Un discurso contra la violencia

…desde el Gobierno o cualquier otra institución de un Estado democrático queda siempre cojo si no se apoya en el recuerdo, a modo de máxima weberiana, de que el monopolio de la violencia le corresponde a él, al Estado, en cuanto institución surgida del acuerdo entre todos los individuos que componen el cuerpo político para, precisamente, preservar la vida y la propiedad de cada uno de forma pacífica con arreglo a la Ley.

Por descontado, para las lumbreras complutenses de Podemos todo lo anterior no es más que pura abstracción sin reflejo en la realidad “real”, que no es más que simulacro o representación del Poder actualmente detentado por las oscuras fuerzas de la Reacción: de “la Banca” a los partidos “burgueses”, de las multinacionales al imperialismo USA, etc.

De aquí que se haga necesario emplear la violencia legítima como expresión del descontento de “la gente”, una vez cerradas las demás vías de “participación democrática” o de protesta contra lo que consideran un entramado legal deliberadamente represivo de libertades y derechos individuales y colectivos, servido por jueces facinerosos como parte del establishment.

En rigor, lo más asombroso de todo es la invariabilidad de esta pseudocrítica antisistema con ínfulas de originalidad y clarividencia, a pesar de que Podemos sea producto directo de la casta profesoral o establishment parasitario de las instituciones educativas del país, dechados de “liberalismo” sindical y librepensadores al servicio de teocracias como la de Irán o dictaduras militares como las de Venezuela y Cuba.

Más no hay tal contradicción, como también pudimos comprobar en el caso de Bildu cuando se encaramaron -con la debida ayuda de PNV y PSE- a los gobiernos del Ayuntamiento de San Sebastián y de la Diputación de Guipúzcoa hace ahora prácticamente una década: por la mañana ocupaban sus escaños y por la tarde se ponían a la cabecera de las habituales manifestaciones contra el progreso y la prosperidad -contra la inversión en infraestructuras, básicamente-.

El resultado fue que hasta su propia gente les dio de lado en cuanto comenzaron a notar lo oneroso y chapucero de un sistema que, por de pronto, pretendía sustituir la incineración de residuos por su conversión en abono “compostable”. Como hablamos de una de las provincias más industrializadas de España y de Europa, la cosa no cuajó: y eso que la mafia etasuna hizo colgar ganchos para la recogida selectiva (“puerta a puerta”) de la basura hasta en la fachada de la centenaria Universidad de Oñate.

Es como cuando el líder podemita Pablo Iglesias se hace pasar por un concienciado y concienzudo luchador por el “derecho a una vivienda digna” fomentando al socaire de este irrelevante artículo constitucional todo tipo de ocupación ilegal y, a la postre, avanzando su proyecto de expropiaciones a discreción, que es lo que a él como a cualquier caudillejo fascista o comunista -de esos que trata asiduamente en Hispanoamérica, ¡ejem!- más les gusta.

Hablamos de quien dispone, como vicepresidente segundo del desGobierno Sánchez-Iglesias, de tres docenas de guardias civiles para custodiar su chalet de lujo en la próspera vecindad de Galapagar, en las inmediaciones de El Escorial, donde tuvo su residencia física y espiritual el que fuera uno de los más grandes emperadores de la Historia, Felipe II, por cierto uno de los gobernantes españoles, con Franco, más austeros que han conocido los anales.

Casi como el pelanas que mantiene en la Presidencia a un Pedro Sánchez tan impávido ante la realidad como inasequible al desaliento, y que cuenta en su Gobierno con quien ha de acabar con él por las malas si no se lo quita antes de en medio, para lo que cualquier ocasión puede resultar idónea -a ver qué piensa Iván-; sobre todo ahora que tiene en sus manos al PP (descuajeringado, eso sí) y las cenizas de Ciudadanos.

Pero esto le expondría, obviamente, a una guerra total no sólo contra Podemos sino también contra ERC y JxCat, Bildu y las CUP, etc. Y no parece que ahora mismo, si no cuenta con el respaldo total del PP, pueda atreverse a emprender semejante cruzada (que necesariamente habría de ser violenta) y menos después de haber desprestigiado y abandonado sobre la marcha a policías, fiscales y jueces que han plantado cara durante décadas a etarras, separatistas y antisistemas.

El PSOE de Sánchez ha dejado de ser, en este sentido, un “partido de Estado” para revelarse únicamente como otra de las facciones al asalto del Poder, que luego cuartea y subastea, negocia y malbarata con sus puntuales aliados del resto de facciones. Este nefasto y psicopático personaje no comprende qué es un Estado y sobre qué haz de legitimidades reposa su autoridad, ¡cómo para tratar de explicarle lo del “monopolio de la violencia legítima”!

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