Covid19: lo que debería cambiar en España

…a partir de ahora son los mismos fundamentos de nuestro malhadado “Estado del Bienestar”, para resumirlos en uno solo: nadie tendrá derecho a vivir “del Estado” -esto es: “del de al lado”-, a no ser que deba ser asistido por razón de minusvalía psíquica o física o dependencia grave por su estado (provisional) de precariedad.

Estos días en que muchos jubilados se llevan las manos a la cabeza por las presiones para volver a la normalidad laboral, debiera explicarse reiteradamente que sin actividad empresarial no hay trabajo y sin trabajo no sólo cerrarán las empresas, sino que no se podrán pagar los subsidios al desempleo, las pensiones, los salarios de empleados públicos (de la Sanidad, de la Educación, de la Justicia, de las Fuerzas de Seguridad o del Cuerpo de Bomberos, del Servicio a Domicilio o de las residencias, ¡de los partidos políticos!), etc.

Como también debiera quedar meridianamente claro que cuando se elige a gobiernos corruptos y manirrotos (vulgo Socialismo) para gestionar las cuentas públicas lo único que queda al final para repartir es la miseria. De hecho, sobran un tercio de los empleados públicos y todas aquellas sociedades artificialmente creadas para colocar a los próximos, entre las que no cabe no incluir a partidos y sindicatos, que a la hora de la verdad demuestran servir para bien poco.

El INEM -esa institución expendedora de presuntos “derechos sociales” al cobro de ayudas por no trabajar- debe ser liquidado y sustituido por ETT (empresas de trabajo temporal), en cuanto que aquél se sufraga con fondos públicos y tiene como objeto permitir cobrar sin trabajar, mientras que éstas son empresas privadas cuyo único beneficio deriva de encontrar trabajo a sus clientes.

Sobran parlamentos en España, agencias públicas y comisionistas de toda laya; sobran cargas fiscales sobre los creadores de riqueza -esto es: los empresarios-, que aparte de ser quienes fomentan la contratación para sostener a las familias de los trabajadores se ven obligados a pagarles horas que no trabajan -como las vacaciones, los dos meses de paga extra, las fiestas de guardar, etc.- así como las cuotas de la Seguridad Social.

Sobran las millonarias subvenciones con que el Estado riega a distintas entidades con fines escasamente productivos, generalmente opacos, entre ellas decenas de miles de empresas de particulares dedicadas presuntamente a la promoción del “mundo de la Cultura”, pero que no crean ni producen nada; por no hablar de hasta qué punto sobran todas esas radios y televisiones públicas debidamente plegadas a la voluntad del cacique local de turno o al mismo Gobierno que concede las licencias.

Pero también debe quedar claro qué otros sectores deberán cambiar de métodos y actitudes si quieren sobrevivir a la terrible crisis económica que se avecina.

BARES SÓLO PARA FUMADORES

Ojalá sea cierto que el tabaco inmuniza -como se especula actualmente en Francia- porque será el único factor que permita la reapertura de los establecimientos como bares y discotecas -aun con mamparas (que ya debieran ser obligatorias para siempre, no sólo para los pinchos expuestos) para proteger al personal del servicio-, ya que de lo contrario no podrán abrir hasta que se encuentre la vacuna contra el SARS-CoV2 o bien tratamientos adecuados para evitar la muerte de los pacientes con la Covid19 y el mero colapso de las UCIs.

En la calle, no podrá aglomerarse la gente sino que deberán establecerse medidas de aislamiento entre grupos -tales como las ya habituales jaulas de cristal para los fumadores en las terrazas exteriores de bares y restaurantes-, lo cual no impedirá el contagio dentro de cada grupo pero lo restringirá. Esto significa que los que acudan a dichos establecimientos no podrán después mantener contacto con personas susceptibles de conformar los grupos de mayor riesgo (diabéticos, obesos, personas con problemas cardiorrespiratorios, etc.).

En el mismo sentido, toda protección será poca para los empleados de las Farmacias, dado que los usuarios de estos establecimientos suelen estar enfermos y de ahí que acudan a por fármacos, si bien no siempre se tratará de clientes infecciosos. En todo caso, mamparas y guantes y mascarillas y protección para los ojos deberán ser obligatorios para proteger a los farmacéuticos

EN EL TRANSPORTE PÚBLICO

La distancia de seguridad mínima obligará a restringir asimismo el número de plazas en todo tipo de vehículos comunitarios, desde los metros a los trenes de largo recorrido, de los taxis a los autobuses, de los cruceros a los aviones. Al tratarse de espacios cerrados, el uso de mascarillas deberá ser obligatorio sólo si no hay controles (tests, certificados de inmunidad) al acceder al vehículo, si bien en trayectos cortos podrá exigirse básicamente guardar silencio (sobre todo no hablar por el móvil a voz en cuello) y cubrirse la boca a la hora de estornudar o toser.

Lo que parece ineluctable es que las distancias de seguridad y la dilación de tiempos debida a la adopción de medidas de protección conllevará una reducción del uso del transporte público, cuyo servicio empeorará y devendrá crónicamente deficitario, por lo que no parece descabellado pensar que se reducirán las frecuencias y tendrá que optarse de nuevo por recurrir a los vehículos privados para desplazarse al trabajo o a través de las ciudades.

EN EL DÍA A DÍA

De continuar con la mentalidad supersticiosa que ha caracterizado al español medio durante todo este periodo de reclusión forzada, y con los mismos informadores mediocres cuando no entregados al servicio exclusivo del Poder en aras de su propio beneficio, será imposible cambiar nada en torno a los asuntos fundamentales que determinarán el porvenir español de los próximos años y décadas.

Pues a día de hoy no han sido capaces desde el Gobierno (Ministerio de Sanidad o cualquier otro) de explicar clara y brevemente en qué consiste el (virus) SARS-CoV2 y la (enfermedad) Covid19, cómo para pedirles que comuniquen claramente cuáles son las medidas adecuadas de autoprotección y protección de terceros. Por supuesto no ha sido el caso de los países con más éxito en la gestión de la pandemia, caso de Singapur y Corea del Sur.

Y de los Medios de Control Social qué decir: buenrrollismo («Todos unidos»), sedación y una caótica serie de «informaciones» y artículos de columnistas paniaguados que han dejado el ya maltrecho prestigio de la profesión por los suelos. De hecho, sólo han salvado la honrilla de la Prensa una docena de entrevistas con científicos y algún que otro sanitario a pie de obra, junto con algunos artículos de fondo de expertos por supuesto en ningún momento consultados por el Gobierno de Sánchez-Iglesias y su banda de decenas de ministros desaparecidos y conspicuos expertos en dislates.

CONCLUSIÓN

La mediocridad generalizada demostrada por la clase política (Gobierno y presunta oposición) y mediática del país debería alarmar a los españoles para que exigieran los cambios pertinentes en estos ámbitos, pero ciertamente la falta de costumbre en el ejercicio de las libertades políticas hace de éste un Pueblo desmayado, de estómagos agradecidos, dedicado en cuerpo y alma a la “calidad de vida” -bebercio, poteo y puteo, horas muertas delante de la TV viendo series, fútbol o programas basura repletos de chulos y zorras-, mientras tenemos en cada presunto ciudadano a un no menos presunto resistente antifranquista -nuestros genuinos «disidentes a posteriori» de la hora- que no tiene sin embargo la dignidad de renunciar a la paga extra del mes de julio implantada por Franco para conmemorar la victoria de los “nacionales” en la Guerra Civil, como tampoco a la de Navidad que obviamente conmemora el nacimiento de Cristo.

Ochenta años de servidumbre voluntaria -con Franco todos franquistas; en esta Pseudodemocracia, todos demoprogretas- han vaciado de coraje y ansias de honrado y verdadero medro a los españoles, que sólo ahora reparan de qué manera se abandona a los viejos en residencias para que no molesten -cuando además se les pretende heredar la casa para ponerla en alquiler y vivir de las rentas- mientras se producen 100.000 abortos anuales y todavía esperarán algunos seguir cobrando pensiones sobreestimadas en unos años, los mismos que no quieren ocuparse de sus mayores ni criar a la progenie porque eso da muchos problemas y le jode a uno el “bienestar”.

Este Pueblo está demográficamente muerto, democráticamente muerto, económicamente muerto. Y luego resulta que todo el mundo está aterrado ante la mera perspectiva de la muerte por Covid. Qué horrible paradoja. Y qué aburrimiento permanente, el de los muertos en vida.

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