Nochevieja con la ETA sentada a la mesa

…para variar, desde hace ya más de medio siglo, por la sencilla razón de que “el proceso de construcción nacional” demanda bastante más del Terror que de los mensajes navideños del siempre cariacontecido Iñigo Urkullu, lehendakari con el apoyo de menos de una quinta parte de los vascos.

Así las cosas, resulta de lo más burdo a estas alturas de la película que PSOE y PP mantengan que a la organización criminal del separatismo vasco (más bien, abertzale) se la derrotó con la Ley en la mano gracias a las Fuerzas de Seguridad del Estado, cuando lo cierto es que al ir a darse esta oportunidad de liquidación decisiva del terrorismo alguien decidió organizar y ejecutar la masacre del 11-M en 2004 y desde entonces “todos los días son 11-M”.

Ahora mismo parece sorprender o molestar que la ETA mantenga mando en plaza, parapetada tras las siglas de Sortu y Bildu y la denominación genérica de “izquierda abertzale”, aprobándole los presupuestos al PNV en la CAV y al PSOE en Navarra, extendiendo su programa ideológico por escuelas y facultades, medios de comunicación públicos y privados, actividades culturales, festivas, deportivas…

Pero hasta aquí nos han conducido con la coartada de “la Paz” el PSOE y el PNV, a los que se sumó el PP de Mariano Rajoy (que es el realmente existente a día de hoy), tres formaciones más preocupadas por acordonar a Vox que a la ETA, y en esto, desengáñese el último de los engañados, son prácticamente indistintas, y buscan proteger con ello lo mismo: sus diversos privilegios de carácter cuasi estamental en los varios niveles de la Administración española.

Por eso no cabe lamentarse, ni siquiera con la voz de Teresa Jiménez Becerril -que no se ha apeado de la política en dos décadas, siempre a favor de un PP que funciona como ningún otro partido para el blanqueamiento definitivo de “la izquierda abertzale” (vulgo euskonazis)-, de que la ETA siga cautivando a buena parte de la sociedad vasca, y sus marcas y símbolos distintivos fascinando a las nuevas generaciones vasconavarras.

Es que la gente comprende, todos comprendemos, el agotamiento de un sistema de gobierno podrido, que se viene abajo como el vertedero aquél que sepultó a dos personas pero ni de lejos la gigantesca vergüenza de este estado euskadiano de las cosas, ni la inmensa corrupción que aquí se produce de 20 en 20 millones de euros cada vez, a repartir entre los de siempre. ¿Cómo no va a estar la juventud vasca en contra de estos saqueadores tan severos y trajeados?

Juega además contra el PNV el hecho de que sus medidas restrictivas vuelven a colocarlo, pese a los denodados esfuerzos de PRISA y Vocento por hacer del partido de Ortúzar una especie de formación libero-gay (o poco más o menos), en “la Derecha”, estigma que el vasco medio que lleva votando al Partido de Dios durante cuarenta años -antes, venía de apoyar a Franco- quiere ahorrarse “ahora que ETA ya no mata” y somos todos vecinos de nuevo.

Pero, obviamente, si hay “izquierda abertzale” será como oposición a la “derecha abertzale”, motete éste que valdría como definición política neutra si los plumillas de los grandes medios de Prensa no se comportaran todos los días del año como esbirros de la nueva Internacional roja, verde y morada que prescribe el término “extrema derecha” para Vox, Orban y Trump, pero no para los racistas antiespañoles, los ayatolás iraníes o el régimen genocida de Xi Jinping.

UNA RAZA SUPERIOR DE SEÑORITOS MANTENIDOS

Luego, más que alternativa, se podría dar la alternancia entre fuerzas hegemónicas abertzales, apoyadas ora por PSE y Podemos, ora por PSE y PP, sin otro proyecto que no sea seguir parasitando las cuentas públicas, tal como consagra la malhadada Constitución de 1978 -aunque Cayetana se haga la loca-, a pesar de que la gangrena de la sociedad vasca siga extendiéndose mientras sus expectativas demográficas no hacen otra cosa que menguar.

O, dicho de otro modo, ¿quién va a querer ser vasco o vivir aquí sometido a la permanente mentira, el discurso odioso y odiante del etarrismo ambiente, con cada vez menos oportunidades laborales, en este yermo de la Kultura Waska, sometidos al pago del chantaje constante de los terroristas que dicen “lamentar el daño causado” y al par reconocen que era “necesario” y a la vez no ocultan que “lo volverían a hacer”?

Ni a izquierda ni a derecha se revela/rebela nadie, ningún partido o medio o plataforma civil. El futuro pasa por la consunción progresiva del “conflicto vasco”, de no tolerarse la ruptura total entre “Euskadi” y el resto de España o de no alcanzar el punto, que sería de justicia, en que los demás españoles decidan dejar de mantener el balneario abertzale con el fruto de su trabajo y los impuestos aparejados.

Las pensiones de la Raza de los Señores que las pague la Kutxa, o qué.

La mascarada no tiene fin

…y por eso, dos años después del inicio de la pandemia coronavírica que los negacionistas del Gobierno se empeñaron en ignorar hasta que ya fue demasiado tarde, nos quieren de nuevo embozados, amordazados, a instancias de los socios separatistas del Ejecutivo del fraudulento Doctor Sánchez, ERC y PNV, que no saben qué hacer con sus competencias ahora que por vez primera tenían la oportunidad de comportarse como un gobierno de verdad.

Nos quieren con el barbijo aunque sea de babero, después de que no haya habido restricción ninguna al acabar el verano y se hayan sucedido conciertos masivos, maratones de miles de participantes, puentes festivos y los partidos incesantes de la Liga, con los estadios sin límite de aforo, aunque de nuevo haya que insistir en que los contagios se producen mayoritariamente en el puesto de trabajo o en el seno del propio hogar.

Para el caso da igual, dan lo mismo los altos índices de vacunación en España, porque se trata de aparentar que hacen algo por nuestro bien los partidos que, viniendo de celebrar mítines multitudinarios este fin de semana, ahora abogan por prohibirnos la reunión de más de diez personas. Ciertamente, en muy poco deben considerar a sus simpatizantes y afiliados: cualquiera de nosotros vale por cientos de los suyos, a juzgar por las cifras y las proporciones.

Pero se trata de prohibir, no sólo de aparentar: Apariencia y Poder como origen y producto todo del Gobierno Sánchez y de sus adláteres, que se muestran dispuestos a aplicar las medidas más extremas siempre que se ejecuten en nombre de otro, por ejemplo “Madrid” (por no mentar España), y todo para “luchar contra un virus” invisible y todavía no del todo comprendido por los científicos en sus fases y grados de mutación.

Contra lo que no les compete, porque sin información adecuada ninguna de sus medidas restrictivas resulta útil, desde luego se muestran tremendamente concernidos nuestros trasuntos de gobernantes, pero contra lo que de verdad debieran imponer su autoridad y la aplicación rigurosa de las leyes se muestran inermes, indiferentes, tibios o directamente cómplices: desde las algaradas de los separatistas catalanes a las asechanzas de los etarras.

Un bozal es lo que preferirían ponernos, no sé si a todos, para que no sigamos refiriendo las peripecias ridículas pero criminales de este Gobierno del PSOE con el Doctor Fraude a la cabeza, más sus socios bolivarianos de Podemos, apoyado por la ETA, los golpistas catalanes y el demediado PNV del mustio Urkullu, que pacta presupuestos -luego parte de su proyecto político- con los tradicionales representantes de los asesinos (todos ellos, al cabo, abertzales).

Todo vale para este Gobierno, porque todo le da igual a Sánchez: mascarillas lo mismo contra el coronavirus que contra el hedor a cadaverina que desprenden sus pactos, todos ellos encaminados al asesinato de los principios constitucionales y de la misma Nación que se supone que ordenan, todo ello para encaramarse al Poder como última ratio, todo ello de la mano de los enemigos de España, de sus gentes y de la democracia.

Ojalá 2022 sea la tumba del Sanchismo.

La entente PNVSETASUNA

…data al menos desde las misas negras de Loyola (2006) y no opera tal cual en las instituciones, pese a acuerdos puntuales, sino en el ámbito extraparlamentario en el que rige el “cordón sanitario” contra todos aquellos opuestos al “proceso de paz” o la derogación de facto de la Constitución Española tanto en la CAV como en Cataluña.

Antes se podía considerar al PP como objeto de este “cordón sanitario”, pero, habiendo sabido por declaraciones de ese menor de edad llamado Mariano Rajoy que él estaba al cabo de la calle del negociado de Zapatero con los terroristas, sólo cabe concluir que fueron únicamente unas cuantas personas, en la política como en los medios, las que se pretendía excluir.

Por eso cada día que pasa es más bochornoso e impresentable el papel de Carlos Iturgaiz al frente del actual PP vasco, que sirve estrictamente para “acordonar” a Vox en el parlamento vasco ¡de la mano de la entente PNVSETASUNA más los lerdos de Podemos, favorables a las carlistadas de los sacrosantos “derechos históricos” de los vascos y sus instituciones forales!

Todos los partidos en uno, pues, salvo Vox -Cs se coaligó con el PP, ya es casualidad, sólo en las provincias forales vascas y Navarra-, todos a favor de la relegitimación de ETA que es la relegitimación del movimiento abertzale que es la relegitimación del engendro institucional y delirantemente racista conocido como “Euskadi” (“Basque culinary nation” o “Nación foral”).

Francamente, el margen es amplio para la oposición y no sólo para la disidencia, que, como no está remunerada, apenas se da, la verdad, a diferencia de la bien pagada patota de comunistas, peronistas (fascistas), euskonazis, racistas catalanistas, etc. Todos ellos en el Poder, pastando del presupuesto y al par dispuestos a quemar las calles a la mínima ocasión.

Pero, ¿es el PP oposición a este estado de cosas? Y no me refiero ya al PP vasco, que no, sino al PP en general, el de Pablo Casado y Cayetana Álvarez de Toledo, el de Feijóo y el de Ayuso… Pues Rajoy liquidó a María San Gil y a la docena de cargos que aún creían en la derrota de ETA “sin pagar precio político” y también… que el PP de Rajoy les respaldaba en su postura.

Luego pasaron los Basagoiti, Quiroga, Alonso, antes de volver Iturgaiz, pero siempre fue Alfonso Alonso con Oyarzábal, Maroto y Sémper los que dirigieron ese abrazo al consenso que Joseba Egibar, jeltzale plus de Guipúzcoa durante las últimas cuatro décadas de diálogos en la oscuridad con la ETA -el Eguiguren del PNV, vaya-, saludó diciendo aquello de “el PP ha pasado de no existir a existir”: de los 17 escaños conseguidos en 2005 a los 6 de ahora de PP+Cs.

Era Sémper el que decía, en entrevista muy chic publicada por la sesuda Jot Down, que había que “construir el futuro con Bildu”, que ya sabemos lo que son y lo que pretenden, sobre todo después de escucharle a Arnaldo Otegi explicar cómo iban a pactar “presos por presupuestos” después de haber simulado apenas horas antes que lamentaba el “daño causado” a las víctimas de ETA.

ESPERANDO A GODOT

Ciertamente, sostiene al respecto Sémper diez años después -la actualidad manda- de celebrar esa presunta renuncia de ETA al Terror que “hay que pasar de la exigencia de las palabras a las exigencias de los hechos”, es decir: fuoh. La lengua de madera de que hace gala la mitad de los tertulianos televisivos, sino las tres cuartas partes de ellos: la nada con sifón.

Algo así podrían haber dicho (y de hecho dijeron) Zapatero o Rubalcaba, Rajoy, Alonso, Eguiguren, Urkullu, Egibar y cualquier día de éstos Pedro Sánchez -pero en este último caso el Doctor Fraude lo dirá no como reproche, sino para que le aprueben alguna otra cosa (decretos, leyes, vetos, sus mentiras habituales en el Parlamento) que necesite en un momento dado-.

Es tan claro, tan obscenamente idílico el panorama de Konsenso radical en el “ámbito de decisión vasco” -del que llegó a hablar el propio Alonso con respecto a “Madrid” (en realidad, Génova)-, que sólo consuela el hecho de que al menos los principales traidores de la trama están políticamente muertos, pero ¿pretenderá resucitarlos Pablo Casado? Quién sabe.

De momento, Iturgaiz parece recién salido de la tumba, remedando torpemente un discurso de hace cuarto de siglo. Y Mayor Oreja, de romería: puede que sea mejor así. Abascal es alavés, el único rasgo relacionado vagamente con el “conflicto vasco” que se conoce de Vox. Y todo en este plan.

Parece que habrá que esperar a que entre Cayetana y Rosa Díez pergeñen un nuevo fiasco “constitucionalista”, convencidas de que la fuerza de la Razón hará mella en esta sociedad decrépita de racistas de toda laya, estómagos agradecidos, señoritismo espurio y privilegios institucionalizados. Pero como siguen pensando que el problema es el “nacionalismo”, pues ná’.

Los que justifican el terrorismo son socios del Gobierno

…y esta es una verdad inapelable, en cuanto que llevan una década vendiendo a sus congéneres que gracias a ETA, a su “militancia”, a sus medios criminales en suma, se ha alcanzado lo que la autodenominada “izquierda abertzale” entiende como suculentos objetivos políticos; ergo: el terrorismo no ha sido en balde, aunque haya que (aparentar) “lamentar el daño causado”.

Del mismo modo, los que persiguen el castellano en media España también son socios del Gobierno, especialmente las formaciones despóticas y despilfarradoras que han dejado Cataluña en quiebra económica, cultural, moral y política, mientras a ojos de todos se devanan únicamente en las escaramuzas por los sillones y la gestión de las cuentas del Saqueo.

Asimismo, por si no fuera ya mucho, tanto unos como otros vehiculan sus apoyos al Gobierno a través de terceros, incrustados en el mismo consejo de ministros, que lo mismo sirven para justificar las narcodictaduras bolivarianas, a sus patrocinadores castristas y a sus cortacabezas en el continente tipo FARC, que para armarla gorda con el Polisario o ponerse a los pies de Irán.

Ciertamente, la hora es grave, pero a fuerza de repetirlo no va a pasar más deprisa. Es como si de hecho España toda, y por extensión la UE misma, estuviera en punto muerto respecto a muchísimos de los grandes problemas que ante sí tiene, a punto de comenzar a descender una cuesta a velocidad vertiginosa pero sin motor, ni frenos, ni dirección, ni volante.

Un estado de confusión total, de crisis radical pero sin liderazgos en claro, de Argentina a Canadá, de España a Ucrania, mientras enfrente se crece una alianza no escrita de regímenes cada vez más represivos y descarnadamente antioccidentales, fundamentalmente la Rusia de Putin y la China de Xi Jinping. Y la balanza está a punto de decantarse.

En el interior, las fuerzas más extremistas del último medio siglo español se conjuntan con los que aún se dicen defensores del sistema o incluso de la Constitución (“constitucionalistas”), tal que el PSOE en el Gobierno, cuando en rigor su fin es la destrucción del Estado para desintegrar la Nación Española y quedarse con las regiones que reivindican como propias.

Para el PSOE, quedaría el exiguo botín de una España dividida y miserable, con poco que explotar en realidad, pero su importante posición geoestratégica haría del territorio una cabeza de puente en Europa para cualquier Estado canalla y cualesquiera organizaciones criminales, de cualquier parte del mundo y para cualquier tipo de tráfico: de personas, de drogas, de armas, de información…

Por aquí los medios venden en el entretiempo los importantes “avances” que hacen desde el mundo de ETA para, en principio (no por principios), evitar soliviantar a las víctimas del terrorismo, cuando en rigor se trata de ayudar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a blanquearse a sí mismo después de tanto estrechar, él y sus compañeros del PSOE, tantas manos manchadas de sangre desde hace tanto tiempo.

La sociedad dividida

…es el modelo que consagra el Izquierdismo ideológico cuando se encuentra en el Poder, prevaliéndose de todos los recursos públicos y yugulando parte de los privados con el fin de hacer ver a los propios que todo es necesario en pos de la victoria sobre los otros, pues se trata de victoria o muerte (políticamente hablando), victoria o derrota, pero en todos los órdenes de la vida.

Porque para la casta política la lucha por el Poder es la Vida, y a esa visión del mundo deben someterse los gobernados en todo tiempo y lugar, pues de ahí viene su presunción de legitimidad, de cierta infalibilidad, de necesidad misma para que la Política pueda simplemente existir, no digamos ya un sistema democrático como tal, con su pugna entre las distintas facciones o formaciones de representantes en una sociedad plural.

Pero, ¿es que esto es así? ¿No es la corrupción moral de los partidos la que se extiende por todo el Estado en que se han enquistado desde los inicios del régimen del 78? ¿No es su omnipresencia la que asfixia el Presupuesto, a las empresas y a los particulares? ¿No es su falta de escrúpulos y su evasión de responsabilidades las que tienen la Hacienda a punto de quebrar, comenzando por el insostenible sistema público de pensiones?

Partidos ahora mismo que no acatan la Ley, partidos que proceden del terrorismo, al que en su día sirvieron de pantalla, todos ellos socios en el Gobierno de un partido de historial criminal como el PSOE, que durante un tiempo se presumió liberado de las ataduras de su pasado revolucionario y antidemocrático, básicamente durante los años de Felipe González al frente del partido y del Gobierno de España.

Mas después sólo ha mantenido ciertas trazas de liberalismo democrático para disimular en tiempos de oposición, como en el caso de Zapatero y luego de Sánchez, ambos implicados hasta el cuello, a la hora de la verdad, en otorgar soluciones “de prestigio” a los problemas rarunos de los separatistas de la ETA, ERC, Junts, las CUP y demás ralea -como en el 34, al PSOE todo aliado extremista le parece poco, habiendo fijado ya el objetivo a batir como enemigo.

Por eso ahora, como prácticamente desde el momento en que Pedro Sánchez asaltó el Poder mediante la moción de censura -con el apoyo ya entonces de Podemos, ERC y Bildu-, sólo queda recordar una vez más a las formaciones de oposición, PP y Vox sobre todo, que así como sólo de manera conjunta podrán constituirse en alternativa y echar al Doctor Fraude de La Moncloa, para el Frente de la Izquierda ambos representan un todo que hay que dividir y finalmente liquidar.

Que impere la unidad, entonces; y a por ellos.

Las ideologías furiosas

…son impulsadas en todo tiempo y lugar por aquellos megalómanos que, como el Diablo, cuando se aburren mucho se ponen a pensar en cómo perjudicar al hombre corriente, al que ven pasar todos los días por delante y al que no soportan, en su afán poco común por salvar a la Humanidad de sí misma y atribuirse después el mérito.

Que la llamada “cumbre climática” haya deparado al fin el reconocimiento de la energía nuclear como “verde” no debiera sorprender a nadie, pues entre nosotros lo sostiene el joven economista nonagenario Juan Velarde desde hace medio siglo, o más: barata, limpia y segura, lo que necesita precisamente un país como España con su alta demanda energética tanto en temporada de verano como durante el invierno.

Que los crímenes de índole sexual aumenten exponencialmente a la producción legislativa -dislocada, frívola, inútil- de la Izquierda sobre la materia tampoco es de extrañar, porque lejos de tratar de contener el derrame de gasolina lanzan alegremente sobre el vertido sus cerillas encendidas de ilusión y pretendidas buenas intenciones, que desde luego para nada aseguran la protección física de las maltratadas o de las mujeres en general ante las agresiones violentas.

Que la reinserción, precisamente, de criminales sexuales se quiera conjugar con la criminalización del “heteropatriarcado”, como la ocultación de abusos a menores en centros dependientes de administraciones en manos de los autodenominados “progresistas” se realiza en nombre de la salvaguarda de no se sabe bien qué protección de datos, da otra buena muestra de cómo la ideología perniciosa de los que se proclaman “conscientes” engendra monstruos.

 Que toda la zarrapastrosa negociación presupuestaria, con los privilegios a flor de piel en las manos petitorias de los jefes y chamanes tribalistas de las “nacionalidades y regiones”, se resuelva finalmente con la aprobación de leyes que nos vetan nuestros acreedores, a modo de improbables soluciones que en realidad empeorarían los problemas, da buena cuenta de la desfachatez insólita del primer presidente que ha hecho del Gobierno un ente inútil para gobernar.

Pero es que, a fin de cuentas, ni los recitales de la memoria básicamente antifranquista, revanchista, falsaria, o los de la memoria “sobre el conflicto” desencadenado por los terroristas abertzales apadrinados por la Iglesia y el PNV, ni las componendas de buena sociedad parlamentaria en la que el partido del Gobierno ha incurrido con los golpistas de ERC y de Junts, llegando hasta los inconstitucionales indultos que ahora de nuevo salen a la palestra…

Nada de lo que ha realizado el Gobierno Sánchez en comandita con Podemos ha sido bueno para España y para los españoles, sino todo lo contrario, aunque lo traten de encubrir con mentiras, sobornos a los medios y al “mundo de la Cultura”, ayudas presuntamente directas a los necesitados y demás morralla fascistoide. Todo ha ido encaminado a enquistarse en el Poder y desde ahí destruir cualquier alternativa a su política de saqueo y corrupción.

De ahí la necesidad, cada vez más urgente, de someter todo pensamiento crítico a las falsas verdades de las ideologías furiosas, para sofocar la rebelión intelectual y social, política, a todo este desfasado estado de cosas. Nunca como ahora se había mentido tanto y con tal descarnado cinismo a los ciudadanos sobre la situación, sobre los problemas reales y los retos asumibles, sobre la esencia misma de la vida en sociedad, sobre la convivencia y la democracia.

Y con semejante proyecto de sustitución total de lo Real por la Causa ideológica pretenderá una vez más el demediado líder del PP, Pablo Casado, llegar a pactos de Estado “por el futuro de España” -¡el futuro!, la recurrente promesa de las ideologías que, precisamente, surgieron para denunciar por engañosas las teleologías religiosas y sus promesas de una mejor vida más allá de la muerte-.

Estos “progresistas”, al cabo, nos prometen la penuria en vida y la redención futura, nos certifican la ignorancia de nuestros hijos y sus limitadísimas oportunidades laborales y vitales, mientras se dedican esencialmente, en cuerpo y alma, y como siempre han hecho, a la sustracción de todo lo que aún producen los más afortunados y libres, para llevárselo crudo y seguir presumiendo de conciencia social. Ellos son incorregibles, pero ¿y nosotros?

La connivencia mediática con el “proceso de paz”

…queda más patente si cabe en el “décimo aniversario” de la pantomima proetarra de Ayete, como quedan al descubierto las demás connivencias, no por sangrantes menos verdaderas, del PP de Mariano Rajoy en sus años de oposición (2004-2011) tanto como después, ya en el Gobierno de España con Jorge Fernández Díaz en Interior (2011-2016) haciendo de contacto de José Luis Rodríguez Zapatero para continuar con la “hoja de ruta” pactada por el PSOE directamente con los terroristas.

En el caso de los medios, este miércoles se atreve El Diario Vasco (del grupo Vocento, dueño también del ABC) a titular en su portada “El día que Euskadi renació” para saludar el 20 de octubre de 2011, y si se refiere a que el proyecto de ETA no murió aquel día, sino que renació, entonces sí, por supuesto: es la tesis de Mayor Oreja en un artículo también publicado este miércoles en El Mundo.

Porque parece mentira que la escenificación del “desarme” y de la presunta disolución de ETA con “mediadores internacionales” -todos ellos desprestigiados comisionistas de “la Paz”, empezando por el nefasto Kofi Annan- pueda ser celebrada por quienes no pueden haber olvidado de la noche a la mañana las campañas terroristas contra los medios de comunicación no abertzales, con asesinatos incluidos.

¿Se trataba de miedo, o sólo de negocios? En el caso de El Diario Vasco, ambas cosas o la sublimación de ambas: se trataba y se trata de quedar bien ante los lectores, a los que se supone de entrada amnésicos o conformistas, una vez madurados durante dos décadas en las bondades de “la Paz” con una mafia etasuna en vías de liquidación por el Estado español. Un auténtico lavado de cerebro buenista que nadie como El Diario Vasco acometió con tanta decisión -con, por ejemplo, un Alberto Surio recompensado más tarde con la dirección de la EiTB (2009-2013)-.

Pero no se puede hablar con toda probabilidad de decisión independiente, dado que desde la llegada al Gobierno de Zapatero en 2004 el grupo Vocento se puso a disposición de sus grandes mantras, tanto en lo relativo a la negociación con terroristas como con respecto a la aprobación del inconstitucional Estatut(o) de Cataluña, en lo pertinente a silenciar las verdaderas investigaciones sobre el 11-M tachándolas de conspiranoicas, etc.

Puedo hablar largo y tendido sobre el particular porque fui testigo directo de ello, ya que mientras el hoy cariacontecido José Antonio Zarzalejos se alineaba con la estrategia zapaterista en estos tres asuntos cuando dirigía el ABC por segunda vez (2005-2008), el nuevo proyecto del grupo editorial para coordinar la información de las ediciones digitales de sus distintas cabeceras regionales -proyecto conocido como “Redacción Central” (RC)- fue encargado a… gente procedente de Prisa.

Habida cuenta de que El País y la Ser -Polanco, Cebrián, Felipe González- se encargaron de defenestrar a Redondo Terreros (2001) para aupar a Patxi López -es decir: pilotaron la entrega del PSE al PNV de Ibarretxe y a sus propios apaños con la ETA desde el Pacto de Estella (1998)-, no es de extrañar que con un nuevo presidente del Gobierno decidido a seguir la línea de Jesús Eguiguren de salida negociada para los etarras el mejor modelo (des)informativo para llevarse bien con los que mandan fuera aquél.

Y, efectivamente, conocido el anuncio del primer “alto el fuego” (2006) mis compañeros de RC avanzaron un especial titulado “ETA da el primer paso hacia la paz”, donde ya quedó fijada la línea discursiva para el entreguismo de Vocento a la causa “pacifista”. Desde aquel momento, las víctimas del terrorismo pasaron a resultar sospechosas a la inmensa mayoría de la Prensa patria, porque al parecer ellas eran “parte del problema” o “parte” a secas, “parte interesada” -por cierto, no había pasado un año cuando, pese a los fervientes deseos de paz de los gerifaltes vocentinos y prisaicos, ETA hizo explosionar la terminal 4 de Barajas asesinando a dos personas-.

PARTE DEL PROBLEMA Y NO DE LA SOLUCIÓN

Evidentemente, las víctimas no podían tener mayor interés que apelar a la Justicia para la resolución de los crímenes sin esclarecer y las causas pendientes, el cumplimiento íntegro de las condenas, etc. Pero se las decidió demonizar sibilinamente porque querían tener voz en el “proceso”, un proceso de liquidación gradual de los hechos para sustituirlos por buenas intenciones al que estaban invitados los asesinos, sus portavoces y los habituales recogenueces del PNV y, en esta ocasión, y desde entonces a hoy, también los del PSOE… de Zapatero. O sea: las misas negras de Loyola (2006).

El mismo Alfredo Pérez Rubalcaba, siniestro muñidor de complots y encubridor a tiempo completo de crímenes varios, por entonces ministro del Interior (2006-2011), señalaba como condición indispensable para que fructificase el “proceso” la discreción de los medios de comunicación, a lo que en este país la mayoría de los periodistas se prestó sin dilación, algunos con fruición -como si pensaran de sí mismos que así contribuían a “escribir la Historia”, y encima con “altura de miras”-.

La consecuencia directa de ello fueron brutales campañas de acoso para silenciar a las voces contrarias al negociado político con los terroristas, significativamente las víctimas de ETA, como al por entonces (2004-2008) presidente de la AVT Francisco José Alcaraz, siempre combativo por la Verdad, Justicia, Memoria y Dignidad para sus representados -ahora que es senador por Vox, tercer partido en importancia de España, harían bien los plumillas y flautistas del “proceso” en reconocer que no pudo estar tan mal que la ETA se dedicara a asesinar a “militantes de la extrema derecha”, por ejemplo, que es lo que muchos piensan en su ínterin, después de todo-.

Total, “si quieren la independencia, que se la den”, como sostenía uno de mis citados compañeros “progresistas”, que gracias a su relativismo epistemológico -“todo es relativo”- logró al salir de Vocento la subdirección (2012-2018) y postrer dirección (2018-2021) de uno de esos diarios web -la edición española del Huffington Post- que lee la gente que se considera muy inteligente y progresista, antes de resultar recientemente recompensado por los servicios prestados con un alto cargo en la SER, ¡el de director de Informativos! Efectivamente, se trata de Guillermo Rodríguez Díaz.

De la jefa del equipo de RC, Guiomar del Ser, qué decir: actualmente tiene un alto cargo en El País como responsable de “estrategias y desarrollos” o cosa por el estilo -un comisariado ideológico, supongo, por los antecedentes-. Un diario donde sigue escribiendo el “mensajero de la paz” Luis Rodríguez Aizpeolea, un asiduo de la sede socialista de San Sebastián donde por lo visto escribía libros y otras cosas a cuatro manos con “Txusito”, el dealer del “proceso de paz”, y que este miércoles abre portada con el titular “10 años sin ETA: distensión en Euskadi, bronca en el Congreso”. El relato era esto.

Así que con la práctica totalidad de los medios de entonces embridados -salvo El Mundo, la Cope (hasta 2009), Libertad Digital…-, con las televisiones por descontado en su función única (las 24 horas del día, salvo la publicidad) de reproductoras de la “imagen” o imágenes producidas y servidas por el Poder (a través de la agencia EFE, por ejemplo, ¡o las series de TV!), el “proceso” ha continuado hasta nuestros días porque los que otrora colaboraron, o callaron o se inhibieron, ahora difícilmente van a poder restañar todo el daño causado a la credibilidad de la Prensa, a las víctimas del terrorismo y a las mismas libertades públicas.

NO HAY PEORES CIEGOS

El problema en sí es que la violencia política goza de gran predicamento o buena prensa entre nuestros periodistas españoles y, por lo general, occidentales. Será por aquello de Johnny Rotten de que “el sexo y la violencia son las dos cosas que más venden en este mundo” (de ahí Sex Pistols), lo que vale para el rock y para el cine, para el TV y la Prensa, la Literatura o el Arte.

 Ahora bien, nunca acabé de conocer si se trataba y se trata, en los casos que me ocupan, más de ignorancia algo fanatizada, de interiorizado rechazo básico a la discrepancia -por ser conflictiva o por miedo a la propia automarginación del grupo-, o de connivencia total con los radicalismos, extremismos, terrorismos -sobre todo si son fenómenos recurrentes en sistemas democráticos-, o de mero aventurerismo intelectual al que son muy dados, precisamente, los calientasillas de 40 horas a la semana que al parecer admiran las gestas criminales de los Che Guevara del mundo.

En todo caso, ahora ya es muy tarde para recomponer la realidad -más que fragmentada, hecha añicos- a través de informaciones cualesquiera. Arnaldo Otegi podría llegar a lehendakari en un par de años porque la Justicia doblegada por el PSOE de Zapatero, con el consentimiento del PP de Rajoy, decidió a pesar de las pruebas que no era uno de los “jefes” de ETA, aunque ETA le encargara a él reconstituir su “brazo político” -o sea: el “caso Bateragune”- el año 2008.

Y a la gente le parece bien, claro; a la gente le parece todo bien, o no, pero qué más da, si total… El PNV vende en inglés la marca “Nación Gastronómica Vasca” (Basque Culinary Nation, ¿es en serio?) y en español la “Nación foral” de Urkullu -esto es: la constitucionalización del estamento vasco, privilegiado respecto a la ciudadanía común- y en esto están ya todos más o menos de acuerdo por aquí, por “Euskadi”, de la ETA al PP.

Todos menos Vox, ojo -y el que tenga ojos para ver, que vea: a la mayoría se los sacaron los medios con las mentiras inherentes al “proceso de paz”.  

Pacificar sin desnazificar

…la sociedad vasca es lo que pretendieron (hace diez años ahora) los “mediadores internacionales” que tantas veces se cubrieron de gloria a las puertas del Palacio de Ayete -reconvertido por el entonces alcalde Odón Elorza en “Casa de la Paz”-, siendo por supuesto todos ellos de parte: de la del movimiento abertzale con el PNV a la cabeza acompañado por los tontos útiles del socialismo patrio.

Cabe recordar que la ETA estaba al borde de su extinción operativa antes de la masacre terrorista del 11 de marzo de 2004, en gran medida por la falta de financiación aparejada a la ilegalización de la mayoría de sus organizaciones y empresas pantalla, incluidas (sobre todo) sus formaciones políticas, que ingresaban millones de euros de su presencia en ayuntamientos y parlamentos (forales y autonómicos) de la CAV y la CAN, así como en el propio Congreso.

Por eso resulta tan absurdo como hiriente que uno de los negociadores -de la negopolitik o política de mediación para obtener pingües beneficios, ¡las negociaciones de paz como negocio!- o más bien realizadores de la fraudulenta película “ETA por la Paz”, el británico Jonathan Powell, arguya entrevistado en El Diario Vasco que hay que dialogar con terroristas, pero no con todos, sino con los que “tienen un importante apoyo político detrás”.

En rigor, Powell justifica así todos y cada uno de los terrorismos -también el yihadismo, por supuesto-, en vez de deslegitimar el uso de la violencia para hacer política, porque obviamente el terrorismo no es un fin en sí mismo sino el medio y el modo en que grupos en principio minoritarios pretenden hacerse oír y participar en el espacio público, ya se trate de democracias (donde queda al descubierto su auténtico respaldo político) o de dictaduras.

Que su apoyo social sea grande o pequeño no hace a la cuestión de si es legítimo entablar negociaciones de igual a igual entre el Estado y los terroristas, sobre todo si dichas negociaciones incluyen aspectos políticos y no meramente penales, y eso es tan cierto para el caso de ETA como de las facciones criminales del Ulster o las FARC, por citar los ejemplos que menciona Powell en la entrevista.

De hecho, él mismo asegura que por ejemplo no negociaría con los “escisionistas del IRA” (¿y si fueran el grupo mayoritario a la postre?) o la Baader-Meinhof, por lo que es de suponer que al GRAPO tampoco le daría ni agua. En resumidas cuentas, el pragmatismo mal entendido de Powell alimenta por el contrario el recurso a la violencia que pretende desactivar, porque si el terrorismo es rentable políticamente (¡electoralmente!) qué mejor razón para no dejarlo.

Pero ni siquiera era ésa la situación de la ETA en el siglo XXI, sino la contraria e inversa: la ilegalización de sus pantallas políticas redujo gran parte de su poder y su hegemonía social, así como la unión (rota por el PSOE de Zapatero) de los dos grandes partidos nacionales puso contra las cuerdas no sólo a los terroristas, sino a un PNV en el gobierno vasco que había pactado con los criminales asesinos la creación de un Frente Abertzale por la secesión apenas un lustro antes.

A su vez, el actual portavoz de la ETA institucional, Arnaldo Otegi, antiguo secuestrador reconvertido gracias a Zapatero y su cohorte de mediadores en el “Mandela vasco” -pese a que el proyecto ideológico que defiende sea el de la Supremacía del Euskaldún (antes, de la Raza Vasca, según el padre de todos ellos, que sigue siendo Sabino Arana)-, declara que “hace diez años yo estaba en la cárcel porque los enemigos de la paz buscaban evitar que pasara lo que aquí pasó”.

Efectivamente, los “enemigos de la paz” queríamos al criminal entre rejas, a la ETA disuelta y no en las instituciones como segunda fuerza vasca, y sobre todo el fin de la hegemonía abertzale apoyada en la represión terrorista. En vez de ello, PNV y PSE se aprestaron a hacer todo lo posible por evitar, precisamente, la foto de “la derrota de ETA”, porque a ninguno les convenía ese “relato” -y por lo que se vio después con el Gobierno Rajoy y los dirigentes de los restos del PP vasco, tampoco a éstos-.

Les gusta más, como no dejamos de ver con el PSOE desde 2004 y con el PNV desde hace un siglo y medio, lo de que España es el problema, las víctimas del terrorismo poco menos que una coartada para “el Estado represor” (¡salvo Maixabel!) y la Derecha la enemiga de “la Paz”, pese a haber puesto la inmensa mayoría de los muertos en su lucha democrática y legal contra el terrorismo, su entorno y las legitimaciones varias recibidas desde el Poder político e incluso eclesial.

Hasta el sempiterno vocero del PNV Joseba Egibar, en un alarde de sinceridad (si bien muy a posteriori), sostiene que “la izquierda abertzale tuvo un protagonismo absoluto en Ayete y eso pudo dificultar una lectura crítica sobre ETA”. Vaya, diez años después del “fin de ETA” esa “izquierda abertzale” respalda -si no es que los organiza directamente- los actos de exaltación terrorista en los municipios vascos a que regresan los criminales.

Lugares de los que, por supuesto, la gente decente sigue marchándose desde hace medio siglo debido al etarrismo ambiente, hegemónico gracias al asesinato político, a la connivencia social, clerical y de las mismas instituciones gobernadas por el PNV con el fenómeno de exclusión, y a la incomprensible debilidad o falta de persistencia del Estado que debía proteger a las víctimas del odio abertzale.

Diez años después o medio siglo después, reitero, queda pendiente la desnazificación de “Euskadi”, aunque resulte impensable que la mayoría de la sociedad vasca se acabe dando cuenta en el siglo XXI, o que las máximas autoridades nacionales vayan a hacerse cargo alguna vez del auténtico problema vasco.

Mondragón o ETA en su contexto

…no es sólo el símbolo de la rendición de la sociedad vasca ante los criminales abertzales, sino de la Nación toda, en cuanto que es el apoyo de Bildu el que permite gobernar (es un decir) al psicopático Dr.Sánchez, años después de consumado el “proceso de paz” -o negociado político con terroristas- iniciado por Zapatero y preservado por Rajoy.

Lo cierto es que la ETA sigue muy presente en la sociedad vasca a través de lo que podríamos denominar su kultur kampf (todo un imaginario propio, sincrético y excluyente a la vez) no menos que por medio de sus organizaciones “sociales” pantalla, como las de presos, abogados, escritores y otros asociados del mundillo cultural euskaldún, más el Gara y la EiTB (radios y TV).

Así las cosas, pretender que los actos del fin de semana han representado triunfo o victoria alguna por parte de las víctimas del terrorismo o de partidos políticos como Vox y PP es hacerse trampas al solitario una vez más -y van…-. Pues los que se quedan en la plaza son los proetarras y los que abandonan el campo (sin apenas representantes en la provincia) los otros.

Y no es de ahora este absoluto abandono de la sociedad, de la misma situación vasca después del genuino proceso de “cancelación” que supuso liquidar la resistencia militantemente democrática de los hombres y mujeres del PSOE y del PP (UPN) en Vascongadas y Navarra. Pero es lo que se determinó después de la mayoría absoluta del PP en el 2000 por parte del nuevo PSOE de Zapatero.

Ahora que “El Pollo” Carvajal está a punto de piar algo sospecho que tal vez puedan aclararse las nunca inciertas relaciones entre la misma ETA, el régimen bolivariano de Chávez (vinculado a Irán no menos que a Cuba) y las FARC colombianas, relaciones más que estrechas y bien documentadas desde hace décadas. Algo que el Gobierno Rajoy tampoco deseó esclarecer.

Entre tanto, Podemos (sucursal europea del “Socialismo del Siglo XXI” bolivariano) ha llegado al Poder en España de manos del PSOE sanchista que mandó a un tal ministro Ábalos a recoger cuarenta maletas traídas a Barajas por Delcy Rodríguez -a quien la UE tenía prohibido pisar suelo de cualquier país miembro por «crímenes contra los derechos humanos»- antes de partir de nuevo con destino ¿Gaza? ¿Moscú? Pues no: Doha, capital de Qatar (aliado de Irán).

En este contexto, los homenajes a criminales terroristas en algunos municipios vascos nos acercan a la realidad que está a punto de imponerse en más de media Hispanoamérica; y, si nos parece una anomalía allí, qué no tendríamos que pensar de lo que pasa por estos lares. Sin embargo, ninguna mención por parte de los heroicos festivaleros del Cine, para variar: que ellos no se meten en política (ejem).

CUANDO AMBAS PARTES SON DE PARTE

Y, si hace al caso, será “sin partidismos”, “sin odio ni rencor”, a lo Maixabel Lasa, cargo con Ibarretxe como directora de Atención a las Víctimas -cargo en el que siguió después con el López apoyado por el PP, dicho sea de paso-, luego pantalla para el lehendakari que pactó un Frente Abertzale de exclusión con la ETA y demás excrecencias del tronco común aranista, el conocido como “Pacto de Estella” que les iba a traer “la Paz” a los abertzales justo después de la Independentzia.

Pero en el PNV pensaron que Ibarretxe estaba loco (recuérdese) y le montaron una Universidad lejos de aquí (recuérdese también, porque la seguimos pagando), mientras que al Joseba Azkarraga que también fue cargo con Ibarretxe como consejero, así como miembro del “consejo tripartito” o reservado amatorio de Ibarretxe (PNV), Azkarraga (EA) y Madrazo (IU), le dieron un cargo en la todopoderosa constructora Amenábar cuando aquél fue desahuciado, y otro en la red de presos de ETA (Sare), para compensar, y tan contento.

Puertas giratorias, dicen. Y tambores giratorios, y puestos rotatorios, y gestos irrisorios como el de un Urkullu llamando recientemente a la juventud local a respetar unos “valores” -¡a «la Autoridad»!- cuando no ha habido como el PNV fuerza tan dada a desestabilizar la sociedad vasca (y en consecuencia la política española) desde hace un siglo largo.

Ya desde los furibundos escritos antiespañoles del “Padre de la Patria Vasca” Sabino Arana, enfermo mental y resentido social contra la sociedad vasca realmente existente en sus días, pasando por sus dislates durante el resto de la Restauración hasta los protagonizados durante la II República -golpe de Estado revolucionario de 1934 mediante- y culminando en las décadas de Arzalluz a Ibarretxe, que a buen seguro hoy día muchos jeltzales preferirían que no se las recordasen.

EL FIN DE TODO ESTO

Pero aquí estamos, en el año 21 del siglo XXI, con el PNV en el gobierno vasco apoyado en un PSE que dirige la familia López-Gil-Mendía, después de unas elecciones a las que no acudió la mitad de los vascos, presuponiéndose hegemónicos todavía y durante mucho tiempo aunque tengan a la ETA enfrente, con sus “compañeros de viaje” de Podemos y pronto, quién sabe, con los recurrentes “tontos útiles” del socialismo vasco de su parte.

Así que lo más probable es que finalmente todo esto del “conflicto vasco” acabe por consunción, entre la endogamia y la esterilidad, con los avejentados terroristas de vuelta en casa, muchos de ellos con enfermedades crónicas físicas y mentales, y los programas de inserción laboral perfectamente en el euskera batueco (o “euskañol”) de nuestros días -para que se entienda, claro-.

Esta semana ha muerto Joseba Arregui, alguien capaz de imaginar La Nación Vasca posible -título de uno de sus libros- en un arduo desarrollo intelectual que excede lo político para adentrarse prácticamente en lo teológico, sin abandonar en ningún momento la lógica argumentativa racional, quien no perdió de vista jamás la relevancia política de las víctimas de ETA señaladas precisamente por los terroristas para aterrorizar a la sociedad y doblegar al Estado.

Quedan, como en el caso de Mikel Azurmendi, sus obras y el recuerdo de su persona y testimonio, como el de otros veteranos como “Teo” Uriarte, Jon Juaristi, Raúl Guerra Garrido… Pero lo cierto es que de estas tierras parece haber desertado el Estado y sus autoproclamados “servidores públicos”, con las excepciones de rigor -la Guardia Civil, básicamente-, hace ya unas décadas.

Y ahora es que sorprende que Mondragón existe, como Alsasua, y allí se vota mucho a la ETA… aunque no mate.

En la muerte de Mikel Azurmendi

…queda rogar por su alma a los creyentes, pues si un hábito vistió durante media vida fue el de penitente, rasgo que se trasladó a casi toda su obra literaria en la forma de una inmensa piedad y ternura por estas desvalidas criaturas de Dios que son los hombres. Con ese mismo tono humilde y brusco, tierno y verdadero trazó a decenas de personajes reales e inventados en novelas tan dispares como Las Maléficas, Melodías vascas o El requeté de Olite, y trató asimismo a quienes le interpelaron o por quienes se vio interpelado, víctimas de hace siglos o del ayer más reciente y dolorido: desde las persecuciones de Zugarramurdi a las de la ETA. Sirva el siguiente texto para recordarle en lo más sincero de sí, comentando su propia obra, y que la tierra le sea leve.

ENTREVISTA CON MIKEL AZURMENDI

[Publicada en el extinto diario Nuestra Hora de San Sebastián el martes 13 de mayo de 2014 ]

«Mi búsqueda de la verdad de la caza de brujas en el Baztán tiene mucho que ver con mi absoluto desprecio a los verdugos de todos los tiempos y mi respeto por las víctimas”

El antropólogo y escritor Mikel Azurmendi (San Sebastián, 1942) viene dedicándose en los últimos tiempos a la creación de ficción literaria, con obras que tratan del fenómeno terrorista vasco como Tango de muerte, Melodías vascas o El hijo del pelotari ha salido de la cárcel, pero si en esta ocasión lo entrevistamos es a consecuencia de la publicación casi simultánea de dos libros muy diferentes sobre el mismo tema, llamados a esclarecer en gran medida los terribles hechos sucedidos hace cuatro siglos en la región del Baztán que de modo tan distorsionado han llegado a nuestros días.

JORGE MENDIOLA

Su última obra es el ensayo Las brujas de Zugarramurdi, ensayo editado ulteriormente al tratamiento novelístico que hizo de la misma materia en Las maléficas. Ambos libros tratan de la persecución desatada en el País de los Vascos (Labort) y en la cuenca navarra del Bidasoa contra miles de personas falsamente acusadas de connivencia con el Diablo. ¿Fue la investigación histórica lo que le brindó a usted la ocasión para escribir una novela sobre este asunto o, por el contrario, su interés literario por las víctimas de aquellos sucesos le llevó con posterioridad a indagar más sobre los aspectos históricos de los mismos?

Lo primero que escribí fue el ensayo. En el cuarto centenario del Auto de fe de Logroño (1610/2010), auspicié la celebración de una semana cultural en Logroño para que se abordase la memoria de sus 31 víctimas desde un punto de vista histórico pero también judicial, antropológico, teológico y estético. Tanto la comunidad autónoma de La Rioja como el ayuntamiento de Logroño dieron el visto bueno a mi planteamiento y patrocinaron las seis conferencias a cargo de especialistas en estas materias, caso del historiador danés Gustav Henningsen, el antropólogo Lisón Tolosana, el erudito biólogo y traductor de la Biblia de Jerusalem Jesús Moya, el profesor de Estética Mikel Iriondo o el director del Archivo Nacional. El grueso de mi libro Las brujas de Zugarramurdi lo escribí para aquella ocasión, aunque mi intervención en Logroño fuese concisa y resumida. Solamente escribí con posterioridad el último capítulo, sobre el sacerdote Axular y su intervención pastoral en el desastre social producido por aquella persecución inquisitorial, que forma parte de una charla que di en euskara en Zugarramurdi, invitado por su casa de cultura. Por tanto, este ensayo que se ha editado ahora ya estaba escrito desde hace tres años. 

Durante dos siglos la experiencia cultural de Occidente ha venido probando que mucho más que los argumentos racionales y sesudos de las ciencias ha sido la literatura de ficción -cuando es musculosa y atrayente- la clave para que se hayan logrado grandes cotas de progreso moral. La literatura (con sus “derivados” como el cine, el teatro, los documentales o el reportaje) ha ido moldeando nuestros sentimientos y purificando muchas de nuestras emociones hasta plantearnos algo tan nuevo como que el ser humano es algo eminentemente frágil y susceptible de ser humillado, dañado y vulnerado, y que todos los humanos somos en esencia una y la misma capacidad de sentir daño. Esto ha agrandado nuestra capacidad de ponernos en la piel del otro, de empatizar con el oprimido, de apiadarnos y tener compasión: en una palabra, de progresar moralmente. Pues bien, yo, que convencido del poder de la literatura, desde hace diez años únicamente escribo literatura de ficción, pensé que en lugar de editar aquel ensayo sobre las brujas de Zugarramurdi acaso me valdría más tratar de vulgarizar su contenido (en el sentido de ponerlo en manos de un más amplio espectro de lectores y no en el sentido de hacerlo vulgar). Por eso pospuse la edición del ensayo y me dediqué un par de años a envolver el asunto en novela, novela histórica si se quiere, pero con un ser de ficción como personaje central. 

Y, ahora por fin, tras la edición de la novela Las maléficas, he dado con un editor intrépido para mi ensayo Las brujas de Zugarramurdi, y le estoy muy agradecido.

En ambas obras destruye esa imagen tan popular -cuyo origen sin embargo es producto de algunas mentes “ilustradas” de aquel tiempo- sobre ciertas mujeres “liberadas” celebrando el culto al Demonio en presuntos “aquelarres” (que, a su vez, son una invención lingüística de un par de inquisidores con ínfulas de cazadores de seres diábolicos). ¿Cómo nace su interés por este caso, que Vd. centra en la caza de brujas desatada en el s.XVII mediante errores judiciales y falsos testimonios, y que, siguiendo al investigador Gustav Henningsen, describe como un genuino proyecto de “solución final” para los baztaneses?

Para hablar de mi interés por la caza de brujas de la comarca del Bidasoa, diré que arranca de mi tesis doctoral, allá a comienzos de los años 80. En ella yo me dediqué a investigar cómo se veían a sí mismos nuestros abuelos y tatarabuelos vascos, qué pensaban los hombres de sus esposas, los padres de sus niños y los dueños de sus subordinados. Aunque no supiesen leer ni escribir, el material que ellos nos habían legado era ingente en forma de proverbios, aforismos, dichos, expresiones, canciones, acertijos, relatos, etc. y en todo ello seguí al animal: ésa suelen decir que es la pista para conocer la identidad de las gentes ágrafas o analfabetas -en casi toda África se suele asegurar que, si quieres conocer a determinado tipo, debes seguir a su vaca, a su camella o al animal que fuere-. Cuando tras estudiar muchos animales domésticos, llegué a la cabra como signo-imagen o prototipo para reflejar ellos sus propios intereses, vi que nuestros ancestros jamás habían concebido la posibilidad de que el macho o cabrón fuese un sosias del diablo: “aquer-larre” no colaba con su patrón cognitivo. Y así lo escribí y lo discutí con el presidente del tribunal de mi tesis doctoral, Julio Caro Baroja, y proseguí luego discutiendo con él y él me animaba a investigarlo. Así es como se me encendió la mecha para hurgar en el por qué y el cuándo apareciese el término “aquelarre” en los documentos históricos. Tras muchas charlas con él, enfermó y murió: en mi novela Las maléficas he hecho de Caro Baroja un personaje más, como homenaje a cuanto le debo. Conforme los años pasaban y yo conocía con más detalle la realidad de la caza de brujas y leía documentos de inquisidores y de jueces y de nuevos teólogos, di con Gustav Henningsen, un señor danés que acababa de hallar los documentos de uno de los inquisidores de Logroño, Alonso de Salazar, y que había escrito un libro fenomenal sobre lo sucedido en la comarca del Bidasoa a comienzos del XVII. Traje a Henningsen a San Sebastián, a unos cursos de verano, y mi colaboración con él en pos de la verdad de aquellos hechos nos ha llevado a nuevos descubrimientos y a una gran amistad. Supongo que la radicalidad de mi búsqueda de la verdad de aquellos hechos tiene también mucho que ver con mi absoluto desprecio a los verdugos de todos los tiempos y mi respeto por las víctimas, por todas, sean de donde fueren. Yo no he soportado que a una víctima de Zugarramurdi (Graciana de Barrenechea), muerta de tifus a los 70 años en las mazmorras de Logroño en 1609, se la haga protagonista de una escena falsa y rijosa en un film reciente de mucho eco; por eso acepté la sugerencia de mi editor de titular el ensayo “Las brujas de Zugarramurdi”, cuando mi propuesta de título era simplemente “Zugarramurdi: inquisición y aquelarre”.

Para responder, por fin, al grueso de su pregunta y decir algo sobre “la solución final” que propuso el tribunal inquisitorial de Logroño a la instancia suprema de Madrid, resumiré la carta escrita el 9 de marzo de 1611 desde Logroño a Madrid. El tribunal pedía que se cerrase la zona del Bidasoa/Baztán con un cinturón de seguridad y el rey detuviese a cuantos intentasen escapar de la zona; que se les prohibiese a los sacerdotes negacionistas de las prácticas denunciadas predicar desde el púlpito contra la imposibilidad de la existencia de brujas; que mediante edicto se diese un plazo de 4 meses para que se entregasen los brujos y delatasen a sus cómplices; que dos inquisidores partiesen hacia la zona y actuasen con dureza contra quienes no se hubiesen autoacusado; y que asimismo convendría plantearse la necesidad de implantar un tribunal en aquella comarca del vascuence a fin de juzgar in situ a la gran cantidad de acusados. Eso decía aquella carta que, además, enviaba a la Suprema un listado, pueblo por pueblo, de 639 brujos entre confesos y denunciados. La carta la halló Henningsen, quien se ha atrevido a comparar aquella propuesta inquisitorial con la “Endlösung” o solución final hitleriana respecto de los judíos, lo cual no me parece descabellado dado que atañía a casi el tercio de la población de cada aldea y villa de la comarca del Bidasoa/Baztán.

Cuando Vd. estudia la “brujería” practicada por los habitantes de la  población del Labort, Navarra, Guipúzcoa o Álava, llega a la conclusión de que se trata de suposiciones o presunciones populares de sentido común cuya función consistiría en significar la producción de determinados infortunios naturales como la pérdida de la cosecha, los naufragios o las muertes prematuras de niños, infortunios que los aldeanos imputaban al “aojo” o mal de ojo que ciertas personas malvadas (los “brujos”) habrían echado a tal o cual persona, presumible causa de aquellos desastres. No obstante, hasta la llegada de la nueva teología demonolátrica era la propia Iglesia a través de sus párrocos la institución que velaba para que todos estos conflictos locales de brujería se resolvieran en comunidad mediante un sencillo acto de expiación de las faltas, puesto que en ningún caso daba pábulo la Iglesia a la existencia de una brujería diabólica. ¿Cómo es posible y quiénes hacen posible que lo que había sido la tradición católica de perdonarse mutuamente las acusaciones de brujería fuese subvertida, prácticamente de la noche a la mañana, por un pensamiento teológico -convertido en claramente ideológico en determinadas circunstancias- y que se valía del Demonio para ver satisfechos determinados intereses?

La sensatez de mediar entre vecinos y remediarse dentro de las parroquias las enemistades y acusaciones entre vecinos se convirtió de súbito en la insensatez de judicializar aquel ritual sacramental llevando a los vecinos ante los tribunales inquisitoriales, encarcelándolos y condenándolos incluso a la hoguera. Tal insensatez fue posible porque la teología dio un giro copernicano desde el papa Inocencio VIII en adelante (desde finales del s.XV) y a la brujería, que desde siempre se había creído imposible de existir, se la imaginó como real merced a un pacto entre el Diablo y la gente. Esta nueva imaginación teológica fue, pues, lo que auspició la judicialización del sentido común aldeano en toda Europa y el colapso cultural de muchas poblaciones. Arropadas en esta nueva imaginación teológica, las monarquías que se esforzaban en convertirse absolutistas encontraron una buena excusa tanto para centralizar sus aparatos judiciales (saltándose las defensas tradicionales de los parlamentos regionales) como para atemorizar al pueblo analfabeto y meterlo en vereda a base de nuevas vías de violencia. Y de paso que señalaban al nuevo enemigo analfabeto aldeano, marcaban una nueva línea azul susceptible de ampliar nuevas alianzas entre el poder, las élites intelectuales y el pueblo culto (fruto de esta alianza es el auge en toda Europa de la literatura e iconografía brujeril y el nacimiento de la imagen falsaria de la bruja que ha llegado hasta nuestros días). El rey francés Henri IV intuyó con clarividencia este uso político de la demonolatría pero fue el juez DeLancre quien lo teorizó tras haber ahorcado en tres meses a unos 80 , entre los que figuraban varios sacerdotes. Este es el inicio de la ideología en el mundo, es decir, de una justificación no religiosa del poder y su legitimidad. En España, la acción y los planteamientos de los inquisidores Becerra y Valle Alvarado del tribunal de Logroño, influenciados sin duda por una entrevista con unos delegados de DeLancre, estuvieron bastante próximos a este supuesto de que el brujo cometía un crimen de lesa traición divina: algo en realidad simétrico en culpa y pena al de lesa traición al Rey. Así fue como la nueva teología dispuso que se pudiese hacer un uso político del Diablo. 

En el estímulo hacia una cacería de brujas se encuentran factores políticos más que religiosos tales como la paulatina pérdida de poder de los señores de la tierra vascofranceses Urtubi-Alzate y Sant Per; también la del monasterio de Urdax, con su abad León Araníbar intentando vengarse de sus antaño siervos ahora independientes, los aldeanos de Zugarramurdi. A ello se suma la intervención regia de Henri IV, precisamente a petición de aquellos señores que perdían poder municipal y regional, pidiendo que se reprimiera el presunto foco de brujería en la zona limítrofe con España. Y así entra en escena el juez  DeLancre -él mismo de ascendencia navarra-, quien al par que desata la cacería se halla en misión de espionaje de límites territoriales (entre Fuenterrabía y Hendaya), cuestión bien distinta a la de acabar con las maléficas brujas. Además, se aprecia una voluntad cierta de ese juez de erradicar o diezmar a la población de habla vasca en el Labort, al entender que toda ella es diabólica. Por lo que muestra usted en su obra, el caso de Zugarramurdi no está exento de complejidad, aparentemente enigmática y no menor que los recurrentes estudios sobre la liquidación de templarios, cátaros y albigenses, puesto que convergen factores del todo dispares en un proceso que culminaría sorprendentemente con el auto de fe organizado en Logroño en 1610.

¿Llega en algún momento la Inquisición a ser consciente de toda la carga ideológica y de los mismos intereses político-estratégicos que esconden las exigencias de persecución enviadas por los cazabrujas franceses? ¿Cuándo son descubiertas en España las razones últimas de Enrique IV y DeLancre, de Urtubi y Araníbar?

¡Bingo, si yo lo supiese! De la Inquisición solamente sabemos que quiso hacer silencio de todo aquel desbarajuste procedimental llevado a cabo en Logroño. O sea, no quiso aprovecharse de la nueva teología demonolátrica y decidió nunca más aterrorizar a la población en base a ella. Decretó silencio en 1614, exigiendo que no se hablara nunca y en ningún púlpito de brujería, pero lo hizo tras aplicar la amnistía para todos los presos del Auto de fe de 1610, anunciando que la inquisición se había equivocado. Sin embargo no se atrevió a castigar a curas corruptos como los párrocos de Vera de Bidasoa y Lesaca o el abad Aranibar pero permitió que las autoridades civiles juzgasen a los cargos municipales corruptos que habían torturado y acusado en falso.

Todo ello se debió al inquisidor Salazar y a que bregó años y años hasta convencer a la instancia Suprema de que todo había sido un inmenso error. Ahora bien, es imposible deducir de ello que Salazar supiese algo acerca de oscuros “intereses estratégicos” de Henri IV ni cosa parecida. Eso lo sabemos nosotros ahora, precisamente gracias a comparar los escritos de Salazar y de DeLancre, los de sacerdotes testigos y del propio obispo de Pamplona con mil noticias más de la Inquisición. Somos nosotros y solamente ahora, desde el descubrimiento de Henningsen hacia acá, quienes podemos dar un paso más en el conocimiento de aquellos hechos. Y nuestro deber es conocer la verdad y no hablar por hablar dando pábulo a nuestros deseos y apetencias. El cineasta Álex de la Iglesia desconoce todo esto, o pasa de la verdad de los hechos que estaba en sus manos haber conocido, y las feministas de hoy que hablan y creen en féminas especiales con poderes especiales también prefieren ignorar los hechos. Los que celebran noches de Walpurgis y aquelarres anuales se imaginan que existió algo que jamás ha existido nunca. Barandiaran se equivocó de plano al hablar de unos vascos especiales perseguidos por su especial religión y Himmler se equivocó de plano al instituir en las SS un “Hexenkomando” al objeto de detectar las familias de los sucesores de entre los que fueron perseguidos por brujería, creyendo que con ello daría con el rescoldo de los auténticos arios alemanes.

De su investigación resulta que en aquella persecución son las envidias y desconfianzas así como cierto odio antañón soterrado entre vecinos lo que aflora con fuerza inusitada como dispositivo principal de las denuncias.Según Vd., frente a las antiguas prácticas sacerdotales de comprensión del fenómeno y expiación comunitaria, es ahora, tras la quema de once vecinos de Zugarramurdi en noviembre de 1610, cuando el terror a la Inquisición metido en la población así como un lavado de cerebro realizado por unos predicadores franciscanos se constituyen en lo que decisivamente propiciará una brutal escisión social entre los vecinos. Todo ello causa un clima de terror mediante acusaciones y delaciones sin otro fundamento en la mayoría de las ocasiones que el testimonio de unos niños, a su vez también aterrorizados por los religiosos y sus propios padres, cuando no directamente sobornados por otros aldeanos para declarar en contra de sus vecinos. ¿Piensa usted que éste era el efecto buscado por las autoridades vascofrancesas con sus bulos y acusaciones sobre juntas diabólicas, previamente a que interviniese en España la Inquisición y más tarde los franciscanos en el proyecto de erradicación de la brujería en las tierras citadas? O, planteado de otro modo: ¿Nos encontraríamos verdaderamente ante un precedente de las estrategias y técnicas empleadas en nuestros tiempos por los regímenes totalitarios con sus purgas y otros medios para imponer la “reeducación” de la población (en este caso de los labortanos y habitantes del Bidasoa/Baztán)?

Lo que buscaban los señoritos vascofranceses Urtubi/Alzate y Sant Per al recurrir ante su rey en contra del parlamento de Burdeos queda claro en la misiva personal que le enviaron: a saber, que había mucho peligro de que el Rey se quedase sin población porque las brujas estaban creando un clima invivible y la gente se marchaba del país; y que era urgente “limpiar el Labourd de brujas”. El Rey entendió perfectamente la petición de ayuda y, pese a la oposición del parlamento de Burdeos, envió para que limpiasen el territorio dos delegados plenipotenciarios con derecho a usar de todos los medios a su alcance a fin de detectar el mal brujeril, incluidas la tortura y la pena de muerte. Los efectos de aquel proyecto de limpia del territorio eran incalculables de antemano, nadie podía saber hasta dónde llegaría la cosa, pero las intenciones eran muy claras y los medios dispuestos muy evidentes. Sabemos además que uno de estos dos delegados del Rey, el juez DeLancre concretamente, envió a la línea de frontera -al mismísimo convento de Urdax- varios delegados para que convenciesen al inquisidor Valle Alvarado (albergado a la sazón en aquel convento) de que no se anduviese con remilgos y paños calientes y de que el único método de atajar aquel mal social era mostrar mano dura. Para cuando Valle Alvarado, sirviéndose de mil tretas, hizo confesar a once paisanos de Zugarramurdi que eran brujos, DeLancre ya se había cepillado a unos ochenta paisanos vascos y se había marchado del Labort.

Existe un misterio todavía no aclarado y reside en saber por qué una moza de Zugarramurdi (de nacionalidad francesa debido al origen de sus padres) tras haber residido un tiempo con sus padres en el territorio francés del señorito Urtubi volvió sola a Zugarramurdi a acusar de brujería a varias compañeras suyas de la aldea. Este fue el hecho que sustanció toda la persecución en España porque el abad de Urdax, no satisfecho del perdón sacramental comunitario en la iglesia de Zugarramurdi, pidió ayuda a los inquisidores de Logroño propiciando que llegase a Urdax el inquisidor Valle Alvarado. Para mí existe una altísima probabilidad de que fuese el propio Urtubi quien hubiese enviado a esa moza monte arriba hasta su aldea con el fin de incendiarla también.

Sobre esa otra cuestión de comparar estos hechos del s.XVII con la estrategia de purgas de población por parte de los regímenes totalitarios se requeriría aquí mucha información y debate que yo no puedo ofrecer. Sin embargo sí diré que por mor de la religión los antiguos Estados europeos aniquilaron a miles y miles de personas y hasta a poblaciones enteras, pero que por mor de la ideología esa aniquilación cobró un cariz mucho más dramático todavía. La propia revolución francesa es uno de los puntos culminantes del primer estallido general de la ideología como motivadora de persecución y de “reeducación” forzada.

Aparte de los poderosos confabulados en la caza de brujas para hacer prevalecer sus intereses, de resultas de su investigación salen especialmente malparados los franciscanos: los de entonces y también prácticamente los de nuestros días: desde Castañega al padre Berasaluce. ¿Se puede hablar efectivamente de influencia demonolátrica de Aránzazu en el imaginario vasco, o en su vida pública y costumbres sociales?

Los franciscanos salen muy malparados de la evaluación que hoy hagamos de su acción de entonces y, en cambio, los jesuitas, en especial el vizcaino Solarte, salen muy enteros. Lo cual significa que ser veraz, bueno y justo fue posible pero que los tres predicadores franciscanos no lo fueron. Gracias a estos se expandió la manía de ver al vecino conchabado por doquier con el diablo y, en cambio, gracias a los jesuitas se buscó la calma y el sosiego intervecinal. Los franciscanos incendiaron pueblos y aldeas incrementando denuncias falsas, coacciones y torturas entre vecinos; en cambio los jesuitas amansaron el vecindario con sus predicaciones, pero no se chuparon el dedo puesto que hallaron la verdad oculta de las denuncias de brujería y sus móviles. Consciente o inconscientemente aquéllos buscaban la promoción de su Amabirjiña de Aránzazu como baluarte contra el diablo: cuanto más verosímiles hacían las andanzas del diablo entre los baztaneses, más beneficio atraían hacia su Virgen. En cambio los jesuitas no vendían nada, no apuntaban a ningún convento hacia el que llevar a los fieles: predicaban la concordia y demostraron la impostura y falsedad de todo aquel tinglado. Eso es lo que sucedió en aquella comarca y así lo consignó el propio obispo de Pamplona, Benegas de Figueroa, amigo íntimo de Góngora y que desempeñó un papel crucial para que no se diese una “solución final”: él mismo había sido inquisidor general y se carteaba con su sucesor en la Inquisición. Aquí, en España, no solamente no sucedió la catástrofe que se dio del lado vasco (francés), sino que desde aquí se originó el que la Inquisición determinase en 1614 no condenar jamás a muerte a nadie por delito de brujería. En realidad esas instancias supremas no creían que la brujería fuese delito alguno, pero su debilidad consistió en no decirlo así de rotundamente. Los franciscanos, en cambio, continuaron siglo tras siglo afirmando la maldad diabólica de los brujos vascos y el sacrosanto bastión contra todos ellos, su Amabirjiña. Es verdad que, con el paso del tiempo, han ido mostrando una Amabirjiña en menor sintonía con la lucha contra la brujería, hasta nuestros días en que ya nadie se acuerda de todo aquello. 

Aparte de estos actores, frente a tanta mezquindad de inquisidores, franciscanos y estúpidos curas locales, se alzan además unos cuantos sacerdotes en rebeldía contra las instrucciones de la Inquisición (como el cura Labayen, párroco de Echalar, y a instancias de este y de otros compañeros sacerdotes el propio obispo de Pamplona, Benegas) y ello porque, paradójicamente, se mantienen en la ortodoxia católica y tienen en consecuencia la doctrina y elderecho de su parte, como finalmente se les reconoce aunque no de manera explícita. No obstante, y aunque Vd. se muestra crítico con la falta de reconocimiento público por parte de la Inquisición de sus faltas y errores en el proceso seguido en Logroño así como en en las acciones de persecución llevadas a cabo en la comarca navarra, no cabe dudardespués de leer su obra que la Iglesia Católica en España aprendió la lección de Zugarramurdi y evitó que en el futuro fuera ajusticiada persona alguna por condenas relacionadas con la práctica de la brujería. Sin embargo, en la actualidad perdura entre españoles y extranjeros la visión de los “aquelarres” como un rasgo cultural de aquella sociedad, de igual modo que se mantiene la “leyenda negra” del Santo Oficio como institución quemabrujas por antonomasia. ¿A qué se debe esta hegemonía de las visiones falaces sobre una cuestión tan escabrosa? ¿Por qué hasta nuestros días no se había estudiado a fondo lo que sucedió en Zugarramurdi y ha tenido que ser un investigador danés, el citado Henningsen (aparte de Caro Baroja, por supuesto), el encargado de arrojar algo de luz sobre la caza de brujas y el papel real de la Inquisición en todo ello? ¿Por qué no logra la Inquisición imponer definitivamente su antigua tesis, benigna respecto de la brujería, con el caveat de que no había que dar pábulo a la demonolatría, una tesis cursada como instrucción más de medio siglo antes de estos hechos?

Bueno, yo, como mero aficionado a pensar y también a reflexionar sobre el pasado, diré que no soy un experto en la Inquisición y que solamente puedo ofrecer algunas sospechas, que seguramente no son nada nuevas. La leyenda negra sobre la España inquisitorial tiene su origen en los intereses de las monarquías francobritánicas, eso está claro. Pero existe una parte del pensamiento antirreligioso español que ha estado también muy interesado en propalar esa leyenda negra. Ahí tenemos a una progresía española interesada aún hoy en mantener una visión nativista y supuestamente rebelde-antisistema de la brujería, en lo cual se asemeja mucho a lo más desquiciado de la conjetura nazi: no a la de Hitler precisamente sino a la de Himmler y sus SS, más apegados a la raíz populachera alemana que a la grecolatina indoeuropea (como pretendía Hitler). Pío Baroja también participó intensamente de esa percepción anticatólica en lo concerniente a la brujería, y su visión nativista sobre una supuesta resistencia de los vascos a dejarse “convertir” y a rebelarse mediante actos brujescos salta en todas las páginas en que habla de los antiguos vascos (por ejemplo en las novelas Jaun de Alzate, La dama de Urtubi o en Las mascaradas sangrientas ). Seguramente esa enfermedad del tío le inoculó en el sobrino, Caro Baroja, la afición a indagar en la realidad de la brujería. Los escritos del sobrino sobre esta materia, siendo todos interesantes, son muy desiguales a la luz de lo que él mismo llegó a elucidar al final, en 1968, una vez que tuvo en sus manos los documentos de Salazar, que recién acababa de hallarlos Henningsen y de cuyo descubrimiento el danés le había dado parte. Sin duda alguna, lo más fundado que escribió Caro Baroja sobre brujería fue tras la lectura de esos documentos y que tituló “De nuevo sobre la historia de la brujería (1609-1619)”. Yo he tratado de rendirle homenaje a mi maestro citando largos párrafos de este escrito al comienzo de mi ensayo. ¿Por qué no se le ha hecho más caso a Caro Baroja y, nada digamos, a Henningsen, ampliando sus hallazgos? Esa pregunta va dirigida a los universitarios, pero no nos la van a responder jamás: ellos a lo suyo, como los cineastas a lo suyo o las cultivadoras de las investigaciones de género a lo suyo. Esta actividad es lo que parece que hoy hace el agosto, de la misma manera que lo que hacía el agosto durante épocas pasadas era propalar la leyenda negra de la Inquisición.

En lo que concierne a la última cuestión de por qué la propia Inquisición no impuso en 1614 su antigua tesis general de 1538 -consistente en no mostrarse en contra de la nueva teología demonolátrica pero manifestar sin tapujos que acaso no era verdadera- yo no sabría qué responder. Vacilaciones doctrinales, excesiva prudencia institucional, apego al poder de sentar cátedra y no controlar a su gente son cuatro de sus actitudes de 1614, cuando decide nunca más ejecutar a nadie por motivo de brujería. Pero hay que reconocerle que supiese explorar su error en el auto de fe de Logroño y manifestarlo en un documento interno, y también que tuviese el coraje de amnistiar a los condenados. El silencio que aplicó a todo ello no contribuyó en nada a cortar por lo sano la leyenda negra. Y esto sí estaba en sus manos.

Como acaba de exponer, usted abre su ensayo con una cita de Caro Baroja y precisamente sobre las “majaderías” que se dicen sobre la brujería vasca y los “aquelarres” y sobre el “público internacional de majaderos” que compra la mercancía averiada de los “folcloristas”, en vez de acercarse a la trágica realidad de aquellos sucesos, cuando -en las propias palabras de Caro- “ni Cervantes ni Goya hubieran podido reír o sonreír” de haber conocido la verdad. Al final del libro, aprovecha Vd. esa referencia para arremeter contra varias obras recientes de ficción o ensayo, algunas de ellas de intencionalidad claramente anticatólica y otras propias de ese folclorismo abertzale para el que todo vale, pero también contra la última película de Álex de la Iglesia (de título homónimo al de su libro), porque según recalca Vd. vivimos en “una época en la que cualquier lector informado ya tiene acceso a la verdad histórica sobre las persecuciones de brujería de tiempos pasados” y porque “en nuestros días, el no buscar la verdad de aquellos crueles hechos sino el falsearla con imágenes e ideas susceptibles de servir intereses políticos y de partido constituye, además de un hecho de injusticia respecto de aquellas víctimas de entonces, un acto de insensatez rayana a la de los más estúpidos cazadores de brujos”. Perdone que reincida sobre lo que acaba de decir, pero ¿no es un juicio demasiado severo cuando se trata de obras de ficción? ¿O debemos exacerbar nuestra crítica precisamente hacia aquellas obras que, con la coartada de la ficción, tratan los hechos históricos a conveniencia (o más bien “por exigencias del guión”)?

La obra literaria de ficción resulta de ínfima calidad, hasta necia, cuando es inverosímil. La buena literatura de ficción puede enseñar más que la realidad misma porque, sin poder permitirse tantas combinaciones como se permite la vida, asume lo complejo de la acción humana llegando de inmediato al alma. Esto es lo que le debemos a la novela, al cine y al reportaje en general. Recuerdo aquel acontecimiento entre un lector y su amigo: “¿Por qué lloras si todo ese libro es de mentiras? No sé -le respondió el lector al amigo-, no sé por qué lloro pero lo que yo siento es de verdad”. Ese es el poder de la musculosa literatura “de mentiras”, ya que el escritor debe destilar los hechos reales y las experiencias humanas en calidad de tipificaciones, o sea, debe proyectar los límites entre lo posible y lo real. Sólo así la buena novela de ficción se convierte en verdadera. Seguramente por eso no podemos criticar de la misma manera a Pío Baroja que a Álex de la Iglesia, por la sencilla razón de que el escritor donostiarra no tuvo acceso a la verdad de los hechos de Logroño-Zugarramurdi y sí la ha tenido, en cambio, el cineasta bilbaíno, pero la ha rechazado. Para más inri, el escritor donostiarra sí se informó cuanto pudo y conoció partes de la Historia de la Inquisición del americano Ch. Henri Lea, el cual a su vez conocía en 1900 algunos legajos de los papeles de Salazar merced a que unos archiveros de Simancas, a cambio de dólares, le iban enviando copias hechas a mano de aquellos documentos luego extraviados. Al cineasta bilbaíno se la ha traído floja conocer lo que realmente sucedió en Zugarramurdi. La ficción se vuelve tanto más real cuanto más haga entender la complejidad del acontecimiento humano. 

No contento con publicar su ensayo, aparte de otros trabajos anteriores sobre las persecuciones de brujas, en Las Maléficas decide novelar con todo detalle desde los orígenes del proceso en San Juan de Luz hasta el postrer esclarecimiento de los hechos en la Suprema de la Inquisición, con una rica ambientación en los lugares donde sucedieron y la aparición de personajes de ficción, como el protagonista Martín Larralde, que convierte la ardua tarea de los Salazar, Solarte, Benegas, Labayen en toda una aventura por los valles y montañas del Baztán. Es inevitable que yo le pregunte a usted por sus modelos e influencias literarias en esta novela porque, a primera vista, hay curiosos paralelismos (pero en forma de antítesis, como el papel de los franciscanos o el de la Inquisición) con la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa, y sin embargo Cervantes, Montaigne y Baroja parecen más decisivos en el desarrollo intelectual y literario de Las Maléficas.

Imposible saberlo, amigo mío. Escribir un libro es un misterio. Sin duda, un escritor es un cúmulo de influencias de lo que ha leído y hasta de lo que ido escribiendo. A veces a uno le transporta Umberto Eco en tal pasaje o en tal caracterización de un acto moral o psicológico, a veces es Pío Baroja, otras veces Álvaro Mutis. Montaigne le refrena a uno ciertas alegrías literarias y Cervantes se las espolea. A menudo un escritor va siendo llevado hasta por sus propios personajes sin saber bien dónde acabará todo aquello. Claro que en la novela histórica se debe saber bien de dónde viene y a dónde va todo pero esa función narrativa no proviene tanto de su dimensión episódica sino de su dimensión configurativa: además de parecer verosímil, debe serlo. En fin, que es muy difícil hablar de lo que le ocurre a uno al escribir, uno que es un haz de influencias.

¿Cree que Las maléficas es su mejor novela? Personalmente pienso que puede trascender a la larga más que el ensayo, ya que éste ha de convertirse en un indispensable referente bibliográfico para los que deseen saber más de la cuestión, pero difícilmente se popularizará más allá del ámbito académico. Antes ya ha hecho alguna referencia a ello, pero insisto: ¿Surgió la idea de escribirla como contraposición a las falaces obras de ficción existentes sobre el caso?

El lector decidirá qué vale cada novela mía. Tango de muerte me proporcionó mucha satisfacción cuando desde Cataluña un crítico supercualificado catalán la valoró mucho y hasta se prestó a presentármela en una librería de Zaragoza. A mí personalmente me dejó muy calmado la escritura de Melodías vascas así como su hijuela, El hijo del pelotari ha salido de la cárcel. Fue el ir escribiendo la novela Las maléficas, al ir aproximándome a la descripción psicológica y moral del inquisidor Salazar en sus actuaciones, lo que me convenció de que hubo alguien como mi personaje Larralde que supiese y pudiese influir en ese inquisidor para hacerle cambiar radicalmente de opinión. Esta novela también me deparó grandes alegrías viajeras y su escritura me obligó a leer muchas novelas de aventuras de jinetes y de viajes a caballo. Pero es un hecho que, al escribirla, yo no reaccionaba contra nadie ni en contraposición a otros relatos existentes, simplemente dejaba llevar mi imaginación a través de los hechos que ocurrieron y que pudieron haber ocurrido.