El resentimiento es mutuo

…entre la clase política española y la ciudadanía, sobre todo a partir de la profunda crisis económica mundial de 2007-8, crisis de la que no hemos llegado a recuperarnos los españoles -ni otros países de la UE- ni en tiempos de Rajoy con los indicadores más optimistas y las perspectivas más halagüeñas.

Con el mal fario del Gobierno Sánchez-Iglesias a las puertas de una pandemia que ha acabado por arrasar lo que quedaba estable y próspero -el sector terciario en general, el vinculado a servicios turísticos al extranjero en particular; más la hostelería-, las perspectivas actuales para la sociedad española parecen directamente cegadas.

Pese a todo, las maniobras del pérfido caudillo de Podemos no lograrán ocultar la estrecha relación de sus socios del PSOE sanchista en el Ejecutivo de España con el Madurato venezolano -de tal forma que de allí llegaron unas cuarenta maletas traídas por una jerifalta del régimen matarife que tiene prohibido pisar suelo de la UE, ¿dónde están ahora, Ábalos?-.

Lo que necesariamente ha de redundar en un mayor celo por parte de las autoridades competentes de las que depende librar los fondos europeos para reanimar la exhausta economía nacional, fundamentalmente la de pymes y autónomos, mientras el Ejecutivo PSOE-Podemos pretende arruinarlos para hacerlos dependientes de su Poder.

Hasta ahora -desde la caída de Zapatero a la de Rajoy-, bastaba al PSOE y sus agitadores de la Extrema avivar ese indeleble resentimiento popular contra la Derecha (“los fachas”, “los ricos”) en las calles, las redacciones y los platós, quedando vacíos para la protesta una vez los suyos alcanzaban el Poder (ante el remanso de buen rollo e indudable progresismo a fuer de subvención).

Pero en el momento en que se quiebra de manera general la confianza en la clase política, en sus prácticas habituales y en los modos que tienen sus miembros de relacionarse -reducido todo de pronto a tejemanejes de corrupción política y económica, entreverados con ambiciosos afanes o vanidades delirantes-, todo torna a volverse incierto… electoralmente.

A su vez, también los políticos parecen haber perdido el respeto por las formas democráticas, no ya respecto a los adversarios partidistas: respecto a los mismos electores. Y es que hace mucho en verdad que recurren a sondeos y estadísticas, que prefieren a comunicarse directamente con sus bases y los posibles votantes en general -aquéllos por lo visto dicen siempre la verdad, cuando éstos se dedican a hacer preguntas y a demandar explicaciones-.

Es el triunfo de la vídeopolítica o política/dictadura de la Imagen, socavada únicamente por el masivo y deletéreo abuso de las redes sociales por parte del común y, paradójicamente, por la manipulación perpetrada en ellas de continuo por los propios agentes que sirven al establishment de lo políticamente correcto para la estabulación social.

Definitivamente enrocados en sus comités a puerta cerrada y sus ejecutivas blindadas contra la crítica de propios y ajenos, los partidos españoles que aún se mantienen sobre la lona parecen destinados a lanzar golpes a diestro y siniestro por si alguno suelto lograra noquear al adversario, cuando el peor adversario es ahora el público que abuchea a ambos -así la TVE (o Atresmedia o Mediaset) quite el sonido o vaya a fundido en negro-.

Al menos ya se comienza a conocer los nombres de los principales valedores del Saqueo -Mediapro, Abengoa, Duro Felguera, Globalia…- así como el tipo de aviones (compañía Air Plus Ultra) en que habrán de salir algunos con sus maletas rumbo al Caribe y más allá cualquier día de estos, casi de manera inopinada, por una serie de condenas judiciales en cadena. A ver.

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