La desconexión con las élites es total

…en una sociedad donde los trámites burocráticos indispensables se han vuelto cada vez más arduos, pese al desfasado incremento de plantillas -de suyo desfasadas, obsoletas prácticamente a los pocos años por falta de estándares básicos de promoción vía adecuación al puesto de trabajo, más la existencia de cientos de miles de parásitos enchufados sin tareas concretar a desarrollar-, y pese a las jacarandosas declaraciones favorables a la automatización de los servicios en una denominada “sociedad de servicios” donde la Administración es la primera que no cumple con lo que predica.

Pero hablamos de la misma dirigencia de socialistas de todos los partidos en la mayoría de los gobiernos europeos donde, a la Caída del Muro, decidieron lucrarse ilimitadamente a cuenta de los cuentos verdes de diversas pseudociencias, así que viniéndose abajo la permanente campaña de “lucha contra el hambre” en África, donde hay tanto que seguir saqueando entre todos -USA, China, Rusia, Francia, etc.-, les ha dado por la “lucha contra el cambio climático” pese a las onerosas consecuencias de renunciar a la energía nuclear, quedando subyugados por el contrario a los potentados exportadores de combustibles fósiles, ¡menudo progreso!

Debe de tratarse de un entreguismo voluntario a las tesis comunistas y a su fracasado modelo en Corea del Norte y Cuba, como en Rusia y la misma China, ese fenómeno mediático que mantiene campos de concentración donde encierra a millones, mientras experimenta con la población urbana a través de esos confinamientos tan extraños, cuando no ha acabado de esclarecer el origen del SARS-Cov-2 y se dedica a una agresiva expansión militarista por el Océano Pacífico. Pero qué duda cabe de que el Partido Comunista Chino cuenta con recursos de sobra para sobornar a decenas de miles de políticos europeos, sobre todo si carecen de honor y patriotismo.

En éstas estamos, absortos contemplando el dedo de la invasión rusa en Ucrania, cuando son nuestros propios dirigentes los que no han cesado de poner en almoneda la seguridad y el bienestar de sus gobernados, se llamen Schroeder o Merkel, Scholz o Macron, sean los cobardes dirigentes de países como Holanda o Bélgica, los negligentes de los países escandinavos o los sinvergüenzas de España o Italia. Vendidos al oro persa, tratando de renegociar con Putin sus comisiones, sus prebendas, sobre la sangre de decenas de miles de muertos ucranianos y millones de damnificados. Ésa es la catadura moral de los líderes de la UE.

Y lo cierto a estas alturas es que aún cabría pedir como español, dado lo razonable del empeño, que nuestro país volviera a ser soberano, neutral e independiente, alejado de esas brumas de la Historia reciente de Europa que nos pillan tan al Este, que son la base conjetural de la misma existencia de la UE, que han quedado ahora despejadas nuevamente con el Brexit y con la invasión rusa de Ucrania, sobre todo después de haber asistido a las reacciones principales de los dirigentes citados y varios otros en estos últimos cinco meses. A mí me da vergüenza que se me pueda considerar “ciudadano europeo”. Claro que hace mucho, muchísimo tiempo, décadas incluso, que se hace bastante duro también ser “ciudadano español”.

Cada día que pasa se legitima la invasión de Ucrania

…por el Ejército ruso de Putin, dedicado por entero a afianzar sus posiciones estratégicas en torno al Mar de Azov y el propio corredor norte del Mar Negro, bien que Odesa resiste y la flota rusa parece haber desistido por el momento de una embestida anfibia contra el enclave. En el Donbás, la ofensiva por la ocupación total no ha hecho más que recomenzar, y conviene preguntarse cuáles son las expectativas y más bien los objetivos de Occidente respecto a la resistencia ucraniana y el fin de las masacres de civiles, ¿de nuevo van a insistir en el posibilismo y la mediación con el agresor que ha violado todas las leyes internacionales del último siglo?

Algunos países, dentro y fuera de la UE, han elegido ya armar fuertemente a los ucranianos, así como no impiden la incorporación de voluntarios a las fuerzas defensoras de Ucrania, pero otros mantienen la errática política de pensar que con Putin habrá que entenderse después de la guerra, mientras otros tantos no actúan por miedo a su debilitamiento interno, a la exposición real a los ataques rusos o a su mero y espurio interés económico o político, razón por la cual ninguna de las metáforas o remembranzas del presidente ucraniano Zelenski servirá para desentumecer el cuerpo abandonado a la molicie de esta casta política UEropea que comercia con los cadáveres ajenos de los que todavía tienen ideas y valores distintivos.

El asunto viene de lejos; el error, a más de ser contumaz, se extiende en el tiempo desde hace ya tanto que forzosamente tiene que ser considerado costumbre, mala costumbre, vicio o directa depravación. No sólo tiene que ver con esa “mala conciencia europea” que sirve para continuar como siempre, pero de manera soterrada, haciendo negocios de la peor especie con todo tipo de regímenes criminales, sino también con la fatua pretensión de que a la hora de la verdad somos los únicos garantes de que se vela por los derechos humanos, porque somos los únicos -los occidentales, digo- que conservamos a estas alturas de la Historia algo de legitimidad moral.

No es verdad, por supuesto; y cada vez lo es menos. Pero además se pretende olvidar que toda esa especie de aura de la legitimidad política y moral de Occidente vino siempre acompañada, y de hecho precedida, por el hecho de la superioridad militar, o cuando menos de una capacidad militar igual a la de los mayores imperios de la época: desde los Griegos a los Aliados que arrasaron con bombas nucleares las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Pues la Historia también muestra que nunca las causas justas y racionales se impusieron por sí mismas.

Cuando la realpolitik no garantiza ni los propios intereses

…ni mucho menos los derechos humanos, y ni siquiera parece poder garantizar la mínima seguridad de sus ciudadanos -y esto es tan válido ahora para varias naciones europeas ante la amenaza rusa, que de momento se ceba en Ucrania, como para España a corto plazo si no aprende a cuidarse mejor de la explosiva situación en que se encuentra el Magreb, de Marruecos a Egipto, con las injerencias varias de rusos, turcos, useños, británicos y franceses-, entonces es que conviene cambiar de juego.

En realidad, ¿a qué ha estado jugando la UE desde la Caída del Muro? Lo que surgió como un conglomerado germano-francés para constituir la Comunidad Económica del Carbón y el Acero ha devenido en un balneario-geriátrico para millonarios cansados de ser occidentales, tal vez ansiosos de experiencias más fuertes que las vividas, que en detrimento de acción al menos obtienen el placebo del “Bienestar” verde y reciclable y (presuntamente) autogestionario. Las nuevas generaciones, a su vez, se evaden en mundos virtuales mientras esperan la paga y el finde.

Pero en la vida real, donde un poderoso Ejército que está dejando miles de bajas propias -mientras no pierde la oportunidad de masacrar a la población civil y causar el mayor número de destrucción material y saqueo generalizado- para asentar su posición en el tablero del siglo XXI podría lanzar ataques con armas de destrucción masiva sobre ciudades escandinavas, de Alemania o de Polonia, no parece que la UE pueda seguir estirando el chicle de la hostilidad contra Putin sin llegar, literalmente, a las manos. Que es la justificación que, por supuesto, éste espera.

¿Se trata entonces de no jugar a lo que quiere el tirano ruso? Se trata lisa y llanamente, como nos enseñan tantas lecciones históricas, de entender por lo menos que, de manera no precisamente velada, la guerra ya les ha sido declarada a todas esas naciones sobre las que Putin desea ejercer una hegemonía recuperada, con la misma o parecida coartada que la empleada para invadir Ucrania, y se trata de cerca de una docena de ellas, de Rumanía a Finlandia. Puede que uno no elija a sus enemigos, pero al menos debiera ser consciente de quiénes son y de cuándo vienen a por uno.

El objetivo de Putin es la hegemonía

…aun compartida con los EEUU y China, por lo que no parece que la invasión de Ucrania haya sido una mera opción por “jugar fuerte” y contar con las mejores bazas para una posterior negociación. En rigor, da la impresión de que ambas partes contendientes, y negociadoras, esperan ganar tiempo o más bien perderlo, dilatar en el tiempo una posible solución pacífica al actual escenario bélico.

En el caso del gobierno ucraniano, a la espera básicamente de que las sanciones contra el régimen ruso castiguen lo suficiente el esfuerzo de guerra de Putin, y a la propia población sometida a sus dictados, como para lograr que éste afloje su yugo o directamente desista de su empeño. Por parte de los invasores, a la expectativa de los movimientos de la OTAN que podrían obstaculizar la consecución de sus próximos objetivos: del Báltico a los Balcanes.

Se ha hablado mucho de cómo en la mentalidad de Putin, asumiendo en sí la conciencia toda de la Madre Rusia, pesa como ninguna otra razón para la actual ofensiva la sensación mantenida de humillación de la otrora potencia soviética a manos de Occidente, concretamente a partir de lo sucedido en la Guerra de los Balcanes a principios de los 90, cuando la agresiva Serbia de Milosevic fue derrotada por la OTAN ante la inacción rusa.

Ahora este remedo de zar soviético que es Putin, como Milosevic pasara sin solución de continuidad de ser presidente comunista a líder del nacionalismo racista serbio, pretenderá hacer ver a las inermes potencias europeas que la “neutralidad” de Ucrania es el único modelo aceptable por parte de su régimen para la mayoría de las naciones de la UE, incluida con toda probabilidad Alemania, soslayada Francia y descartado por supuesto el Reino Unido británico.

Por todo ello, más allá o más acá de la pertenencia a la UE o la participación en la OTAN, los ciudadanos de las naciones europeas deberían ser plenamente conscientes de que lo que está en juego es la propia soberanía e independencia de las mismas frente al imperialismo ruso, en liza con los que Putin reputa como otros imperialismos similares, de EEUU y Reino Unido a Turquía y China. El viejo juego que viene dándose desde el siglo XIX, al menos.

Razón principal por la que la UE ha de establecer su propia y autónoma Alianza para la Defensa de sus estados miembro, único modo de preservar la democracia en cada uno y de proteger su particular esfera de influencia en el mundo a través del comercio, la cultura y la política.

 Porque, ahora ya a todos debiera parecer claro, sin una capacidad bélica de primer orden capaz de disuadir de aventuras como la presente a rusos, chinos e incluso “atlantistas”, la voz de Europa no se hará jamás escuchar como propia, luego no podrá a la postre influir en nada.

Los estúpidos debates de nuestro tiempo

…nos tienen al cabo inquiriéndonos sobre si un tenista serbio puede entrar fumándose un Marlboro en un establecimiento público, tal que una taberna o un restaurante o un pub, al haber recibido una exención dudosa por su gran mérito sobre las canchas, ¿o se trata de su ejemplaridad como fumador libremente responsable pero ajeno a las normas del local?

Simultáneamente, tenemos al pequeño dictador del país vecino renuente a obligar a la población que gobierna a vacunarse, pero dispuesto no menos a joderla viva si no lo hace, y luego están los pesadísimos tribunales de tantos y tantos países diciéndoles de manera exasperada a nuestros gobernantes que no saben hacer las leyes que convienen, técnicamente.

Otros lanzan cruzadas por libertades inverosímiles, y pretenden que como odian a Lenin se les debe recoger en el regazo de la Sagrada Causa de la Libertad, como si ésta estuviera perfectamente desvinculada de los hombres y las sociedades reales, que en medio de una peste, ahora como hace mil años, deben procurar en primer término la salvaguarda de vidas.

Un fallo en la comunicación global, como si fuera un fallo global en la comunicación, es la consecuencia (no sé bien por qué) inesperada de esta crisis coronavírica, cuando en rigor hubiera valido el comunicado del brote antes de 2020 por parte de las autoridades chinas, y las subsiguientes medidas de cierre de fronteras y reclusión forzosa, para atajar en buena medida el mal.

No sólo no se produjo, sino que la distorsión fue la tónica en la política de comunicación del buró del Partido Comunista Chino, genuina peste de nuestro tiempo de la que sólo pueden venir males mayores en todos los ámbitos para el mundo entero, no sólo para nosotros, por mucho que Occidente lleve haciéndose el sueco al respecto lo menos medio siglo.

Pero si China es el Mal, los sujetos como Djokovic son su quinta columna en el amedrentado Occidente, no menos que los Bill Gates o las Kamala Harris, los apóstoles de la medievalización de Europa y EEUU como Greta Thunberg o nuestro pobre tonto pero millonario comunista Alberto Garzón, el demediado Pablo Iglesias o la exageradamente cursi Yolanda Díaz.

Con Rusia llamando a las puertas otra vez, como acostumbra también desde hace mil años, Alemania se ve ahora impelida a amenazar con la suspensión del tratado sobre el gas que la mantiene funcionando desde hace dos décadas, por culpa del entreguismo progre de sus élites no menos que por su aversión verde a las nucleares y por su política exterior vegana.

En esta tesitura, cuando la guerra abierta por los recursos energéticos del Planeta ha estallado hace tiempo, una administración USA en franca retirada deja al aire la estrategia toda de una UE sin Ejército, sin Energía, sin Política Común Exterior -¿cuál es el grado de ignominia que ha alcanzado respecto a Venezuela y Cuba, Siria o Libia, y tantos otros países?- y sin proyecto alguno.

Que pretendan a la vez imponernos la absurda agenda 2030/2050 de los milmillonarios progres, nihilistas, como los citados antes, que sólo piensan en sobrevivir a la muerte como sea porque no pueden imaginarse un mundo sin ellos mismos -a diferencia de lo que les pasa a 9 de cada 10 de los 7.600 millones de seres humanos-, ofrece una cruda imagen del presente real.

No son líderes de nada, sino casta amorfa, de seres cuasi virtuales, fascinados por la propia desproporción de sus dineros y poderes, pero a la postre mortales y errados como cualquiera de nosotros, sólo que más peligrosos por sus codiciosas pretensiones de reforma moral del mundo, de redención universal. De ahí la generación de estos estúpidos debates actuales.

Los que saben ver, y además tienen un poder real sobre las cosas, conocen de sobra lo que vendrá a continuación, y como todo lo que hasta entonces ha sido reconocible y reconocido puede desintegrarse en apenas unos años: es la Guerra, que todo lo trastoca; y que se permite llamar a la puerta de Occidente precisamente cuando no parece haber nadie detrás para defenderla.