Los últimos movimientos de Sánchez

…apuntan en la misma dirección de toda la trayectoria del psicópata que ocupa La Moncloa, pues no hay nueva medida anticrisis que no trate de comprar descaradamente “la voluntad del Pueblo” a través del engaño masivo, ni declaración que cese de estigmatizar a toda oposición como antidemocrática o de “extrema derecha”.

Un gobernante despótico contra la Nación, amén de fatuo, plagiario, mentiroso y traidor, que debiera ser expulsado del Poder vía moción de censura a la primera ocasión y con los votos suficientes de los diputados del PSOE que todavía quieran conservar el escaño una década más, so pena de que el Doctor No logre arrastrarlos al abismo a todos en su deletéreo proyecto unipersonal.

Ni una sola lágrima cabría derramar entonces por la suerte de tal partido, que jamás debió fungir de siglas manchadas de sangre a partir de la aprobación de la Constitución de 1978, y al que por el contrario se le entregó todo de entrada, de la legitimidad de origen al conjunto de las instituciones públicas y parte del conglomerado de las respectivas de la sociedad civil.

El PSOE, ya se sabe, lo que no pudo ocupar o apropiarse lo destruyó o expulsó del sistema, para quedarse ellos, hijos revirados del Franquismo, por encima de cualquier otra alternativa de gobierno a su régimen fascistoide, superación degradada del Gobierno corporativo que tanto gustó desde principios de siglo XX a las élites españolas (léase Cambó, Azaña, Ortega…).

Algo que, como nos hemos hartado de ver durante cuarenta años de Juancarlismo, era perfectamente compatible con la Monarquía parlamentaria, casi-casi como en tiempos del primorriverismo del bisabuelo del actual rey Felipe VI, sólo que con Felipón al mando -siempre el PSOE y la UGT como fuerzas “políticas” esenciales al Estado- y Arzalluz y Pujol al bombo y con la saca en las manos.

¿Que son cosas del pasado? No tanto como el bombardeo de Guernica, teniendo tan a mano el 11-M en Madrid que dejó más muertos y decenas de miles de víctimas; aunque mucho menos del pasado que el terrorismo abertzale y su hegemonía consecuente en una parte de España, saludada por todos estos mequetrefes del PP que se sienten euskadianos y agitan con fervor la Ikurriña del racista Sabino Arana esperando «recuperar los votos del PNV».

Como los imbéciles orgullosos del trapo blanquiverde que dicen que es “la bandera de Andalucía” -será de “la nacionalidad andaluza”. como la bautizó Javier Arenas en aquel estatuto de autonomía renovado a mayor gloria de la casta regional que aún perdura, saqueadores al por mayor de fondos públicos- consideran que ha ganado “la moderación” y «la buena gestión»… en la segunda Comunidad más pobre de España teniendo que ser la más rica.

Tenemos todavía en el sillón de mando a un chulo con vocación de caudillo que no se ha visto y no se va a volver a ver en otra jamás, con riesgo cierto de acabar dando con sus huesos en el banquillo de los acusados por más de una y de cinco causas distintas, desde la mera prevaricación a la alta traición, por lo que no es probable que deje el paso con gesto tranquilo, sino que trate de hacerse con todo el Poder o lo suficiente como para blindarse judicialmente en lo futuro.

Nos espera el horizonte de la quiebra técnica del Estado, una vez más, y si el único consuelo es que antes (o después) sucederá la intervención de la UE -ya le van dimitiendo secretarios de Estado al ministro de Hacienda, ¿por qué será?-, nada bueno nos deparará la próxima década si no somos capaces de hacer justas cuentas con nuestros dirigentes, nuestras élites, nuestro propio pasado de acciones y omisiones.

Deberíamos tomárnoslo todo a partir de ahora -la más que posible intervención, la caída de Sánchez, la drástica alteración de nuestro régimen constitucional o “Estado de Bienestar Social” (¡puaj!)- como una serie de acontecimientos traumáticos que, una vez superados, como si atravesáramos una espesa bruma perdidos en el bosque, nos permitirán encontrar el camino de nuevo.

Hay que resetear el sistema, dicho en términos más actuales. La España que conocimos ha hecho definitivamente crack.

Un reciente plebiscito de la Casta

…llevó a los catalanes –a una buena parte de ellos- a votar en urnas de cartón y sin ningún tipo de registro censal ante la estupefacta mirada de todos (es un decir) los demócratas del mundo, y me remonto a tiempos anteriores a la proclamación-farsa de Independencia de septiembre de 2017.

Y es que ha transcurrido casi una década de vulneración sistemática de la Ley por parte de las autoridades del Estado… en Cataluña; ¿un autogolpe sistemático? ¡En parte sí! Ahí seguro que podemos recordar a Mas escapando en helicóptero del Parlament asediado por las turbas fanatizadas (en no menor medida que subvencionadas) por la misma Generalitat…

Una chusma, digamos, tan okupa como dependiente, tan parasitaria como demente, violenta y contradictoria en sus fines pueda resultar la carne de cañón o “masa crítica” que el separatismo fomentado por esas (presuntas) élites barcelonesas necesita para satisfacer sus voraces ansias de hegemonía y poder político, cultural, mediático y, fundamentalmente, económico; ¡pero siempre a cuenta del BOE!

Ciertamente, han hecho depender durante más de siglo y medio toda solución de continuidad histórica de la Nación Española de sus mezquinas, codiciosas pretensiones; como si una “voluntad de poder” insaciable guiara su “pensamiento”, su acción toda en pos de arrancar de una vez por todas la mancha eterna de “lo español” de la pureza pretendida de “lo catalán”.

Luego tenemos a los untuosos «empresarios» de siempre, como si son «Grandes de España» o «hereus» de fortunas fruto de la especulación protegida por el Poder, cuando no directamente producto del Saqueo Institucionalizado, fungiendo de almas cándidas que abogan -siempre templados sin ser capaces de templanza alguna a la hora cruda de la verdad- por «el diálogo», «la moderación», «la cesión por ambas partes» y demás catálogo justificador de primorriverismos, conllevancias, pujolismos o directísimos (¡obviamente «unilaterales»!) golpes de Estado contra la Ley y el Común.

Y mientras se suceden esos patéticos juegos de manos televisados entre los diversos figurones y subalternos del Poder en torno a la mera cuestión de los indultos a los golpistas, se advierte ya por todas partes ese aroma a crisantemos tan propio del mal llamado “proceso de paz” con ETA; sólo que ahora es toda España (y no sólo la sociedad vasca) la que apesta a cementerio.