Contradicciones de la Primavera del dinero

Del metro desemboco a la luz: Callao; miro en derredor y cruzo la carretera en dirección al FNAC. Pienso comprar unos cuantos discos (valor aproximado: unas 6.000 pesetas) cuando hete aquí que me percato de una forma arrugada tirada en el suelo de la calle. Pienso que es una mujer, pero no: es una especie de punki, extranjero seguramente, envuelto en una puerca manta verde y que deja traslucir sus piernas, picadas de viruela de heroína: heroína.

Cruzo el paso de cebra y llego justo en frente del edificio. Cipriano y Luis llegan en medio del cigarro. Entramos por la puerta mecánica y saco el dinero en el cajero: 6.000.

Acompañamos a Cipriano a mirar cadenas. Tiene bastante para gastar, unas 40.000, luego no hay problemas. Nos movemos, Luis y yo, entre las estanterías donde se apilan decenas de ingenios de última tecnología y primera mano, mientras Cipriano desmenuza las características de cada cacharro.

Subimos a la planta de los discos. Yo veo los que quiero, es gente muy rebelde la que canta en los discos que quiero, pero cuando miro los precios no puedo permitirme más que el Nude & Rude de Iggy Pop y la oportunidad de seguir buscando en Madrid Rock.

Bajamos hacia la tienda, arrobados por la magnificencia de los rascacielos de Gran Vía. Es maravilloso levantar la cara y ver el cielo azul allí arriba, recortado entre las cristalinas fachadas, grises y azules y de un negro brillante, impolutos colores; pero en los resquicios de aire vicioso que permiten las grandes moles de hierro incrustadas contra el suelo, el suelo sucio, digo, no hay más que mendigos borrachos y renegridos, putas yonquis y demás. Nosotros caminamos hacia Madrid Rock, a comprarnos unos discos.

Salgo con Misfits y el Transformer de Lou Reed, y Cipriano no consigue Pogues pero tiene Mano Negra (1.125) para consolarse; Luis se ha comprado la entrada para el concierto de No Fun At All (2.000).

Ninguno tenemos dinero, y nos metemos de nuevo en el metro para volver al Colegio -Cipriano se desvía para, en principio, ir al piso de una amiga para ver cómo quedar con sus amigos, aunque luego no sabe si irá al cine o, tal vez, de vinos y porros por Lavapiés.

Crisol y otra papelería, para Luis, que lo que realmente quería era comprar cuadernos, un cuaderno (960).

No sé, veo que no tengo dinero y que al mismo tiempo no dejo de gastármelo: otra paradoja más que sumar a otro cuento más; ¿será verdad lo que cuentan de la base monetaria (BM), el mercado (open market) y la creación de dinero (más bien, cuasi dinero)?

[Al salir del FNAC se me olvidó mirar si el yonqui seguía allí.]

17 de Febrero de 1998

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