionales que España necesitaba y hoy, diez años después, sigue necesitando: la reforma de la ley electoral y una Justicia independiente, entre otras.”

LOS ERRORES DE UPYD

Probablemente fue el hiperliderazgo y excesiva dependencia de Díez la que dejó a UPyD sin opciones una vez que la imagen de aquella se deterioró, en buena medida debido a sus errores y desplantes y no sólo a la (también cierta) cacería mediática a la que se vio sometida la formación magenta. Algo por el estilo se podría decir ahora de Cs con respecto a Rivera, pero de momento les queda Arrimadas.

De hecho, si triunfa su apuesta por reunirse con el PP habrá evitado la irrelevancia en la que ahora está sumida la formación y puede que de forma ciertamente protagonista, cosa que UPyD no logró hacer -ni siquiera partiendo en apariencia de una posición de ventaja- cuando fue tentada a la coalición por Cs de cara a unas europeas, en mayo de 2014, que supusieron la irrupción de Podemos en las instituciones y un cierto sándwich de UPyD entre los de Rivera y los flamantes morados de Pablo Iglesias.

A juicio de Maneiro, fue la bandera de la defensa de la unidad nacional la que hizo de UPyD -que no se decía de centro, sino transversal- un partido atractivo para muchos desencantados de la Derecha, que a su manera (como simpatizantes, comentaristas, afiliados o incluso cargos públicos) habrían alejado a cierta porción del electorado “natural” y objetivo de la formación.

“Sin pretenderlo, aquello nos situó en una determinada ubicación ideológica y dificultó situarnos más a la izquierda, lo cual impidió que muchos progresistas se sumaran a nuestro proyecto o, al menos, nos votaran.”

Lo cual evidencia la confusión del Centro-Izquierda, o su relativismo nihilista -que en rigor Maneiro desconoce, porque su defensa de la igualdad de los españoles ha sido siempre nítida y contumaz-, porque lo que debiera lamentar es que la defensa de la Nación sea vista a ojos de tantos (como tantos de los quincemesinos) como un “asunto de fachas”.

Precisamente, fue Podemos la formación que logró sacar de quicio a UPyD y los suyos, -más que PSOE o PP o Cs-, pues de repente parecía que la “nueva política” se encarnaba en el Lenin de Vallecas (ahora de Galapagar) y todo lo demás era “casta” y representaba “lo viejo”, incluida por supuesto Díez, que ni entonces supo verlo y pactar con Rivera, ni después supo tampoco dar un paso atrás y dejar la primera fila para que lo intentaran otros más “nuevos”.

“Un 80% de las propuestas que defendía el movimiento de indignados lo defendía UPyD por la vía de los hechos y la práctica política en el Congreso de los Diputados: reforma de la ley electoral, fin de los privilegios de los políticos profesionales, regeneración democrática, fin de las prácticas bancarias abusivas… y, sin embargo, gran parte de los movilizados no vieron en UPyD el partido político que colmara sus reivindicaciones.”

Probablemente porque nadie dio la consabida orden de “UPyD por la mañana, UPyD por la tarde, UPyD por la noche” que tan bien le vino a Podemos en las cadenas del grupo A3Media TV… cuando gobernaba Mariano Rajoy.

UN PARTIDO ANTIPÁTICO Y GENEROSO

Nunca logró UPyD implantarse en comunidades como Andalucía, Galicia o Cataluña, bien porque la propia dinámica del partido era de un crecimiento lento -incluso de modo exasperante-, bien porque la estrategia pasaba por obtener visibilidad a través de su actividad legislativa en el Congreso, algo más bien corto de miras que revela cierta soberbia “ilustrada” de los dirigentes en su proyecto político sintetizada en el fatídico “hemos hecho un partido para Dinamarca” de Díez.

“Y es que cuando uno es uno entre 75 o 5 entre 350 debe priorizar cuestiones concretas de su acción institucional y acompañarla por la propaganda y el marketing político, sin que tal cosa deba provocar que se nos caigan los anillos. Ya en 2014, cuando los debates televisivos lo inundaban todo, importaban poco las iniciativas concretas presentadas efectivamente en las instituciones, lo que realmente importaba era, más bien, la capacidad de saber llegar y convencer a la gente. Y es que a un partido político no le votan por lo que haya hecho, sino por la expectativa que genera.”

Pese a todo, Díez fue la única oposición a Zapatero cuando Rajoy se decidió a sestear -incapaz de ganarle unas elecciones- con el propósito de heredar el Poder cuando la recesión lo hiciera caer de las manos de aquél. Y luego fue la única oposición creíble al cínico Gobierno de Rajoy que asumió los compromisos con ETA del “proceso de paz” y fingió ignorar que los separatistas se preparaban para la ruptura constitucional.

Más aún, fueron una serie de iniciativas legales (incluidas querellas en los tribunales) las que distinguieron a UPyD como un partido crítico, de cambio, vigilante en su tarea de control al Gobierno, beligerante contra la corrupción… Pero de nuevo otros (Podemos y Cs) se llevaron los titulares y los focos, mientras mantener las querellas se llevaba por su lado cuantiosos fondos económicos de la formación.

“Sin embargo, aun acertando en determinadas acciones judiciales, nos excedimos en la presentación de denuncias y querellas, no solo porque la principal función de un partido político no es esa, sino porque se nos fueron inmensas cantidades de recursos económicos (más de 300.000 euros) y porque, además, no supimos vender ese trabajo a la opinión pública.”

Más aún, continúa Maneiro:

“Por alguna razón que debería ser estudiada más a fondo, nos convertimos relativamente pronto en un partido viejo que provocaba rechazo en una parte considerable de los ciudadanos (en 2015 éramos el partido político que, según el CIS, más rechazo provocaba), sin que fuéramos capaces de cambiar tal apreciación, más allá de las simpatías que generábamos en muchos otros. Insistíamos en nuestros errores y no éramos capaces, siquiera, de vislumbrar formas distintas de actuar u ofrecer nuestro mensaje. Nos bunquerizamos y vimos enemigos donde no los había, llegando a culpar a los propios votantes de que no nos votaran.”

En las elecciones generales de 20 de diciembre de 2015 las candidaturas de UPyD, incluida la de su nuevo líder Andrés Herzog por Madrid, no obtuvieron representación, frente a Podemos (69) y Cs (40). Para entonces, apunta Maneiro, ya había sido tomada la decisión de disolver el partido aunque a él no se le hubiera comunicado todavía. De hecho, pronto quedó fijada la fecha del congreso de disolución para el 31 de marzo de 2016, con la intención, en palabras de Díez, de “salvaguardar su legado” e “impedir que caiga en manos poco recomendables”.

CÓMO ACABÓ UPYD

Maneiro se había convertido con anterioridad en portavoz adjunto de la nueva ejecutiva de Herzog que sucedió a la de Díez y Gorriarán después de imponerse al tándem de críticos Irene Lozano y Toni Cantó, favorables a la unión con Cs. Un cargo, como le hizo saber el propio Herzog, meramente “simbólico” -dado que ya se había fijado la disolución del partido, cosa que Herzog sí sabía-, aunque a la postre pudo posicionar a Maneiro para salvar UPyD de su liquidación.

Hasta entonces, Maneiro había asumido que “vivíamos de la presencia de Rosa Díez, líder absoluto e indiscutible desde los inicios”, si bien ya vislumbraba que “hubo un momento en que debió abrir paso a otros miembros del partido para compartir con ella presencia mediática y liderazgo, y al no obrar de ese modo, los males que vinieron después fueron males mayores.” También se mostró contrario a la unión con Cs al entender que se trataba de proyectos distintos, pero quiso seguir.

Y es entonces cuando, como se describe en el libro, comienza a revelarse el carácter más intransigente y sectario de los antiguos líderes de la formación (o sea, Díez y Gorriarán), ciertamente obsesionados con enemigos externos e internos de todos los tamaños y colores, cuando en rigor de haberlos tenido dentro -pienso sobre todo en Irene Lozano, o en Prendes- se les debe imputar a ellos y sólo a ellos, que tan exigentes se mostraban a la hora de seleccionar al personal político de UPyD.

Al respecto, aparte del incidente con Sosa Wagner que tanto perjuicio causó a la imagen de la formación en el verano de 2014, Maneiro relata uno menos conocido en que cargos relevantes de UPyD trataron de pasar a miembros de las listas electorales de la formación a plataformas que asociar a Cs, una vez rotas las conversaciones entre ambos partidos. Una especie de OPA hostil sobre “el partido de Díez” que provocó la dimisión o expulsión de varios de sus más conspicuos personajes.

“Es difícil concluir si hubo una estrategia generalizada y perfectamente diseñada desde fuera para perjudicar a UPYD desde dentro, si incluso contó con el apoyo externo de Ciudadanos o si fue un movimiento libre de al menos algunos de los afiliados magenta que, a la vista de que el barco corría serio peligro de hundimiento, decidieron dar el salto a Ciudadanos, partido político que, por su parte, lograba matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, carentes de afiliación y militancia, lograba rellenar las listas electorales; por otro lado, se quitaba de encima al que era su principal rival político y electoral.”

Sea como fuere, el liderazgo de Díez en UPyD llegó a su fin definitivamente con la dimisión de Herzog, su favorito para esa sucesión que debía haber acabado en disolución. Y Maneiro, que acompañó a la candidatura fake de éste antes de oponerse a los designios de la misma, reconoce abiertamente su yerro:

«Mi decisión de formar parte de la candidatura de Andrés Herzog fue un profundo error, el error más grande que he cometido durante toda mi trayectoria en UPYD.”

Una declaración que se explica mejor al hilo de un siguiente comentario:

“Mi experiencia anterior y posterior y todo lo que aprendí me confirmó después, con el paso del tiempo, que ni los buenos eran tan buenos ni los malos tan malos, ni los sospechosos o supuestos traidores eran siempre tales.”

Gorka Maneiro encabezó del 16 de enero de 2016 al 27 de enero de 2017 el demediado proyecto del partido magenta, antes de dejar UPyD para fundar la Plataforma Ahora. Como se ha dicho, en ninguna de las partes que conforman el libro renuncia a la autocrítica, pero se le puede imputar cierta bisoñez a la hora de desenvolverse internamente en el partido.

Algo que parece un mal ineluctable: gente que vale para la actividad política incapaz de asumir la vis maquiavélica del oficio (sobre en todo en lo que respecta a los propios “compañeros de partido”, por lo general los más acérrimos antagonistas del que aspira al liderazgo).

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