Quién defiende la igualdad entre los españoles

…es la única cuestión que debiera esclarecer ahora mismo -ahora que casi todos los partidos han entrado en un proceso de autodestrucción incomprensible para el común- quien todavía se considere patriota (patriota español, insisto, por si alguno no se aclara a estas alturas de siglo).

Por descontado que no se es «esencialista» por amar a la Patria en sí, el mismo terruño que nos viera nacer, pero entonces cabe agregar que sólo quienes se preocupan por sus conciudadanos pueden (y deben) dárselas entonces de patriotas y demócratas a la vez; “patriotas democráticos” o “demócratas patrióticos”, que en ningún caso es el caso de PSOE o Podemos, ni por lo uno ni por lo otro.

Para los socios del actual desGobierno España importa poco -les importa sólo el Estado, ¡el botín y su reparto vía Presupuestos!-, y menos aún la Nación, a no ser como obstáculo principal a sus conjuras y maquinaciones con quienes quieren destruirla para así controlar mejor los pedazos restantes: de los catalanistas a los abertzales, pasando por los caciques regionalistas procedentes de los otrora dos grandes partidos “nacionales” (PSOE y PP), cuando no directamente del régimen anterior, caso de un tal Revilla o de dirigentes del PAR, CC…

En este afán de crear nacioncillas a escala, con sus parlamentos y televisiones y modelos educativos “diferenciados” en los contenidos y en la misma lengua, “Euskadi” (©Sabino Arana) es el modelo más extremo, con la imposición más antidemocrática de las pergeñadas por los “Padres de la Constitución” al conjunto de los españoles, singularmente a los habitantes de las provincias vascas -que para más escarnio gozan de una hacienda foral propia, pero sometida al “Gobierno Vasco”, vulgo PNV-.

Desde el Poder central fue que se entregó la Policía, el dinero, la TV, la bandera y el himno, con el resto de símbolos vascos y la Educación (euskaldunización forzosa, en resumidas cuentas) a una administración creada a imagen y semejanza de ese partido de contubernios que es más un movimiento reaccionario de masas que otra cosa, dirigido siempre (eso sí) por una decena de “cráneos privilegiados” o «burukides» que desde la tribuna o la sombra lo deciden y controlan todo -algunos de ellos ostentan a manera de título lo de «JELtzales» («seguidores de Dios y la Ley Vieja») ¡en pleno 2021!-.

Con el tiempo -y la inestimable contribución del Gobierno de Aznar y, a la postre, la de sus “barones autonómicos” en Valencia, Galicia, Baleares y Andalucía-, el fenómeno se ha extendido a otras regiones, agravándose de manera acelerada con la ejecutoria de Zapatero luego continuada por Rajoy hasta alcanzar las cotas delirantes de hoy, cuando cerca de la mitad de los españoles ya no puede estudiar en la lengua nacional y oficial, o es castigada por ello como se sanciona el empleo del español en esas férreas administraciones autonómicas, o se multa incluso a ciudadanos en su actividad privada por no someterse a las regulaciones discriminatorias (netamente anticonstitucionales) por razones lingüísticas e incluso racistas.  

Por todo lo anterior me parece claro que esta situación es producto de un fenómeno que no es sólo antinacional, sino antidemocrático, pero a quienes debe quedar más claro es a los españoles que todavía dudan sobre qué opción política podría representar mejor la alternativa radical a este estado de cosas degradado e insoportable (para empezar, financieramente insoportable). Básicamente, porque defender la Nación (reunión de libres e iguales) es defender la democracia, como defender una democracia pasa por defender la Nación contra sus enemigos tanto externos como internos, aunque tanto “constitucionalista” se ponga estupendo al respecto.

Precisamente el gran fracaso del “Estado español” (y “nacional-católico”) franquista fue su incapacidad para nacionalizar a las élites disgregadoras, a las que su rancia ideología suministró involuntariamente argumentos para socavar los fundamentos de la Nación -concepto liberal y democrático, después de todo, en España como en Francia como en los Estados Unidos de América-. De aquellos polvos mitológicos -que si el «iberismo» o «lo vasco es el alcaloide de lo español», que si la «monarquía hispánica» de los Austrias protegió las (presuntas) libertades forales y regionales-, servidos por lo general por eruditos eclesiásticos (muchos de ellos vascos, cuando no catalanes) reconvertidos en propagandistas del régimen, vinieron después las excrecencias identitarias en que chapoteamos hoy día.

En pleno primer cuarto del siglo XXI, los españoles queremos vivir definitivamente con libertad en nuestra propia patria (como españoles y como ciudadanos) y encima somos amplia mayoría tanto en términos nacionales como en cada región por separado -incluidas provincias vascas y Cataluña, ¡entérense bien, políticos!-, pero luego resulta que para la Izquierda española esto es lo “fascista”, ¿será entonces “lucha patriótica y democrática” únicamente lo de los golpistas catalanistas, lo de los terroristas de la ETA? A otro perro con ese hueso: en la hora actual sólo nos queda Vox.

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