Ansia de Navidad

…es lo que tenemos los españoles ahora mismo -unidos como hace mucho que no estábamos unidos por esta adversidad permanente del coronavirus, cuando empieza a fastidiar de veras no poder desplazarse cómoda y seguramente a ningún punto de nuestro país-, pero haríamos mal en considerar que una vez salvadas las restricciones prenavideñas podremos darnos a la vida de antes.

Este día será debidamente archivado en los anales históricos de Occidente como la fecha de la primera vacunación -una nonagenaria británica… cheers!– contra la plaga de Covid19, pero de ello no resulta de momento ni la inmunidad generalizada, ni la imposibilidad de dispersión de cepas según las fronteras sean reabiertas y vuelva la normalidad a, por ejemplo, los vuelos internacionales de pasajeros (turistas o no).

Parece cuestión de tiempo, en todo caso, que las investigaciones científicas deparen cura o vacuna contra este y futuribles coronavirus, por lo que no cabe escatimar el esfuerzo en financiación ni desestimarlo en tiempos de bonanza y tasas de esperanza de vida nunca antes alcanzadas. Porque si una sociedad queda estancada, el sino de sus miembros puede ser muy otro.

Y no vamos a salir los españoles más fuertes ni mejor librados de la pandemia, ni en lo económico ni en lo moral ni por descontado en lo institucional, con un Gobierno que hace eses -con Podemos, ERC y Bildu- en asuntos tan evidentes y cruciales como el de la usurpación del Poder en Venezuela por sicarios del Narco, la Dictadura castrista y los restos del Bolivarianismo del Foro Social.

Una confabulación de bandas, entregadas al Saqueo de presupuestos y cargos públicos, dirige hoy el rumbo de la Nación a través de un Estado mermado en sus funciones y recursos, hostilizado por facciones separatistas y ninguneado por propios y ajenos de la presunta “sociedad civil” española.

Pero parecemos sólo estar esperando a que abran los bares -para poder departir del estado del tiempo- y a que pasen las Fiestas, confiando a las noticias de periódicos y radios y televisiones nuestra propia vacunación, “Dios mediante” -o “gracias a mi Gobierno”, que diría un Pedro Sánchez-, cuando todavía habremos de sufrir (como hasta ahora) todo tipo de negligencias, insuficiencias y variedades varias de corrupción, ineficiencia y oscurantismo.

Vaya: que menos mal que hace mal tiempo y la gente apenas sale a la calle…

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