El legado de Trump

…consiste en haber recuperado para la Pax Americana cierto orgulloso brillo después de los desastres consecutivos de Obama y, en menor medida, Bush Jr. Su visión de las relaciones estratégicas internacionales le ha conducido al “juego del gallina” con Corea del Norte e Irán, consiguiendo revertir en parte las ventajas que dichos regímenes totalitarios habían adquirido en los últimos años a expensas de la credulidad culpable de los gobernantes de los USA y la UE.

Así mismo, en su confrontación básicamente comercial con China (aranceles, derechos de patente, dominio tecnológico), el presidente Trump forzó a nuevas negociaciones con mejores resultados para los suyos -ese abigarrado y heterogéneo cuerpo de directivos de sectores de la industria local, obreros y empleados medios, agricultores, pequeños autónomos y propietarios-, como lo hizo con México en relación con el NAFTA -algo elogiado hasta por AMLO-.

La irrupción de Trump estimuló además a sus aliados de ambos hemisferios a garantizarse sin reservas y sin complejos una soberanía adecuada, comenzando por lo militar, algo que Japón no ha tardado en asumir pero por el contrario Alemania, que lidera a fin de cuentas la UE -aunque con una tímida voz exterior-, no se ha tomado aún en serio ni siquiera con la consumación del Brexit. El Reino Unido, la India, Corea del Sur o Taiwán sí le quedan agradecidos.

Pero, por encima de todo, pues tal ha sido la magnitud de la refriega entablada contra adversarios internos y externos, y enemigos de la peor especie -que, en el caso “doméstico”, pueden ser calificados sin ambages de traidores de lesa patria-, la gesta de Trump al encaramarse al Poder desafiando el establishment conformado en las tres décadas anteriores sobrevivirá a su caída, porque poco de lo que en tan poco tiempo ha logrado deshacer será rehecho, y poco de lo que hizo se convertirá en desecho -con excepción de su zafio estilo, claro-.

Ahora que la censura de los oligarcas que rigen la web -muy a pesar del bueno de Tim Berners-Lee- se ceba con los últimos tuits de Trump, conviene recordar a los muy resabiados periodistas “antifascistas” (¡antipopulistas!) que simultáneamente fungen de tribunos de la plebe (plebe “bien informada”, eso sí) cómo siguen meramente las grandes directrices del “nuevo tiempo” establecido por los Zuckerberg, Jobs, Bezos y otros próceres del mundo actual… de marcados rasgos psicopáticos, ellos sí.

DE PUBLIC ENEMY A PUBLIC VICTIM

Aunque, como siempre desde hace más de medio siglo, la que marca la diferencia sigue siendo la TV, sobre todo cuando las distintas cadenas emiten precisamente como una sola y exclusiva TV. De este modo puede normalizarse con el tiempo la cláusula informativa “el asesinato de George Floyd” en cualquier noticia de cualquier diario del mundo, cuando el luctuoso hecho no puede ser calificado sino como “homicidio imprudente” o “brutalidad policial”.

Unos segundos de vídeo -que nada demuestran- y un lema para la posteridad (“I can’t breathe”) se convierten en la prueba de que con Trump en la Presidencia de los EEUU el Racismo Institucional ha vuelto a la Policía, que ejecuta negros por ser negros en plena calle, una vergüenza: “Black lives matter!”. Pero nada de ello es real hasta que el equipo de montaje ideológico le dota de trama, “mensaje”, background y dolby surround si es menester.

Así que el desafío de Trump sigue vigente, después de la gestión económica más exitosa en lo que va de siglo XXI y sin necesidad de haber emprendido ninguna guerra nueva -habiendo recibido el legado desastroso de Obama en el Norte de África (Libia) y Oriente Medio (Siria), respecto a Irán, Turquía o Rusia (Ucrania)-, con la nueva consideración de Israel después de su reconocimiento total con el establecimiento de la embajada en Jerusalén y el muy reciente de los países árabes, etc.

Claro que aquí no nos enteraremos hasta dentro de veintitantos años, como es costumbre en España y en el resto de Europa, sobre todo después del bombardeo de artículos diarios durante toda la legislatura -unos 1.500 en cuatro años- en (casi) todos los diarios impresos y digitales cuya unanimidad exasperada y exasperantemente antiTrump ha parecido más propia del Miniver imaginado (y a la postre experimentado) por Orwell que de una Prensa plural, libre y crítica.

Estos son los tiempos que corren, con millones de sobrevenidos antifascistas en todo Occidente que desde su sofá han pretendido plantarle cara al Gran Satán bufonesco de Donald Trump, el pérfido “magnate”, sin sospechar hasta qué punto le estaban haciendo el juego a la casta de las dinastías oligopólicas del presente más patente ante nuestros ojos: de Hollywood a las Big-Tech pasando por las grandes cadenas de TV y la Prensa y las élites de los dos grandes partidos.

UN DILETANTE EN EL GOP

De hecho, uno de los elementos del triunfo de Trump que sigue pasando desapercibido, aunque perdurará también como parte de su legado, es que su impronta haya venido finalmente de la mano del Partido Republicano (el “Grand Old Party” tan decisivo para la conformación de la tradición USA), en vez de producirse de manera “natural” desde las filas del Partido Demócrata, a quien el neoyorquino era más proclive como miembro de la característica aristocracia progre de la Gran Manzana.

Tal vez fue que, a su edad, ya no soportaba tanto esnobismo estéril y sus fábulas eco-cienciólogas, multiculturales y cibergeneristas ante el creciente expansionismo ruso, la colisión en ambos hemisferios con la todopoderosa China, y el atrevimiento cada vez mayor (11-S, maratón de Boston) de unos yihadistas financiados desde La Meca a Kabul pero con sede regular en Teherán, que tienen empantanado en todo caso a buena parte del Ejército USA en cerca de media docena de países.

Y ahora, qué duda cabe, con la Covid-19 que se ha llevado por delante a Trump -mediando aun así un más que probable fraude electoral de los partidarios de Joe Biden-, los temas del debate ya son otros, afortunadamente; y las tendencias nuevas o que se digan por la reforma, a Izquierda y Derecha, tendrán que atenderlos sin demora: la expansión e intrusión de los grandes monopolios de la Web; la protección del trabajo local; la fiscalidad de las grandes fortunas; una política exterior coherente con los intereses soberanos propios, etc.

El listón lo ha dejado muy alto para un dirigente del mundo libre, se piense lo que se piense sobre un tal “Yellowstone Wolf” (al parecer, la nueva mascota de la Izquierda concienciada).

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