La farsa electoral

…tiene que ver con que el régimen llame a urnas con el eslogan “comunismo o libertad” (o “democracia o fascismo”) -¡aunque hablemos de circunscripción única, democrática al cabo!-, cuando sostenemos cifras inverosímiles de parados desde hace décadas e importamos cuasi cotizantes de todas las naciones parias de la Tierra para -dicen que- subvenir al mantenimiento de unas pensiones que se pretenden indexadas (por derechos adquiridos de jornada, que parecen de pernada) al IPC.

Padecemos un sistema que nos tiene atados por los machos a los unos con los otros, sin verdadera libertad personal ni posibilidad real de emancipación del común -de la sociedad-, que es algo a lo que no se presta debida atención política cuando en rigor es lo que ha permitido la prosperidad toda y la libertad con mayúsculas en Occidente de un par de siglos atrás a nuestros días: no estar sujetos necesariamente a ningún proyecto colectivo concreto, sino poder elegir nuestro destino en uno.

Ahora que se aprecia claramente la erosión, la verdadera degradación de esta visión de la vida (de estas ideas tan genéricas como acertadas) en los mismos USA que la consagraron como modelo universal de conducta y proyecto moral para todos los hombres, parece que a los madrileños les queda votar por Ayuso como a los ingleses apostar por el Brexit y Johnson y a los franceses elegir a Marine Le Pen como nueva presidenta de la República, pero no obviemos la cuestión principal.

Occidente se ha convertido en un geriátrico o centro de esparcimiento de mentalidades cansadas, sin esperanza o nada que decir al respecto de nada -aunque sólo sea por no ofender demasiado a nadie, a cualquiera- mientras el inmenso resto de la Humanidad que aguarda impaciente a asaltar nuestras fronteras se desenerva a cada nueva muestra de debilidad, de decrepitud, de insolencia propia de vejestorio que muestran unas élites globales tan caducas como soberbiamente descreídas.

Y, a la postre, resulta que el último faro (¡la luz!) susceptible de guiarnos hacia nuevos futuros se encuentra entre nosotros, en nuestra misma mirada crítica hacia las autoridades, los responsables, la dirigencia, la casta de los gestores… Que desde luego se hallan bajo control, y sometidos al escrutinio de la opinión pública, en sociedades maduras (civilizadas) sean más o menos democráticas. Quisiera creer que es el caso de la española; pero prefiero creer que pudiera ser el caso: el 4-M, para mí, será un aperitivo (o mero divertimento); la farsa consumada.

Lo que me interesa ver es lo que vendrá después.

Vendidos al oro persa

…desde hace mucho ya, casi desde el mismo momento en que cayó el Muro y Occidente decidió caer sobre Rusia y sus ex posesiones y dominios, a la par que decidía convertir a China en el mayor mercado del mundo y a los países árabes en afables aliados exportadores de petróleo y multimillonarias inversiones en la construcción, los servicios financieros, las infraestructuras turísticas…

Hasta que llegó el ansia por tener -aparte de cientos de caballos corriendo en USA y en Francia, caso de los amos de los petrodólares- una serie de clubes de fútbol a modo de símbolo del nuevo poder emergente en los otrora desdeñados países que no participaban de las glorias y lujurias del capitalismo occidental: afluyó el maná desde la ex URSS, China, Arabia… y hoy es el día que todas esas potencias esperan -gracias a sus benefactores encubiertos- el retorno de la inversión, que no sólo ni principalmente es económico.

Porque mal puede Occidente (USA y UE) objetar la sistemática violación de derechos humanos perpetrada por los que al par son sus principales partenaires en todo tipo de suculentos negocios a nivel global, ya que son lo suficientemente cobardes como para no exponer jamás al público la verdad de las cosas -con sus consiguientes conclusiones y sacrificios- y tan interesados como para dejarse mansamente sobornar por las promesas envenadas de paz y cooperación que les regalan quienes han sometido siempre al servicio de su proyecto las palabras, los pactos y la Verdad.

En rigor, la virtud mayor de esa salida de pata de banco que ha representado el anuncio de la Superliga es que deja al descubierto -para quien aún no hubiera sido capaz de verlo o entreverlo siquiera- que hace mucho también desde que el negocio del fútbol se convirtiera en el fútbol del negocio, con esa innumerable cantidad de traspasos a modo de transacciones financieras que pueden incrementar o no su valor (como las acciones bursátiles) según la venta a corto o a medio plazo: de aquí que existan jugadores con contratos multimillonarios que no llegan a jugar nunca un minuto.

Toda esta basura especulativa ha empobrecido el fútbol, qué duda cabe; pero más ha empobrecido aún a los clubes después de años de reventar el mercado con una serie de genuinos blufs. Hace una década la Liga española era cosa de dos -Barça y Madrid- desde inicios de temporada; pero su juego del gallina ha acabado por depararles plantillas inasequibles y únicamente (¡!) susceptibles de ganar unas cuantas Champions… con lo que tampoco les llega: ¿será que el Fútbol es ingrato?

Pero en la jugada de crear una Superliga del Fútbol Global con los Mejores Equipos del Mundo están hasta el cuello los europeos y los magnates USA, los de China e India, Arabia y Rusia; así que no parece ser Florentino Pérez el único Lex Luthor sobre el planeta Tierra: en tanto los grandes jerarcas del Fútbol y del Dinero (y del Poder, del que no son tan distinguibles en muchos países, cada vez menos) planean los grandes eventos del siglo presente, con faramalla de retransmisiones por TV y apuestas por la Red, los pobres hinchas queman banderas en señal de protesta.

Es el nuevo tiempo de la Impostura internacional y del Capitalismo sin barreras ni escrúpulos, que mantiene a esos “ganadores de la Globalización” apostando desesperadamente para no perderlo todo a manos de sus pares, cuando el resto de la población mundial asiste entre impávida y estupefacta a este auténtico separatismo de las oligarquías multimillonarias y acaparadoras en todos los órdenes -de la Cultura al Deporte y de la Moral al Dinero- mientras los colosales bloques geopolíticos entran en colisión con Ejércitos que no pertenecen más que al ansia totalitaria de Poder.

En medio, atrapados o expulsados, los desharrapados desheredados del Progreso; y no en mucho tiempo todos los demás, entre el Saqueo de los coaligados (Dinero y Poder) y las fatuas promesas de los Redentores de todo pelaje: socialistas, islamistas, tribalistas… La pesadilla del Nuevo Mundo.

La pulsión nihilista

..de nuestra sociedad se evidencia cada vez que salen a la luz los datos sobre natalidad, bastante más indicativos que los de densidad de población para obtener cierta imagen fija de nuestra sociedad: un jubilado de más de 75 años que espera su segunda dosis de la vacuna antiCovid para poder seguir cuidando del único nieto de su descendencia de tres o cuatro hijos.

Claro que ahora mismo la mitad o casi de los hijos de la generación jubilada -pongamos que de 65 a 90 años- se encuentra en ERTE o en el mismo puto paro, tal vez desde hace meses o desde hace un par de años, y sin visos de salir de la estacada; claro que muchos de ellos no necesitan tampoco trabajar, viven de algunas rentas heredadas y propias: invirtieron en ladrillo mucho antes de la crisis…

Así que de no ser liquidada la opción antisistema de Podemos, la grave crisis económica -disfrazada o al fin traducida como “grave crisis sociopolítica”- podría cronificarse, volverse endémica, y suscitar finalmente ese estado especial de convulsión civil -en cada ciudad, calle a calle- que hace imposible la convivencia, incierta hasta la mera coexistencia, y propicia básicamente la erección de caudillos de bandas criminales y facciones violentas como garantes de la seguridad particular.

O sea: lo que se perpetró en el 34 por parte de PSOE-UGT, CNT, ERC y PNV; y lo que devino la tan manoseada como lastimera “II República Española” desde los primeros días del 36 hasta la derrota definitiva (!) del Frente Popular el 39, precisamente después de que los últimos reductos de poder del Frente se enzarzaran entre sí en una auténtica batalla sin cuartel por las calles de Madrid -como antes sucedió en Barcelona entre los estalinistas y los “hitlero-trotskistas” de CNT y POUM-. 

Ahora se trata de trasladar al imaginario público una especie de “Batalla por Madrid” (¿la del 36 o la del 39?), pero no cuaja; la cuestión es mucho más sencilla y se reduce a elegir entre lo bueno conocido en la gestión, que resulta además tolerante con la generalidad, o lo malo asumido como rasgo distintivo por el criminoso caudillejo de Podemos Pablo Iglesias y su chusma adicta de violentos extremistas de todo pelaje. 

El PSOE en el Gobierno está a la espera ansiosa de lo que suceda, aunque vayan quemándose en la campaña de manera tan torpe como innecesaria, y su propio candidato es el convidado de piedra al que todo el mundo hubiera podido invitar como “allegado” en las pasadas fiestas de Navidades sin mayor preocupación… Pero votarlo ya es otra cosa, ya.

Aun y todo, nada es descartable en esta España debido a la citada pulsión nihilista de sus gentes, que parecen vivir como si no hubiera un mañana ni delante ni -lo que es peor- detrás de sí mismas, lo que no redunda fácilmente en la asunción de valores y virtudes como el compromiso, la honradez, la templanza, la previsión ahorradora o la ética del (y en el) trabajo; ¡como para tratar de asuntos como el sacrificio, la disciplina, la urbanidad o la exigencia de responsabilidades a nuestros representantes!

Nos hemos acostumbrado quizás a esperar que nada puede durar demasiado -ni el mal español de los últimos quinientos o mil años, ni los males de nuestra joven (cuarentona ya) democracia, ni la crítica situación económica de los jóvenes, de los parados de larga duración, de las pequeñas empresas, de la misma Administración…-, porque de lo contrario no se comprende tanto hartazgo sofocado, tanta paciencia nerviosa, ¡tan pocas ganas ya hasta de hablar mal de nosotros mismos!

O tal vez se trate de mero senequismo, ¡más cornadas da el hambre! Si lo sabrán los del gremio…

Haga como yo, que soy el que mando

…y por lo tanto siempre voy a tener razón; en rigor, es el pensamiento totalitario elevado a su máxima expresión, si bien abstracta y como tal abstracción susceptible de ser contagiada a las masas, a cualquiera, como un virus de autosuficiencia inmune a cualquier objeción de índole política, estética o moral.

Así tenemos a tantas autoridades en la hora presente, no ya políticas sino “sanitarias”, y muchas de ellas meros auxiliares de enfermería, que decretan la estupidez de la especie humana ante sus propias y evidentes carencias, con una nula capacidad de autocrítica que raya a estas alturas en lo patológico no menos que en lo criminal: ¡médicos que, como Céline, quisieran arreglar las cosas!

Hemos llegado a un punto tal de dependencia respecto a cualquier tipo de autoridad erigida en Sanación del Mundo que asistimos a las consecuencias de la aplastante y horrible lógica del Estado del Bienestar, ahora Estado-Medicalizado o Estado-Establo, desde el triage tristemente célebre -del que algunos médicos de extraña vocación prácticamente se vanaglorian- hasta el subasteo de vacunas.

Una verdadera ola de dimisiones de la responsabilidad, de arriba abajo y de abajo arriba, que cuestiona como ninguna otra crisis o denuncia regeneracionista los fundamentos todos del Estado, y de la sociedad que ha contribuido a crear en España como en los principales países occidentales a ambos lados del Atlántico.

Inquisidores de toda laya mascullan consignas que cambian en pocas horas de signo, guiados -o más bien desorientados- por gurús de porosas convicciones y métodos fraudulentos, en los medios así como en los escaños, en las tribunas de la (pretendida) Ciencia en no mucho menor grado que en las desacreditadas facultades de no pensamiento, no deliberación y no acción que pasan por templos del Saber.

Y a todo esto, ¿no era Franco el que despachó a un ministro (o a varios) con ese anecdótico “Haga como yo: no se meta en política” elevado a categoría de lo políticamente maquiavélico castizo? En verdad así obraron los españoles durante tres décadas y media, honradamente o no, hasta que el Felipismo vino a establecer lo de “Hazte rico y no mires con quién”.

Todavía aquello pudo resultar divertido, sobre todo comparado con lo de ahora, cuando todo en la estrategia actual de los que mandan se reduce a confundir, dividir, amedrentar y enfrentar a todos contra todos, a cuenta de la pandemia, del sexo, de la vieja guerra del 36 o de lo que se tercie. Y los presuntos y presumidos “expertos” (médicos, periodistas, historiadores, catedráticos, economistas…) en disposición de combate, a la pata coja, dispuestos a marchar al paso de la oca.

Les conviene que haya tensión

…a nuestros habituales fascistas de la Izquierda -válgame la redundancia- por ver de confundir a la gente con aquello del “conflicto”, cuando las hostias siempre las reparten los mismos a los mismos que las aguantan con mayor o menor estoicismo, mientras la Policía hace sólo lo que puede y todavía reciben sus miembros los palos de la turba que habrían de llevarse sus inmediatos superiores y los dirigentes políticos que rehúsan hacer valer su monopolio de la violencia.

Viene siendo así desde hace medio siglo, pero como el “conflicto” parecía circunscrito a las provincias vascas quien más quien menos confiaba en que la situación mejoraría con el tiempo… hasta que se extendió a Cataluña y Madrid y ha permanecido latente desde entonces hasta prácticamente los (ne)fastos que siguieron al 11-M de 2004 -algaradas promovidas por el PSOE y sus aliados antisistema- y más aún después del 15-M de 2011 que vio nacer (darse a conocer públicamente) a Podemos.

Progresivamente, la corrosión de la legalidad y del mismo respeto democrático a los adversarios políticos y a las instituciones ha producido la práctica destrucción del entramado de convivencia conocido como “régimen del 78”, hasta el punto de que las fuerzas contrarias al liderazgo del PSOE -al frente de la entente anticonstitucional de la que participan Podemos, ERC y Bildu (ETA) significadamente entre otras facciones- son calificadas de “ultraderecha” con vistas a expulsarlas del sistema.

Ciertamente, poco éxito podría cosechar esta estrategia sin la entrega de los medios de comunicación a una falsaria vocación de salvapatrias, presuntamente “democrática”, que no oculta sino un estéril y fraudulento elitismo apoyado en la ignorancia fanática de los biempensantes sin contacto con la realidad. Una casta aún más perversa que la de los políticos por sus fantasiosas ideas sobre la sociedad, por su particular y asumida irresponsabilidad práctica y por su cinismo inmaduro (que de ambos aspectos deriva) cuando son pillados en falta.

Así, ya no se puede saber cuándo conviene más al Poder, a sus sicarios o a sus medios de reproducción de propaganda fomentar la violencia, porque todos parecen en extremo dependientes de la existencia de un enemigo ominoso al que endosar todos los extremos del mal para poder cargar contra él sin ambages ni escrúpulos. Sed de violencia, “nos conviene que haya tensión”; para acto seguido pasar a escenificar los roles de víctimas y agraviados secularmente. La matraca de siempre, al servicio de los dictadores de la hora.

En todo caso, ahora como en el 34, siempre el PSOE instigando al enfrentamiento civil: siempre.

“Los niños son fascistas”

…me dijo un amigo a nuestros 18-19 años, y me parece que no se refería -o no sólo- a la tiranía sobre los padres (tan reciente como creciente), sino a sus relaciones con la realidad y con el entorno en que se desenvuelven naturalmente, lo que incluye a otros niños como ellos a los que muy pronto identificarán (como iguales o desiguales), clasificarán (como mejores o peores) y acabarán por elegir (como amigos o enemigos).

La ocurrencia en sí -el desarrollo es mío- me pareció graciosa, aunque no recuerdo a qué venía, pero supongo que a cuenta de constatar la tremenda violencia (física y verbal) que se ejerce durante la infancia contra propios y ajenos, entre los niños así como entre las niñas, a veces producto de una repensada malicia, otras de manera espontánea, pero siempre liberada contra aquellos precisamente desiguales, “peores”, débiles, enfermos…

De ahí la pura lógica de colegios y centros educativos de distinto tipo para atender a los alumnos con discapacidad o desventajas patentes, lo cual no incluye desde luego a los bajitos, gordos, larguiruchos, seisdedos y demás que puedan verse en algún momento dado “desiguales” o “peores” que la media de sus compañeros escolares. Porque precisamente la Igualdad política democrática consiste en tratar igual a los desiguales.

Así que los niños se comportan como nazis, cuando ahora miro retrospectivamente a mi propia infancia, pero sólo una ínfima minoría de ellos lo hace por sadismo o rencor, mucho menos por ideología: tan sólo se trata de criaturas que buscan su espacio vital a codazos y dentelladas, hasta que llegan a la edad (si han sido debidamente formados moralmente) en que son capaces de sentir piedad, compasión o mera indiferencia por los desfavorecidos del mundo.

Mi amigo se refería probablemente también a esa exuberante vitalidad y falta de miedo ante el riesgo que caracteriza a los niños cuando se los deja un poco libres, un poco salvajes -lo que equivale a atestiguar que todo hombre sin una tradición moral devendría en depredador bajo el signo de la esvástica (o cualquier otro)-, y se dedican básicamente a competir, pelear o apalizar a algún otro “inferior” a ellos. Aunque también les pueda dar por jugar a algo.

Por eso la educación tiene que ver con modelos decentes, propios de adultos y no de adolescentes tatuados hasta las cejas, y bebe asimismo de la fuente constante de la tradición -el legado de los que nos antecedieron enfrentando los mismos problemas esenciales que tenemos y tendrán siempre los hombres ante sí-, y no se deja arredrar por los espasmódicos modos de unos infantes ignorantes, puro nervio o pura dejación, agresivos e incuriosos.

Todo lo contrario: la educación consiste en encauzar esas desbordantes energías, alimentando la curiosidad con la multiplicación de los puntos de vista con que se puede acometer el estudio de la naturaleza, precisamente en la mente abierta de un niño; y deplorar cada mala acción, cada mal gesto, cada insulto a un semejante “desigual”, cada infracción del código moral que nos convierte en sociedad alejados de la manada -no la de los lobos sino la humana, que es peor-.

En definitiva, porque altos son los sueños idealizados en la infancia, que tan fácilmente engendran monstruos del pensamiento (y de la acción política) si se vuelven crónicos durante la adolescencia, tenía mucha razón mi amigo cuando decía que “los niños son unos fascistas”, unos verdaderos nazis inofensivos en su inmensa mayoría -diría yo-; a no ser que a los 10 o a los 12 años en vez de un buen sopapo por pegar a otro les regalen su primera pistola.

Es así o puede ser así en cualquier lugar del mundo; así que de todos y cada uno depende.