El juego está claro para todos

…menos para la UE, ese pacto germano-francés que no funciona siquiera ante la amenaza bélica de Rusia, no digamos ya respecto a cuestiones relativas a África, América y Asia. Hablamos de una presunta Unión, esencialmente económica, cuyos miembros funcionan de manera tan independiente como para andar compitiendo con malas formas por el vital suministro energético: véase el caso de Italia con Argelia, o la negativa de Francia a que España suministre gas directamente a Alemania.

Pero también se funcionó igual en lo peor de la pandemia de coronavirus, donde toda solidaridad entre países de la UE brilló por su ausencia sobre todo a la hora del suministro de material higiénico (mascarillas, gel y guantes). Claro que en España, habituados como estamos a quedarnos solos en nuestra política exterior, toda solidaridad de la UE es pensada en formato fondos sin control para que sean malversados por nuestras insanas autoridades, siguiendo básicamente el modelo de Saqueo institucionalizado establecido por el PSOE en Andalucía.

Ahora el déspota que nos desgobierna, el infame Doctor Sánchez, se hace Las Américas para lustrar las botas de los narcoterroristas bolivarianos, al fin y al cabo “compañeros de viaje” en su Gobierno hacia la nada vía Podemos, su sucursal en Europa; con lo que acabará de convertir España en una auténtica cabeza de puente para las injerencias guiadas por Cuba en el seno del viejo continente, que no han de ser menos lesivas que las injerencias rusas si nos atenemos a la década de los 70 con la eclosión de grupos terroristas financiados también por Libia e Irak.

Teniendo en cuenta que Sánchez ha logrado liquidar de un golpe nuestras relaciones con Argelia, después de haber renunciado a la postura tradicional sobre el Sáhara (que es la de la ONU), perjudicando gravemente los intereses españoles y enfeudándose de paso al suministro de gas de USA y Rusia -¡ahí es nada!-, lo único esperable de los socialistas es que no vuelvan a fustigarnos con sus eslóganes sobre la maldad del “unilateralismo” y el respeto a “la legalidad internacional”, cuando ellos no son más que unos chapuceros improvisando sobre la marcha.

Mejor que aprendan de Macron, que siempre -siempre que puede porque le dejan, claro- hace lo que le sale de la entrepierna en el bien entendido de que defiende así los intereses de Francia, únicos intereses que han interesado a los franceses y desde luego a sus gobiernos desde tiempos de Francisco I, lo menos; sólo que entonces se aliaban con el Turco que estaba a punto de invadir Italia un siglo y medio después de haberse quedado con media Europa, y ahora colaboran con Putin en cuanto pueden con el objetivo deliberado de debilitar a Alemania.

En el centro de todo, el territorio de Ucrania como campo asumido de experimentación bélica, con USA y Reino Unido como principales interesados en el desangramiento ruso sobre el terreno y su asfixia económica en el interior, lo que de paso deja a la citada UE en tierra de nadie una vez más, sin voz protagonista ni papel mediador alguno, por su incapacidad manifiesta de armar una fuerza bélica considerable como tal UE, pues sólo Francia y los británicos pueden presentar en el campo de batalla algo por el estilo.

Luego está el caso de Turquía, con otro ejército considerable al servicio, se supone, de la OTAN, si bien no se han cansado de reiterar los principales socios de la Alianza que “ésta no es una guerra de Rusia contra la OTAN” -¿cabe mayor hipocresía, a todo esto?-, razón por la cual no ha habido hasta la fecha exclusión del espacio aéreo ucraniano aunque sí amenazas de bloqueo del Mar Negro; de nuevo, según lo que le apetezca al caudillo turco Erdogan, por lo que la dirigencia ueropea se puede felicitar: ¡estamos en muy buenas manos!

Ahora sólo nos falta organizar un Festival Solidario con Ucrania adonde acudan Scholz, Macron y nuestro Sánchez a bailar descorbatados al ritmo de la balalaika, que podría tocar Ursula von der Leyen o la propia Angela Merkel, mientras Putin y Xi Jinping, los ayatolás y los bolivarianos aplauden a rabiar… y Boris Johnson se encierra en el cuarto de baño con todas las primeras ministras progresistas del Orbe a tener un poco de party, por aquello de la alegría –tampoco vendría mal que alguien despertara a Biden para que no se pierda la función-.

Pedro Sánchez es un déspota

…que como tal gobierna y pretenderá seguir gobernando, mientras el PP con Feijóo a la cabeza realiza estudios sobre expectativas de a cuánto le dejará la UE esta vez elevar el déficit anual al nuevo presumible Gobierno del PP. Claro que ésta no es la cuestión, sino el síntoma ahora más evidente de 40 años de Saqueo Institucional -esto es: perpetrado desde las instituciones- para copar todo el Poder y con ello su propia impunidad.

El Reparto del Presupuesto por los dos Partidos del Turno -PSOE y PP- en comandita con “los garantes de la estabilidad institucional” -el dicho Saqueo- que fueron hasta finales del siglo XX la catalanista CiU y el PNV abertzale, siempre hegemónicos en sus respectivos “ámbitos de decisión” gracias a las numerosas y consecutivas traiciones de los socialistas, pareció terminarse con la llegada al Gobierno de Zapatero, pero luego se vio que con Rajoy la cosa continuaba como siempre.

Hasta que llegó Sánchez y ya no es que no haya qué repartir, es que el déspota de La Moncloa lo quiere todo para sí y los suyos, que van variando según las necesidades del Caudillo socialista, izquierdista o “populista”, como se quiera: siempre intransigente en sus determinaciones, hasta que se le vuelven en contra; siempre demagógico, y tan mentiroso como para seguir mintiendo una vez que ya han sido puestas al descubierto sus mentiras.

¿O no ocultó a Ibrahim Galli, no ha trastocado la postura española sobre el Sahara, no prometió ayudar a los ucranianos y sancionar a Putin, no se erige como máximo impulsor de la OTAN el que pensaba suprimir el Ministerio de Defensa? Claro que prometió mucho cuando era Pedro Sánchez, no EL PRESIDENTE, tan feliz él de encontrarse en la Jefatura del Gobierno como odiado por todos los damnificados por su rastrera y torpísima ejecutoria -a estas alturas, mayoría absoluta de españoles-.

Este sujeto irresponsable, sin escrúpulos, psicopático, tosco y a la vez cursi, como casi todos los que le acompañaron en tan vertiginoso viaje al asalto del Poder, no debe llegar a Navidades, o las consecuencias de sus cada vez más extremosos actos -guiados por los pagos al contado de las deudas contraídas con sus diabólicos partenaires de la ETA y los golpistas de ERC más lo que resta de Podemos- excederán con mucho las previsiones más pesimistas de los críticos de la hora.

En este escenario inusitado

…para nosotros “los occidentales”, cuando nos vemos directamente expuestos a la amenaza de una escalada bélica susceptible de devenir en guerra total, con el uso en último extremo (en el último de los supuestos) de las mismas armas nucleares, cuando la cosa pinta tan mal, en una primera impresión, resulta que los cambios suscitados pueden ser drásticos y producirse a mayor velocidad de lo que cualquiera -cualquier crítico de la actualidad degradada de nuestros sistemas democráticos- podría haber previsto, y muy previsiblemente para bien.

La entrada de Putin en Ucrania como elefante en cacharrería, bien que sumada a la ya de por sí nefasta política exterior de la UE y la errática provisión energética de que han hecho gala hippie las naciones europeas desde hace medio siglo o más, ha supuesto a la postre una clarificación total de las políticas respectivas del conglomerado de países miembro, no sólo proyectando una diáfana unidad en lo moral más allá del corpus de las directivas rojiverdes, sino ampliando el espectro del proyecto europeo hacia una verdadera realidad político-militar.

No obstante los ucranianos combaten solos, ciertamente harían bien en no esperar nada más de nadie que la solidaridad generalizada en el discurso y la ayuda humanitaria, o a título particular de los ciudadanos de países vecinos, pero no es improbable que a la postre y pese a la postura manifiesta de la OTAN de no injerencia en el teatro de operaciones bélicas se acabe desplegando, porque es necesario más allá del envío de armas y asistencia técnica al esfuerzo militar ucraniano, un genuino contingente por la liberación de Ucrania peleando bajo su bandera.

En este sentido, siempre es alentador comprobar que más de 20.000 combatientes extranjeros se han unido ya a la guerra contra los invasores rusos de Putin, que trata de superar con tropas mercenarias los profundos agujeros en la moral y la capacidad de su falsamente victorioso Ejército “de Liberación”. Y en el mismo sentido cabe dejar por escrito que la mayoría de ellos son británicos, probablemente profesionales, que aún consideran que las únicas guerras a las que merece la pena acudir son aquéllas que se libran por principios.

La UE -dícese de Alemania en su coyunda no del todo afectuosa con Francia- parece querer comenzar a buscar de verdad su propio lugar en el mundo, después de haberse engañado décadas (e incluso siglos) al respecto, pero no deja de resultar paradójico que la luz de las antorchas que han de guiarla pertenezca en la hora presente a naciones como Ucrania o Gran Bretaña, tan fuera de la UE como dentro de Europa; tan dentro de Europa como fuera de ella se ha situado Rusia, ahora la de Putin, por voluntad propia desde hace ya más de un siglo.

El argumento de que Rusia es víctima

…resulta chocante, cuando se habla del expansionismo de la OTAN -Pío Moa, entre nosotros-, porque basta echar un vistazo al mapa, sobre todo si es esférico, para comprobar que difícilmente puede ser rodeado por la OTAN el país más inmenso del mundo, con multitud de bases navales con salida a los principales océanos del planeta, aun si se diera el caso de bloqueo turco hacia el Mediterráneo y quedara asimismo cerrado el Báltico -¿pero no es acaso Rusia desde siempre, antes de la URSS, la que ha amenazado a las naciones bálticas y a Finlandia?-.

Pues Rusia por el Este tiene acceso al Pacífico por el Ártico y por el Mar del Japón, que no resulta una amenaza para nadie desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Al sureste limita con China -¿acaso es su enemigo declarado?- y al sur con unas repúblicas centroasiáticas en las que se mantiene la esfera de influencia de tiempos soviéticos, como Kazajstán; su acceso al Mediterráneo podría obtenerlo gracias a su alianza de facto con Siria, ¿pero acaso la Turquía de Erdogan le ha supuesto algún tipo de amenaza a Putin hasta la fecha?

Pretender que Ucrania es el agresor por una política gubernamental “antirrusa” es plagiar los argumentos del tirano Putin, que no es que sea presentado así por la “propaganda USA”, es que se ha comportado así desde que llegó al Kremlin, y no en vano los asesinatos perpetrados desde entonces contra periodistas, opositores y activistas de los derechos humanos se han convertido en moneda corriente con la que paga el exKGB a los “traidores” y “vendidos”.

¿Pero vendidos a quién, si puede saberse? Navalni fue envenenado a instancias de Putin, como Skripal o Litvinenko, sólo que aquél no era un espía disidente al que otro camarada le ajustaba las cuentas, sino el líder de un partido político democrático que también promete lo mejor para Rusia, pero no a través de alimentar los peores sentimientos y rencores xenófobos, victimismos de los que se retroalimenta Putin revestido de sus particulares galas zaristo-estalinistas.

HISTORIA A LA CARTA

Porque ha sido Putin el que no ha perdido la oportunidad de conmemorar a la soviética el papel triunfal de una URSS dirigida con puño de hierro por Stalin, porque derrotó finalmente a los nazis, mientras enlaza con naturalidad la epopeya medieval del Rus de Kiev -fundado por vikingos Varegos, ¡luego suecos!- con las grandes gestas antinapoleónicas y la Guerra de Liberación para la que Stalin no dudó en apelar a los nobles sentimientos por la “Madre Rusia”.

Ahora resulta que hay que deslindar ciertos horrores de la Historia reciente, como el Holodomor perpetrado por ese mismo Stalin que glorifica Putin, según la ideología -¡fueron los comunistas, no los rusos!- y no la nacionalidad, pero entonces cabe admitir que los ucranianos “antirrusos” hagan lo mismo pero a la inversa -¡fueron los rusos, no los comunistas!-, aunque les valga también la síntesis: “fueron comunistas, rusos y ucranianos”. Sobre todo frente a Putin.

Porque a fin de cuentas las afinidades sentimentales son claras, cuando los ucranianos tachados de “nazis” quieren entrar en la Unión Europea, y los nazis “internacionalistas” (¡antiglobalización!) de medio mundo quieren liquidarla -y se encuentran a gusto con Putin-, y los “prorrusos” en Ucrania, ya sea por “antinazismo” -“no son antirrusos, son pronazis“- o por nostalgia de los tiempos comunistas, quieren volver al seno de la Gran Madre Soviética.

Que obviamente siempre fue Rusia, la sucesora del anterior Estado zarista, extendido por doquier con el recurso esencial a la Policía política asimismo heredada del antiguo régimen. Sin Rusia, el más terrible Imperialismo que haya conocido la Historia no hubiera sido posible, porque no hubiera existido siquiera la URSS. Desde Rusia se extendió su pestífera esencia por todo el mundo, como un virus, gracias a los adelantos introducidos por Lenin, Trotsky y otros.

RUSIA SE EXPANDE DESDE HACE MIL AÑOS

Pero mientras que a Alemania se le ha cargado el Holocausto de manera inmisericorde -y con muy justas razones- desde hace ocho décadas, a la implosión de la URSS no siguió ningún Núremberg, por lo que no es de extrañar que Rusia, o la sociedad rusa que otorgó el Poder a Putin y ha decidido mantenerlo en él hasta la fecha, decidiera que lo mejor para mirar al futuro era convertir a Rusia en la principal víctima de la URSS, limpia de polvo y paja.

En todo caso, por mucho que haya quienes entiendan/entendamos cierto sentimiento de humillación de una importante parte de los rusos por lo que juzgan una incomprensión algo injusta de la Rusia postsoviética por parte de Occidente, la única política de Putin desde que llegó a la Presidencia en 1999 ha sido la de expandir las zonas de influencia de Rusia, más allá incluso de los límites anteriores a la Gran Guerra.

Primero se ocupó Putin de Chechenia, cuya capital Grozni fue objeto de bombardeos contra la población civil como ahora Kiev y las demás ciudades ucranianas, aparte de la política criminal de guerra que incluía la tortura y la violación de civiles. Luego siguieron Ingushetia y Daguestán, repúblicas caucásicas, antes de la intervención militar rusa en Georgia, todo ello para 2009. ¿De verdad en todo este tiempo la OTAN ha representado una amenaza para Putin?

Y de nuevo, si echamos una mirada al globo, comprobaremos que la política de alianzas de la Rusia de Putin desde 1999 a hoy no ha sido precisamente prooccidental, sino de refuerzo de sus antaño aliados de la hora soviética: de Irán a Siria, de Cuba a Venezuela, con ejercicios militares conjuntos cada tanto con China, que tiene su propio plan de expansión imperialista aunque tal vez, y por culpa de la agresión de Putin, ahora sea a largo, cuando convenga, con paciencia confuciana.

CONCLUSIÓN: PUTIN ES CULPABLE

El régimen de Putin es culpable como agresor de una potencia sin mediar amenaza bélica alguna por parte de ésta, y así ha de ser considerado por la ONU y por el conjunto de las naciones soberanas del mundo. Pero, ¿hasta qué punto es Rusia culpable ahora mismo de los dislates despóticos de su “presidente electo”? Para los que entienden/entendemos que Putin es un tirano, la heroicidad requerida en Rusia para plantarle cara raya en la conducta suicida.

Pero, ¿qué hay de los que piensan que este nuevo Napoleón eslavo viene a la Cruzada por los Eternos Valores Morales de la Familia, la Patria y la Religión? ¿De veras entienden ellos que el pueblo ruso o la sociedad rusa está con la política del caudillo imperialista Putin? ¿De qué entonces la necesidad de reprimir por miles a los propios ciudadanos rusos que se manifiestan por las calles?

¿Qué entienden algunos, exactamente, con lo de que “Rusia es la víctima” o “Rusia está amenazada”, exactamente? ¿Qué Rusia: sus gentes o la imagen de estampita que tienen algunos de las patrias? Y en cuanto a Putin, que no está loco: ¿qué tiene para ofrecer a los rusos si pierde la guerra? Nada. ¿Y si gana? Nada, o muy poco. Luego como la rata, de verse él -no Rusia, sino su tirano- acorralado, es cuando más peligroso se tornará.

El momento es tremendamente delicado, y se trata de algo de lo que se podría hablar durante años -si tuviéramos tanto tiempo-, porque a fin de cuentas es el fin definitivo del Orden nacido de la Alianza de USA y URSS contra Alemania y Japón durante la SGM a lo que nos enfrentamos, y que sólo la Guerra parece capaz de simplificar decisivamente. Ahora bien, si no cabe encontrarle salida a Putin, deberá quedar claro que sí la hay para Rusia. Pese a todo.

En realidad, la Segunda Guerra Mundial aún no ha terminado

…y de hecho es cosa sabida en la comunidad de historiadores, porque de lo contrario no se entienden conflictos como los de Ucrania, pero tampoco los de China con Taiwán, el de Israel en Palestina, la partición de Corea y tantos otros asuntos de las relaciones internacionales que han sido soslayados, a conciencia o por despiste, en las últimas tres décadas de vida inteligente en Occidente.

Al respecto, un dato clásico de la historiografía es que la SGM comenzó el 1 de septiembre de 1939 cuando las tropas alemanas invadieron Polonia por el Oeste del país a las órdenes del dictador nazi Adolf Hitler, pero suele soslayarse -cuando no se oculta deliberadamente- que las tropas de la URSS (fundamentalmente rusas) del dictador comunista Josif Stalin penetraron por el Este el 17 de septiembre, siendo aplastada toda resistencia polaca para el 6 de octubre.

En respuesta a la invasión, Inglaterra y Francia le declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre… pero jamás a la URSS, posterior aliado en la contienda, que a su vez se dedicó a tratar de invadir Finlandia apenas dos meses y medio después, con estrepitoso fracaso por su parte. Pero una guerra que supuestamente empezó por la invasión de Polonia terminó no menos supuestamente con su práctica entrega a uno de sus invasores, la URSS de Stalin.

En la partida de las conferencias que se jugaron, entre trago y mucho trago, los dos gigantes de la hora, Churchill y Stalin, (cierta) Europa quedó ciertamente repartida entre los vencedores según las denominadas “áreas de influencia” que, una vez unificada la parte de useños, británicos y franceses, validó el “telón de acero” detrás del cual quedaron Polonia y Hungría, Bulgaria y Rumanía, y hasta Checoslovaquia, cuya capital Praga se encuentra al oeste de Viena.

En Grecia aún hubo de librarse una cruenta guerra civil para liquidar a la guerrilla comunista, mientras la Yugoslavia de Tito iba a avanzar por esa especie de tercera vía “autogestionaria”. Media Alemania quedó asimismo al otro lado del Muro, que no sólo era físicamente una pared con alambradas y torretas de vigilancia, como se ha demostrado durante estas tres últimas décadas que han seguido a su destrucción material.

ELLA SIEMPRE DICE NO

La partida que ahora juega “Europa” se complica al asumir la perspectiva del “líder” de la UE, una Alemania cargada de complejos, remordimientos y también cierto rencor hacia Occidente, y no hablo meramente de su clase política, más bien acomodaticia, “tolerante” siempre a favor de los vientos -“veletismo” lo llamamos por aquí- y consecuentemente corrompida por los vicios y placeres del “Bienestar Social” tanto como por el nihilismo relativista y suicida.

Una sociedad que no parece haber comprendido que la raíz del mal hitleriano, una especie de racismo espiritual tanto como fisiológico, intelectual y hasta cuasi religioso, no brota del militarismo prusiano sino de la filosofía idealista -de Hegel a Heidegger, ¡la conjura de los idealistas alemanes!- que no deja de deslumbrar a tanto tonto con ínfulas de sabihondo, de oscuro arúspice de los designios de la Historia, desvelador de secretas claves teleológicas…

Así que es de agradecer la noticia de que el actual canciller de Alemania haya decidido apostar por la Defensa, siendo como es Scholz el primero de su partido (PSD) en gobernar después de Schroeder, vendido al Estado ruso vía Gazprom antes incluso de haber abandonado la presidencia del Gobierno, si bien se trata de quien fue reelegido pese a su inepcia por la hazaña de acercarse con impermeable y botas a saludar a la gente durante unas graves riadas.

Queda por recordar, pese al empalagoso unánime elogio en su reciente despedida del cargo, a quien tantas responsabilidad tiene en la situación presente, la ex canciller Angela Merkel, no menos enfeudada a Rusia, no menos responsable de las anteriores cesiones a Putin en Georgia y Ucrania, y en la misma Siria, o en Libia, donde Obama y ella jugaron a redentores de la Humanidad en nombre de ¡la democracia! antes de tener que dejarlo todo en manos rusas y turcas.

PUTIN ES EL ÚNICO AGRESOR

Pero ha bastado la invasión de Ucrania, que ahora da la impresión de ser un paso en falso de Putin, para que toda la “realpolitik” anterior apuntada, más que apuntalada, por una Alemania desmilitarizada, desnuclearizada y hasta despolitizada -la disparatada legislación “de género” y “trans” rige para Polonia y Hungría, ¿pero no para Rusia o China, campeones en la violación sistemática de los derechos humanos, como Irán o Cuba o Venezuela?- se haya venido abajo.

Hay que celebrarlo, precisamente en un momento de franca (presunta) retirada de la República Imperial de los USA de media Europa y medio Asia, aunque a la postre no les quedará otra a los useños que volver a intervenir: ¿o es que pretenden que, como la Gran Bretaña de antaño, pueden vivir un “espléndido aislamiento” los que se encuentran entre el Pacífico y el Atlántico, con la Rusia de Putin al Norte y la América Roja al Sur?

No sólo es que no puedan permitírselo, es que ya van tarde parando a chinos y rusos en el hemisferio que debiera ser de su casi exclusiva incumbencia -“America para los americanos”, según Monroe-, ya que España (y con ella la UE) ha desertado de cualquier responsabilidad desde la masacre terrorista del 11-M en Madrid, con la llegada de Rodríguez Zapatero al Poder, a nuestros días, patética “Alianza de Civilizaciones” mediante (y patético Rajoy también).

Así que cuando el dictador Putin se atreve incluso a amenazar a países como Suecia o Finlandia, cuando las tres repúblicas bálticas (Letonia, Estonia y Lituania) entienden que serán el siguiente plato con no mucha mayor preocupación que Polonia y Hungría, Bulgaria y Rumanía, y hasta la misma Turquía (miembro relevante de la OTAN) decide cerrar el acceso al Mediterráneo a los buques rusos… se puede declarar que Rusia es, efectivamente, el enemigo.

UCRANIA NO DEBE CAER, CUBA SÍ

Y si quisiéramos, si nos atreviéramos a mirar con una “visión global” la situación política del mundo todo, con especial atención al respeto de los derechos humanos más básicos de nuestros congéneres, entenderíamos enseguida que resistir hasta la victoria en Ucrania, hasta la retirada rusa y el colapso del régimen de Putin, es la única opción a día de hoy no ya para la fofa “Europa”, sino para todos los pueblos oprimidos por el comunismo en América, Asia y África.

Más allá de la torva propaganda de los De Prada que justifican a Putin, o los Pablo Iglesias que aducen “cabalgar contradicciones” para hacer lo propio con Putin, Xi Jinping y los ayatolás de Irán, de todos aquellos que alegan enfrentarse al “Nuevo Orden Mundial” por “uniformizador” cada vez que han de armar sus tramoyas y escenarios, discursos de propaganda antiUSA y demás, tenemos a las juventudes de Cuba y Ucrania, de Nicaragua y de Hong-Kong, de medio mundo no-occidental dispuestas a conquistar la libertad por sus propias manos.

Así que, como rezaba esa canción: “Si no piensas ayudar, échate a un lado”.

La guerra no salvará a Sánchez

…de su más que previsible hundimiento electoral -constatable a lo largo del presente 2022 en algunas elecciones autonómicas- porque no queda claro al español medio qué se le ha perdido a España en el conflicto entre Rusia y Estados Unidos, más allá de servir a los intereses de la Alianza Atlántica de la que forma parte, pero irrelevante, siendo además de los países que menos aportan presupuestariamente en relación a su PIB (como ya denunciara Trump en su día).

Queda no obstante por ver si los partidos españoles desarrollarán, al albur de la situación, una orientación estratégica para el Gobierno que pueda calificarse propiamente de “política exterior”, lo cual es más que dudoso, incluso en el caso de Vox. Básicamente, porque la situación geoestratégica de España demanda la protección de la entrada al Mediterráneo, según el eje Mallorca-Gibraltar-Canarias, como no se cansa de reiterar Pío Moa casi a diario.

En consecuencia, debería alterarse la política respecto a Gibraltar, que es un punto de la Defensa estratégicamente indispensable; como reforzar la seguridad en el Mediterráneo con el control del tráfico ilegal de personas, también hacia las Islas Canarias; y reafirmar la españolidad de Ceuta y Melilla con la debida, si es menester, presencia militar naval y terrestre.

O sea: Gran Bretaña, Marruecos, Francia (por su ascendiente sobre Marruecos y Argelia, y su propio interés) y, en segundo término, USA son los obligados interlocutores de cualquier Gobierno de España que pretenda asegurar la Defensa y Seguridad de la Nación; dicho lo cual cabe referirse al agravio comparativo de que, como miembros de la OTAN, ésta no se comprometa a defender la españolidad de las ciudades autónomas citadas ni de las Canarias.

EL PAÍS DEL “NO A LA GUERRA”

En su día, el presidente Aznar ofreció a la OTAN la sede canaria para albergar una especie de submando atlántico, pero cabe recordar que toda política “atlantista” del Gobierno español quedó arrumbada por el asalto del PSOE de Zapatero a las instituciones después del 11-M de 2004, razón por la cual (para llevarnos de vuelta al “corazón de Europa”) no existe desde entonces “política exterior española” que no sea los siniestros comisionados de los Bono, ZP, Monedero … de Guinea a Bolivia y Venezuela.

Cabe recordar al respecto que antes de Aznar tampoco parecía haber una coherente “política exterior” en los gobiernos del Felipismo, aunque con Solana de secretario general de la OTAN se bombardease Belgrado mientras participábamos con fragatas, aviones y legionarios en lo más crudo de la Guerra de los Balcanes -honor por siempre a nuestros aguerridos defensores de Móstar, que evitaron una más que segura masacre genocida-, como antes en la del Golfo.

Así las cosas, más allá de nuestra “tradicional amistad con los países árabes” -que viene del Franquismo, pero que el Juancarlismo convirtió en muy otra cosa-, la “Alianza de Civilizaciones” ha sido el trampantojo utilizado por el Gobierno -con Z, con Rajoy y con el Doctor- para despistar a los españoles, pues a fin de cuentas tanto España como Turquía forman parte de la OTAN a fecha de hoy, pese a todas las desavenencias con Erdogan y los pujos de éste por lograr una posición intermedia entre Rusia y EEUU.

Vamos, que no tiene tan poca razón ese discursito de manual bolchevique que ahora tienen la oportunidad de esgrimir los podemitas -se les ha olvidado aullar el “¡Fuera bases!”-, porque, ciertamente, España es “el país del No a la Guerra” (y del No a la Muerte, No al Machismo, No al Coronavirus y otras obviedades, también). Sólo que entonces cabría haber recordado a su socio bolivariano los aviones que mandó, sin pedir permiso alguno al Congreso, a bombardear la Libia de Gadafi junto a sus amigos de la hora: Cameron, Sarkozy, Berlusconi…

¿HABRÁ SELFI PRESIDENCIAL EN EL INVIERNO UCRANIO?

Por eso digo que, más allá de las críticas oportunistas de Podemos, que le vienen hasta bien para dar algo de imagen de estadista occidental, Sánchez no podrá salvarse gracias al papel de España -al suyo como presidente del Gobierno-, en una guerra que tampoco ha de dar para imágenes vistosas, como tampoco las han brindado los alrededor de 14.000 muertos que desde 2014 ha sembrado en suelo ucraniano.

Podemos entretenernos, pues -como durante la Gran Guerra de la que permanecimos felizmente al margen-, con las especulaciones de expertos y no tanto que estos días inundan los medios/miedos de comunicación, dando pie a múltiples teorías o meras tesis sobre la resolución del conflicto, sus implicaciones y consecuencias, etc. Entre la casta política nacional y la creciente irrelevancia de los medios patrios, precisamente por su falta de credibilidad en tantos momentos cruciales, han logrado conducirnos a esta situación de “espléndido aislamiento”.

Porque no niego que la guerra, cualquier guerra en este mundo actual que es uno solo, podría generar todo tipo de derivadas para España, aunque mucho más en este caso para la Europa oriental -sobre todo si Putin decide, sin ir más lejos, hacer estallar el polvorín balcánico, seguro de que los serbios se dejarán querer-. Lo que pretendo decir es que, dada la ausencia de política exterior del Gobierno, del Estado mismo, a los españoles nos queda mirar los toros desde la barrera, con barcos o sin ellos.

Y eso es todo, por lo que “El Guapo” apenas podrá lucirse aunque pose en el Falcon “con las gafas de puto amo”, como escribió Gistau de la famosa (y ridícula) imagen “a lo Kennedy”. A fin de cuentas, Sánchez sólo controla omnímodamente las teles españolas, lo que a estas alturas ya viene a ser un consuelo. La guerra (o la no-guerra), para enterarnos de algo, la habremos de seguir los españoles por la BBC o la CNN -como en tantas otras ocasiones, dicho sea de paso-.

We will never forget

…fue el lema con que pareció reaccionar la opinión pública de los Estados Unidos de América a la masacre terrorista del 11 de septiembre de 2001 -cuando empieza este siglo- en Nueva York, y la cuestión a estas alturas de la película (y del siglo) es quiénes y hasta qué punto nos vimos comprendidos en ese “We” que prometía vengar la ofensa y a sus (¿nuestros?) muertos.

Pues más allá de las imágenes terribles de niños árabes -no sólo en las calles de ciudades palestinas- celebrando el horror de los atentados, gran parte de la población mundial quedó (lógicamente) al margen del hecho en sí, pese a las imágenes de televisión, mientras los europeos mostraban más estupor ante los hechos que cualquier otra cosa.

Una parálisis que se tradujo casi de inmediato en reticencia a tomar ninguna decisión que fuera interpretada como sometimiento a la estrategia reactiva de los USA, que nominaron como “Justicia infinita” la operación de invasión del Afganistán de los talibanes que refugiaban a Osama Ben Laden, antes de renombrarla como “Libertad duradera”.

Pero finalmente se fue, con la OTAN de entrada y bajo el mismo paraguas de la ONU que finalmente también cubrió la invasión de Irak, aunque a posteriori -dato que en todo caso decidió pasar por alto ese eximio estadista llamado José Luis Rodríguez Zapatero, que antes de Joe Biden ya perpetraba retiradas ignominiosas dejando tirados a sus aliados-.

Ahora se abandona el campo en Afganistán precisamente a terroristas de todo pelaje, talibanes* o “alcadaínos” o “daeshianos”, que tanto monta, porque lo cierto es que cada facción buscará enseñorearse de un terreno donde dedicarse a lo que efectivamente se dedican como parte constitutiva de su manera de vivir: entrenarse para matar infieles.

Así las cosas, uno esperaría que el pueblo americano (USA) honrara su memoria y su propio juramento a los muertos, a los vivos y a los por nacer -“We will never forget”- para no rebajar un ápice la importancia de lo sucedido, para no ceder al relativismo facilón justificado por una mala conciencia que en ningún caso puede olvidar el crimen, ni siquiera perdonar a los asesinos.

Porque pese a las aspiraciones ilustradas (universalistas) de los europeos -reducidas en nuestros días a esa especie de buenismo informe ecosostenible que no es capaz de resistir una fatua islámica escupida a la cara-, el Islam se difunde por el mundo y no siempre de buenas maneras: desde Arabia se expande hacia África y Asia mediante proselitismo, terrorismo y petrodólares.

Conviene tenerlo presente cuando USA y sus tibios aliados se retiran del frente afgano, puesto que si en veinte años la situación no ha devenido “insostenible” en nuestras propias ciudades europeas se debe básicamente al sacrificio de vidas, tiempo y dinero realizado por esos “yanquis” que tanto son despreciados por estos lares -puede que por sentir, humillados, que nos rebajan como hombres (¡como mujeres también!)-.

A ellos va dedicado este artículo en el aniversario de fecha tan negra, crucial e imprescriptible.

*Nota: “talibanes” es el plural formado en castellano de manera natural y espontánea por todos los que asumimos “talibán” (“los estudiantes”) como singular, en vez de talib, que en todo caso formaría en castellano el plural “talibes” y no “talibán”, que no es desde luego ningún plural en castellano (aunque siempre se den excepciones).

Cuando los aliados quedan reducidos a colaboradores

…resulta sencillo imaginar que se ha producido una falla en la confianza mutua, pues desde luego no es lo mismo (ni en la política ni en el terreno militar, ni en el mundo empresarial ni en las propias relaciones personales) una alianza que una colaboración, dado que no son iguales sus presupuestos, implicación y sacrificio, ni la asunción de responsabilidades compartidas.

De atender a lo que sucede actualmente en Afganistán, podría parecer que los USA nunca se tomaron en serio la alianza con sectores o grupos dominantes en su objetivo de erradicar la amenaza talibán -objetivo que ahora la administración Biden parece querer disimular con la mención exclusiva a la red terrorista internacional Al Qaeda-.

Algo discutible a tenor de los esfuerzos de financiación de la formación y adiestramiento de unas Fuerzas Armadas de Afganistán dignas de tal nombre, así que cabría indagar en los motivos que condujeron a los USA a retirar su apoyo logístico (munición, medios aéreos y otros) prácticamente de la noche a la mañana; como, por cierto, en el caso de los kurdos.

Verdaderos y útiles aliados sobre el terreno, “los kurdos” -aquellas facciones ajenas al PKK y con preferencia suníes- se convirtieron ya desde la Primera Guerra del Golfo a principios de los 90 del siglo pasado en el contingente terrestre más relevante para los USA en Oriente Medio*, sólo que lo que valía para hostigar al régimen de Sadam Husein también resultaba molesto para el vecino turco.

De entonces a hoy, la islamización ideológica de Turquía perpetrada por Erdogan no ha impedido el recurso a un nacionalismo exacerbado como medio de presionar a los USA respecto al Kurdistán, mientras elude mencionar por obvia su propia condición de aliado de Occidente integrado en la OTAN.

La base de Incirlik es el principal aeródromo con que cuenta USA en la zona -un buen balcón mediterráneo sobre el Oriente Medio-, si bien su principal base naval está en Bahrein y mantiene importantes contingentes de tropas en Kuwait y Qatar, y otras bases aéreas en Arabia Saudí, aparte de su infraestructura en el Irak ocupado postSadam.

Además, en lo que debiera preocupar a los europeos con urgencia, Turquía sirve de tapón oriental de Occidente a las múltiples amenazas procedentes de la inestabilidad regional, desde las migraciones masivas a las incursiones islamistas, desde la penetración terrorista a la de las organizaciones criminales traficantes de armas, drogas y personas.

No es difícil imaginar por tanto la renuencia de los USA a perder un aliado tradicional y asentado, con Estado propio -lo que vale tanto para Turquía como para los países árabes del Golfo Pérsico-, para mantener y mejorar su relación con esos kurdos que tan bien han combatido sobre el terreno como aliados, ¿o se trataba únicamente de meros “colaboradores”?

EL EXTRAÑO CASO DEL ALIADO AFGANO

Por todo esto extraña tanto que los USA, con una base operativa en Bagram no inferior en importancia a las antedichas en el Oriente Medio, haya decidido finalmente rebajar a “colaboradores” a militares y civiles afganos prooccidentales en vez de conferir el estatus de “aliado” al Estado afgano en sí.

Un aliado en la zona que debería combatir a los talibanes con retaguardia fija en Pakistán, como a otros grupos extremistas y/o terroristas de la región, así como representar precisamente el papel de “amigo de Occidente” frente a potencias tales como la misma Pakistán, el Irán de los ayatolás o la China comunista.

Ciertamente, no parece que las élites afganas hayan estado a la altura en ningún momento, con tanta afición a las desavenencias como a la corrupción, en un país lejos de parecerse a una Nación occidental y con un Estado en permanente construcción. Lo que no deja de representar el genuino fracaso de la misión internacional liderada por los USA, dicho sea de paso.

Tal vez la opción radical desde el principio debiera haber sido la imposición de una dictadura militar y posteriormente civil, como en Japón y Alemania inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial, hasta erigir un Estado capaz de hacer llegar la Ley a todos los confines del territorio.

Evidentemente, algo más que perspectiva científica y económica, y que la más desarrollada perspicacia política, habría sido menester para lograr un éxito decisivo en una región atravesada secularmente por bandidos y señores de la guerra, pueblos enteros e imperios de todo pelaje; porque, a fin de cuentas, Afganistán parece la tierra de nadie entre estados bien delimitados por fronteras.

Pero de atender únicamente al coste incalculable de dos décadas de ocupación militar -tan parcial como intermitente en ciertas regiones del país-, no habría estado mal tener las ideas claras de partida, o al menos rectificar sobre la marcha; o, lo más mínimo, establecer una retirada segura y un mensaje claro a los ya no “aliados”, sino “colaboradores”, de repente convertidos en “refugiados”.

Lo que se ha visto, muy al contrario, ha sido el ridículo político de los USA y no menos el de las otras potencias occidentales, que a fuer de fungir de ilustrados antiamericanos “cuando toca” se han encontrado con la más plástica de las realidades geoestratégicas: cuando el que tiene el poder militar disuasorio se retira, todos los demás han de salir corriendo detrás de él.

*Nota: «Oriente Medio» es la traducción literal de Middle East, término empleado por la Prensa en USA tanto como en el Reino Unido para referirse a nuestro entrañable Oriente Próximo -como hace décadas que España no tiene ninguna política exterior, mucho menos en aquella zona, utilizo el término «globalizado» (como hace, por lo demás, nuestra deplorable Prensa), así que espero que los puristas lo pasen por alto-.

Occidente se retira de todos los frentes

…en consecuencia con su falta de fe en un Orden liderado por sus valores y principios -si es que a estas alturas mantiene alguno diferente a “hacer negocios”-, lo que más acá de Afganistán implica la pérdida acelerada de cualquier tipo de régimen amigo en el hemisferio suroccidental: precisamente en América, la América española.

La Internacional Socialista del Foro de Sao Paulo alcanza por tanto metas y objetivos que les parecían vedados apenas hace una década, y todo ello mientras los EEUU de Obama y los Clinton se dedicaban a meterle el ojo a Putin en su esfera de dominio, mientras se vendían a China y se volvían a olvidar de la defensa sistemática de los derechos humanos.

Porque el llamado “intervencionismo humanitario” ha tenido episodios más chuscos que los de Afganistán e Irak, caso de las “primaveras árabes” en Libia o Egipto, o en la mismísima Siria salvada a la postre de su desintegración por el descaro rampante de un Putin al que se pretendía desafiar en Ucrania hasta que decidió ocupar (y quedarse con) Crimea.

Nada que la diplomacia conjunta de la UE y la OTAN no pueda empeorar, con sus remilgos en la actuación que desmienten una a una sus rotundas condenas a los desmanes de potencias, a estas horas de la partida, declaradamente enemigas de los intereses y de la misma esencia de Occidente; del citado respeto a los derechos elementales de los individuos.

Afganistán no será por tanto más que símbolo del presunto fracaso militar de Occidente, que fácilmente enjugarán el cine y los medios al uso hablando del “avispero afgano” y cosas por el estilo; pero lo que indica a las claras la retirada de los USA y sus aliados de un terreno lejos de haber sido pacificado (¿misión cumplida, entonces?) es la falta de voluntad de victoria.

¿Para qué vencer sobre un terreno yermo? ¿Sería legítimo, de hecho, imponer el modelo occidental a una población tan dispar étnicamente, tan lejana incluso físicamente de constituir una Nación como las que reconocemos habitualmente? ¿Para qué se fue, en definitivas cuentas, a Afganistán? Pues básicamente para erradicar la amenaza talibán, cosa que no se ha conseguido.

Pronto veremos por tanto las grúas con cadáveres colgando -como en el Irán de Jomeini, como en el Afganistán de hace dos décadas-, como volverán las lapidaciones de mujeres “adúlteras” o meramente contestatarias, o de los señalados como “blasfemos”, o de todo aquel que no conciba vivir nuevamente bajo un régimen de terror islámico y decida rebelarse contra el mismo.

¿Dónde quedará Occidente entonces? ¿Acaso reducido a las pantallas de TV en permanente retransmisión de los horrores del mundo? La cuestión mayor es que en nuestros días ya no nos es permitida la ignorancia sobre lo que sucede en el Planeta, porque nos sucede a todos y en tiempo real: trátese de un virus de alcance global o de un genocidio en curso.

Y el problema es que la mala conciencia de nuestras opulentas sociedades cansadas y envejecidas no da siquiera para una protesta coherente sobre cómo funcionan la intervenciones militares (y por extensión políticas, y a la inversa) de Occidente, mucho menos para algo que exceda la mera telecompasión para con esas víctimas recurrentes de “esos países” que sirven como autojustificación, en fin, de que “las cosas siempre han sido igual”.

Aquí cabría rematar -aunque sólo fuera por ejercitar la memoria- que esto no es verdad, aunque lo parezca; que depende tanto del enfoque subjetivo como de los criterios éticos con que se juzgue cada situación. Porque a día de hoy la regresión democrática es patente en todos los continentes, luego podemos constatar que “hemos estado mejor que ahora”. Ya solo falta vislumbrar hasta qué punto pueden empeorar las cosas.

Gobernará la alternativa radical a Sánchez

…y su banda de acólitos y familiares, pues que se ha convertido el ínclito en el perfecto indicador de todas las políticas que no ha de seguir una Nación democrática, libre y moderna como quisiera ser España -o como a los españoles les gustaría que fuera (les gustaría ser a ellos como parte de la Nación)-, y esto es lo que debiera asumir desde ya el PP de Pablo Casado.

No se trata de poner parches en la errática “política económica” de los sucesivos gobiernos desde Aznar, ni tampoco de restablecer hipocresías de corto alcance en “política exterior” o menos aún en “política interior”, tres ámbitos del máximo interés para todos los ciudadanos que recaban algo más que “gestión” administrativa desde los aparatos del Estado.

De ahí los entrecomillados, dado que España (la Nación Española) carece ahora mismo de independencia en su política económica no porque forme parte de la UE y del sistema monetario del Euro, o no sólo, sino por su incontrolado endeudamiento, su disparatado sistema administrativo y la hiperabundancia de enchufados y comisionistas de lo público.

Tampoco posee una nítida política exterior desde Franco, pese a las gestas y gestos de González y Aznar, antaño, atisbando cuál podría ser la adecuada ubicación de España en el concierto internacional: todavía Gibraltar ocupado por los británicos, las bases USA sin aparentes contrapartidas, el papel subalterno en la UE, en la OTAN…

Y qué decir de la política interior de un país que tiene a peligrosos separatistas que vienen de dar un golpe de Estado dirigiendo la formación del gobierno de una de sus regiones más pobladas, los unos desde la cárcel y los otros desde su refugio en uno de esos países con los que se supone que España mantiene una estrecha alianza de defensa y cooperación mutuas.

O cuando el Estado transfiere la potestad de excarcelar a terroristas asesinos de compatriotas, a los que debidamente se procurará trabajo y vivienda a cambio de nada, a aquellos que se han valido de ETA para imponer una hegemonía “abertzale” que es en todo contraria a la Constitución -a cualquier constitución democrática-, a la Nación y al mismo buen gusto.

Luego resulta que no se puede defender las fronteras atacadas por Marruecos porque se trata de una “crisis migratoria”, a la que tampoco se piensa poner freno yendo a las raíces de la misma, pero es lo normal cuando el Ejecutivo tiembla a la hora de hacer cumplir las (demoradas) sentencias del Tribunal Constitucional en el seno de la propia Administración.

Que no piense por ello Casado o su más reducido círculo de asesores que podrá sumar para ganar a Sánchez y gobernar si no se aplica desde ya a la tarea de presentar una radical alternativa nacional al “proyecto 2050” del caudillo del PSOE, que vendrá de la mano de Vox o no será, porque las ocasiones las pintan calvas y la hora demanda la enmienda a la totalidad.

Los españoles estamos cansados de las zarandajas “autonómicas”, coartada para el saqueo institucionalizado, la intimidación permanente y la limitación de nuestros derechos y libertades; como del papel innecesariamente subsidiario de España respecto a potencias vecinas que luego no son tales, por sus propios e inveterados errores políticos y morales.

Tal vez sea de nuevo ilusionismo pretender que con una sociedad tan maleable y maleada como la española, heterodirigida desde hace décadas por la propaganda oficial y pastoreada con facilidad por el establishment “progresista”, se pueda hablar en nombre de los españoles pretendiendo que anhelan más libertad y autogobierno en su país, y una digna política exterior.

Pero como otros esbozan sus sueños pesadillescos para los demás (¡asombrosamente kafkianos!), sus descarnadas ansias de Poder y sólo puro Poder, algunos todavía queremos prestar juramento de fidelidad a una serie de ideas y principios liberales y patrióticos -o sea: democráticos- aunque nos encontremos para variar solos en el camino; muy solos.