Rajoy destruyó el PP

…como alternativa al régimen corrupto y clientelar del PSOE -fundamentalmente en Andalucía- con sus protectorados vasco y catalán a cargo y cuenta de PNV y CiU, y esto tiene consecuencias más graves que lo de la «caja B» del suyo y del resto de partidos -empresas ideológicas privadas ¡a cargo íntegramente del Presupuesto!-.

En rigor, «la Gürtel» o «la Kitchen» no son más que zafias formas de extra financiación partidaria, como Filesa y las pantallas de CiU para sus mordidas, y tantas otras de todos los partidos viejos del 78 a nuestros días. Lo más oneroso, con todo, suele ser el endeudamiento de esos mismos partidos de cara a las citas electorales, donde el crédito de la Banca de toda la vida corre a socorrerlos (y siempre a cambio de favores ulteriores).

En el reducido círculo de poder del entramado político-financiero del país, con sus extensiones mediáticas correspondientes ya prácticamente oligopólicas, resulta sencillo el intercambio de licencias, condonaciones, rebajas fiscales, concesiones de todo tipo entre unos y otros… Como resulta ostensiblemente sencillo ocultarlo todo a posteriori, como esos obscenos juegos de espionaje a cuenta de los villarejos que trabajan para ellos.

Se trata de operaciones que a veces conllevan miles de despidos (prejubilaciones a cargo del Erario), millones de pérdidas (o millones consignados de antemano como dinero a fondo perdido), pero que para quienes han organizado el juego tienen sentido a plazo -porque ellos controlan los plazos- y únicamente compete a sus hombres sobre el terreno convencer de los términos al resto de los jugadores de la partida.

Lleva siendo igual varias décadas: sobre que no hay Separación de Poderes tenemos los españoles que soportar el vergonzante contubernio de partidos, ejecutivos del Íbex, periodistas delegados (agentes sobre el terreno), jueces «estrella», jefes de seguridad procedentes en su mayoría de los servicios secretos…

Y ahora resulta que la Prensa con subvención asistida se asusta de que Rajoy hubiera podido utilizar una trituradora o incluso un martillo como arma de destrucción selectiva de documentos comprometedores -tal vez habría que aportar pruebas, eso sí-, cuando lo más grave de este caso es que desde el Gobierno utilizara a la Policía para seguir, amedrentar, robar y chantajear a un condenado y además testigo en los procesos por corrupción del PP.

Los plumillas (comprados o no) podrían, en todo caso, reservar cierto celo para el sumario despiezado, troceado y dispersado sobre los ERE del PSOE que instruía la juez Alaya antes de que la apartaran, o los manejos de un tal Ximo Puig con sus familiares y amigos en Valencia, o las compras fraudulentas de material sanitario a cargo del candidato Illa a través de amigos del PSC: el «caso PP» por centuplicado, vaya.

Pero Rajoy liquidó su partido para mantenerse él en el Poder, tal como Sánchez ha decidido hacer con lo que quedaba del PSOE, así que cuando todo esto acabe y una nueva corriente se los lleve definitivamente por delante, ninguno de los dos podrá esperar ser defendido con lealtad cuando les toque el turno en el banquillo.

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