Hacia la Democracia Orgánica

…y el Gobierno Corporativo -es decir, el Fascismo- nos encamina el Doctor Sánchez como caudillo de “este tiempo nuevo”, ansioso de controlar el CGPJ como de utilizar el TC para continuar con la liquidación del presente régimen, del Estado constitucional y de la misma Soberanía Nacional, motivo fundamental por el que debiera ser juzgado como traidor de lesa patria. “Lo justo es lo que es justo para Alemania”, que dijo Hitler -que podría decir Putin respecto a Rusia- y que podría decir Sánchez respecto a su persona, a falta de un mínimo de patriotismo.

Pero buena parte de las sociedades occidentales respiran un aire similar, con unas castas políticas enfeudadas a las oligarquías mediático-financieras, a su vez entregada a las coimas públicas que les brindan nuestros gobernantes, mientras se acusa de “populismo” a los que critican semejante diversión de la gestión política hacia el mero Saqueo Institucionalizado con las coartadas dispares de “la lucha contra el cambio climático” o “la lucha contra Putin”.

Nuestras sociedades ya no parecen democráticas porque hace tiempo que entregaron sus libertades a cambio de la protección mafiosa de los gestores “del Bienestar”, que harto aburridos de su vida muelle gracias al soborno de las masas han invertido sus mayores esfuerzos a la caída del Muro en expandir sus intereses y negociados por todo el globo, de ahí que China roce la hegemonía mundial mientras Putin aspirar a recuperar la de la URSS.

¿Qué tienen enfrente estos dos colosos? Unas dirigencias cada vez más desconectadas de sus gobernados, a su vez cada vez menos implicados en las cuestiones públicas que les atañen por culpa del bombardeo masivo de imágenes irrelevantes y falsos discursos, aparte de por una molicie estimulada desde el Poder con su ideología sustitutiva de las religiones tradicionales, ese Socialismo pedestre que se impone a todos por cobardía y mera falta de educación política.

Ahora bien, la onerosa factura del cambalache la pagamos los ciudadanos con sociedades cada vez más asustadas, incapaces de compromiso, de asumir riesgos o de cumplir con los más elementales de sus deberes, lo que sólo puede degenerar en más paro, mayor empobrecimiento general, crisis demográfica y definitiva quiebra del Estado asistencial: véanse los casos de Venezuela y Argentina, donde el exilio masivo sustituye a la baja natalidad de los países europeos como factor deletéreo para el país.

Lo más chocante es que esta enorme transformación política y económica (“social”) se esté produciendo ante los ojos que miran el mundo entero a través de las pantallas de la tele, del ordenador o del móvil, y no parezca surgir por ningún sitio un fuerte movimiento de verdadera contestación a este estado de cosas, embarrado al par el terreno de la opinión pública por todo ese guirigay de presuntos derechos y la orgía del revisionismo histórico “antidiscriminación”.

Tanto que da la impresión de que algunos, da lo mismo que sean de “los de arriba” o de “los de abajo”, van a despertarse cualquier día sin saber realmente si lo hacen en el mundo virtual del Multiverso o en el no menos aparentemente irreal que nos deparan los agendados a 2030: “No tendrás nada y serás feliz”. O sea: como un uigur después de las debidas clases de reeducación.

 Un futuro feliz en un mundo irreconocible, gobernado por el Partido Global y con sus gestores corporativos al frente de los estaditos multiculturales dedicados a tiempo completo a la extracción de materias primas para que La Máquina nunca se detenga. Es casi el modelo perfecto de totalitarismo, pero es que ¿acaso ha dejado de perfeccionarse desde hace ya más de un siglo?

La desconexión con las élites es total

…en una sociedad donde los trámites burocráticos indispensables se han vuelto cada vez más arduos, pese al desfasado incremento de plantillas -de suyo desfasadas, obsoletas prácticamente a los pocos años por falta de estándares básicos de promoción vía adecuación al puesto de trabajo, más la existencia de cientos de miles de parásitos enchufados sin tareas concretar a desarrollar-, y pese a las jacarandosas declaraciones favorables a la automatización de los servicios en una denominada “sociedad de servicios” donde la Administración es la primera que no cumple con lo que predica.

Pero hablamos de la misma dirigencia de socialistas de todos los partidos en la mayoría de los gobiernos europeos donde, a la Caída del Muro, decidieron lucrarse ilimitadamente a cuenta de los cuentos verdes de diversas pseudociencias, así que viniéndose abajo la permanente campaña de “lucha contra el hambre” en África, donde hay tanto que seguir saqueando entre todos -USA, China, Rusia, Francia, etc.-, les ha dado por la “lucha contra el cambio climático” pese a las onerosas consecuencias de renunciar a la energía nuclear, quedando subyugados por el contrario a los potentados exportadores de combustibles fósiles, ¡menudo progreso!

Debe de tratarse de un entreguismo voluntario a las tesis comunistas y a su fracasado modelo en Corea del Norte y Cuba, como en Rusia y la misma China, ese fenómeno mediático que mantiene campos de concentración donde encierra a millones, mientras experimenta con la población urbana a través de esos confinamientos tan extraños, cuando no ha acabado de esclarecer el origen del SARS-Cov-2 y se dedica a una agresiva expansión militarista por el Océano Pacífico. Pero qué duda cabe de que el Partido Comunista Chino cuenta con recursos de sobra para sobornar a decenas de miles de políticos europeos, sobre todo si carecen de honor y patriotismo.

En éstas estamos, absortos contemplando el dedo de la invasión rusa en Ucrania, cuando son nuestros propios dirigentes los que no han cesado de poner en almoneda la seguridad y el bienestar de sus gobernados, se llamen Schroeder o Merkel, Scholz o Macron, sean los cobardes dirigentes de países como Holanda o Bélgica, los negligentes de los países escandinavos o los sinvergüenzas de España o Italia. Vendidos al oro persa, tratando de renegociar con Putin sus comisiones, sus prebendas, sobre la sangre de decenas de miles de muertos ucranianos y millones de damnificados. Ésa es la catadura moral de los líderes de la UE.

Y lo cierto a estas alturas es que aún cabría pedir como español, dado lo razonable del empeño, que nuestro país volviera a ser soberano, neutral e independiente, alejado de esas brumas de la Historia reciente de Europa que nos pillan tan al Este, que son la base conjetural de la misma existencia de la UE, que han quedado ahora despejadas nuevamente con el Brexit y con la invasión rusa de Ucrania, sobre todo después de haber asistido a las reacciones principales de los dirigentes citados y varios otros en estos últimos cinco meses. A mí me da vergüenza que se me pueda considerar “ciudadano europeo”. Claro que hace mucho, muchísimo tiempo, décadas incluso, que se hace bastante duro también ser “ciudadano español”.

El objetivo de Putin es la hegemonía

…aun compartida con los EEUU y China, por lo que no parece que la invasión de Ucrania haya sido una mera opción por “jugar fuerte” y contar con las mejores bazas para una posterior negociación. En rigor, da la impresión de que ambas partes contendientes, y negociadoras, esperan ganar tiempo o más bien perderlo, dilatar en el tiempo una posible solución pacífica al actual escenario bélico.

En el caso del gobierno ucraniano, a la espera básicamente de que las sanciones contra el régimen ruso castiguen lo suficiente el esfuerzo de guerra de Putin, y a la propia población sometida a sus dictados, como para lograr que éste afloje su yugo o directamente desista de su empeño. Por parte de los invasores, a la expectativa de los movimientos de la OTAN que podrían obstaculizar la consecución de sus próximos objetivos: del Báltico a los Balcanes.

Se ha hablado mucho de cómo en la mentalidad de Putin, asumiendo en sí la conciencia toda de la Madre Rusia, pesa como ninguna otra razón para la actual ofensiva la sensación mantenida de humillación de la otrora potencia soviética a manos de Occidente, concretamente a partir de lo sucedido en la Guerra de los Balcanes a principios de los 90, cuando la agresiva Serbia de Milosevic fue derrotada por la OTAN ante la inacción rusa.

Ahora este remedo de zar soviético que es Putin, como Milosevic pasara sin solución de continuidad de ser presidente comunista a líder del nacionalismo racista serbio, pretenderá hacer ver a las inermes potencias europeas que la “neutralidad” de Ucrania es el único modelo aceptable por parte de su régimen para la mayoría de las naciones de la UE, incluida con toda probabilidad Alemania, soslayada Francia y descartado por supuesto el Reino Unido británico.

Por todo ello, más allá o más acá de la pertenencia a la UE o la participación en la OTAN, los ciudadanos de las naciones europeas deberían ser plenamente conscientes de que lo que está en juego es la propia soberanía e independencia de las mismas frente al imperialismo ruso, en liza con los que Putin reputa como otros imperialismos similares, de EEUU y Reino Unido a Turquía y China. El viejo juego que viene dándose desde el siglo XIX, al menos.

Razón principal por la que la UE ha de establecer su propia y autónoma Alianza para la Defensa de sus estados miembro, único modo de preservar la democracia en cada uno y de proteger su particular esfera de influencia en el mundo a través del comercio, la cultura y la política.

 Porque, ahora ya a todos debiera parecer claro, sin una capacidad bélica de primer orden capaz de disuadir de aventuras como la presente a rusos, chinos e incluso “atlantistas”, la voz de Europa no se hará jamás escuchar como propia, luego no podrá a la postre influir en nada.

El argumento de que Rusia es víctima

…resulta chocante, cuando se habla del expansionismo de la OTAN -Pío Moa, entre nosotros-, porque basta echar un vistazo al mapa, sobre todo si es esférico, para comprobar que difícilmente puede ser rodeado por la OTAN el país más inmenso del mundo, con multitud de bases navales con salida a los principales océanos del planeta, aun si se diera el caso de bloqueo turco hacia el Mediterráneo y quedara asimismo cerrado el Báltico -¿pero no es acaso Rusia desde siempre, antes de la URSS, la que ha amenazado a las naciones bálticas y a Finlandia?-.

Pues Rusia por el Este tiene acceso al Pacífico por el Ártico y por el Mar del Japón, que no resulta una amenaza para nadie desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Al sureste limita con China -¿acaso es su enemigo declarado?- y al sur con unas repúblicas centroasiáticas en las que se mantiene la esfera de influencia de tiempos soviéticos, como Kazajstán; su acceso al Mediterráneo podría obtenerlo gracias a su alianza de facto con Siria, ¿pero acaso la Turquía de Erdogan le ha supuesto algún tipo de amenaza a Putin hasta la fecha?

Pretender que Ucrania es el agresor por una política gubernamental “antirrusa” es plagiar los argumentos del tirano Putin, que no es que sea presentado así por la “propaganda USA”, es que se ha comportado así desde que llegó al Kremlin, y no en vano los asesinatos perpetrados desde entonces contra periodistas, opositores y activistas de los derechos humanos se han convertido en moneda corriente con la que paga el exKGB a los “traidores” y “vendidos”.

¿Pero vendidos a quién, si puede saberse? Navalni fue envenenado a instancias de Putin, como Skripal o Litvinenko, sólo que aquél no era un espía disidente al que otro camarada le ajustaba las cuentas, sino el líder de un partido político democrático que también promete lo mejor para Rusia, pero no a través de alimentar los peores sentimientos y rencores xenófobos, victimismos de los que se retroalimenta Putin revestido de sus particulares galas zaristo-estalinistas.

HISTORIA A LA CARTA

Porque ha sido Putin el que no ha perdido la oportunidad de conmemorar a la soviética el papel triunfal de una URSS dirigida con puño de hierro por Stalin, porque derrotó finalmente a los nazis, mientras enlaza con naturalidad la epopeya medieval del Rus de Kiev -fundado por vikingos Varegos, ¡luego suecos!- con las grandes gestas antinapoleónicas y la Guerra de Liberación para la que Stalin no dudó en apelar a los nobles sentimientos por la “Madre Rusia”.

Ahora resulta que hay que deslindar ciertos horrores de la Historia reciente, como el Holodomor perpetrado por ese mismo Stalin que glorifica Putin, según la ideología -¡fueron los comunistas, no los rusos!- y no la nacionalidad, pero entonces cabe admitir que los ucranianos “antirrusos” hagan lo mismo pero a la inversa -¡fueron los rusos, no los comunistas!-, aunque les valga también la síntesis: “fueron comunistas, rusos y ucranianos”. Sobre todo frente a Putin.

Porque a fin de cuentas las afinidades sentimentales son claras, cuando los ucranianos tachados de “nazis” quieren entrar en la Unión Europea, y los nazis “internacionalistas” (¡antiglobalización!) de medio mundo quieren liquidarla -y se encuentran a gusto con Putin-, y los “prorrusos” en Ucrania, ya sea por “antinazismo” -“no son antirrusos, son pronazis“- o por nostalgia de los tiempos comunistas, quieren volver al seno de la Gran Madre Soviética.

Que obviamente siempre fue Rusia, la sucesora del anterior Estado zarista, extendido por doquier con el recurso esencial a la Policía política asimismo heredada del antiguo régimen. Sin Rusia, el más terrible Imperialismo que haya conocido la Historia no hubiera sido posible, porque no hubiera existido siquiera la URSS. Desde Rusia se extendió su pestífera esencia por todo el mundo, como un virus, gracias a los adelantos introducidos por Lenin, Trotsky y otros.

RUSIA SE EXPANDE DESDE HACE MIL AÑOS

Pero mientras que a Alemania se le ha cargado el Holocausto de manera inmisericorde -y con muy justas razones- desde hace ocho décadas, a la implosión de la URSS no siguió ningún Núremberg, por lo que no es de extrañar que Rusia, o la sociedad rusa que otorgó el Poder a Putin y ha decidido mantenerlo en él hasta la fecha, decidiera que lo mejor para mirar al futuro era convertir a Rusia en la principal víctima de la URSS, limpia de polvo y paja.

En todo caso, por mucho que haya quienes entiendan/entendamos cierto sentimiento de humillación de una importante parte de los rusos por lo que juzgan una incomprensión algo injusta de la Rusia postsoviética por parte de Occidente, la única política de Putin desde que llegó a la Presidencia en 1999 ha sido la de expandir las zonas de influencia de Rusia, más allá incluso de los límites anteriores a la Gran Guerra.

Primero se ocupó Putin de Chechenia, cuya capital Grozni fue objeto de bombardeos contra la población civil como ahora Kiev y las demás ciudades ucranianas, aparte de la política criminal de guerra que incluía la tortura y la violación de civiles. Luego siguieron Ingushetia y Daguestán, repúblicas caucásicas, antes de la intervención militar rusa en Georgia, todo ello para 2009. ¿De verdad en todo este tiempo la OTAN ha representado una amenaza para Putin?

Y de nuevo, si echamos una mirada al globo, comprobaremos que la política de alianzas de la Rusia de Putin desde 1999 a hoy no ha sido precisamente prooccidental, sino de refuerzo de sus antaño aliados de la hora soviética: de Irán a Siria, de Cuba a Venezuela, con ejercicios militares conjuntos cada tanto con China, que tiene su propio plan de expansión imperialista aunque tal vez, y por culpa de la agresión de Putin, ahora sea a largo, cuando convenga, con paciencia confuciana.

CONCLUSIÓN: PUTIN ES CULPABLE

El régimen de Putin es culpable como agresor de una potencia sin mediar amenaza bélica alguna por parte de ésta, y así ha de ser considerado por la ONU y por el conjunto de las naciones soberanas del mundo. Pero, ¿hasta qué punto es Rusia culpable ahora mismo de los dislates despóticos de su “presidente electo”? Para los que entienden/entendemos que Putin es un tirano, la heroicidad requerida en Rusia para plantarle cara raya en la conducta suicida.

Pero, ¿qué hay de los que piensan que este nuevo Napoleón eslavo viene a la Cruzada por los Eternos Valores Morales de la Familia, la Patria y la Religión? ¿De veras entienden ellos que el pueblo ruso o la sociedad rusa está con la política del caudillo imperialista Putin? ¿De qué entonces la necesidad de reprimir por miles a los propios ciudadanos rusos que se manifiestan por las calles?

¿Qué entienden algunos, exactamente, con lo de que “Rusia es la víctima” o “Rusia está amenazada”, exactamente? ¿Qué Rusia: sus gentes o la imagen de estampita que tienen algunos de las patrias? Y en cuanto a Putin, que no está loco: ¿qué tiene para ofrecer a los rusos si pierde la guerra? Nada. ¿Y si gana? Nada, o muy poco. Luego como la rata, de verse él -no Rusia, sino su tirano- acorralado, es cuando más peligroso se tornará.

El momento es tremendamente delicado, y se trata de algo de lo que se podría hablar durante años -si tuviéramos tanto tiempo-, porque a fin de cuentas es el fin definitivo del Orden nacido de la Alianza de USA y URSS contra Alemania y Japón durante la SGM a lo que nos enfrentamos, y que sólo la Guerra parece capaz de simplificar decisivamente. Ahora bien, si no cabe encontrarle salida a Putin, deberá quedar claro que sí la hay para Rusia. Pese a todo.

En realidad, la Segunda Guerra Mundial aún no ha terminado

…y de hecho es cosa sabida en la comunidad de historiadores, porque de lo contrario no se entienden conflictos como los de Ucrania, pero tampoco los de China con Taiwán, el de Israel en Palestina, la partición de Corea y tantos otros asuntos de las relaciones internacionales que han sido soslayados, a conciencia o por despiste, en las últimas tres décadas de vida inteligente en Occidente.

Al respecto, un dato clásico de la historiografía es que la SGM comenzó el 1 de septiembre de 1939 cuando las tropas alemanas invadieron Polonia por el Oeste del país a las órdenes del dictador nazi Adolf Hitler, pero suele soslayarse -cuando no se oculta deliberadamente- que las tropas de la URSS (fundamentalmente rusas) del dictador comunista Josif Stalin penetraron por el Este el 17 de septiembre, siendo aplastada toda resistencia polaca para el 6 de octubre.

En respuesta a la invasión, Inglaterra y Francia le declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre… pero jamás a la URSS, posterior aliado en la contienda, que a su vez se dedicó a tratar de invadir Finlandia apenas dos meses y medio después, con estrepitoso fracaso por su parte. Pero una guerra que supuestamente empezó por la invasión de Polonia terminó no menos supuestamente con su práctica entrega a uno de sus invasores, la URSS de Stalin.

En la partida de las conferencias que se jugaron, entre trago y mucho trago, los dos gigantes de la hora, Churchill y Stalin, (cierta) Europa quedó ciertamente repartida entre los vencedores según las denominadas “áreas de influencia” que, una vez unificada la parte de useños, británicos y franceses, validó el “telón de acero” detrás del cual quedaron Polonia y Hungría, Bulgaria y Rumanía, y hasta Checoslovaquia, cuya capital Praga se encuentra al oeste de Viena.

En Grecia aún hubo de librarse una cruenta guerra civil para liquidar a la guerrilla comunista, mientras la Yugoslavia de Tito iba a avanzar por esa especie de tercera vía “autogestionaria”. Media Alemania quedó asimismo al otro lado del Muro, que no sólo era físicamente una pared con alambradas y torretas de vigilancia, como se ha demostrado durante estas tres últimas décadas que han seguido a su destrucción material.

ELLA SIEMPRE DICE NO

La partida que ahora juega “Europa” se complica al asumir la perspectiva del “líder” de la UE, una Alemania cargada de complejos, remordimientos y también cierto rencor hacia Occidente, y no hablo meramente de su clase política, más bien acomodaticia, “tolerante” siempre a favor de los vientos -“veletismo” lo llamamos por aquí- y consecuentemente corrompida por los vicios y placeres del “Bienestar Social” tanto como por el nihilismo relativista y suicida.

Una sociedad que no parece haber comprendido que la raíz del mal hitleriano, una especie de racismo espiritual tanto como fisiológico, intelectual y hasta cuasi religioso, no brota del militarismo prusiano sino de la filosofía idealista -de Hegel a Heidegger, ¡la conjura de los idealistas alemanes!- que no deja de deslumbrar a tanto tonto con ínfulas de sabihondo, de oscuro arúspice de los designios de la Historia, desvelador de secretas claves teleológicas…

Así que es de agradecer la noticia de que el actual canciller de Alemania haya decidido apostar por la Defensa, siendo como es Scholz el primero de su partido (PSD) en gobernar después de Schroeder, vendido al Estado ruso vía Gazprom antes incluso de haber abandonado la presidencia del Gobierno, si bien se trata de quien fue reelegido pese a su inepcia por la hazaña de acercarse con impermeable y botas a saludar a la gente durante unas graves riadas.

Queda por recordar, pese al empalagoso unánime elogio en su reciente despedida del cargo, a quien tantas responsabilidad tiene en la situación presente, la ex canciller Angela Merkel, no menos enfeudada a Rusia, no menos responsable de las anteriores cesiones a Putin en Georgia y Ucrania, y en la misma Siria, o en Libia, donde Obama y ella jugaron a redentores de la Humanidad en nombre de ¡la democracia! antes de tener que dejarlo todo en manos rusas y turcas.

PUTIN ES EL ÚNICO AGRESOR

Pero ha bastado la invasión de Ucrania, que ahora da la impresión de ser un paso en falso de Putin, para que toda la “realpolitik” anterior apuntada, más que apuntalada, por una Alemania desmilitarizada, desnuclearizada y hasta despolitizada -la disparatada legislación “de género” y “trans” rige para Polonia y Hungría, ¿pero no para Rusia o China, campeones en la violación sistemática de los derechos humanos, como Irán o Cuba o Venezuela?- se haya venido abajo.

Hay que celebrarlo, precisamente en un momento de franca (presunta) retirada de la República Imperial de los USA de media Europa y medio Asia, aunque a la postre no les quedará otra a los useños que volver a intervenir: ¿o es que pretenden que, como la Gran Bretaña de antaño, pueden vivir un “espléndido aislamiento” los que se encuentran entre el Pacífico y el Atlántico, con la Rusia de Putin al Norte y la América Roja al Sur?

No sólo es que no puedan permitírselo, es que ya van tarde parando a chinos y rusos en el hemisferio que debiera ser de su casi exclusiva incumbencia -“America para los americanos”, según Monroe-, ya que España (y con ella la UE) ha desertado de cualquier responsabilidad desde la masacre terrorista del 11-M en Madrid, con la llegada de Rodríguez Zapatero al Poder, a nuestros días, patética “Alianza de Civilizaciones” mediante (y patético Rajoy también).

Así que cuando el dictador Putin se atreve incluso a amenazar a países como Suecia o Finlandia, cuando las tres repúblicas bálticas (Letonia, Estonia y Lituania) entienden que serán el siguiente plato con no mucha mayor preocupación que Polonia y Hungría, Bulgaria y Rumanía, y hasta la misma Turquía (miembro relevante de la OTAN) decide cerrar el acceso al Mediterráneo a los buques rusos… se puede declarar que Rusia es, efectivamente, el enemigo.

UCRANIA NO DEBE CAER, CUBA SÍ

Y si quisiéramos, si nos atreviéramos a mirar con una “visión global” la situación política del mundo todo, con especial atención al respeto de los derechos humanos más básicos de nuestros congéneres, entenderíamos enseguida que resistir hasta la victoria en Ucrania, hasta la retirada rusa y el colapso del régimen de Putin, es la única opción a día de hoy no ya para la fofa “Europa”, sino para todos los pueblos oprimidos por el comunismo en América, Asia y África.

Más allá de la torva propaganda de los De Prada que justifican a Putin, o los Pablo Iglesias que aducen “cabalgar contradicciones” para hacer lo propio con Putin, Xi Jinping y los ayatolás de Irán, de todos aquellos que alegan enfrentarse al “Nuevo Orden Mundial” por “uniformizador” cada vez que han de armar sus tramoyas y escenarios, discursos de propaganda antiUSA y demás, tenemos a las juventudes de Cuba y Ucrania, de Nicaragua y de Hong-Kong, de medio mundo no-occidental dispuestas a conquistar la libertad por sus propias manos.

Así que, como rezaba esa canción: “Si no piensas ayudar, échate a un lado”.

Los estúpidos debates de nuestro tiempo

…nos tienen al cabo inquiriéndonos sobre si un tenista serbio puede entrar fumándose un Marlboro en un establecimiento público, tal que una taberna o un restaurante o un pub, al haber recibido una exención dudosa por su gran mérito sobre las canchas, ¿o se trata de su ejemplaridad como fumador libremente responsable pero ajeno a las normas del local?

Simultáneamente, tenemos al pequeño dictador del país vecino renuente a obligar a la población que gobierna a vacunarse, pero dispuesto no menos a joderla viva si no lo hace, y luego están los pesadísimos tribunales de tantos y tantos países diciéndoles de manera exasperada a nuestros gobernantes que no saben hacer las leyes que convienen, técnicamente.

Otros lanzan cruzadas por libertades inverosímiles, y pretenden que como odian a Lenin se les debe recoger en el regazo de la Sagrada Causa de la Libertad, como si ésta estuviera perfectamente desvinculada de los hombres y las sociedades reales, que en medio de una peste, ahora como hace mil años, deben procurar en primer término la salvaguarda de vidas.

Un fallo en la comunicación global, como si fuera un fallo global en la comunicación, es la consecuencia (no sé bien por qué) inesperada de esta crisis coronavírica, cuando en rigor hubiera valido el comunicado del brote antes de 2020 por parte de las autoridades chinas, y las subsiguientes medidas de cierre de fronteras y reclusión forzosa, para atajar en buena medida el mal.

No sólo no se produjo, sino que la distorsión fue la tónica en la política de comunicación del buró del Partido Comunista Chino, genuina peste de nuestro tiempo de la que sólo pueden venir males mayores en todos los ámbitos para el mundo entero, no sólo para nosotros, por mucho que Occidente lleve haciéndose el sueco al respecto lo menos medio siglo.

Pero si China es el Mal, los sujetos como Djokovic son su quinta columna en el amedrentado Occidente, no menos que los Bill Gates o las Kamala Harris, los apóstoles de la medievalización de Europa y EEUU como Greta Thunberg o nuestro pobre tonto pero millonario comunista Alberto Garzón, el demediado Pablo Iglesias o la exageradamente cursi Yolanda Díaz.

Con Rusia llamando a las puertas otra vez, como acostumbra también desde hace mil años, Alemania se ve ahora impelida a amenazar con la suspensión del tratado sobre el gas que la mantiene funcionando desde hace dos décadas, por culpa del entreguismo progre de sus élites no menos que por su aversión verde a las nucleares y por su política exterior vegana.

En esta tesitura, cuando la guerra abierta por los recursos energéticos del Planeta ha estallado hace tiempo, una administración USA en franca retirada deja al aire la estrategia toda de una UE sin Ejército, sin Energía, sin Política Común Exterior -¿cuál es el grado de ignominia que ha alcanzado respecto a Venezuela y Cuba, Siria o Libia, y tantos otros países?- y sin proyecto alguno.

Que pretendan a la vez imponernos la absurda agenda 2030/2050 de los milmillonarios progres, nihilistas, como los citados antes, que sólo piensan en sobrevivir a la muerte como sea porque no pueden imaginarse un mundo sin ellos mismos -a diferencia de lo que les pasa a 9 de cada 10 de los 7.600 millones de seres humanos-, ofrece una cruda imagen del presente real.

No son líderes de nada, sino casta amorfa, de seres cuasi virtuales, fascinados por la propia desproporción de sus dineros y poderes, pero a la postre mortales y errados como cualquiera de nosotros, sólo que más peligrosos por sus codiciosas pretensiones de reforma moral del mundo, de redención universal. De ahí la generación de estos estúpidos debates actuales.

Los que saben ver, y además tienen un poder real sobre las cosas, conocen de sobra lo que vendrá a continuación, y como todo lo que hasta entonces ha sido reconocible y reconocido puede desintegrarse en apenas unos años: es la Guerra, que todo lo trastoca; y que se permite llamar a la puerta de Occidente precisamente cuando no parece haber nadie detrás para defenderla.

Un Estado que no protege a sus ciudadanos

…aunque éstos meramente tuvieran condición de súbditos, dado que desde Hobbes al menos tiene como función principal y excluyente de otros poderes evitar que se maten entre sí, no puede a la larga ser viable, o no como una Administración moderna que alcanza con su potestad todos los rincones de un territorio.

Tendremos así estados fallidos como muchos lo son efectivamente en África, o alguno peculiar como el de la India, o el del mismo Brasil, no tanto incapaces como impotentes para extender su dominio por todo el territorio que les compete: por las enormes distancias, las insalvables dificultades de la orografía y el clima, el imposible control demográfico…

Dificultades a las que también se enfrentan China o Rusia, pero que resuelven mal que bien con los dispositivos de control y represión que les son inherentes a regímenes como los de Jinping o Putin. Ahora bien, pese a su propaganda, la libertad organiza mejor a los seres humanos que el permanente medio del ordeno y mando y el oscurantismo oficial en los fines.

El Estado de España se ve minado fundamentalmente por los partidos políticos, con sus secretos consensos extraparlamentarios desde hace décadas que no logran ocultar, porque nada mejor pueden aducir, que el “espíritu de concordia” de que se habla tanto con relación a la Transición sólo fue la antesala del apaño, del saqueo y de la corrupción general de las instituciones.

Mal que bien, como recordaban el ex presidente González y el editor de Prisa Cebrián para evitar el único pacto de Estado que ha tenido sentido después del 78, “con el PNV íbamos tirando” de apaño en apaño, con la ETA de por medio, porque se podía hacer todavía mucho dinero en “Euskadi”, como en Cataluña, como en Andalucía… como todavía en Venezuela.  

Pero veinte años después, habiendo sufrido a Zapatero, Rajoy y Sánchez, con el “proceso de paz” devolviéndole parte de la hegemonía política y social a la organización criminal del movimiento abertzale, y con el PNV de guardián de la viña, con los separatistas catalanes yendo de la quiebra de la Generalidad al golpe separatista buscando el enfrentamiento civil sangriento…

Que el presidente con menos escaños y apoyos de toda la historia de la democracia española, incluidos los de la Restauración, se atreva a todo lo que se atreve contra -¡directamente contra!- los intereses, las normas fundamentales, los principios constitucionales del Estado, y no sea desde el mismo Estado que se le deponga, dice mucho acerca de este presunto “régimen democrático y social de derecho”.

Pues no es que el Estado español sea incapaz de restablecer el orden y la ley en todo el territorio, haciendo entrar en vereda a todos y cada uno de los representantes y cargos públicos, políticos y funcionarios; es que resulta que el Estado ha sido parasitado y corrompido del 78 a acá por los principales partidos políticos nacionales y regionales.

Unos partidos que se han enquistado en el funcionamiento ordinario de la Administración, desde la cual han extendido sus tentáculos hacia la gran empresa, los medios de comunicación, el mundo de la cultura y la universidad, etc. Y luego andamos a vueltas con la reforma o no de la Constitución, cuando ésta no se cumple en lo más básico porque los partidos no quieren.

Occidente se retira de todos los frentes

…en consecuencia con su falta de fe en un Orden liderado por sus valores y principios -si es que a estas alturas mantiene alguno diferente a “hacer negocios”-, lo que más acá de Afganistán implica la pérdida acelerada de cualquier tipo de régimen amigo en el hemisferio suroccidental: precisamente en América, la América española.

La Internacional Socialista del Foro de Sao Paulo alcanza por tanto metas y objetivos que les parecían vedados apenas hace una década, y todo ello mientras los EEUU de Obama y los Clinton se dedicaban a meterle el ojo a Putin en su esfera de dominio, mientras se vendían a China y se volvían a olvidar de la defensa sistemática de los derechos humanos.

Porque el llamado “intervencionismo humanitario” ha tenido episodios más chuscos que los de Afganistán e Irak, caso de las “primaveras árabes” en Libia o Egipto, o en la mismísima Siria salvada a la postre de su desintegración por el descaro rampante de un Putin al que se pretendía desafiar en Ucrania hasta que decidió ocupar (y quedarse con) Crimea.

Nada que la diplomacia conjunta de la UE y la OTAN no pueda empeorar, con sus remilgos en la actuación que desmienten una a una sus rotundas condenas a los desmanes de potencias, a estas horas de la partida, declaradamente enemigas de los intereses y de la misma esencia de Occidente; del citado respeto a los derechos elementales de los individuos.

Afganistán no será por tanto más que símbolo del presunto fracaso militar de Occidente, que fácilmente enjugarán el cine y los medios al uso hablando del “avispero afgano” y cosas por el estilo; pero lo que indica a las claras la retirada de los USA y sus aliados de un terreno lejos de haber sido pacificado (¿misión cumplida, entonces?) es la falta de voluntad de victoria.

¿Para qué vencer sobre un terreno yermo? ¿Sería legítimo, de hecho, imponer el modelo occidental a una población tan dispar étnicamente, tan lejana incluso físicamente de constituir una Nación como las que reconocemos habitualmente? ¿Para qué se fue, en definitivas cuentas, a Afganistán? Pues básicamente para erradicar la amenaza talibán, cosa que no se ha conseguido.

Pronto veremos por tanto las grúas con cadáveres colgando -como en el Irán de Jomeini, como en el Afganistán de hace dos décadas-, como volverán las lapidaciones de mujeres “adúlteras” o meramente contestatarias, o de los señalados como “blasfemos”, o de todo aquel que no conciba vivir nuevamente bajo un régimen de terror islámico y decida rebelarse contra el mismo.

¿Dónde quedará Occidente entonces? ¿Acaso reducido a las pantallas de TV en permanente retransmisión de los horrores del mundo? La cuestión mayor es que en nuestros días ya no nos es permitida la ignorancia sobre lo que sucede en el Planeta, porque nos sucede a todos y en tiempo real: trátese de un virus de alcance global o de un genocidio en curso.

Y el problema es que la mala conciencia de nuestras opulentas sociedades cansadas y envejecidas no da siquiera para una protesta coherente sobre cómo funcionan la intervenciones militares (y por extensión políticas, y a la inversa) de Occidente, mucho menos para algo que exceda la mera telecompasión para con esas víctimas recurrentes de “esos países” que sirven como autojustificación, en fin, de que “las cosas siempre han sido igual”.

Aquí cabría rematar -aunque sólo fuera por ejercitar la memoria- que esto no es verdad, aunque lo parezca; que depende tanto del enfoque subjetivo como de los criterios éticos con que se juzgue cada situación. Porque a día de hoy la regresión democrática es patente en todos los continentes, luego podemos constatar que “hemos estado mejor que ahora”. Ya solo falta vislumbrar hasta qué punto pueden empeorar las cosas.

Las sociedades con mala conciencia

…dejan pronto de ser democráticas, asaltadas por la carcoma disolvente de los que desean vivir precisamente a costa de la presumible culpa -o pecado original de clase (en puridad, según la visión marxista, de estamento), de raza (de identidad) o de sexo (de “género”, entendido como adscripción ideológica)- de la mayoría que se anhela sojuzgar con la coartada para más inri de su redención.

Pero es que no tiene de antemano que haber siquiera posibilidad de “mala conciencia” en una sociedad actual, sobre todo si es plural como digo (democrática, establecida libremente como régimen de opinión pública), porque ¿cómo presuponer una conciencia social única (unívoca) en lo que consideramos una reunión convenida de particulares (los plurales) libres e iguales ante la Ley?

Dado además que las sociedades con semejante prurito de autoexigencia y culpabilización -¿por los crímenes de quién?- instan, obsesionadas tal vez por el Día del Juicio Final, a penar obligatoriamente a todos los ciudadanos, eliminan progresivamente las fuentes de discrepancia, crítica o heterodoxia respecto a la Versión Oficial que se determina instaurar en un momento puntual -puede que “con carácter provisional”-, y de ahí en adelante.

Siguiendo estrictamente el proceso inverso, allí donde el Poder reside en una esfera superior y ajena -perfectamente separada- del Pueblo, con sus castas y jerarquías propias, se constriñe a los individuos a olvidar la realidad de los hechos, los crímenes masivos cometidos prácticamente delante de sus ojos, porque conviene erradicar toda posible “mala conciencia” (un recuerdo, siquiera, de la inocencia violada) de lo que no es sino otro avatar del Poder o “Encarnación de la Voluntad del Pueblo”.

Un Poder, pongamos que ejercido por un Partido único, que desde luego no puede permitirse ese tipo de residuo de la “moral burguesa”, pues asume que la mala conciencia destruye la integridad moral de las sociedades democráticas, llenas a rebosar de millones de individuos libres y creativos y trabajadores que voluntariamente conviven y contribuyen al bienestar del resto, de todos, del Común (“E pluribus unum”)… Que es lo contrario al Movimiento Totalitario.

Por ello, hoy como ayer, la Internacional Comunista fomenta la culpa en los regímenes que considera enemigos (o por lo menos rivales de sus intereses y políticas) mientras se dedica a ocultar, silenciar o justificar su ilimitada responsabilidad criminal por las decenas de millones de víctimas que causó en el siglo XX y continúa dejando a su paso en su demencial e inagotable vocación despótica de designio global, ¡total!

Y su amenaza, ciertamente, no parecía cernirse tan peligrosa desde hace lo menos medio siglo.

Rechazo de las leyes de reclutamiento

…es lo que cabría mostrar, al ritmo de los Pogues, si por las venas de los españoles corriera algo más que los restos de antiviruses, ansiolíticos, somníferos y posos de alcohol y resto de drogas duras (legales e ilegales) que nos vamos administrando día a día para poder transcurrir en este tiempo de Sánchez y compañía.

Y a despecho de que el protoCaudillo pretenda uniformarnos, con la falsa promesa añadida de que él en persona acaudillará las huestes de la Nueva Solidaridad Socialista, lo cierto es que como un Luis Enrique esquizoide podría provocar exactamente el efecto contrario como reacción en cadena de todo lo que en verdad se opone a sus designios megalómanos.

Pues no me imagino desfilando con marcialidad a todos aquellos que han hecho del disimulo y la discreción -“ahora no toca”, “es mejor dejar las cosas tranquilas”-, o del confort más bien precario y del bienestar fingido -“si digo lo que sé me la juego”, “es que yo tengo familia”-, las bases todas de este sistema de silencios cómplices y cobardías bien remuneradas.

Ni siquiera apetece ya dar más nombres: al final sabrá cada uno qué le reclama su conciencia; pero lo cierto es que entre los que carecen de tal -como el primer psicópata del país, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, y su adicto Iván Redondo, carente asimismo de escrúpulos de cualquier índole- y los puramente inconscientes de la situación…

“Españoles, la Patria está en peligro: corred a salvarla”, alertaba el afamado bando del alcalde de Móstoles en aquel Mayo Español en que verdaderamente fue la Nación la que se levantó contra el Invasor, y no sólo contra él -que también hubieron de guardarse las élites de la furia popular, de la gente, de los españoles de a pie… hasta que se reunieron de nuevo con ellos-.

Hoy la épica no pasa por sus mejores momentos, pero algo más que la Ayusada y sus tímidas consecuencias posteriores va a hacer falta para galvanizar una vez más a todas esas bases fecundas de la Nación Española que tan sólo están esperando -como en aquel 3 de octubre de 2017 con el discurso del Rey, ahora en apariencia tan remoto- un liderazgo firme y arrojado contra sus enemigos.

La hora es clara, las caretas ya cayeron mucho antes que las mascarillas -con la llegada de Zapatero al Poder en 2004 y su asunción de un “proyecto nuevo” para España, que pasaba por el Tinell y el negociado con la ETA; o lo que es lo mismo: por la exclusión del PP del nuevo régimen que iba a buscar legitimación en la fraudulenta victoria electoral del Frente Popular en 1936-.

El PSOE vuelve otra vez a las andadas prácticamente con los mismos aliados o “compañeros de viaje” que entonces -comunistas y “antisistema” (antaño anarquistas), ERC, PNV… Se trata de esa eterna Guerra Civil que no aceptan perder no ya en el pasado histórico, dado que efectivamente la perdieron, sino en “el Futuro”, último mantra y refugio de absolución para esta escuela de canallas.

No deberán extrañar entonces, de lograr sus propósitos la siniestra entente que nos desgobierna, las manifestaciones masivas de encuadramiento patriótico a lo chino -amenazan, a fin de cuentas, con “requisas de bienes” en la inconstitucional nueva Ley de Seguridad Nacional- a las que concurrirán encandilados nuestros profes de madrasa universitaria, los activos y pasivos del entramado LGQTvoyacontar, y demás caterva parasitaria.

Y al fin puede que todos tengamos lo que en verdad nos merecemos por nuestra pasividad de lustros, impostada o resignada, que tan bien hemos sabido conciliar con un mero nivel de vida poco exigente con cualquier deber cívico o patriótico, pero muy cómoda al fin de poder disponer de horas sin cuento para los consiguientes atracones de series de TV.