La mala memoria del PNV

…le impide tal vez renunciar a sus siglas EAJ -Eusko Alderdi JELtzaileak, o Partido Vasco de los Partidarios de JEL (Hell!), “Jaungoikoa ‘ta Lege Zarrak”, esto es: “Partidarios de Dios y las Leyes Viejas”- aunque estén manchadas de sangre por su participación en el genuino golpe de Estado de 1934 contra el legítimo gobierno de la II República, o bien después en sus chekas particulares durante la Guerra Civil, o por hacer la vista gorda, un tal Telesforo Monzón, durante los asesinatos masivos en las sacas de las cárceles y los buques-prisión custodiados por el partido de Aguirre, ahora de Urkullu, Ortúzar y demás verracos meapilas descendientes directos de los vencedores del bando nacional de Franco allá por 1939, si bien la paz llegó antes para los vascos (incluidos los abertzales) habida cuenta de que las autoridades de “Euzkadi” rindieron Bilbao a los sublevados para no tener que perder hasta la camisa.

Uno comprende que estos hombres y mujeres del PNV no rindan exaltado culto al Caudillo después de todo lo que le deben -es como la célebre sentencia: “No sé por qué me odian tanto, les habré hecho algún favor”-, pero de ahí a aprobar una Ley de Memoria que les excluye, por ejemplo, de purgar como partido su pasado conspiratorio junto con sus primo-hermanos carlistas con entrenamientos paramilitares de “mendigoixales” en la Italia fascista de Mussolini durante el bienio azañista…

De traición en traición, a los gobiernos de la Restauración y a los de la República y a los del mismo Frente Popular que hasta les había aprobado el Estatuto, el PNV se presenta cada nuevo día como sin mácula alguna de ningún tipo; y, a pesar de que suelo insistir en que la Historia como tal les es completamente ajena a los abertzales por voluntaria y voluntariosa ignorancia -esto es: por desmemoria a voluntad-, cabría pedirles al menos un poco de respeto por sus propios muertos, ya que no son capaces de mostrar ninguno por los ajenos.

Muertos ajenos al PNV pero a quienes se lo deben todo, desde la conservación de la misma vida y las propiedades, pasando por su presunta “legitimidad histórica” entre nosotros los vascos, a todo su poder y hegemonía actual; y en este caso sí voy a meter en el mismo saco a todas sus víctimas propiciatorias, a todos sus chivos expiatorios: carlistas y falangistas, anarquistas y republicanos, miembros de partidos como la UCD, el PSOE, el PP, UPN; servidores públicos de las FSE y de la Administración de Justicia, y los mismos etarras que fueron convertidos por la clerigalla abertzale -antes integrista católica cuando Franco, recuérdese porque el ejemplo preclaro es el maldito obisparra Setién- a la religión del Odio creada por Arana Goiri’tar Sabin, ese pobre enfermo mental.

A todos los que han sido sacrificados en el altar de la Sacrosanta Patria de la Pasta y los Intereses de estos señoritos bizkaitarras que no escarmientan jamás en cabeza ajena cabe finalmente olvidar, si no se les puede en la mayoría de los casos perdonar: han sido desalmados, precisamente; los curitas vascos crearon demonios buscando recrear al mítico “buen vasco religioso y noble y hombre de palabra”.

Y es muy dudoso que en lo futuro vayan a aprender a cómo no ser traidores, divisores, perennemente guerracivilistas en su política de facción de jauntxos reunidos en la anteiglesia de su idealizada Aldea euskadiana. Hasta que no se den la vuelta las tornas, una vez más, y nos los encontremos de nuevo con otra chaqueta: como cuando Franco veraneaba en San Sebastián y se aparecían por el Puerto con sus boinas azules a hacerle toda clase de homenajes y reverencias. En rigor, siguen siendo los mismos desde los años setenta, si no antes: son los que viniendo del anterior régimen vieron que debían jurar la ikurriña y la farsa de los fueros o serían asesinados como tantos de sus compañeros.

La lista es larga, y no se salva prácticamente ninguno: básicamente porque, de no haber apoyado a Franco -¿no fue el naviero Ramón de la Sota quien le compraba a los ingleses la gasolina y demás para el Generalísimo del Ejército Nacional?-, no hubieran medrado después de la manera en que lo hicieron, comenzando por el felizmente extinto Javier Arzalluz -alguien de quien los propios jefes etarras en los tiempos más duros del terrorismo llegaron a pensar que prefería que siguieran asesinando-. ¿Pero acaso no eran casi todos los primeros jefes de la ETA hijos de la alta y no tan alta burguesía vasca educados en colegios de la Iglesia Católica?

A ver cuándo la ETaB retransmite algo al respecto… Para ir haciendo memoria, vaya.

Las sociedades con mala conciencia

…dejan pronto de ser democráticas, asaltadas por la carcoma disolvente de los que desean vivir precisamente a costa de la presumible culpa -o pecado original de clase (en puridad, según la visión marxista, de estamento), de raza (de identidad) o de sexo (de “género”, entendido como adscripción ideológica)- de la mayoría que se anhela sojuzgar con la coartada para más inri de su redención.

Pero es que no tiene de antemano que haber siquiera posibilidad de “mala conciencia” en una sociedad actual, sobre todo si es plural como digo (democrática, establecida libremente como régimen de opinión pública), porque ¿cómo presuponer una conciencia social única (unívoca) en lo que consideramos una reunión convenida de particulares (los plurales) libres e iguales ante la Ley?

Dado además que las sociedades con semejante prurito de autoexigencia y culpabilización -¿por los crímenes de quién?- instan, obsesionadas tal vez por el Día del Juicio Final, a penar obligatoriamente a todos los ciudadanos, eliminan progresivamente las fuentes de discrepancia, crítica o heterodoxia respecto a la Versión Oficial que se determina instaurar en un momento puntual -puede que “con carácter provisional”-, y de ahí en adelante.

Siguiendo estrictamente el proceso inverso, allí donde el Poder reside en una esfera superior y ajena -perfectamente separada- del Pueblo, con sus castas y jerarquías propias, se constriñe a los individuos a olvidar la realidad de los hechos, los crímenes masivos cometidos prácticamente delante de sus ojos, porque conviene erradicar toda posible “mala conciencia” (un recuerdo, siquiera, de la inocencia violada) de lo que no es sino otro avatar del Poder o “Encarnación de la Voluntad del Pueblo”.

Un Poder, pongamos que ejercido por un Partido único, que desde luego no puede permitirse ese tipo de residuo de la “moral burguesa”, pues asume que la mala conciencia destruye la integridad moral de las sociedades democráticas, llenas a rebosar de millones de individuos libres y creativos y trabajadores que voluntariamente conviven y contribuyen al bienestar del resto, de todos, del Común (“E pluribus unum”)… Que es lo contrario al Movimiento Totalitario.

Por ello, hoy como ayer, la Internacional Comunista fomenta la culpa en los regímenes que considera enemigos (o por lo menos rivales de sus intereses y políticas) mientras se dedica a ocultar, silenciar o justificar su ilimitada responsabilidad criminal por las decenas de millones de víctimas que causó en el siglo XX y continúa dejando a su paso en su demencial e inagotable vocación despótica de designio global, ¡total!

Y su amenaza, ciertamente, no parecía cernirse tan peligrosa desde hace lo menos medio siglo.

Rechazo de las leyes de reclutamiento

…es lo que cabría mostrar, al ritmo de los Pogues, si por las venas de los españoles corriera algo más que los restos de antiviruses, ansiolíticos, somníferos y posos de alcohol y resto de drogas duras (legales e ilegales) que nos vamos administrando día a día para poder transcurrir en este tiempo de Sánchez y compañía.

Y a despecho de que el protoCaudillo pretenda uniformarnos, con la falsa promesa añadida de que él en persona acaudillará las huestes de la Nueva Solidaridad Socialista, lo cierto es que como un Luis Enrique esquizoide podría provocar exactamente el efecto contrario como reacción en cadena de todo lo que en verdad se opone a sus designios megalómanos.

Pues no me imagino desfilando con marcialidad a todos aquellos que han hecho del disimulo y la discreción -“ahora no toca”, “es mejor dejar las cosas tranquilas”-, o del confort más bien precario y del bienestar fingido -“si digo lo que sé me la juego”, “es que yo tengo familia”-, las bases todas de este sistema de silencios cómplices y cobardías bien remuneradas.

Ni siquiera apetece ya dar más nombres: al final sabrá cada uno qué le reclama su conciencia; pero lo cierto es que entre los que carecen de tal -como el primer psicópata del país, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, y su adicto Iván Redondo, carente asimismo de escrúpulos de cualquier índole- y los puramente inconscientes de la situación…

“Españoles, la Patria está en peligro: corred a salvarla”, alertaba el afamado bando del alcalde de Móstoles en aquel Mayo Español en que verdaderamente fue la Nación la que se levantó contra el Invasor, y no sólo contra él -que también hubieron de guardarse las élites de la furia popular, de la gente, de los españoles de a pie… hasta que se reunieron de nuevo con ellos-.

Hoy la épica no pasa por sus mejores momentos, pero algo más que la Ayusada y sus tímidas consecuencias posteriores va a hacer falta para galvanizar una vez más a todas esas bases fecundas de la Nación Española que tan sólo están esperando -como en aquel 3 de octubre de 2017 con el discurso del Rey, ahora en apariencia tan remoto- un liderazgo firme y arrojado contra sus enemigos.

La hora es clara, las caretas ya cayeron mucho antes que las mascarillas -con la llegada de Zapatero al Poder en 2004 y su asunción de un “proyecto nuevo” para España, que pasaba por el Tinell y el negociado con la ETA; o lo que es lo mismo: por la exclusión del PP del nuevo régimen que iba a buscar legitimación en la fraudulenta victoria electoral del Frente Popular en 1936-.

El PSOE vuelve otra vez a las andadas prácticamente con los mismos aliados o “compañeros de viaje” que entonces -comunistas y “antisistema” (antaño anarquistas), ERC, PNV… Se trata de esa eterna Guerra Civil que no aceptan perder no ya en el pasado histórico, dado que efectivamente la perdieron, sino en “el Futuro”, último mantra y refugio de absolución para esta escuela de canallas.

No deberán extrañar entonces, de lograr sus propósitos la siniestra entente que nos desgobierna, las manifestaciones masivas de encuadramiento patriótico a lo chino -amenazan, a fin de cuentas, con “requisas de bienes” en la inconstitucional nueva Ley de Seguridad Nacional- a las que concurrirán encandilados nuestros profes de madrasa universitaria, los activos y pasivos del entramado LGQTvoyacontar, y demás caterva parasitaria.

Y al fin puede que todos tengamos lo que en verdad nos merecemos por nuestra pasividad de lustros, impostada o resignada, que tan bien hemos sabido conciliar con un mero nivel de vida poco exigente con cualquier deber cívico o patriótico, pero muy cómoda al fin de poder disponer de horas sin cuento para los consiguientes atracones de series de TV.