Cuando los aliados quedan reducidos a colaboradores

…resulta sencillo imaginar que se ha producido una falla en la confianza mutua, pues desde luego no es lo mismo (ni en la política ni en el terreno militar, ni en el mundo empresarial ni en las propias relaciones personales) una alianza que una colaboración, dado que no son iguales sus presupuestos, implicación y sacrificio, ni la asunción de responsabilidades compartidas.

De atender a lo que sucede actualmente en Afganistán, podría parecer que los USA nunca se tomaron en serio la alianza con sectores o grupos dominantes en su objetivo de erradicar la amenaza talibán -objetivo que ahora la administración Biden parece querer disimular con la mención exclusiva a la red terrorista internacional Al Qaeda-.

Algo discutible a tenor de los esfuerzos de financiación de la formación y adiestramiento de unas Fuerzas Armadas de Afganistán dignas de tal nombre, así que cabría indagar en los motivos que condujeron a los USA a retirar su apoyo logístico (munición, medios aéreos y otros) prácticamente de la noche a la mañana; como, por cierto, en el caso de los kurdos.

Verdaderos y útiles aliados sobre el terreno, “los kurdos” -aquellas facciones ajenas al PKK y con preferencia suníes- se convirtieron ya desde la Primera Guerra del Golfo a principios de los 90 del siglo pasado en el contingente terrestre más relevante para los USA en Oriente Medio*, sólo que lo que valía para hostigar al régimen de Sadam Husein también resultaba molesto para el vecino turco.

De entonces a hoy, la islamización ideológica de Turquía perpetrada por Erdogan no ha impedido el recurso a un nacionalismo exacerbado como medio de presionar a los USA respecto al Kurdistán, mientras elude mencionar por obvia su propia condición de aliado de Occidente integrado en la OTAN.

La base de Incirlik es el principal aeródromo con que cuenta USA en la zona -un buen balcón mediterráneo sobre el Oriente Medio-, si bien su principal base naval está en Bahrein y mantiene importantes contingentes de tropas en Kuwait y Qatar, y otras bases aéreas en Arabia Saudí, aparte de su infraestructura en el Irak ocupado postSadam.

Además, en lo que debiera preocupar a los europeos con urgencia, Turquía sirve de tapón oriental de Occidente a las múltiples amenazas procedentes de la inestabilidad regional, desde las migraciones masivas a las incursiones islamistas, desde la penetración terrorista a la de las organizaciones criminales traficantes de armas, drogas y personas.

No es difícil imaginar por tanto la renuencia de los USA a perder un aliado tradicional y asentado, con Estado propio -lo que vale tanto para Turquía como para los países árabes del Golfo Pérsico-, para mantener y mejorar su relación con esos kurdos que tan bien han combatido sobre el terreno como aliados, ¿o se trataba únicamente de meros “colaboradores”?

EL EXTRAÑO CASO DEL ALIADO AFGANO

Por todo esto extraña tanto que los USA, con una base operativa en Bagram no inferior en importancia a las antedichas en el Oriente Medio, haya decidido finalmente rebajar a “colaboradores” a militares y civiles afganos prooccidentales en vez de conferir el estatus de “aliado” al Estado afgano en sí.

Un aliado en la zona que debería combatir a los talibanes con retaguardia fija en Pakistán, como a otros grupos extremistas y/o terroristas de la región, así como representar precisamente el papel de “amigo de Occidente” frente a potencias tales como la misma Pakistán, el Irán de los ayatolás o la China comunista.

Ciertamente, no parece que las élites afganas hayan estado a la altura en ningún momento, con tanta afición a las desavenencias como a la corrupción, en un país lejos de parecerse a una Nación occidental y con un Estado en permanente construcción. Lo que no deja de representar el genuino fracaso de la misión internacional liderada por los USA, dicho sea de paso.

Tal vez la opción radical desde el principio debiera haber sido la imposición de una dictadura militar y posteriormente civil, como en Japón y Alemania inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial, hasta erigir un Estado capaz de hacer llegar la Ley a todos los confines del territorio.

Evidentemente, algo más que perspectiva científica y económica, y que la más desarrollada perspicacia política, habría sido menester para lograr un éxito decisivo en una región atravesada secularmente por bandidos y señores de la guerra, pueblos enteros e imperios de todo pelaje; porque, a fin de cuentas, Afganistán parece la tierra de nadie entre estados bien delimitados por fronteras.

Pero de atender únicamente al coste incalculable de dos décadas de ocupación militar -tan parcial como intermitente en ciertas regiones del país-, no habría estado mal tener las ideas claras de partida, o al menos rectificar sobre la marcha; o, lo más mínimo, establecer una retirada segura y un mensaje claro a los ya no “aliados”, sino “colaboradores”, de repente convertidos en “refugiados”.

Lo que se ha visto, muy al contrario, ha sido el ridículo político de los USA y no menos el de las otras potencias occidentales, que a fuer de fungir de ilustrados antiamericanos “cuando toca” se han encontrado con la más plástica de las realidades geoestratégicas: cuando el que tiene el poder militar disuasorio se retira, todos los demás han de salir corriendo detrás de él.

*Nota: «Oriente Medio» es la traducción literal de Middle East, término empleado por la Prensa en USA tanto como en el Reino Unido para referirse a nuestro entrañable Oriente Próximo -como hace décadas que España no tiene ninguna política exterior, mucho menos en aquella zona, utilizo el término «globalizado» (como hace, por lo demás, nuestra deplorable Prensa), así que espero que los puristas lo pasen por alto-.

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